sábado, 7 de febrero de 2009

Opiniones sobre Miguel de Cervantes y Don Quijote

Quisiera que fuera ocioso el traer a colación a menudo el genio y la figura de Miguel de Cervantes Saavedra, que es tanto como honrar nuestra Literatura, nuestra Historia y nuestra esencia española.


En época como la que sufrimos, amén de vivirla capeando los temporales de mediocridad y farsa que arroja un destino insidioso, para mí es aliento a la par que incentivo el reencontrarme con lo nuestro allá donde siempre ha estado; y quiera Dios y la voluntad obstinada de los españoles que en pie quedan (como tú, amigo lector) que así continúe por tiempo indefinido.

Escribió Cervantes de sí mismo su retrato en el prólogo de las Novelas ejemplares: “Éste que veis aquí de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años fueron de oro; los bigotes grandes, la boca pequeña; los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño; la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies, éste digo que es el rostro del autor de la Galatea y de Don Quijote de la Mancha”.
De su amada España, entre otras maravillas imperecederas de imposible publicación en este modesto espacio, escribió: “Las heridas recibidas por la Patria son como estrellas que guían a los demás al cielo de la honra y al deseo de la justa alabanza”.
Hablen a continuación, en extracto obligado, voces ilustres y acreditadas de versada opinión, primorosa escritura y estudio docto sobre la eximia figura de Miguel de Cervantes Saavedra y su magna obra. Quien quiera conocer los textos completos, enlace con la dirección respectiva que cada epígrafe contiene. Vale la pena.

VOCES NACIONALES


Fuera de sus manías, habla Don Quijote como hombre cuerdo, y son sus discursos muy conformes a razón. (El caballero y el escudero, Gregorio Mayáns y Siscar, 1737)
La misma riqueza y variedad ofrece en los lances: muchos, demasiados parecen a ciertos críticos; yo diré, con Cervantes, que lo bueno jamás se hace mucho. (Variedad y riqueza de lances, Juan Eugenio Hartzenbusch, 1863)
Para el alma noble que la lea, la figura de Don Quijote, más que objeto de escarnio, lo es de amor y de compasión respetuosa. Su locura tiene más de sublime que de ridículo. (Carácter verdadero del Quijote, Juan Valera, 1864)
Fue de este modo el Quijote el último de los libros de caballerías, el definitivo y perfecto, el que concentró en un foco luminoso la materia poética difusa, a la vez que, elevando los casos de la vida familiar a la dignidad de la epopeya, dio el primero y no superado modelo de la novela realista moderna. (Génesis del Quijote, Marcelino Menéndez y Pelayo, 1905)
Reflejo fiel de la vida sucédense en la inmortal novela, como en el cinematógrafo de la conciencia humana, estas dos emociones antípodas y alternantes: el placer y el dolor. Pero, al modo de esos frutos de dulce corteza y amargo hueso, en la creación cervantina la acritud es interna y el dulzor externo. (Psicología del Quijote y el Quijotismo, Santiago Ramón y Cajal, 1905)

VOCES EXTRANJERAS


Admiro cómo, en boca del hombre más loco de la Tierra, Cervantes ha encontrado el medio de mostrarnos el hombre más juicioso y más inteligente que imaginar se pueda. (Recomendación del Quijote, Charles Marguetel de Saint-Denis de Saint-Evremond, 1671)

Se ha complacido en hacer de su libro un exacto espejo de la humanidad, en el cual sin acritud muestra a los hombres su mismo rostro, enseñándoles serenamente la forma tal como naturalmente procede de la sustancia. (El raro arte de moralizar, Peter Motteux, 1700)

Esos poetas cómicos sin modelos, quizá sin genio, viendo que los españoles, nuestros vecinos, eran ya ricos en comedias, copiaron al principio las comedias castellanas. Casi todos nuestros poetas dramáticos los han imitado, hasta Molière. (Don Quijote, héroe único, Jean-Baptiste Dubos (Abad Du Bos), 1719)

Todo este contraste entre la sabiduría y la extravagancia, que con tal destreza y amenidad está conducido; esta mezcolanza de verdad, de error y de verosimilitud, de buen juicio y de extraviada imaginación, de sencillez y de gravedad, nos hace reconocer el flexible, agudo y sensato ingenio del autor. (Contrastes, Johann Jacob Bodmer, 1741)

El Quijote es la obra maestra de la agudeza, e igualmente un festivo hijo del humor y de la sátira. (La obra maestra de la agudeza, Dietrich Wilhem Soltau, 1800-1801)

Uno de los mayores encantos de esta obra es la elegancia continua y la feliz mezcla de todos los estilos. (Elegancia del Quijote, Jean-Pierre Claris de Florian, 1793-1799)

Por su especial ingenio, aguda ironía, riqueza de invención y profundo conocimiento del corazón humano, esta gran obra de un gran maestro permanece sin rival en la historia de la literatura. (El Quijote no tiene rival, Anónimo recogido por Tobias Smollett, 1803)

La Ironía seria del autor del Quijote es una especial cualidad de su genio a que algunos pocos se han acercado, pero que nadie ha podido alcanzar ni con mucho. (Ironía insuperable, Walter Scott, 1821)

El extraordinario éxito y popularidad de su sátira contribuyó mucho al progreso general de la mejora intelectual que había comenzado entonces en Europa, y a la introducción de lo que entonces era ciertamente una novedad en el mundo literario: el deleitoso sabor de lo natural y de lo verdadero. (Contribuyó a la mejora intelectual, Mary Smirke, 1818)

Un español de maneras distinguidas, hidalgo fiel a la religión y al pundonor, estudiante primero y luego soldado que perdió una mano en el combate de Lepanto; cautivo que sufrió la esclavitud no sólo con valor sino con ánimo alegre, y por su innata superioridad dominó e infundió respeto a un feroz dueño y al fin llevó a cabo la penosa tarea para la que había nacido: conquistar fama imperecedera. (Amor a la humanidad, Samuel Taylor Coleridge, 1874)

En cada página sentimos el hálito del genio que se mueve en una esfera demasiado sublime para limitarse a una mera ironía; de quien, finalmente, bajo una máscara de aparente ligereza, aspiraba a discurrir sobre los más nobles principios de la humanidad, y sobre todo, a dar forma y expresión a los más nobles sentimientos del carácter nacional de España. (El hálito del genio, John G. Lockhart, 1822)

La española es la lengua más hermosa que se habla bajo el cielo, desde que la de los griegos ya no suena. Habremos de convenir en que el DON QUIJOTE, salido hace dos siglos de la península española para llegar a ser aún hoy día el libro de todos los que saben leer, es al mismo tiempo una de las más asombrosas maravillas del ingenio humano y uno de los más singulares fenómenos de la historia literaria. (La lengua divina de Cervantes, Louis-Simon Auger, 1825)

A los veinte años el QUIJOTE me parecía un libro de mero regocijo; a los cuarenta hallé que estaba compuesto con gran ingenio; y ahora, a los sesenta años, le juzgo como el libro más admirable que existe en el mundo. (El libro más admirable del mundo, William Godwin, 1831)

Cervantes descubrió y empleó uno de los puntos más importantes de la psicología histórica, a saber: la alianza de la alucinación con la razón y la influencia de esta alianza. (Engarce maravilloso de la alucinación y la razón, Emile Littré, 1874)

Pero la pluma del genio es siempre más grande que el genio mismo; siempre va más lejos que sus intenciones del momento, y, sin que de ello se diese clara cuenta, escribió Cervantes la más grande de las sátiras contra el sentimiento humano. (El genio va siempre más allá, Heinrich Heine, 1837)


MÁS VOCES NACIONALES

Un modo de decir fácil y agudo, en que tanto se distingue el autor, y que está como empapado de admirable belleza y elegancia, y un exquisito decoro, mantenido, ante todo, hacen que estas obras superen a las demás de este género. (La primera crítica, Nicolás Antonio, 1672-1679)
Con este orden dirige todos los acontecimientos de la fábula y todaslas acciones y discursos de los interlocutores al punto preciso de su objeto, preparando de antemano los sucesos con la mayor naturalidad, variando las pinturas y situaciones con singular destreza, aumentando sucesivamente el interés del lector de aventura en aventura y dejándole siempre columbrar lo lejos de otras más agradables para incitar su curiosidad y llevarle insensiblemente hasta el fin de la fábula. (Excelencias de la narración del Quijote, Vicente de los Ríos, 1780)
El principal mérito del estilo de Cervantes es la pureza y propiedad de la dicción, y la claridad y hermosura de su frase; calidad apreciable que le hace comprensible y agradable a las gentes más ignorantes y rudas. En el estilo del QUIXOTE se vio trocada la hinchazón y gravedad de nuestras antiguas fábulas en simplicidad y solidez, la grosería en decoro y el desaliño en compostura, la dureza en elegancia y la aridez en amenidad. Tampoco carece el estilo del QUIXOTE de una grata y fluida armonía, cuya dulzura y nobleza es en algunos lugares incomparable: en donde se hace alarde, no sólo de la afluencia, riqueza y numerosa grandiosidad de la lengua castellana, sino de la gala y bizarría de figuras elocuentes con que realza el tono de su elocución. (Estilo del Quijote, Antonio de Capmany, 1788)

El fin principal que se propuso Cervantes fue, como él dice: deshacer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tenían los libros de caballerías. (Finalidad del Quijote, Juan Antonio Pellicer, 1797)

¡Es mucho libro este! Comúnmente se le tiene por un libro de mero entretenimiento; y no es sino un libro de profunda filosofía. Cervantes no trató en el QUIJOTE de corregir de sus fantasías sólo a los españoles, sino de corregir a la Europa de su siglo. Cervantes, con ingeniosa traza, ideó una inventiva en que la prosa y la poesía de la vida humana, lo fantástico y lo real, simbolizados por lo vulgar y lo caballeresco, estuviese en sensible contraste y acción continua, a cuyo efecto creó dos personajes característicos que figurasen esta contraposición. Tales son Don Quijote y Sancho. (El espíritu del Quijote, Bartolomé José Gallardo, 1835)

Todas estas dotes que, esparcidas hubieran hecho la gloria de muchos escritores, se encontraron reunidas en un hombre solo y derramadas con profusión en un libro. Cuando se compara el QUIJOTE con la época en que salió a luz, y a Cervantes con los nombres que le rodeaban, la obra parece un portento y Cervantes un coloso. El escritor supo hacer de su héroe el más ridículo y al mismo tiempo el más discreto y virtuoso de los hombres, sin que tan diversos aspectos se dañen unos a otros. (La originalidad del Quijote, Manuel José Quintana, 1852)

Las hipérboles y los mayores extremos de elogios dejan de serlo cuando se aplican a este prodigio del arte humano llamado el QUIJOTE. Desde que apareció el libro del QUIJOTE, comenzó a extender su imperio en todas las inteligencias, así en la tierna del niño como en la madura del hombre; así en la estrecha del vulgo como en la vasta y extensa del hombre ilustrado, y atravesó las fronteras de su patria. ¿Cómo en dos seres, en dos individuos, está la materia humana en todas sus formas? ¿Qué arte ha podido dar ese relieve, ese contorno, esa verdad, esa universalidad de expresión a dos figuras únicas? Estos son los secretos del genio. Ambos son opuestos en naturaleza, en inclinaciones y en objeto. Ambos están en continua lucha con el espíritu y la materia, y, sin embargo, el uno no puede vivir sin el otro, y se buscan y se aman y se creen parte integrante de su ser, de tal manera que Don Quijote no puede estar sin Sancho ni Sancho sin Don Quijote; pintura exacta de la unión y oposición de los dos elementos de la naturaleza humana. (Universalidad del Quijote, Nicolás Díaz de Benjumea, 1878)



MÁS VOCES EXTRANJERAS


Desconocería el QUIJOTE quien no comprendiese que los cuentos episódicos, lejos de distraer el interés de la acción principal, son el fondo del cuadro, cuya aparente realidad sirve sólo para dar relieve a las creaciones de un genio fantástico. (El cristianismo en lontananza, Carlos Augusto Hagberg, 1838)

La epopeya cómica de Cervantes era un recuerdo y un retorno a la verdad y al gusto nacionales. (Idea fundamental del Quijote, Charles Magnin, 1847)

Cervantes ve lo interior del hombre. Esta filosofía se combina con el instinto cómico y novelesco, y de esta combinación proviene lo súbito, apareciendo en cada momento en sus personajes, en su acción y en su estilo. Lo imprevisto constituye una magnífica aventura. Es ley de las grandes obras que los personajes estén de acuerdo consigo mismos; pero que los hechos y las ideas se arremolinen a su alrededor, que se renueve perpetuamente la idea madre y que sople sin cesar el viento que produce los relámpagos. Cervantes tiene como poeta los tres dones soberanos: la creación, que produce los tipos cubriendo las ideas de carne y hueso; la invención, que hace chocar las pasiones contra los sucesos y al hombre contra el destino, produciendo el drama y la imaginación, que, siendo el sol, hace el claroscuro en todas partes, produce el relieve y da la vida. El advenimiento del sentido común es el gran hecho de Cervantes. (Grandeza de la fábula y de su autor, Victor Hugo, 1864)

Si queremos obrar con verdad al juzgar el QUIJOTE, es preciso secar esta lágrima que de algún tiempo a esta parte se ha querido unir a la sonrisa, o cuando menos, es menester decir para que el mundo lo sepa: Esta lágrima se la hemos puesto nosotros, porque creemos que le sienta mejor. (La lágrima del Quijote, Charles Augustine de Sainte-Beuve, 1864)

Cervantes lucha por la verdad, que cree más bella que la misma belleza. (La verdad de Cervantes, Émile Chasles, 1886)

Cervantes, era, sin duda alguna, un legítimo representante del espíritu caballeresco. Lo que el sublime escritor español hizo fue crear dos figuras profundamente humanas, no por los mecánicos procesos de la alegoría o del arte reflexivo, que nunca puede dar más que títeres, sino por la fuerza irresistible de la inspiración y del genio. (Designio del sublime español, Manuel Pinheiro Chagas, 1876)

¿Qué representa Don Quijote? Ante todo la fe; la fe en algo eterno, inmutable, en la verdad, en aquella verdad que reside fuera del yo, que no se entrega fácilmente, que quiere ser cortejada y a la cual nos sacrificamos, pero que acaba por rendirse a la constancia del servicio y a la energía del sacrificio. (La fe en lo eterno, Ivan Tourgueneff, 1879)

Es posible, y aun muy probable, que uno de los fines de Cervantes fuese hacer caer en desuso la lectura de los libros de caballerías; pero no es posible que por un solo objeto de polémica literaria compusiese tal obra maestra. (Afirmación del ideal, Angelo de Gubernatis, 1883)

El DON QUIJOTE es, como la Ilíada y la Odisea de Homero, la más imperecedera obra maestra épica de todas las literaturas. (Cervantes y Homero, Schmidt & Sternaur, editores, 1884)

Cuanto más profundamente conocía Cervantes a los hombres, tanto menos conocía el arte de favorecerse a sí propio. Cervantes enriqueció al mundo y él se quedó pobre. (Cervantes se quedó solo, Ludwig Braunfels, 1884)

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Es nuestro, es universal y para siempre.
“Y con esto, Dios te dé salud y a mí no olvide. Vale.”