Ya puestos, y conste que no es por señalar, en vez de atribuir cargas, culpas, pecados, faltas, oprobios, sinrazones, desatinos, fraudes, mentiras, turbiedad, oscurantismo, trampas y engaños —para qué seguir con los calificativos— a un individuo de la misma especie que el resto, encumbrado al gobierno de un conglomerado de territorios en precaria convivencia —despachando odios y codicias más que francas y benéficas colaboraciones e inteligencia—, una confederación de autonomías sin sustento jurídico acorde a la práctica, mejor nos iría a los españoles imputando el despliegue de hechos anterior a una ideología antigua, perpetuada y conocida, y sus aparejadas letras que forman una sigla antigua, perpetuada y conocida.
Sintetizando: la causa del mal no radica en unas iniciales sino en unas siglas. Los hombres pasan antes o después, de una responsabilidad a otra, de una miseria a la siguiente, de una fortuna a otra mayor, de una generosidad a la continuación de la misma y, como suele decirse coloquialmente, de esta vida a la otra; en cambio, algunas siglas perduran diseminando de ayer a hoy —y mucho me temo que también mañana— su historia aciaga para el sentir nacional y la prosperidad de los nacionales.
Paradojas de la política parda, que en España es la imperante, los que históricamente han hundido a la Patria, y con renovados ímpetus la han vuelto a hundir en la fecha en que se publica este artículo, se proclaman “salvadores” de la misma, escenificada la exaltación en el jefe del Ejecutivo. Aquellos que desbordando sarcasmo denostaban y vilipendiaban a los “salvadores de la Patria” de antaño, se erigen hogaño, impelidos por brumosa necesidad, en “salvadores” de la patria (escrito con minúscula inicial) que por su obra y perfidia, reiteradas ambas, ha dejado de ser, estar y hasta parecer; convertida internamente en un despojo venal y exteriormente en un peligro para la estabilidad de los aliados.
Somos un saldo, expresado en las diversas acepciones de la lengua española.
Escarnecidos y condenados los “salvadores de la Patria”, resulta que seguimos en manos de los que defenestran la inteligencia, el sentimiento nacional y la libertad, reciclados a la carrera en los nuevos y orgullosos “salvadores” de la ruina conseguida. Así es realmente el socialismo, así son los socialistas. Nunca ha de faltar votos al socialismo ni desvergüenza a los socialistas. Siguen y seguirán demoliendo todo lo que tanto cuesta levantar y sostener, es su destino y la desgracia de una parte irremisiblemente menguante de la humanidad.
Mire usted por donde.
* * *
Por si lo expuesto no fuera suficientemente dramático y urgido de respuesta pública y notoria, como muestra un botón —un retazo de tela—, la secretaria general de la sigla duplicada, formación política que aspira a liderar y retener el voto de la gente de derecha-derechas a un tiempo que consolidar y cautivar, respectivamente, al electorado de centro-centros y de izquierda-izquierdas, aparece decorada con un ejemplo de decantación islamista-palestina; dando a entender lo que resulta evidente.
Y aún más, que la nesciencia no se agota en un texto o en una imagen, tal dirigente de la citada formación política, haciendo gala de una remozada dote de persuasión, proclama, al hilo de lo que su patrón —suponiendo que el barbado lo sea— acordó en pasado discurso, expulsando a liberales y conservadores de la ‘familia popular’, que su partido es el de los trabajadores. O sea, que las siglas cambian aunque no las personas, en este caso; de PP a PT o PDT o PDLT. Dando por sentado que por trabajadores entiende la secretaria general, de no sé bien qué siglas escribir, a esas personas que califican como tales los sindicatos y la izquierda en general cuando quiere referirse a todo votante que supone de competencia exclusiva: obreros y asalariados de bajo nivel.
Quiérese decir que los asalariados de niveles medio y alto; los empresarios pequeños, medianos y grandes; los que trabajan por cuenta propia; los que ejercen una profesión liberal y los que aspiran a ‘ponerse por su cuenta’, no son trabajadores porque esa titulación ya está ocupada y no interesa crear más confusión. A lo mejor no se les considera trabajadores, por los expendedores de títulos, ya que su actividad no es ‘trabajo’; puede que ni siquiera ‘actividad’.
* * *
Qué panorama desolador dibuja la política parda. Aspirantes a vivir de la obediencia de partido por doquier, pugnando por ser peor a cada envite de la cotidianidad; eso sí, con uno, dos, tres o más buenos sueldos; con dos, tres, cuatro o más confortables viviendas; con uno, dos o más prósperos negocios; con varios amigos de calado por lo que venga; y por lo menos con una fundación o una ONG a la que recurrir para colocar a la familia y los allegados y jubilarse o proyectarse cuando el partido ha amortizado la pieza.
Es lo que hay, y tiene votos para seguir.
