miércoles 12 de enero de 2011

De nuevo lo habitual

Una vez han pasado las fiestas navideñas el que más y el que menos deja escapar un suspiro, que tanto significa alivio como nostalgia.

Parece que el mundo se detiene en esas fechas como si, en efecto, la mitad de diciembre y el primer tercio de enero pertenecieran a una dimensión ajena a la que comprende el resto del año. A lo mejor es cierto. A lo mejor es lo que nos conviene individualmente y como sociedad.

Los días largos o cortos de las celebraciones navideñas ya son historia, y como cada año han aportado alguna sensación característica que, aunque no llegue a cumplir un año en el recuerdo, sí cuenta con vigencia en el presente. Hablo de impresiones personales que acuden al reclamo de una búsqueda constante aunque discreta.

Las imágenes que conservo de unos días que pretenden ser entrañables a la par que armoniosos, y que muchas veces a lo largo de la vida lo consiguen, puede que dentro de once meses no sean recordadas ni con grandes dosis de esfuerzo. La memoria juega al despiste cuando se la deja obrar a su aire y lo que ahora es magnífico entonces, y con suerte, quedará en anécdota, una estampa difuminada por el inexorable velo del tiempo transcurrido y sus aparejados acontecimientos; o, quizá, por algo a descubrir intencionadamente.

Con el advenimiento del diez de enero, lo de antes de Navidad recobra esa vigencia que pretenden los medios de comunicación y quienes directa o indirectamente los dirigen. Pero no todo suscita el interés que desearían sus promotores. Por ejemplo, el comunicado de los terroristas vascos. No, la banda criminal ha pinchado en hueso si de difusión ciudadana hablamos; las distintas y sucesivas crisis de individuos, familias, asociaciones, gremios y colectivos, impiden que alcance trascendencia máxima la arduamente anticipada proclama de los terroristas. Sin embargo, si a lo que nos referimos es a la puesta en escena acordada entre las partes negociadoras para mantener y facilitar el acceso del entramado criminal a las Instituciones, se puede afirmar que el paso es el debido en tiempo y forma.