lunes, 30 de enero de 2017

Los caminos del viajero (9)

 

Coincidencia.

 

Una intuición es siempre aleatoria, pero eso no significa que carezca por completo de fiabilidad. La intuición, piensa Felio perdida su mirada en el transcurso rutinario de la noche dentro de un vehículo en marcha que no conduce, es síntoma de curiosidad vital, también es síntoma de interés por la investigación y consecuencia de un proceso intelectual con propósito concluyente.
    Aquel hombre aparecido en la carretera, seguramente esperando lo que iba a encontrar un momento antes o después, había finalizado su búsqueda.
    "¿Cuándo, en realidad?", se pregunta Felio.
    Porque sabe, a partir de una sencilla deducción, que toda espera viene condicionada por un ansia reveladora, plagada de ficciones, matizada de superstición o inmersa en una profunda racionalidad que nunca pone ni quita elementos a lo que sucederá a continuación.
    Una carretera solitaria, aunque con sorpresas animadas, y oscura, aunque teñida con una débil luz espectral, dejada atrás, como pasa con el origen de los recuerdos y con la causa de la memoria, orillada en el presente de pausa en el camino.
    Bueno... Hemos regresado a la civilización.
    Mario se desperezó, echó un vistazo alrededor y propuso sorber algo caliente y edulcorado en la cafetería.
    Y un bocado nutritivo acompañó Susana.
    A él le apetecía lo mismo, pero el suelo que ahora pisaba no era de su agrado. Demasiado trazado de indicación y parcela, por otra parte lógico e incluso necesario. En esas disquisiciones volaba cuando lo intuyó.
    "Es él."
    Frente al espejo hasta el más fantasioso de los humanos reconoce que es la propia esa imagen mimética, redundante, modelada a semejanza perfecta del original. La coincidencia es absoluta y en absoluto casual; no es fruto del azar, no hay casualidad que asome por parte alguna.
    Lo que asoma, más bien se trasluce del imposible encuentro fortuito, es la obstinación del ansia reveladora, pertinaz ella, hacendosa en su tarea, artífice de la coincidencia.
    "Es él."
    Sin atisbo de duda.
    En cualquier lugar, a cualquier hora, siempre hay un motivo para enfocar la mirada hacia un punto ahora concreto que llama la atención. Y puede, aunque eso sí es aleatorio, que orbitando ese punto de vista haya un semejante con un número indeterminado de características oscilando entre la atracción y la repulsión.
    Cafeína chispeantepidió Mario.
    Y una golosa compañía señaló Susana a una de las ofertas adormiladas tras la acristalada convexidad protectora.
    Mario buscó a Felio.
    ¿Y tú?
    Un desayuno clásico.
    Susana miró su reloj.
    Demasiada anticipación para mí excusó. ¿Qué será luego?
    La pregunta pilló a Felio con un ojo en cada frente.
    Improvisaré.
    Tienes las ideas claras a estas horas aprobó Susana. Estás preparado para lo que viene.
    "Me acojo al espíritu de la aventura."
    A cuatro o cinco metros de Felio, una distancia efímera en la inmensidad del universo, aquel hombre que había recorrido el camino de ida y el de vuelta a la velocidad del pensamiento aguardaba una invitación para cruzar la frontera. Un gesto bastaría, una insinuación privada de corte temerario sería suficiente.
    "Ahora es mi turno."
    Felio destinó en exclusiva la visión de sus ojos al núcleo del supuesto congénere, a la altura de la equivalencia rectora, centro de poder versus centro de poder. De igual a igual, como en una negociación entre dos únicos postores cuyo resultado ha de beneficiar con idéntico rédito a los coincidentes licitadores. 

viernes, 27 de enero de 2017

Descubiertas en la costa de la Alta California


Nacido aproximadamente en 1525, el mallorquín Juan José Pérez Hernández pronto sintió la llamada del mar y el cosquilleo idealista por explorar nuevos lugares. Ingresó en la Marina para hacer posible su deseo y durante once años sirvió como piloto en la ruta del Galeón de Manila (también denominado galeón de Acapulco, por ser ese el puerto de destino o Nao de la China, en una apreciación genérica del origen), atravesando el océano Pacífico desde las islas Filipinas a la costa occidental de México, virreinato de Nueva España.
    Tras esta experiencia náutica con reconocimiento a su tarea, en 1768 se le asignó al Departamento marítimo de San Blas, principal base marítima española en la costa mexicana del Pacífico. El Apostadero de San Blas de Nayarit, en el departamento de dicho nombre, cuya fundación en 1769 se debe al Visitador General plenipotenciario José de Gálvez, se concibió para surtir de provisiones, materiales y efectivos humanos a las misiones y presidios en una amplia región que se iban a fundar o ya se habían fundado, además de, a posteriori, facilitar la exploración hacia el Noroeste con el propósito de confirmar la presencia y dominio español en aquellos territorios a la par que impedir o frenar la expansión de rusos y británicos hacia el Sur.
    En este año de 1679, José de Gálvez organizó la Santa Expedición, compuesta por dos barcos al mando de Juan Pérez y Miguel del Pino y sendos contingentes de milicia pie en tierra, mandadas por el Gobernador Gaspar de Portolá y el misionero fray Junípero Serra, para llevar a efecto los propósitos citados. Desde San Diego, punto de partida de la exploración de la Alta California, bahía descubierta por Juan Rodríguez Cabrillo en 1542, la aventura expansiva fue una realidad.

José de Gálvez.
Imagen de http://filostampo.wordpress.com


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Entre 1770 y 1773, las misiones de Juan Pérez consisten en abastecer, afianzar y llegado el caso proteger, los asentamientos españoles en la Alta California (una región inmensa con límite septentrional en la latitud que el más audaz marino pudiera alcanzar), trayendo y llevando noticias, mandamientos, y solicitudes de una autoridad a otra. Labor que desempeña con la diligencia debida, lo que también le supuso el premio de una responsabilidad nueva y mayor.       
 
El 25 de enero de 1774 partió del apostadero de San Blas de Nayarit, en la costa occidental de Méjico, la fragata Santiago al mando del alférez de fragata Juan José Pérez Hernández (Juan Pérez), con rumbo Noroeste. La expedición pretendía ampliar el dominio español en el océano Pacífico norte, a la par que descubrir nuevos territorios y proteger las posesiones, asentamientos y rutas comerciales. Se daba por seguro en la metrópoli y en el virreinato de Nueva España, dadas las informaciones de los servicios de inteligencia, que en latitudes superiores hasta las entonces holladas por los españoles aparecerían establecimientos o buques, o ambos, extranjeros con intenciones parejas.
    El virrey de Nueva España, Antonio María de Bucareli y Ursúa, dio instrucciones precisas a Juan Pérez para que el sigilo presidiera toda la actuación de descubierta, y una prudencia obvia que no excluía la firme determinación de imponer la presencia española en aquellas aguas y en aquellos territorios antes o después abocados al litigio.
 
Navegando con rumbo Norte, acompañada por lluvia y niebla persistentes, con dos recaladas sucesivas en Santa Bárbara y en Monterrey, el 15 de julio la Santiago echó el ancla en la hoy frontera entre Canadá, al Sur, y Alaska; y al día siguiente, fondeó en el extremo Noroeste de unas islas que los ojos europeos divisaban por vez primera, las Haida Gwaii, en lengua autóctona, (islas de la Reina Carlota), donde los españoles tomaron contacto con los naturales del territorio.
    Transcurridas dos semanas de tanteos y prudentes exploraciones, la Santiago volvió a navegar rumbo Norte alcanzando el 30 de julio su máxima latitud en aquel viaje: los 55º 30', lugar que hoy se conoce como isla del Príncipe de Gales. El mal tiempo imperante y el azote del escorbuto obligaron a poner proa al puerto de origen; no sin antes, y ya rumbo al Sur, reconocer la isla Vancouver que unos años más tarde se denominará de Bodega-Vancouver. Costeando esta gran isla, los españoles descubren la ensenada de Nootka, que Juan Pérez bautiza como Surgidero de San Lorenzo; era el 6 de agosto (o puede que el 8), y de nuevo se contacta con los pobladores de la zona y se procede al intercambio de objetos.

Isla Prícipe de Gales y archipiélago de la Reina Carlota.

Isla Príncipe de Gales y Archipiélago haida Gwaii (Reina Carlota).

Imagen de www.es.wikipedia.org

La travesía de vuelta depara observaciones curiosas y no menos interesantes pese al quebranto en la salud de la tripulación y la fatiga acumulada. Juan Pérez acopia información para ofrecer a su llegada un relato verosímil y completo de la aventura, escrito a la manera de una crónica fidedigna cuyo título es Extracto del Diario de la Corbeta del rey nombrada Santiago, en su viaje desde el puerto de San Blas de California 1774 al reconocimiento de la costa hasta los 55 grados norte.
    Rebasado el estrecho de Juan de Fuca, divisa tierra adentro la mole del que hoy se conoce como Monte Olimpo (Mount Olympus), en el actual Estado de Washington (EE.UU.), que él bautiza Cerro Nevado de Santa Rosalía.

Cerro Nevado de Santa Rosalía (Mount Olympus en el Estado de Washington).
Imagen de www.flyshop.cl

A principios de noviembre la Santiago atracaba en el apostadero de San Blas.

Expedición de Juan Pérez en 1774.
Imagen de www.msde.es


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Impulsada por las revelaciones de Juan Pérez, la autoridad española, encarnada en el virrey Bucareli, conforme al sentir de la Corona española, al año siguiente, 1775, organizó otra expedición, complementaria de la primera, con el propósito de reconocer mejor las tierras descubiertas y alcanzar los 65º de latitud Norte; ello incluía, por supuesto, la toma de posesión de lo previamente hollado, ahora con carácter formal, con protocolo solemne, y la cartografía del litoral. Al mando de la expedición se puso Bruno de Heceta (o Ezeta), mientras que Juan Pérez fue confirmado como piloto y segundo comandante de la flota.
    Flota compuesta por tres barcos: la fragata Santiago, avezada en surcar tales aguas, el paquebote San Carlos y la goleta La Sonora; a bordo 160 hombres y provisiones para un año.
    A mediados de marzo, el 16 o el 17, partieron los barcos hacia su destino. Pero al tercer día de navegación, el capitán del San Carlos, Miguel Manrique, sufrió un trastorno mental de consideración (dícese que pudo enloquecer repentinamente), cosa que obligó a su sustitución en el gobierno del paquebote, recayendo el cargo en Juan Pérez, y a la vuelta del barco a San Blas para desembarcar al enfermo y que se procediera a su tratamiento. Cumplido el trámite, Juan Pérez debía zarpar de inmediato y seguir el rumbo precedente para unirse a los otros dos barcos. Así obró Juan Pérez, pero dado que a la altura de San Francisco no veía rastro de la Santiago y La Sonora, con buen criterio decidió emplearse en la tarea de cartografiar las aguas de la bahía de San Francisco. También de este viaje hay prueba escrita del puño y la letra de Juan Pérez, ejemplar casi por completo conservado en el Museo Naval de Madrid.
    Mediado septiembre el escorbuto señoreó entre la tripulación del San Carlos y no hubo más remedio que plegar velas hacia Monterrey en busca de salud. Aunque tal estrago había ocasionado la enfermedad que no fue suficiente cura los dos meses pasados en tierra firme; al extremo que tras embarcar en el paquebote para recorrer la distancia hasta el apostadero de San Blas, a los pocos días de navegación falleció Juan Pérez. Corría el 2 ó 3 de septiembre de 1775.


* * *

Esforzado y cumplidor, Juan José Pérez Hernández es un ejemplo de arrojo y eficacia; en realidad, y en honor a la justicia, uno más de los ejemplos que dieron los españoles de la época ilustrada. A él le debemos las primeras notables exploraciones de las costas pacíficas del Noroeste de los Estados Unidos, territorios de Washington y Oregón, y del Sudoeste de Canadá, la Columbia Británica; y las cartografías de los puertos y bahías de San Diego, Monterrey y San Francisco, además del litoral entre San Diego y la isla de Bodega-Vancouver.

Archipiélago de la Reina Carlota descubierto por Juan Pérez.
Imagen de www.tourhaidagwaii.com

En premio a tales méritos, el rey Carlos III lo ascendió a teniente de fragata a título póstumo.
    Años después, en su honor y memoria fue bautizado Ensenada de Juan Pérez (Juan Perez Sound) uno de los entrantes de la costa oriental de la isla Moresby, una de las islas del archipiélago de la Reina Carlota.

Archipiélago de la Reina Carlota descubierto por Juan Pérez (detalle).

Y aunque tarde mejor que nunca, en 1999 le llegó a Juan Pérez otro reconocimiento, éste desde Canadá y con motivo del 225 aniversario del descubrimiento del archipiélago de la Reina Carlota: la Royal Canadian Mint acuñó una moneda conmemorativa.

Moneda conmemorativa del descubrimiento de las islas de la Reina Carlota por Juan Pérez.
Imagen de www.apmex.com


Artículos complementarios

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Artículos relacionados

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miércoles, 25 de enero de 2017

Sin novedad digna de mención

 
Buscando el sol matinal en los albores del estío. A la sombra, con frecuencia ventilada, hace un fresco que recuerda el frío de un día desapacible cuando las prendas de abrigo han acampado en sus lugares de espera temporal; y a la entelada claridad del astro rey, tamizado su brillo por una colcha nívea desflecada por el solsticio de las hogueras, el calor no llega a definirse.        
    Ha empezado a declinar la luz diurna en su fase vespertina, perceptible para la mirada astronómica, momento que aprovecha el verano para hacer acto de presencia, a veces discreto, parco y sutil como hoy. Pero cierto y puntual, inflexible en su rigor.        
    Seguro que es sólo una tregua.         
    Un alivio pasajero, a la fuerza breve, que encanta a los adversarios de la canícula y a quienes, promovido por el desgaste de la edad y el uso, ya prefieren para cuerpo y ánimo el clima templado con tendencia a la baja que el otrora suspirado abrazo de los cuarenta grados.        
    Todo llegará antes o después.        
    El verano remolonea en un lecho de primavera caprichosa —¿cuándo no lo ha sido?— esta mañana que escribe un apunte de jornada convencional. Nada fuera de lo común, digo y me repito.        
    Las ropas que visten, adornan o cubren a los humanos en tránsito sobre los que no hay que adivinar, avisadas ellas, alargan o acortan este preámbulo que no es original ni asombroso aunque en algo molesto e influyente.    
    Demasiada indulgencia la del ambiente hoy con los sofocados y un exceso de castigo a los deseosos que pisan el suelo que en esta época del año debe recibir y refractar el calor de la inefable fuente de vida. Porque quiérase o no estamos en verano y dentro de tres meses en otoño. Y así sucesivamente.

lunes, 23 de enero de 2017

La universalidad de saberes renacentista


Humanista de trascendencia universal, erudito en el más amplio sentido del concepto, hombre del Renacimiento, consejero político y asesor real, sesudo comentarista, excelente poeta, docto naturalista y maestro de lenguas, Benito Arias Montano encarna al hombre completo entregado al conocimiento y a la recopilación de saberes y materias, a la divulgación en los ámbitos correspondientes y a la enseñanza.

Benito Arias Montano

Imagen de www.angelalmazan.com

Movido por un insaciable apetito de aprendizaje, a los quince años ya poseía notables conocimientos de Astronomía y despunta en Física. A los diecinueve, iniciada su andadura por el mundo, cursa Artes y profundiza en la Física antes de investirse universitario y avanzar en el discurso natural y en la Retórica al tiempo que se manifiesta beligerante contra toda clase de predicación vacua y alabanza de la estúpida fantasía.
    En 1560 ingresa en la Orden de Santiago; y en 1562 Martín de Ayala, obispo de Segovia, lo elige para que en calidad de teólogo lo acompañe al Concilio de Trento donde, desde 1545, acudían los más reputados del mundo en la materia. Como experto, se le pidió dictamen sobre el tema de la eucaristía en niños y adultos y el tema del matrimonio con inclusión de las causas legítimas del divorcio y sus efectos; exposiciones que basó en los textos de la Sagrada Escritura.  Arias Montano cuenta 35 años entonces.
 
La siguiente etapa pública de Benito Arias Montano concurre con el servicio personal y directo de Felipe II. En 1566, el rey lo nombra su capellán, y dos años después le pide que se responsabilice de un proyecto muy caro para el monarca: la edición de la Biblia quinquelingüe; una edición que habrá de realizarse en la ciudad de Amberes y en la imprenta del célebre Plantino. Para satisfacer tal encargo, Arias Montano localizará su residencia en Flandes desde 1568 hasta 1575, con sólo una ausencia motivada por el viaje a Roma para recabar del Papa la aprobación de la Biblia Políglota.
 
De nuevo en España, tras un breve periplo que le ha conducido por territorios del centro de Europa, donde ve, constata y por supuesto aprende. Alejado del bullicio cortesano por voluntad, tiene que abandonarlo en 1576 por petición expresa del monarca que le encomienda labores políticas del más alto nivel. Pleno de sigilo y sin dar cuenta a nadie que no sea el rey o un enviado especial y perfectamente acreditado del mismo, tendrá que averiguar e informar de los asuntos que el rey Sebastián de Portugal pergeña para llevar a cabo; de los que destaca un proyecto de expedición a Marruecos.
    Cumplida la misión, visita Madrid y una vez presentado su informe sobre las actividades en Portugal, Felipe II le distingue con otra obligación que le habrá de resultar especialmente grata. Ha de organizar la Real Biblioteca del monasterio de El Escorial, que el propio Arias Montano había contribuido a concebir y dotar con los numerosos libros y manuscritos enviados desde Flandes. Son diez meses de intensa tarea que culmina con la catalogación y división de los fondos en sesenta y cuatro disciplinas o materias.
    Desde entonces y hasta 1592, fecha de su última estancia en El Escorial, su vida combina la reflexión, la obediencia eclesiástica, la docencia desde sus escritos, los encargos reales de alta política y, de tanto en tanto, sumando cuatro ocasiones, recala en El Escorial para dirigir la catalogación y ordenación de los nuevos libros adquiridos; además de impartir enseñanzas de griego y hebreo a los monjes que con él colaboran.  
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La Biblia Políglota
Benito Arias Montano fue un extraordinario conocedor de la Biblia y un portentoso lingüista. Todo su saber, que era mucho y variado, lo puso de manifiesto en la Biblia Políglota o Biblia Regis de Amberes, que dirigió de principio a fin, a su modo y concreta intención, con el permiso real, y que se califica entonces de obra cumbre y obra más admirable que vieron los siglos.
    Tardó poco, lo que magnifica su esfuerzo. En poco más de tres años, los que van de mayo de 1568, cuando se instala en Flandes, a finales de 1571, ha mandado imprimir y encuadernar los ocho volúmenes en cinco alfabetos diferentes.
    Los cuatro primeros tomos de la Biblia Políglota contienen el Antiguo Testamento: el tomo I, el Pentateuco en hebreo, caldeo, griego y latín; el tomo II, los libros de Josué, Jueces, Ruth, Reyes y Paralipómenos; el tomo III, Esdras, Tobías, Judit, Esther, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría, Eclesiástico; y el tomo IV, Profetas y Macabeos. El tomo V contiene el Nuevo Testamento en griego, en latín, texto de la Vulgata, y en siríaco, este último texto trasladado también a caracteres hebreos vocalizados y traducido al latín por Guido Fabricius. Los tomos VI, VII y VIII, últimos de la obra, conforman los instrumentos y complementos del saber expuesto: diccionario y gramática griegos, diccionario y gramática siríacos, diccionario sirio-arameo, diccionario hebreo, etc. El último tomo, además, incluye dieciocho tratados de contenido filológico y arqueológico, once de los cuales son de Arias Montano, y tratan sobre medidas, vestidos y ornamentos sagrados, geografía bíblica y demás relacionado.
    Arias Montano basó la elaboración de la Biblia Políglota en "la verdad hebraica", denominación de san Jerónimo para el estudio del texto original a partir del rigor filológico, único modo de "restaurar la palabra pura de la Biblia para poder predicar a Cristo desde las fuentes originales"; en contraposición al dogma interpretativo que representaba la Vulgata, versión de la Biblia venerada ciegamente que Arias Montano o Fray Luis de León cuestionaron y criticaron.
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La Biblia Políglota no fue la única tarea a la que dedicó tiempo y capacidad ese periodo en Flandes. Sobrado de facultades y propósito didáctico, compuso las siguientes obras: Humanae Salutis Monumenta, Divinarum nuptiarum conventa et acta y Speculum Vitae Iesu. Al cabo, dio en preparar ediciones de las obras de Fray Luis de Granada; en supervisar la edición de los libros litúrgicos publicados en Flandes y destinados a España, seis o siete mil breviarios y cuatro mil misales cada tres meses según el acuerdo de Felipe II con el impresor y grabador Plantino; en adquirir libros y manuscritos para la biblioteca de El Escorial; y en despachar astrolabios, mapas y tapices para sus amigos españoles. Mantuvo correspondencia fluida con personalidades varias, como los citados reyes Felipe II y Sebastián de Portugal; los gobernadores de Flandes, Luis de Requesens o Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, duque de Alba; embajadores como Juan de Silva, Guzmán de Silva, Juan de Zúñiga; políticos con influencia en la Corte como Juan de Albornoz y Gabriel de Zayas; los Papas Pío V y Gregorio XIII; cardenales y obispos, como Sirleto, Pacheco, Delfino, Osorio, Martín de Ayala; con Universidades, desde Alcalá a Lovaina; y con los más prestigiosos hombres de ciencias y de letras de la época, con los que intercambiaba cartas incesantemente. Y se consumó como consejero del rey Felipe II para la mejor gobernación de Flandes, pues fue persona estimada por los naturales de aquellos pagos del Imperio que a él advertían "Como a persona desapasionada y callada se atreven los de la tierra en conversación y secreto, y en público, a declarar delante de mí sus conceptos, sus imaginaciones y sospechas; lo cual hacen con pocos de nuestra nación"; lo que trasladó al rey con una apostilla que ayudara a comprenderlos y tratarlos para mejor servicio a España "Con la gente de la tierra el mostrarse afable y blando en cuanto al trato y conversación entiendo sería de gran importancia para tan buen propósito y efecto".
    Otras obras de carácter bíblico a considerar son: Comentaria in duodecim Prophetas, de 157l; Elucidationes in IV Evangelia et in Acta Apostolorum, de 1575; De Optimo Imperio sive in librum Iosue Commentarium, de 1583; y Elucidationes in omnia Apostolorum scripta, de 1588.
 
Las dotes políglotas de Arias Montano son extraordinarias e incuestionables, afirmando él que conoce diez idiomas, es decir, que los lee, los habla y los escribe a la perfección, mientras que estudiosos de su vida y obra extienden esa facultad a doce: hebreo, caldeo, griego, latín, siríaco, árabe, alemán, francés, flamenco, toscano, portugués y castellano; e incluso trece, "Y todas las sabía y entendía como si en estas naciones se hubiera criado".
    Con tales mimbres como medio de expresión, la versatilidad de su ciencia, no menos asombrosa y palpable: medicina, cirugía, ciencias naturales, matemáticas, geografía, arqueología, numismática y derecho, queda impresa para la historia del conocimiento.
    Así mismo, su producción literaria, en lengua castellana pero sobre todo en latín, manifiesta la maestría y determinación inherentes en todos sus escritos con independencia de la materia tratada.


Artículo relacionado

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    Doctor Humanus

    Doctor Eximius et Pius

    Escuela de Salamanca

    Francisco de Vitoria

    Juan de Mariana

    Ramiro de Maeztu

    José Ferrater Mora

    Marcelino Menéndez Pelayo

    Julián Marías

    Determinación de los pesos moleculares

    La verdadera figura y magnitud de la Tierra

    Real Expedición Botánica de Nueva Granada

    La primera vacuna de germen conocido aplicable a las personas

    El mejor científico de su tiempo

viernes, 20 de enero de 2017

Todo es tuyo

 
A ojos abiertos o a ojos cerrados todo lo que ves es tuyo, todo lo que alcanza la vista te pertenece, todo lo que abarcas con la simbiosis del sentido y la imaginación te corresponde como el gentil destinatario de una carta a su ansioso remitente.
    Todo, porque es imposible más.
    Ante ti, que miras de frente, un valle de proporciones míticas donde se contiene la espléndida obra natural y la azarosa humana, ambas inmersas en el prodigioso contenedor llamado mundo. Sobre ti, que buscas un horizonte majestuoso en lo alto, que pretendes alcanzar el límite del universo inabarcable, la creación en su estado expansivo.

Pere Borrell del Caso: Contemplación (f. s. XIX).

 
De cielo a tierra y de suelo a techo, el lienzo es de tu propiedad; pero no el cuadro. Todavía ninguna percepción ni anhelo alguno aboga en tu favor para que, además, seas autor y obra por firme que sea tu convencimiento y decidida tu actitud de conquista.
    Disfruta de tu posesión un instante.
    Descansa tu mirada en el acogedor regazo de quien comprende y a la vez disculpa la exaltación de un deseo antiguo, de una ambición compañera de viaje de cuna a sepultura.
    Aparta cualquier mundana preocupación.
    Olvida el inventario de tus bienes, elude esa ardua tarea que distrae del principal empeño, porque tener más es imposible. Después del todo sólo queda la nada, un profundo suspiro y vuelta a empezar.

miércoles, 18 de enero de 2017

Excepcionales dotes de mando y valentía

 
José Enrique Varela Iglesias, militar español bilaureado.

José Enrique Varela Iglesias

Imagen de www.todocoleccion.net y http://damadenegro.wordpress.com

Primera Laureada
Siendo teniente del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache, núm. 4, le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando por los méritos contraídos en el combate en las inmediaciones de Muires y Ruman, el 20 de septiembre de 1920. Campañas de Marruecos.
    Tras el combate en las inmediaciones de Muires y Ruman, y cuando nuestras fuerzas se dedicaban a retirar las bajas sufridas, el enemigo, oculto en gran número, a juzgar por su fuego, producía otras más, por lo que el teniente Varela se puso voluntariamente a la cabeza de 3 sargentos y 20 soldados y penetró en el barranco en que aquél se encontraba, y después de sostener una lucha cuerpo a cuerpo consiguió desalojarlo de él, causándole 26 muertos y un prisionero, que retiró, así como el armamento recogido y las 16 bajas de la fuerza que mandaba.
 
Preámbulo de la Real Orden de concesión de la Laureada:
El Teniente Varela al mando de una Sección de 20 hombres atacó la cueva de Ruman (Larache) el 20 de septiembre de 1920. Situada en un recodo del río Lucus, en las inmediaciones de Mexerach, este centro de resistencia del enemigo perfectamente oculto, impedía el paso de la columna operante causándole numerosas bajas. Se intentó por dos veces reducir la resistencia sin conseguirlo; lejos de ello, el enemigo, envalentonado, rechazó las fuerzas que le atacaban cogiéndoles numerosos prisioneros. El Teniente Varela se ofreció voluntario para llevar a cabo el tercer intento al frente de una compañía de Regulares que situó convenientemente, excepto 20 hombres que eligió, y después de enardecerlos con su ejemplo se lanzó al interior de la cueva luchando encarnizadamente dentro de la misma cuerpo a cuerpo y al arma blanca con el enemigo, haciéndoles 30 muertos en el interior y poniendo al resto en franca huida. Al salir de la cueva, de los 20 hombres sólo quedaban vivos el Teniente Varela y cuatro más. Continuó la operación normalmente, sin más consecuencias graves.
 
Segunda Laureada
Siendo teniente del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache, núm. 4, le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando por los méritos contraídos en el combate de Adama, el 12 de mayo de 1921. Campañas de Marruecos.
    En la madrugada del 12 de mayo, la columna al mando del general Barrera se puso en marcha hacia las alturas de Adama. Llegados a la zona, las crestas montañosas están materialmente erizadas de harqueños, que se descuelgan de rellano en rellano y disparan sobre la columna desde las más ventajosas posiciones.  El teniente Varela marcha con su compañía en extrema vanguardia, iniciando el ataque por el flanco izquierdo de la elevación. Los Regulares han conseguido ascender hasta un mogote, cuya consolidación se hace precisa para apoyar la subida a la cumbre. La situación se torna comprometida. Caen oficiales, sargentos, soldados; los dos tercios de la compañía han sido baja. En ese momento, el teniente Varela se pone en pie, arrebata a un muerto su fusil y pide a los escasos supervivientes que resistan hasta la llegada de refuerzos. A pesar de haber perdido a tres de sus cuatro oficiales, a dos de sus tres sargentos y a 51 de sus 80 soldados, el teniente Varela resiste durante toda la jornada, hasta que la llegada de refuerzos permite consolidar la posición.
 
Preámbulo de la Real Orden de concesión de la Laureada:
Sostuvo el Teniente Varela combate con el enemigo durante ocho horas, sufriendo sus tropas numerosas bajas, principalmente en el primer ataque y la reacción, de tal modo que de las dos secciones de que disponía al principio perdió los 2 oficiales y 33 de tropa, de los 60 que constituían el efectivo, y de la sección que fue en su apoyo los 2 oficiales que con ella fueron más 17 de tropa de los 25 que la formaban.
 
Medalla Militar Individual
Durante los combates en Ifermín, campañas de Marruecos, año 1925.
Como recompensa ejemplar e inmediata a su muy notorio y distinguido comportamiento en la operación que preparó el Comandante Varela para sorprender y asaltar la posición enemiga de Afernun, con objeto de apoderarse e inutilizar un cañón con el cual nos hostilizaban, y realizó en la madrugada del día 24 de marzo último al mando de la harka Midar (luego harka Varela), logrando con su gran arrojo y pericia el objetivo propuesto, no obstante la tenaz resistencia enemiga, que venció por completo, poniendo de relieve una vez más sus excepcionales dotes de mando y valentía, demostradas anteriormente en muchas ocasiones con motivo de su brillante actuación al frente de la referida harka. En este hecho resultó herido.
    El asalto al monte Ifermín tuvo lugar la madrugada del 24 de marzo de 1925, con el comandante Varela al frente de sus harqueños, para destruir un cañón rifeño que hostigaba a las fuerzas españolas estacionadas en Tafersit. El objetivo se cumplió al destruir el cañón con trilita. La harka Varela sufrió un total de 13 muertos y 21 heridos, entre ellos el propio Varela, que resultó alcanzado en el vientre por un disparo de fusil. Por su parte, los rifeños dejaron en la posición 27 muertos y contaron 30 heridos.
    El 5 de abril de ese mismo año, en el campamento de Tafersit, por tal acción le fue impuesta la Medalla Militar Individual a manos del Presidente del Gobierno, Teniente General Miguel Primo de Rivera y Orbaneja (también bilaureado).
 
Cruz de 1ª clase del Mérito Militar con distintivo rojo
El 30 de diciembre de 1916 fue concedida al segundo teniente (actual empleo de alférez) Varela Iglesias su primera condecoración de campaña "por su distinguido comportamiento y méritos contraídos en los hechos de armas librados, operaciones realizadas y servicios prestados en la zona de Larache [región suroccidental del Protectorado de Marruecos]".
 
José Enrique Varela Iglesias, fue nombrado ministro del Ejército en 1939, ascendido a teniente general en 1941 y nombrado Alto Comisario de España en Marruecos en 1942; cargo que desempeñó hasta su fallecimiento en 1954.
    Dijo siendo poco menos que un niño a su padre que no iba a cursar otros estudios que los militares puesto que "Mi deseo es pertenecer a fuerzas de choque para luchar en primera línea en defensa de mi Patria."


Artículo basado en la obra Caballeros de la Real y Militar Orden de San Fernando (Infantería), de José Luis Isabel Sánchez, publicación del Ministerio de Defensa, y en la obra General Varela. Diario de operaciones 1936-1939, de Jesús N. Núñez Calvo, publicación de Editorial Almena.


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