miércoles, 31 de mayo de 2017

Memoria recobrada (1931-1939) XII

 
Recordemos aquello que fue y por qué sucedió. Esta entrega es la primera de un resumen comentado del testimonio documental de Félix Schlayer, titulado originalmente Diplomat im roten Madrid (Diplomático en el Madrid Rojo), publicada en español con el título Matanzas en el Madrid republicano, cónsul y encargado de Negocios de Noruega en la capital de España al inicio de la guerra civil y hasta mediados de 1937.



Introducción

En la España sojuzgada por el Frente Popular que imponía a sangre y fuego la revolución bolchevique, la asignada a los proletarios del mundo, cantados parias de la Tierra, bajo supervisión de una aureolada nomenclatura, pero en realidad dirigida contra lo que no respondiera al estricto, obediente, servil e inamovible dibujo humano y social establecido por la autoridad soviética, la omnímoda cabeza rectora y el impío devastador puño de hierro, gobernada por los representantes de las formaciones políticas y sindicales, la consigna era señalar, perseguir, acometer y eliminar al declarado enemigo, ya fuera interno o externo, cuanto antes y por medios de eficacia probada.
"Hacia el final de la entrevista le pregunté a La Pasionaria cómo se imaginaba que las dos mitades de España, separadas entre sí por un odio tan abismal, pudieran vivir otra vez como un solo pueblo y soportarse mutuamente. Entonces estalló todo su apasionamiento y me dijo: ¡Es simplemente imposible! ¡No cabe más solución que la de que una mitad de España extermine a la otra!"
 
Los disturbios, las algaradas, y la implantación de medidas coactivas, nacidas el año 1931, aun siendo tan criminales como las posteriores, adquirieron carácter sistemático y proporciones de catástrofe humanitaria a partir del verano de 1936, con especial incidencia en Madrid, la capital de España, Barcelona, la segunda ciudad y principal urbe del Mediterráneo, sin olvidar a Valencia, luego sede del Gobierno de la república del Frente Popular, aquella Sevilla que se denominó la roja del 31 al 36 y a su compás Málaga, y la Asturias que mostró el camino revolucionario en 1934, año en que debiera fijarse el inicio de la guerra civil.

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Félix Schlayer Gratwhol, nacido el 20 de noviembre de 1873, encargado de negocios y cónsul de Noruega en Madrid durante el primer año de la contienda, es un héroe olvidado; o peor, proscrito por la influyente historiografía izquierdista, tendenciosamente empeñado en mitigar si no excusar, ocultar o empañar con edulcorados filtros las responsabilidades del Frente Popular auspiciado y dotado por la Unión Soviética a través de sus agentes introducidos en las esferas de mando.
    Félix Schlayer dejó escrita la memoria de aquella época en su libro Diplomat im roten Madrid (Diplomático en el Madrid Rojo), titulado en la traducción española de 2005, publicada por Ediciones Áltera, Matanzas en el Madrid republicano. Relato estremecedor de lo que fue la vida bajo el terror organizado, consentido y amparado, donde se prodigaron con insania y barbarie las persecuciones, los asesinatos masivos y las torturas de las checas en el Madrid republicano del Frente Popular entre julio de 1936 y julio de 1937.
    Gracias a su acción humanitaria, firme y valiente, novecientas personas sobrevivieron a la persecución y asedio cobijados en la legación noruega de la capital de España; más un número indeterminado de personas que pudieron beneficiarse de sus gestiones individuales o conjuntas con el cuerpo diplomático acreditado en Madrid que destinó energía y voluntad a salvar a los inocentes acosados.
    Falleció el 25 de noviembre de 1950 en Torrelodones, donde está enterrado, tras volver a su querida España finalizada la guerra civil. En 1946 se le había distinguido con el ingreso en la Orden Civil de Beneficencia.
 
José Manuel de Ezpeleta, miembro de la Hermandad de Nuestra Señora de los Mártires de Paracuellos de Jarama, prologa la edición en español del mencionado documento Matanzas en el Madrid republicano (Ediciones Áltera, 2005) para recordarnos que el ejercicio del derecho de asilo protagonizado por el cuerpo diplomático para acoger a nacionales y, sobre todo, españoles en peligro de muerte, es antecedente de una consecuencia terrorífica.
    El testimonio clamoroso de la obra de Schlayer, por lo que se le cita reiteradamente desde hace décadas es el descubrimiento y revelación de las matanzas en las calles de Madrid, sus alrededores cada vez más distantes del centro urbano de la capital, y en Torrejón de Ardoz, Aravaca, el túnel de Usera, Cobeña, Arganda y Paracuellos de Jarama.
    El registro fidedigno y diario de los sucesos que narra Schlayer abarca el periodo de agosto de 1936 a julio de 1937, fecha en la que acompañado de su esposa tuvo que abandonar España.

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Escribe Félix Schlayer:


"Concluida la Guerra Mundial [la primera guerra mundial], los negocios fáciles [de los países neutrales como España con los beligerantes] pronto se disiparon con la misma celeridad con que habían aparecido; pero se mantuvo vivo su aliciente. En este clima de posguerra, Lenin profetizó que España sería el siguiente país europeo en llevar a cabo una nueva revolución bolchevique [que posteriormente fracasaría en Alemania] Así fue como, con propaganda y dinero soviéticos, nació el Partido Comunista, el cual dio muestras desde el principio de su eficacia organizativa. Antes de la Guerra Civil [española] este partido no dejaba de ser una facción reducida, de poco arraigo y escasa afiliación entre unos españoles más dados a la anarquía que al comunismo [harto visible en Aragón, Cataluña y el litoral mediterráneo, donde superaban a las organizaciones socialistas]; pero con el estallido de la lucha, las células comunistas pronto iban a cobrar un protagonismo extraordinario que marcará la pauta.
    El ansia de novedad, la falta de experiencia política y la pereza intelectual condujeron al ensayo republicano [de 1931] en el instante en que se desencadenaba un cierto caos en España [también propiciado por los monárquicos, que cedieron al empuje republicano pese a ser minoritario y ampliamente derrotado en las urnas]. La burguesía española acogió el cambio con esperanzas y hasta con cierto entusiasmo [vistos los cabecillas de la proclamación republicana]. Tomaban el poder los políticos de siempre, aderezados con ciertas dotes intelectuales y proclives a las teorizaciones: Niceto Alcalá Zamora, Miguel Maura, Manuel Azaña y Santiago Casares Quiroga entre otros, carentes todos ellos de un programa político realista, titubeantes y fracasados a la vista de una clase media decepcionada y empobrecida, acabaron claudicando ante el empuje socialista. De este modo degeneró en tragedia el intento de instaurar una democracia burguesa."
 
El gobierno del Frente Popular
Alcanzado el poder político por el Frente Popular en las elecciones de 1936 (proceso electoral que no se contempla en este artículo), el programa de actuación fue inmediato e inequívoco.
"El primer acto del gobierno del Frente Popular fue el derrocamiento de Alcalá Zamora, el primer causante de tan inesperado triunfo, y en su lugar sentado Azaña, más cómodo a los socialistas."
"La mayoría del pueblo español de orientación derechista se vio en seguida abocada a un dilema: o se dejaba aniquilar por las turbas incontroladas o se lanzaba a la lucha."
 
"El Frente Popular estaba integrado por los partidos radicales burgueses de Diego Martínez Barrio, Unión Republicana, y Manuel Azaña, Izquierda Republicana; el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Comunista de España, el Partido Sindicalista y la Federación Anarquista Ibérica; y las organizaciones sindicales socialista, UGT, y anarquista, CNT."
 
El objetivo de la cúpula soviética era adjudicarse el control absoluto sobre todas las organizaciones políticas, o en su defecto eliminar a las molestas; política de aniquilación así mismo aplicada a las personas desafectas con la imposición comunista.
    Los comunistas penetraron en el socialismo por la vía más asequible, apoderándose de las juventudes socialistas y desde ellas minar a sus mayores para que resignaran la jefatura al nuevo orden comunista.
 
Crueldades
El origen y la difusión de los comportamientos que conducen al exterminio del contrario, negándole la defensa y su condición de persona, son varios, inscritos en unas circunstancias determinadas, y potenciados para la consecución de un fin.
"Aisladamente considerado, el español, salvo contadas excepciones, y si se le sabe llevar, es una persona noble y digna, incluso de bondadoso corazón. Los españoles [menos cultivados] tienden a guiarse no tanto por la razón adiestrada como por lo pasional [dados a seguir la inspiración o la corazonada más que la regla]. Según el caso son compasivos y crueles, les pierde el sentido de la vergüenza o el parecer ridículos. Por temor a que se rían de uno, y como autodefensa, el español llegado el caso extremo se manifiesta con un egotismo exagerado al límite aparentando superioridad y desprecio por la frontera entre el bien y el mal. [Inoculado ese veneno] son capaces de cualquier atrocidad. Así es como al principio se cometieron graves delitos contra el prójimo, también en la zona nacional. Pero en ésta se reprimían tales brotes de bestial salvajismo y, una vez pasado el desorden inicial, no sólo se restableció la disciplina legal sino que se ajustaron las cuentas a los transgresores, aunque fueran miembros de las organizaciones ‘blancas'. Yo mismo asistí en Salamanca a un juicio, en un Tribunal de Guerra, en el que condenaron a muerte a ocho falangistas de un pueblo por crímenes que habían cometido en las primeras semanas contra otros habitantes del lugar. En cambio, en la zona dominada por los ‘rojos', estos crímenes, producto de la ferocidad de las masas, iban en aumento semana tras semana, hasta convertirse en una espantosa orgía de pillaje y de muerte, no sólo en Madrid, sino en todas las ciudades y pueblos de dicha zona. Aquí se trataba del asesinato organizado; ya no era sólo el odio del pueblo, sino algo que respondía a una metodología rusa: era el producto de una ‘animalización'. De lo que se trataba era de adueñarse de lo que fuera a cambio de nada; y si era menester matar, se mataba."
    Lo que desde siempre ha dominado políticamente en la amplia masa del pueblo español ha sido el sentimiento y nunca la razón. Pero en conflictos anteriores su fanatismo se apoyaba en bases idealistas. El indomable apasionamiento del pueblo español, que a Napoleón le tocó experimentar, se nutría de odio al extranjero y de orgullo nacional; en las guerras carlistas, el fanatismo religioso tronaba contra el liberalismo. Esta vez, sin embargo, debido a la influencia de la progresiva materialización de las masas populares, como consecuencia de las teorías socialista y comunista, los motivos de fondo son principalmente de orden económico y la meta con la que se especula es disfrutar de la vida con el mínimo esfuerzo."
 
El estallido de la guerra impone el caos y la ley del más violento
A partir del 18 de julio de 1936 los desplazamientos desde Madrid capital a los alrededores u otros puntos a mayor distancia, así como los trayectos a la inversa, sufrieron restricciones, vigilancias e impedimentos; además de ofrecer a la vista el resultado de las acciones criminales protagonizadas por grupos autónomos, también organizados y de marcada identidad política, social o sindical.
    El celo revolucionario, y el afán de control, dominio e imposición sobre los semejantes, afectos o no a la misma causa genérica, la república frentepopulista, provocaba constantes revisiones de papeles, vehículos y personas en las calles y carreteras. El exceso de la horda a duras penas consentía en permitir la circulación a un coche y sus ocupantes amparados por la condición diplomática.
    Y una vez el automóvil en Madrid, si venía de fuera, los guardianes del nuevo orden y la nueva seguridad se cebaban con los pocos coches transitando hacia sus destinos; en el caso de Félix Schlayer, camino de la embajada de Noruega. Amenazas orales y conatos de disparo acompañaron al diplomático hasta su residencia oficial en la primera jornada con un Madrid atemorizado y reprimido, vacío de gente y eco de fuego artillero y fusilería.
"Fue en el Cuartel de la Montaña donde por vez primera comenzaron los asesinatos en los que participaban personas que hasta entonces nunca hubieran pensado en tal cosa. En aquel hecho se reveló ya la falta total de autoridad estatal. El populacho que entró tras la rendición dominaba la situación, disparaba o perdonaba la vida a su antojo."
    El Gobierno, que se supone presidía la vida española, optó por la insensatez, quizá también atenazado por el miedo a las represalias de una masa fanatizada y sedienta de poder, dividida en varias siglas aunque coincidente en intenciones; entregó las armas que comunistas, sindicalistas y anarquistas exigían para adueñarse de las calles y, paulatinamente, de los centros y resortes de la autoridad. Una autoridad que perdió el Gobierno y conquistó la fuerza callejera.
"Además de los cuarteles se saquearon todas las armerías, y el mismo día [el 19 de julio] se abrieron las puertas de las cárceles a los presos comunes, proclamados "hermanos", y dejado sitio para los disidentes políticos [y a cualquiera que se opusiera al imperio de la barbarie en ascenso, y las sempiternas envidia y codicia].
    Empezaron a quemar iglesias y conventos y a echar de allí a sus moradores. Empezó el terror, pero los hombres, jóvenes y adultos, que se paseaban con sus armas se consideraban a sí mismos guardianes de un determinado orden al estilo de una especie de ‘policía política'."
 
"Por entonces empezó la era de la soberanía del pueblo, con lo cual éste fue descubriendo lentamente los fabulosos derechos que se había adjudicado. Sus maestros fueron todos los delincuentes comunes a los que se les había regalado la libertad."
    La pistola, la escopeta y la cuadrilla, añadido al terror que obsequiaban a su paso o a su olor, eran el salvoconducto para los oportunistas del robo, la violencia contra las personas y la usurpación de cargos y funciones, a quienes nada importaba la ley positiva o la autoridad electa por los comicios: la democracia había fenecido, si alguna vez hubo Estado de Derecho y garantías procesales también, y en su lugar, tomado el relevo de la noche a la mañana, sin más protocolo que la voluntad de los cabecillas y aquellos más avispados y menos escrupulosos que el prójimo, advenía una suerte de comités populares que ordenaban, exigían, perseguían, capturaban y juzgaban según el ideario de los artífices.
    A sangre y fuego ocuparon plaza de mando las patrullas de "depuración y limpieza", afanadas en los paseos y las sacas.
"En mi carretera yacían ahora todas las mañanas [desde la del 18 de julio de 1936], en posturas terroríficas y con los rostros horriblemente desfigurados, dos, cuatro, seis personas juntas o desperdigadas."
    La violencia arbitraria campaba a sus anchas dentro y fuera de Madrid [y en otras muchas localidades de España de las que no fue testigo Schlayer, aunque noticia tuvo], sin que por entonces, y pese a las denuncias, la supuesta autoridad gubernativa obrara para impedirla y detener a los culpables. En absoluto, más bien al contrario, bajo excusas de todo tipo y la inefable burocracia.
"En todo el extrarradio de Madrid lo más natural era la búsqueda y recogida de los asesinados en la madrugada. La carretera de La Coruña, principalmente a su paso por la Casa de Campo, en breve se convirtió en escenario de asesinatos a gran escala. Allí se habían abierto zanjas en las que todas las noches los sedicentes milicianos, gente del pueblo armada o delincuentes, arrastraban a personas arbitrariamente sacadas de sus hogares: los juzgaba un ‘tribunal' compuesto por media docena de malhechores, entre los que también había mujeres, e inmediatamente se les fusilaba. Se aprovechaban estas ocasiones para registrar a fondo los hogares y sacar de ellos, ‘para el pueblo', cuanto encontraban de valor. Semejante robo organizado, agravado por el asesinato [cuestión de no dejar testigos de las acciones], alcanzó a las pocas semanas tal nivel de escándalo que, una noche, se juntaron unos cuantos guardias veteranos y mataron, también a tiros, al propio ‘tribunal'. A continuación, el Gobierno mandó cerrar la Casa de Campo, pero, aparte de esto, no emprendió acción alguna para poner coto a los demás crímenes.
    A unos diez kilómetros de Madrid, a un lado de mi carretera [la de La Coruña] y a unos trescientos metros de distancia de la misma, estaba el cementerio del pueblo de Aravaca. Durante algún tiempo fue éste el lugar de cita preferido por esos verdugos. Allí fueron aniquilados y enterrados en pocas semanas de trescientos a cuatrocientos seres humanos, hasta que se llenó aquello y ya no quedaba sitio."


La invención del "paseo"
En Madrid habían quedado incautados por las organizaciones destinadas al robo y al asesinato, que surgían como setas al calor de los éxitos y la impunidad, la mayoría de los automóviles que podían circular; el resto de vehículos con ese permiso quedaron supeditados a las necesidades del Gobierno.
"Atracar las viviendas y llevarse a sus moradores eran cosas que siempre se hacían utilizando automóviles, ya que el ‘punto final' de las ‘relaciones' de tal modo iniciadas se encontraba fuera de la ciudad. Así es como surgió en España la expresión ‘dar el paseo', que equivalía a asesinar."
    Schlayer fue testigo directo de paseos, viendo como eran sacados de un vehículo dos jóvenes que conducidos fuera del alcance de la protesta recibieron una descarga de escopetas a la esquina de la tapia del cementerio, y signos inequívocos de asesinatos en las carreteras y los campos vecinos a la capital, y asimismo aglomeraciones de gente a las puertas de los cementerios donde, en su interior, se habían cometido los crímenes. Las localidades de Vallecas y Vicálvaro, inspeccionadas por el diplomático, no tardaron en ser de las primeras en llenar la capacidad de entierros.
"Hombres, mujeres y niños peregrinaban cada mañana, sobre todo en el propio Madrid, a los lugares, concretos y conocidos, donde se perpetraban los asesinatos nocturnos y contemplaban con interés y con toda clase de comentarios el ‘botín' de la cacería."
    El desfile de coches fúnebres (vehículos mortuorios) cada mañana, muy temprano, cargados con los cadáveres que yacían dispersos en el término municipal en dirección al depósito, pretendía hurtar a la vista de los ‘incautos' y de los ‘no adictos' la consumación de los paseos y la exaltación de la barbarie.
"Sin embargo, esto no era sino una parte de la matanza global de la noche recién transcurrida, ya que la mayor parte de los ‘paseo' terminaban en los pueblos de los alrededores de Madrid y en las cunetas. Por ello los datos numéricos de Madrid propiamente dichos son inevitablemente inexactos, ya que únicamente se basan en el número de muertos registrados en la capital."
    Entre finales de julio de 1936 y mediados de diciembre del mismo año, se practicaron a diario en Madrid de cien a trescientos ‘paseos', siendo de todo punto imposible calcular los asesinados en cada uno de ellos, conducidos en cada vehículo.
"Prefiero no describir en qué circunstancias tan horrendas, con qué bestialidad y en medio de qué tormentos físicos y psíquicos se practicaron muchos de los asesinatos. Hay que tener en cuenta que se trataba, en su gran mayoría, de personas que no habían participado en absoluto en el levantamiento contra el gobierno llamado legítimo, y que tampoco se habían manifestado lo más mínimo en forma activa en contra de los ‘trabajadores'."
 
Los tribunales populares y las checas
Con el cierre de la Casa de Campo, las partidas criminales como La  Escuadrilla del Amanecer, Los Linces de la República o La Brigada de Servicios Especiales, por citar tres de las destacadas y fieramente activas, tuvieron que ajustar sus procedimientos sumarios y expeditivos. Para ello se idearon los ‘tribunales populares', constituidos por los representantes de las organizaciones y comités revolucionarios, que juzgaban y sentenciaban arbitrariamente a las personas que llegaban ante tales jueces previa denuncia o delación de los afiliados, el requisito indispensable y único, in intervención gubernamental ni de órgano jurisdiccional alguno; aunque aquél y éstos, al cabo, tuvieran noticia del funcionamiento represor de la justicia así concebida y así administrada.
"Toda clase de organizaciones de ‘trabajadores' habían montado sus propias cáceles y ‘tribunales' privados, los cuales juzgaban y asesinaban según su antojo a quien les venía en gana En cualquier lugar se juntaban una docena de jóvenes desaprensivos e iban a sacar de sus casas, de noche o incluso de día, a hombres y mujeres a quienes seguidamente sentenciaban a muerte. No dejaban, naturalmente [motivo de las sacas] de registrar la vivienda en busca de objetos de valor. La falta de fiabilidad política de los visitados quedaba probada tan pronto como la requisa encontraba oro, plata, joyas o dinero; si había oposición por parte de los propietarios o desvalijados se operaba sin miramientos matando a los osados.
    Tal era el concepto del derecho ante el cual el gobierno de Giral, que todavía era burgués y radical, no mostraba escrúpulo alguno, tolerando toda aquella anarquía. Dicho Gobierno no hizo el menor esfuerzo por poner coto a las actividades criminales que realizaban los presuntos comités políticos y demás organizaciones de todos los matices. No sólo dicho gobierno no tomó en consideración los hechos, sino que, impasible, tampoco hizo nada respecto a otros actos, aún peores, que efectuaban individuos por su cuenta, tanto en las ciudades como en el campo."
    La codicia y la envidia campaban a sus anchas. Los bajos instintos, lo peor de la condición humana, se hizo patente, manifiesta y dueña del panorama social. Afloró, caudalosa e turbulenta, la venganza por haber nacido; si pobre o miserable, por eso; si rico y fatuo, por eso; si deforme o atravesado, por eso; si bien parecido y agraciado, por eso.
"Un juez amigo mío tuvo que ir una mañana temprano a las praderas del Manzanares para levantar el cadáver de alguien que allí yacía. Se trataba de un hombre joven, con un cartel en el pecho que decía: ‘Este hace el número 156 de los míos'. Desgraciadamente, sólo en algunos casos excepcionales se daba cuenta al juzgado, porque jueces tan valientes como este, que se atreviera a efectuar detenciones de cómplices y encubridores [desaparecidos los autores como por ensalmo] había pocos. Por ello eran también muy pocos los que salían con vida una vez que caían en una checa."
    Las checas servían de represión contra las personas seleccionadas y tapadera de los captores a un tiempo. Estos lugares siniestros, concebidos para infundir terror y anular la voluntad de los detenidos, escapaban del control gubernativo bien por aceptación bien por cobarde anuencia, y sus organizadores y mantenedores, uno y lo mismo, disponían de manga ancha para ejercitarse en su tarea usurpadora de personas y bienes.
"Los órganos de la policía estatal colaboraban con estas checas si les resultaba conveniente. Un bandido de veintiocho años, llamado Agapito García Atadell, miembro del partido socialista, estaba al frente de una brigada de la policía del Estado por medio de la cual no sólo cometía los más inauditos desvalijamientos sino que, en cientos de casos [documentados] entregaba a las víctimas de los mismos no a la Policía sino a las checas más sanguinarias [básicamente la sita en Fomento, 9, denominada checa de Fomento, por él dirigida]. [Este bandido criminal salió a escape de Madrid cuando las tronas cambiaban en su contra]. Huyó a Francia para proteger su botín de las apetencias de sus secuaces, pero el destino quiso que, cuando se trasladaba en un barco hacia América [para poner la mayor cantidad de distancia entre él y sus perseguidores] con toda su expoliación, fuera capturado en aguas de Canarias `por los ‘nacionales'. Pagó sus crímenes con la muerte, en Sevilla, ajusticiado por garrote vil."
 
El furor sanguinario crece
La práctica del paseo, detención ilegal, arbitraria, más asesinato, generaba muertes y gusto por la muerte. Madrid, como capital del Estado y de la provincia, núcleo urbano con mayor número de habitantes, era el foco principal y exportador de cadáveres a los pueblos, descampados, tierras de labor, cementerios y carreteras alrededor. Pero la influencia en el paisaje desbordó la mera contemplación. Pronto el comportamiento criminal fue imitado en las poblaciones limítrofes, y no tanto, a Madrid.
"El furor sanguinario llegó a prender entonces en nuestro, por lo demás, tan pacífico nido montañero [en las estribaciones de la sierra de Guadarrama]. Junto a la casita solitaria de un peón caminero, al otro lado del río Guadarrama, en la carretera directa de Madrid a El Escorial, yacían cada mañana cadáveres de hombres y mujeres traídos de Madrid y muertos a tiros. La distancia con la capital era de treinta kilómetros. El peón caminero, que allí vivía con su familia, no pudo más y se fue con ella a otro pueblo. En cuanto a la inhumación de dichas personas, se efectuaba en cualquier parte del monte bajo cuando el olor a muerto molestaba."
    Como el Gobierno carecía de voluntad, y también de valor si el ánimo de algunos era impedirlo, suficientes para enfrentarse a la bestialidad de las masas, y el previo llamamiento, vía propaganda incendiaria, condicionaba un hipotético cambio de estrategia (para ocultar en lo posible a la opinión pública internacional el genocidio frentepopulista), cual reguero de pólvora se extendió la "justiciera" mentalidad aniquiladora de gentes rurales infiltradas por el veneno ideológico de partidos políticos, sindicatos y agrupaciones anarquistas y comunistas.
"Estos pueblerinos empezaron a  tomarle gusto a la caza del hombre. Tales son los inevitables frutos de la educación bolchevique."
    Las viviendas pertenecientes a personas cuya significación política no se asemejaba a la de los nuevos mandantes fueron saqueadas, pero si en ellas se encontraban sus propietarios o allegados o gentes de guarda, a unos los trasladaban a Madrid para encarcelarlos y a otros, directamente, los asesinaban y arrojaban detrás de tapias, muros y taludes. Igual sucedía con aquellas personas ‘acusadas' de prácticas católicas o por ser señaladas como de orden, de derechas.
"No había nadie a quien esta pobre gente pudiera recurrir para recibir protección o consuelo. El alcalde [la primera autoridad] era, en general, uno de los peores compadres del pueblo."
    Tampoco cabía el consuelo de avisar a la Guardia Civil puesto que el benemérito Cuerpo había sido desnaturalizado, en nombre y funciones, Guardia Nacional, y sus integrantes captados entre lo más significado del bolchevismo, con lo que recurrir a su protección equivalía a una sentencia de arresto en checas o muerte en la tierra natal.
 
Desarraigos forzosos
El avance de las tropas nacionales propiciaba un éxodo organizado para impedir que los que quisieran pudiesen incorporarse a ellas.
"A nuestro pueblo [Torrelodones] llegaban casi a diario, en agosto y septiembre [de 1936], multitud de gentes a quienes los rojos obligaban a abandonar sus pueblos de lo alto de la Sierra [de Guadarrama], en cuantos éstos se veían amenazados por el avance nacional. Llegaban con apenas lo puesto, desposeídos de la mayor parte de sus pertenecías, y a pie. Al cabo de los días, con la creciente afluencia de nuevos desplazados, eran conducidos hasta el lejano y desconocido Mediterráneo."
    Hubo quienes se resistieron al abandono de sus casas, animales, enseres y tierras; era cuanto tenían y a cuanto se aferraban con independencia del credo o la ideología. A éstos se les practicó a modo de ejemplo una técnica ya iniciada en Madrid a finales de julio.
"Invitaban a las víctimas [los elegidos para el desvalijamiento, detención y asesinato] a que se escaparan [una vez bajados de los vehículos o a partir de la puerta de sus domicilios] para salvarse; a continuación las herían con disparos sueltos, y a l caer las mataban a bocajarro."



El ejercicio de la revolución
El avance de los nacionales (o blancos) incrementaba las ansias revolucionarias que ya cimentaba una guerra civil, con diferentes vertientes, al margen de la Guerra Civil que se libraba en los frentes de batalla.
"Se temía con más horror una rabiosa revolución bolchevique más que a la guerra; y a la revolución, mucho más que a la guerra, se dedicaron en aquellas semanas [agosto y septiembre de 1936] tanto el gobierno como las organizaciones políticas."
    La acción represiva, fundamentada en la determinación por alcanzar el más alto grado de poder, antes de dar el salto al poder total, único, pretendido por los comunistas guiados por los asesores soviéticos, verdaderos dueños de la situación en la capital de España, por los que el deslavazado gobierno, salvo el ministro de Estado, Julio Álvarez del Vayo, intrínsecamente comunista y al servicio genuflexo del imperio soviético, sentía pánico cerval.
"Entretanto se iban llenando las cárceles con millares de mujeres y hombres de los mejores niveles de la sociedad, y, sobre todo, se practicaba con gran celo la ‘requisa' de casas y bienes. Al respecto se produjo una competición entre el Gobierno del Estado y las organizaciones revolucionarias (dichas de trabajadores), para ver quién le ponía primero el cartelito rojo a las casas o a las puertas de los pisos en donde había un botín que requisar."
    Se dieron casos de requisas en que sobre el mismo bien intervenido aparecían dos etiquetas, la anarquista y la del gobierno, o alguna más incluso. Si se dejaba que los moradores cuyos bienes se habían incautado siguieran en la vivienda era para cobrarles un ‘alquiler' mensual. Alquiler que exigía uno o reclamaban dos o más de los apropiadores; y si no se pagaba procedía el desahucio y la desaparición de los titulares.
"Esto da idea de la anarquía que dominaba entre aquellos desaforados. Toda la retórica roja de la revolución a  favor del pueblo salió bien pronto a la luz: el fin era apropiarse de los bienes ajenos, para mal utilizar la propiedad que ellos mismos tanto denostaban."
    Envidia y codicia como catalizadores de la revolución.

lunes, 29 de mayo de 2017

Mi nombre


Mi nombre es el que usted quiera atribuirme, el que guste invocar con las dos voces por aquello del ejemplo que ha de ser recordado y expandido. Ese es mi nombre. Pero le pido que, dadas las circunstancias en las que usted se ha envuelto, por su desidia, inconsistencia y dejación de espíritu y deberes, no me llame.




Tótem de los maoríes de Nueva Zelanda.


 
Fui educado en el respeto, con esmero instruido en la escuela privada de la conciencia, matriculado en los ámbitos de la honra, el valor y el muy edificante del esfuerzo personal; la única alternativa válida a la mera y penosamente resignada supervivencia, como debiera saberse desde la cuna hasta la sepultura.
    Yo, como otros, aprovecho bien y pronto las lecciones de los maestros, artífices de nuestra evolución personal y social. Yo, junto a otros, que a pesar del necesario individualismo, del que parte la iniciativa primordial, aunados criterios y fuerzas, pongo en práctica el conocimiento de la perfección. Yo, entre otros de calificada competencia, alumbro con modesta pero vigorosa luminaria la esencia y la trascendencia, vías de acceso simultáneas al mundo de los mundos. Yo, igual que otros asignados a la encomienda superior, presente o evocado, trazo el camino que nunca engaña ni somete, que jamás confunde ni pervierte, ruta de variados paisajes y diversas enseñanzas todas útiles para atravesar los desiertos y las lagunas, para sortear los abismos, las trampas, los cantos de sirena y los espejismos.




Moais de la isla de Pascua sobre la plataforma ceremonial ahu.



No me llame, haga el favor; me ahorraré una solemne callada por respuesta y usted su merecida reprimenda y consiguiente bochorno.

viernes, 26 de mayo de 2017

La primera moneda universal

 
En la cumbre de su prestigio, acción política y proyección allende y aquende los continentes y los mares, con los reinados de Carlos I y Felipe II, España alumbra una divisa internacional, por nombre Real de a Ocho, la moneda de plata de mayor acreditación y demanda durante tres siglos. Esta moneda de plata sirvió de referente a las monedas circulantes del resto de Estados con peso específico para comerciar con garantías y solvencia en todo el mundo. También se denomina a la moneda como peso de ocho, peso fuerte, peso duro, duro y dólar español (spanish daller, luego spanish dollar).
    Por consiguiente, el Real de a Ocho fue la primera divisa de carácter y trascendencia universal en la historia, o lo que es lo mismo: la primera divisa mundial; y también moneda de reserva, patrón de cambio equivalente para todos los territorios de la Monarquía española y los Estados que a ella acudieron para efectuar toda clase de transacciones financieras y económicas.
    El Real de a Ocho se convirtió en el principal producto de exportación de España, incluido su inmenso imperio.



 

Real de a Ocho acuñado en 1747.


Imagen de http://bucannegro.blogspot.com


El Real de a Ocho, desde su nacimiento mediado el siglo XVI, viajó todas las rutas comerciales del mundo, tanto terrestres como marítimas, hasta mediados del XVIII. Y al mérito de ser la primera moneda universal se añade el de haber mantenido un muy prolongado dominio en los mercados aún no igualado por moneda alguna, además de servir en grado patente a la recuperación demográfica y económica de Europa occidental en el siglo XVI y en adelante, e introducir en dicha época el mercantilismo y la formación liberal de las sociedades y las economías.
    La unánime aceptación y el continuo uso de la moneda convirtieron a España en la fábrica de moneda del mundo; una aceptación derivada de dos factores básicos: su valor como mercancía, debido a su contenido en metal fino, su ley alta e invariable, y la seguridad de que el rey de España no iba a alterar ni su ley, ni su peso ni su valor.
 
El Real de a Ocho, moneda acuñada por el Imperio español después de la reforma monetaria de 1497, era una unidad de plata establecida y regulada por los Reyes Católicos en la pragmática de Medina del Campo, fechada el año 1497; tenía un peso de 27,468 gramos y una pureza de 0,93055%, conteniendo 25,560 gramos de plata pura; las monedas tenían un valor de ocho reales. Inicia sus emisiones en las cecas de Burgos, Segovia, Sevilla y Toledo entre 1543 y 1566.
    En este año de 1566, Felipe II refuerza el papel de la moneda con su pragmática de la Nueva Estampa, por la que cambia las normas de las emisiones de moneda anteriores y determina el valor cambiario del Real de a Ocho en 272 maravedíes y sus divisiones: 4 reales, 2 reales, 1 real y ½ real.
    Las primeras citas que mencionan a los Reales de a Ocho son el libro de Diego Covarrubias de Leyva, de 1556, y la petición XXXVI presentada en las Cortes de Valladolid de 1558.
    La Monarquía española difundió e impuso el Real de a Ocho, con ligeras variantes, en todos sus territorios, y en los Estados vecinos y a las potencias en liza.



 

Real de a Ocho acuñado en 1761.


Imagen de http://corveracoins.blogspot.com


La moneda española lideró las transacciones financieras del comercio universal, y además fue tomada como modelo de unidad monetaria de otros Estados y sistemas económicos; es el caso del dólar americano, aunque la moneda de curso legal en Estados Unidos fue el Real de a Ocho hasta 1857; también es el caso del dólar canadiense, el yuan chino y la mayoría de monedas en Hispanoamérica y Filipinas.
    A lo largo de su larga y fecunda vigencia muchos y variados fueron los mercados de la moneda española, pero el principal China (que no emitió moneda propia de plata, el Tael, hasta 1899, según el modelo del Real de a Ocho) y los pueblos asiáticos, que aceptaron el Real de a Ocho por su valor intrínseco y sujeción a la ley de la oferta y la demanda, y un indiscutido prestigio que la configuraban como único medio de cambio del comercio internacional para los tratos con el inmenso Oriente.
    En definitiva, el Real de a Ocho fue la unidad del comercio mundial hasta el siglo XIX, precediendo a la Libra esterlina de oro inglesa y al Dólar de plata estadounidense en la hegemonía financiera mundial.
    Incluso a finales del siglo XIX, el papel desempeñado por el Real de a Ocho era notorio en Oriente, donde mantenía su autoridad frente a otras unidades de plata emergiendo con fuerza, como el dólar norteamericano, el yen japonés, el thaler austriaco, la piastra francesa, la rupia india, el chelín de plata británico; y prevalecía como moneda de reserva en China, India y los Estados del Medio Oriente.
    Hasta que las divisas europeas respaldadas por el patrón oro acabaron con la dilatada hegemonía de la moneda española.



Nota

Para profundizar en el conocimiento del Real de a Ocho sugerimos los estudios de María Ruiz Trapero, catedrática emérita de Epigrafía y Numismática, de la Universidad Complutense de Madrid, y de Guillermo Céspedes del Castillo, de la Real Academia de la Historia en Madrid; que han servido de base para este artículo.





Artículo coincidente

    El legado jurídico español

miércoles, 24 de mayo de 2017

Licencia, tasa y dedicatoria de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (y II)


Segunda parte de la obra.


 

TASA

    Yo, Hernando de Vallejo, escribano de Cámara del Rey nuestro señor de los que residen en su Consejo, doy fe que habiéndose visto por los señores dél un libro que compuso Miguel de Cervantes Saavedra intitulado DON QUIJOTE DE LA MANCHA, SEGUNDA PARTE, que con licencia de Su Majestad fue impreso, le tasaron a cuatro maravedís cada pliego en papel, el cual tiene setenta y tres pliegos, que al dicho respecto suma y monta doscientos y noventa y dos maravedís y mandaron que esta tasa se ponga al principio de cada volumen del dicho libro para que se sepa y entienda lo que por él se ha de pedir y llevar, sin que se exceda en ello en manera alguna como consta y parece por el auto y decreto original sobre ello dado, y que queda en mi poder, a que me refiero, y de mandamiento de los dichos señores del Consejo y de pedimento de la parte del dicho Miguel de Cervantes, di ésta fe en Madrid, a  veinte y uno días del mes de octubre de mil seiscientos y quince años.

HERNANDO DE VALLEJO.

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FE DE ERRATAS

    Vi este libro intitulado SEGUNDA PARTE DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, y no hay en él cosa digna de notar que no corresponda a su original. Dado en Madrid, a veinte y uno de octubre de mil y seiscientos y quince.

 

EL LICENCIADO,

FRANCISCO MURCIA DE LA LLANA.

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APROBACIÓN

    Por comisión y mandado de los señores del Consejo, he hecho ver el libro contenido en este memorial; no contiene cosa contra la Fe ni buenas costumbres: antes es libro de mucho entretenimiento lícito, mezclado de mucha filosofía moral. Puédesele dar licencia para imprimirle. En Madrid, a cinco de noviembre de mil seiscientos y quince.

DOCTOR GUTIERRE DE CETINA.

 

APROBACIÓN
    Por comisión y mandado  de los señores del Consejo he visto la Segunda Parte de Don Quijote de la Mancha, por Miguel de Cervantes Saavedra: no contiene cosa contra nuestra santa Fe católica ni buenas costumbres: antes muchas de honesta recreación y apacible divertimiento, que los antiguos juzgaron convenientes a sus repúblicas, pues aun en la severa de los Lacedemonios, levantaron estatua a la risa, y los de Tesalia la dedicaron fiestas, como lo dice Pausanias, referido de Bosio, libro 2, De signis Eccles, capítulo 10, alentando ánimos marchitos y espíritus melancólicos de que se acordó Tulio en el primero De legibus, y el Poeta, diciendo: "Interpone tuis interdum gaudia curis"; lo cual hace el autor, mezclando las veras a las burlas, lo dulce a lo provechoso y lo moral a lo faceto, disimulando en el cebo del donaire el anzuelo de la reprehensión y cumpliendo con el acertado asunto, en que pretende la expulsión de los libros de caballerías, pues, con su buena diligencia, mañosamente, alimpiando de su contagiosa dolencia a estos reinos, es obra muy digna de su grande ingenio, honra y lustre de nuestra nación, admiración y envidia de las estrañas. Este es mi parecer, salvo, etc. En Madrid a 17 de marzo de 1615.

EL M. JOSEPH DE VALDIVIELSO.

 

APROBACIÓN

    Por comisión del señor doctor Gutierre de Cetina, Vicario General desta villa de Madrid, corte de Su Majestad, he visto este libro de la Segunda parte del Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha, por Miguel de Cervantes Saavedra, y no hallo en él cosa indigna de un cristiano celo ni que disuene de la decencia debida a buen ejemplo ni virtudes morales; antes mucha erudición y aprovechamiento, así en la continencia de su bien seguido asunto, para extirpar los vanos y mentirosos libros de caballerías, cuyo contagio había cundido más de lo que fuera justo, como en la lisura del lenguaje castellano, no adulterado con enfadosa y estudiada afectación (vicio con razón aborrecido de hombres cuerdos); y en la corrección de vicios, que generalmente toca, ocasionado de sus agudos discursos, guarda con tanta cordura las leyes de reprehensión cristiana, que aquel que fuere tocado de la enfermedad que pretende curar, en lo dulce y sabroso de sus medicinas gustosamente habrá bebido, cuando menos lo imagine, sin empacho ni asco alguno, lo provechoso de la detestación de su vicio, con que se hallará (que es lo más difícil de conseguirse) gustoso y reprehendido.
    Ha habido muchos que, por no haber sabido templar ni mezclar a propósito lo útil con lo dulce, han dado con todo su modesto trabajo en tierra, pues no pudiendo imitar a Diógenes en lo filósofo y docto, atrevida, por no decir licenciosa,  y deslumbradamente, le pretenden imitar en lo cínico, entregándose a maldicientes, inventando casos que no pasaron, para hacer capaz al vicio que tocan de su áspera reprehensión, y por ventura descubren caminos para seguirle hasta entonces ignorados, con que vienen a quedar a no reprehensores, a lo menos, maestros dél. Hácense odiosos a los bien entendidos, con el pueblo pierden el crédito (si alguno tuvieron) para admitir sus escritos, y los vicios que arrojada e imprudentemente quisieron corregir, en muy peor estado que antes; que no todas las postemas a un mismo tiempo están dispuestas para admitir las recetas o cauterios: antes algunos mucho mejor reciben las blandas y suaves medicinas, con cuya aplicación el atentado y docto médico consigue el fin de resolverlas, término que muchas veces es mejor que no el que se alcanza con el rigor del hierro.
    Bien diferente han sentido de los escritos de Miguel cervantes así nuestra nación como las estrañas, pues como a milagro desean ver al autor de libros que con general aplauso, así por su decoro y decencia como por la suavidad y blandura de sus discursos, han recibido España, Francia, Italia, Alemania y Flandes. Certifico, con verdad que en veinte y cinco de febrero deste año de seiscientos y quince, habiendo ido el ilustrísimo señor don Bernardo de Sandoval y Rojas, cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, a pagar la visita que a Su Ilustrísima hizo el Embajador de Francia que vino a tratar cosas tocantes a los casamientos de sus Príncipes y los de España, muchos caballeros franceses de los que vinieron acompañando al Embajador, tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras, se llegaron a mí y a otros capellanes del Cardenal mi señor, deseosos de saber qué libros de ingenio andaban más validos, y tocando acaso en éste, que yo estaba censurando, apenas oyeron el nombre de Miguel de Cervantes cuando se comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación en que así en Francia como en los reinos sus confinantes se tenían sus obras, la Galatea, que algunos dellos tienen casi de memoria, la primera parte désta y las Novelas. Fueron tantos sus encarecimientos que me ofrecí llevarles que viesen al autor dellas, que estimaron con mil demostraciones de vivos deseos. Preguntáronme muy por menor su edad, su profesión, calidad y cantidad. Halléme obligado a decir que era viejo soldado, hidalgo y pobre, a que uno respondió estas formales palabras: "Pues ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?" Acudió otro de aquellos caballeros en este pensamiento, y con mucha agudeza, y dijo: "Si la necesidad le ha de obligar a escribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a todo el mundo."
    Bien creo que está, para censura, un poco larga: alguno dirá que toca los límites del lisonjero elogio; mas la verdad de lo que cortamente digo, deshace en el crítico la sospecha y en mí el cuidado; además que el día de hoy nos e lisonjea a quien no tiene con qué cebar el pico del adulador, que, aunque afectuosa y falsamente dice de burlas, pretende ser remunerado de veras.
    En Madrid, a veinte y siete de febrero de mil y seiscientos y quince.

EL LICENCIADO MÁRQUEZ TORRES.

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PRIVILEGIO

 
    Por cuanto por parte de vos, Miguel de Cervantes, nos fue hecha relación que habíades compuesto la SEGUNDA PARTE DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA, de la cual hacíades presentación, y por ser libro de historia agradable y honesta y haberos costado mucho trabajo y estudio nos suplicastes os mandásemos dar licencia para le poder imprimir y privilegio por veinte años como la muestra merced fuese, lo cual visto por los del nuestro Consejo por cuanto en el dicho libro se hizo la diligencia que la premática por nos sobre ello hecha dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra cédula en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por lo cual vos damos licencia y facultad para que por tiempo y espacio de diez años cumplidos, primeros siguientes que corran, y se cuenten desde el día de la fecha de esta nuestra cédula en adelante, vos o la persona que para ello vuestro poder hubiere y no otra alguna podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención, y por la presente damos licencia y facultad a cualquier impresor de nuestros reinos que nombrárades para que durante el dicho tiempo le pueda imprimir por el original que en el nuestro Consejo se vió, que va rubricado y firmado al fin de Hernando de Vallejo, nuestro escribano de Cámara y uno de los que en él residen, con que antes y primero que se venda, lo traigáis ante ellos juntamente con el dicho original, y más al dicho impresor que ansí imprimiere el dicho libro, no imprima el principio y primer pliego dél, ni entregue más de un solo libro con el original al autor y persona a cuya costa lo imprimiere ni a otra alguna, para el efecto de la dicha corrección y tasa, hasta que antes y primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo, y estando hecho y no de otra manera, pueda imprimir el dicho principio y primer pliego, en el cual, inmediatamente ponga esta nuestra licencia y la aprobación, tasa y erratas, ni lo podáis vender ni vendáis vos ni otra persona alguna hasta que esté el dicho libro en la forma susodicha, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la dicha premática y leyes de nuestros reinos que sobre ello disponen, y más, que durante el dicho tiempo persona alguna, sin vuestra licencia, no le pueda imprimir ni vender so pena que el que lo imprimiere y vendiere haya perdido y pierda cualesquiera libros, moldes y aparejos que dél tuviere, y más, incurra en pena de cincuenta mil maravedís por cada vez que lo contrario hiciere, de la cual dicha pena sea: la tercia parte para nuestra Cámara y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare, y la otra tercia parte para el que lo denunciare, y más a los del nuestro Consejo, presidentes, Oidores de las nuestras Audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra Casa y Corte, y Chancillerías, y a otras cualesquiera justicias de todas las ciudades, villas y lugares de los nuestros reinos y señoríos, y a cada uno en su jurisdicción, ansí a los que ahora son como a los que serán de aquí adelante, que vos guarden y cumplan esta nuestra cédula, y merced que ansí vos hacemos y contra ella no vayan ni pasen en manera alguna, so pena de la nuestra merced, y de diez mil maravedís para la nuestra Cámara. Dada en Madrid, a treinta días del mes de marzo de mil y seiscientos y quince años.

YO, EL REY.

Por mandado del Rey nuestro señor,

PEDRO DE CONTRERAS.

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DEDICATORIA

 

AL CONDE DE LEMOS

 

    Enviando a Vuestra Excelencia los días pasados mis comedias, antes impresas que representadas, si bien me acuerdo, dije que DON QUIJOTE quedaba calzadas las espuelas para ir a besar las manos a Vuestra Excelencia, y ahora digo que se las ha calzado y se ha puesto en camino, y si él allá llega, me parece que habré hecho algún servicio a Vuestra Excelencia, porque es mucha la priesa que de infinitas partes me dan a que le envíe, para quitar el amago y la náusea que ha causado otro DON QUIJOTE que con nombre de Segunda Parte se ha disfrazado y corrido por el orbe, y el que más ha mostrado desearle ha sido el grande emperador de la China, pues en lengua chinesca habrá un mes que me escribió una carta con un propio, pidiéndome, o por mejor decir, suplicándome se le enviase, porque quería fundar un colegio donde se leyese la lengua castellana, y quería que el libro que se leyese fuese el de la HISTORIA DE DON QUIJOTE. Juntamente con esto me decía que fuese yo a ser el Rector del tal colegio. Preguntéle al portador si Su Majestad le había dado para mí alguna ayuda de costa. Respondióme que ni por pensamiento. Pues, hermano, le respondí yo vos os podéis volver a vuestra China a las diez o a las veinte, o a las que venís despachado, porque yo n estoy con salud para ponerme en tan largo viaje; además, que, sobre estar enfermo, estoy muy sin dineros, y emperador por emperador, y monarca por monarca, en Nápoles tengo el grande conde de Lemos, que sin tantos titulillos de colegios ni rectorías me sustenta, me ampara y hace más merced que la que yo acierto a desear. Con esto le despedí y con esto me despido, ofreciendo a Vuestra Excelencia Los trabajos de Persiles y Sigismunda, libro a quien daré fin dentro de cuatro meses, Deo volente, el cual ha de ser o el más malo o el mejor que en nuestra lengua se haya compuesto, quiero decir de los de entretenimiento, y digo que me arrepiento de haber dicho el más malo, porque según la opinión de mis amigos ha de llegar al extremo de bondad posible. Venga Vuestra Excelencia con la salud que es deseado, que ya estará Persiles para besarle las manos, y yo los pies, como criado que soy de Vuestra Excelencia. De Madrid, último de octubre de mil seiscientos y quince.-Criado de Vuestra Excelencia.

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.

 


lunes, 22 de mayo de 2017

Los héroes no necesitan relevo

 
La ofensiva soviética en el invierno de 1942-43 en el sector de Leningrado, denominada Operación Iskra (Chispa), inscribe un hecho de armas heroico para la División Española de Voluntarios en Rusia.
    Los soviéticos intentaron pasar el río Neva, el este de Leningrado, después de conseguir ventajas locales, mientras el peso de la batalla se daba al sur del lago Ladoga, por donde habían conseguido establecer comunicación con la ciudad a través de una línea férrea.
    Desde el día 12 de enero, una gran ofensiva soviética por tierra, tanques, artillería e infantes, y aire, cazas y bombarderos, arremetía contra los doce kilómetros de línea que separan la ciudad de Schlüsselburg y el poblado de Gontovaia Lipka, habiendo penetrado por el sector del ramal del ferrocarril entre los asentamientos obreros de Posselok 1 y Posselok 5. Los soviéticos, aprovechando el rigor invernal, atacaban fuertemente desde dentro y desde fuera de Leningrado; en breve, de seguir la ofensiva, romperían el cerco y desbaratarían el frente alemán en su conjunto antes de la llegada de refuerzos o la mejoría en las condiciones meteorológicas. El general Govorov rompía el cerco de Leningrado tras dieciocho meses. El 18.º Ejército alemán, que mandaba el coronel general Lindemann, se encontraba en una situación delicada por estar desplegado en un frente extenso. Lindemann decidió que cada una de sus divisiones cediera un batallón para enviarlo a taponar la brecha.
    El 16 de enero, el mando de la División Azul eligió al 2º Batallón del Regimiento de Granaderos 269º, todavía citado por los españoles como "Batallón de Román" en recuerdo a su carismático y heroico primer jefe en el frente del río Voljov (o Volchov). La unidad la mandaba accidentalmente el capitán Manuel Patiño Montes, en sustitución del comandante José Gabriel López Palazón, de permiso en España. El Batallón quedó encuadrado a la División 61.º del general Huhner, la más castigada. El 2.º Batallón cubría desplegado el subsector de Kolpino, frente a la fábrica de tanques, a la izquierda del río Ishora y de la línea defendida por el Grupo de Exploración y Explotación 250, mandado por el capitán Luis García Ciudad, y a la derecha del río Sslavianka y del 1.º Batallón del Regimiento 269 a las órdenes del comandante Tomás García Rebull.
    Los aproximadamente 800 hombres del 2.º Batallón se reunieron en Ssluzk a la espera de la partida con el equipo a cuestas y una temperatura de 40º bajo cero.
"Españoles: Tenemos el honor de haber sido elegidos para taponar la brecha abierta por el enemigo al sur del Ladoga. Confío en vosotros, porque sé que os portaréis con la misma valentía e igual espíritu de sacrificio que habéis demostrado en anteriores ocasiones. ¡No defraudaremos a quienes han depositado en nosotros su confianza! ¡Viva España! ¡Arriba España!"
    El contingente español mandado por el capitán Manuel Patiño Montes incorpora a su ayudante el teniente Herrero Pacios y el intérprete alemán de la Plana Mayor de Enlace es Lothar Furcht, junto al guripa Jesús Vélez Catalán que habla y entiende lo suficiente el alemán y es persona de confianza del mando. Integrado por: la 5.º Compañía la manda provisionalmente el teniente Enrique Acosta; la 6.º Compañía, el teniente Ocaña Muller; la 7.º, el capitán Salvador Masip; la 8.º, de Ametralladoras, el capitán Bernardo Olmedo Sánchez; la Sección de Asalto, el teniente Hernández Marrero; el jefe de la Intendencia, capitán Juan Ramos Pereira; los tenientes médicos Gómez López y Fontán; y el páter Victoriano Freixa Masal.
    A bordo de camiones partió a las 20 horas de ese día 16 y llegó a Ssablino a las 9 horas del día siguiente. La 5.ª y 6.ª Compañías quedaron acampadas en el bosque inmediato, mientras la Plana Mayor, la 7.ª y la 8.ª se quedaron en el pueblo.
    El camino desciende hacia el Sur, lento y penoso, atravesando el castigado poblado de Federovskoie, después la aldea de Annalova hasta el cruce con el Ishora en el arrabal meridional de Krasny Bor y la carretera Leningrado-Moscú. De ahí los españoles se dirigen, también en camión, al Sureste, pasando por Ulianovsky. Hielo y barro por doquier. Y Ssablino, el extenso poblado con hospital de campaña repleto de heridos, al final.
    Los guripas del contingente español tienen que andar hasta los alojamientos en la zona sur, cerca del cruce de vías entre Krasnogvardeisk y Mga. Han comenzado las congelaciones, que todavía no son graves. El 17 de enero la tropa está preparada para operar en el frente.

Nada nos importa el frío

Teniendo la sangre ardiente;

Si se nos hiela el fusil

El machete es suficiente

Para que el mundo se entere

De que el infante español

Sabe morir en la nieve

Lo mismo que cara al Sol
    El 18 de enero el Ejército Rojo ha roto el cerco de Leningrado que duraba dieciocho meses.


La madrugada del 21 al 22 se reinicia la marcha a bordo de los camiones. Rumbo Nordeste atrás quedaron el río Tossna y las isbas de Gertovo y Ustinka. Hacia Mga, a veinticinco kilómetros de Ssablino y a veinte de Schlüsselburg y la orilla meridional del lago Ladoga y el bosque de Posselok. A 40º bajo cero, con abundante hielo y espeso barro; camiones atascados, soldados a tierra para empujar, cargar y enderezar. Averías. El teniente Francisco Soriano con sus dos secciones incompletas actúa como el coche escoba: saca de la pista de rollizos los vehículos accidentados, intenta repararlos y prosigue cerrando la comitiva.

Si me quieres escribir

Ya sabes mi paradero:

En el frente del Ladoga,

Primero línea de fuego.

    Los tenientes Gómez López y Fontán advierten del peligro de quemar los pulmones si se toma el gélido aire por la boca.
 
En Mga el capitán Patiño Montes quiere saber dónde están las posiciones del 162º Regimiento de Infantería, el PC (puesto de control) de la 61.º División de Infantería y el general Huhner. "Siga usted adelante y encontrará las posiciones. Allí le dirán lo que debe hacer", le anuncian. El capitán José Aranda Larrañaga, que se acaba de reincorporar procedente de Ssluzka su 5.ª Compañía, también se muestra sorprendido.
   La orden para los españoles llega: el enemigo se ha infiltrado por el centro de la línea. Se desconoce la profundidad de su avance, pero se sabe que ha arrollado a uno de los batallones y casi eliminado a sus efectivos. La misión consiste en enlazar con esa maltrecha unidad y relevarla.
    La Artillería soviética afina la puntería mientras incrementa el cañoneo sobre todo el sector. Los alemanes retroceden y a los españoles no les queda otra que avanzar y posicionarse.
    Mientras el Batallón hacía alto en el bosque, la artillería enemiga produjo la baja del capitán Aranda y de ocho voluntarios. Sin reconocer el terreno hubo que distribuir las compañías con el propósito de enlazar con el batallón alemán.
    Por la derecha fue enviada la 7ª Compañía, que logró tomar contacto con el Regimiento de Granaderos 366º; por la izquierda, la 6ª Compañía también enlazó con las tropas alemanas, mientras la 5ª quedó en el centro algo más retrasada. La Compañía de Ametralladoras fue repartida entre las compañías de fusiles y la de morteros desplegó entre la 5ª y la 6ª, en el camino que salía hacia el norte desde el puesto de mando del Regimiento 162º Cerca de la medianoche del día 22 de enero entró en línea el batallón español; y es entonces, vistos y oídos o intuidos, cuando les da la sonora bienvenida un bombardeo artillero. El capitán Patiño ha establecido su PC en un búnker abandonado por los alemanes en plena selva, quinientos metros a retaguardia del dispositivo del Batallón. Se suceden los fuegos artilleros con las descargas de los cazabombarderos YAK-4 y Sturmovik.
    El enemigo bombardeaba las posiciones del 2º Batallón con gran cantidad de baterías, morteros, "órganos Stalin" y aviación, produciéndose muchas bajas por carecer de protección alguna. La tropa había llegado a las posiciones con una elevada moral a pesar de estar fatigada a causa de una larga marcha nocturna, realizada con temperaturas bajísimas y sin tomar alimentos por hallarse congelados.
    -¡Cubrirse, muchachos!
    Los medios defensivos de los españoles son escasos y corren el peligro de congelarse, como los hombres; seis ametralladoras cubren una línea confusa que se adentra en el bosque, cruza un atajo y concluye en dos búnkeres desechos por los bombardeos.
    Salen patrullas españolas a explorar los alrededores; cuando vuelven anuncian lo feo de la situación.
    -¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!
    Los soviéticos de mezcladas etnias atacan por tierra, es la avanzadilla del grueso del ejército. La orden es resistir en las posiciones. Así lo comunica el enlace Carlos Cebrián Julián al alférez Emilio Tejeiro López en uno de los puntos calientes de la ofensiva soviética.
    -Me envía el alférez Fernández Obanza para decirle que no se mueva usted de aquí, mi alférez Ha muerto el teniente Enrique Acosta y el alférez Fernández Obanza ha asumido el mando de la Compañía.
    -Bien, dile que cumpliré la orden. ¡Hale, vete antes de que te casquen!
    El ataque es furioso, en oleadas. La última contempla al enemigo avanzando con los fusiles terciados, esperando encontrar abandonada la posición; pero no es así y un nutrido y certero fuego los diezma. Y como no pueden los infantes recurren a los morteros y Órganos de Stalin para despejar el terreno y facilitar la penetración a pie que, pese a su empuje y número de efectivos, es rechazado con un elevado coste de bajas que impide garantizar un nuevo éxito. Son las doce del mediodía y el alférez Tejeiro, en vista de lo arriesgado de seguir aguantando las embestidas, ordena retirarse.
    La 5.ª y 6.ª Compañías retrocedieron hacia el puesto de mando del Batallón, situado en unos pequeños búnkeres para tiradores individuales. Así protegidos, contuvieron el asalto de varios batallones enemigos, a los que hicieron una gran cantidad de bajas. A lo largo de todo el día hubo varios ataques de la infantería enemiga, precedidos siempre por la correspondiente preparación artillera. Pero los españoles consiguieron rechazar todos ellos. Cuando llegó la noche, el batallón recibió la orden de contraatacar en colaboración con otras fuerzas alemanas.
 
La 7.ª Compañía había quedado aislada del resto del batallón y se sostuvo durante todo el día sin dar un paso atrás ante fuerzas diez veces superiores, pero a costa de sufrir una enorme cantidad de bajas. Se hallaba en una zona desprovista de alguna obra de fortificación, en un terreno cubierto de bosques que impedía el enlace por la vista y favorecía los golpes de mano.  
    Manda la compañía el capitán Salvador Masip Bendicho, que había organizado tres islotes de resistencia, de los cuales él mandaba directamente el de la izquierda, en el que improvisó algunas obras de defensa con troncos de árboles y montones de nieve.
    Los españoles del 2.º Batallón han sido cercados; y con mayor opresión la 7.ª Compañía. El capitán Masip, ya dos veces herido, se lo confirma al capitán Patiño por un enlace; éste, por el mismo medio, le pide que resista. Lo hará, y es nuevamente herido, ahora en el ojo izquierdo mientras dispara en primera línea a 40º bajo cero para contener el avance enemigo, que ataca en sucesivos escalones impidiendo el reposo de los defensores y la llegada de suministros, refuerzos, armas y municiones. El capitán Masip había sustituido al tirador del fusil ametrallador, baja por un disparo, se puso en su lugar y estuvo haciendo fuego con él hasta que recibió un balazo en el ojo izquierdo que le produjo una grave hemorragia, pese a lo cual se negó a ser evacuado después de ser curado ligeramente. De nuevo resultó herido de un balazo en una pierna, a pesar de lo cual siguió alentando a sus tropas.
    El enemigo había conseguido envolver la posición de la Compañía, por lo que el capitán Masip dirigió la construcción de un parapeto en círculo para seguir defendiéndola. Agotadas las municiones, se incorporó para lanzar la última granada, ordenando al mismo tiempo armar las bayonetas, cundo una bala le produjo la muerte. Por fin, el jefe del Regimiento 266.º ordenó la retirada de la compañía detrás de la primera línea, pero continuó combatiendo durante todo el día a causa de las infiltraciones enemigas.
    El capitán Masip es atendido de urgencia, no quiere ser evacuado y sigue animando a la tropa: "¡Duro, muchachos! ¡A por ellos! ¡Arriba España!"
    Muchas bajas en derredor; la 5.º Compañía está en cuadro y sin municiones. Tienen que irse. Organizan la salida que es cubierta como pueden. El instinto les guía hacia las líneas propias, pero los obstáculos crecen, el enemigo prolifera y la amenaza de cerco es una realidad. Aquí y allá se van uniendo hombres que buscan los mismo y consiguen, al calor de la mutua esperanza, imponer un freno al avance enemigo; son una docena de aguerridos dispuestos a proteger a sus compañeros y a pagar con su vida. Disparan infatigables y escuchan un sonido que les infunde ánimo: son las baterías propias indicando la posición del PC.
    -¡Alto! ¡Quién vive?
    -¡España!
    Han llegado. Los restos de la 5.º Compañía despliegan junto a la línea de búnkeres; la 6.º ocupa posiciones a su izquierda; de la 7.ª del capitán Masip no se sabe nada. Poco armamento e insuficiente reserva. Es imposible sostenerse en tales condiciones. Se idea resistir el ataque soviético y proteger la retirada a partir de una posición tipo erizo. Deben aguantar hasta nueva orden, y resisten. Pero ya no hay forma humana de contactar con los restos de la 7.ª Compañía.
 
El capitán Masip ha fallecido: un balazo en el pecho; la cuarta herida lo ha matado. El capitán Salvador Masip había visto como el enemigo inutilizaba momentos antes las últimas máquinas automáticas y como decrecía el fuego de los defensores, que ya sólo contaban con los fusiles individuales y una granada de mano. El capitán la aferró por el mango de madera y, blandiéndola a guisa de cachava, ordenó entonces a sus hombres que se concentraran en el anillo interior del círculo defensivo que había hecho improvisar en plena batalla. "¡Ánimo, chavales! ¡Arriba España!", había gritado y, poniéndose en pie lanzó la granada de mano sobre las siluetas que se acercaban por entre la maleza. "¡Armad las bayonetas!", gritó, y en ese instante se desplomó de espaldas en la nieve; muerto. Le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando el 20 de abril de 1944.
    Prosigue la batalla entre los que atacan con todo, muy numerosos, y los que defienden con lo que pueden. Un tanque T-34 soviético precedía el asalto de los infantes soviéticos sobre las debilitadas líneas defensivas; disparó contra los blocaos, reductos techados de varia función, y destrozó uno tras otro. Aun así, hundidos en los parapetos, los guripas de la 7.ª Compañía resistieron hasta que, por fin, a las tres de la madrugada llegó la orden de evacuación hacia la aldea de Gontovaia Lipka. Los cuarenta hombres supervivientes de los más de doscientos iniciales, todos ellos hambrientos, sedientos y ateridos de frío, debían retroceder rompiendo el cerco soviético.
"El espectáculo, pese a la escasa visibilidad, era impresionante. El capitán estaba muerto, envuelto en una manta. Había sido herido cuatro veces y en la cuarta dejó escapar la vida. Los soldad os hablaban de él con esas expresiones que tienen los hombres cuando verdaderamente admiran a otro."
Tomás Salvador


A esa misma hora nocturna, al sur del lago Ladoga, en la posición defendida por los hombres del capitán Patiño y el capitán Olmedo, caía muerto por disparos al atender a un herido en la línea de fuego el páter Freixa. Poco después y recién descifrado un mensaje del general Esteban-Infantes, moría el intérprete alemán Furcht. El mensaje dirigido al capitán Patiño dice:
"Cuartel General de Pokrovskaia, a 22 de enero de 1943. Al jefe del 2.º Batallón del Regimiento de Granaderos 269. España os mira y está pendiente de vosotros. Su prestigio está en estos momentos en vuestras manos. Tengo la seguridad de que sabréis mantenerlo muy alto. Emilio Esteban-Infantes".
    En esto, un enlace alemán entrega una carta al capitán Patiño:
"En mi Cuartel General de Prokovskaia, a 22 de enero de 1943. Al jefe del 2.º Batallón del Regimiento de Granaderos 269. Os habéis batido como unos valientes. En nombre de España os felicito con emoción y os envío un estrecho abrazo. Con soldados como vosotros nuestra patria volverá a ser grande. General Esteban-Infantes. General Jefe de la División Azul".
 
Hambre y frío. También desconcierto y enorme tensión. El impetuoso viento del Nordeste, que acarrea el gélido aliento de la depresión del lago Onega y del mar Blanco (océano glacial Ártico) barre la selva de Posselok y la inunda de rumores y presagios.
    Había que mantener la línea, pero esta vez el mando español no iba a permitir quedar aislado por la falta de apoyo de los alemanes. O juntos o nada. Y juntos, siendo doscientos los efectivos españoles, se inició el contraataque a las o'30 horas del 23 de enero. Pero duró poco la unión en el avance. Se quejaron los españoles del teniente Francisco Soriano que como sucediera en los combates en el lago Ilmen y los de la Bolsa del Voljov, los alemanes pretendían avanzar por las alas, se rezagaban y dejaban que los españoles se partieran el pecho delante y por el centro. Así lo expreso éste oficial al enlace (soldadograma) del capitán Olmedo. No obstante, los guripas obedecieron.
    -¡Arreando, muchachos! ¡Arriba España!
    El enemigo, sorprendido por el ímpetu de la inesperada ofensiva, se defiende tenazmente; y aquellos soviéticos que no pueden contener la avalancha anticipan su caída y haciéndose el muerto permiten ser rebasados por los españoles para apuntarles por la espalda. Descubierta la añagaza, los soviéticos que se rinden piden perdón y preguntan si los van a matar.
    -¡Milost! ¿Ubiósh meñá?
    Los españoles los empujan, "¡Davai!, hacia el PC del 162º Regimiento alemán.
    El contraataque progresa. El capitán Olmedo se desgañita y empuja al filo del amanecer.
    -¡Vamos, muchachos!
    El objetivo está unos centenares de metros por delante. Son las diez de la mañana.
 
Todo el día 23 el 2.º Batallón tuvo que soportar aún el fuego intenso de artillería y morteros. La visibilidad es deficiente, el frío intenso; los alimentos se han congelado, algunas armas también. Y lo peor es que han sido nuevamente cercados. Ruge el cañoneo y aparecen los francotiradores; de mal en peor la situación. Apenas quedan ilesos una docena de guripas. El teniente Francisco Soriano lo ve muy crudo y no por culpa de la persistente niebla.
    Un milagro: a media tarde un destacamento alemán da esperanzas a los guripas. Ha contactado con ellos y puede librarlos del cerco. El capitán Olmedo saluda al oficial alemán. Entonces, reunida la tropa en la medida de lo posible escucha el lacónico mensaje que trae su aliado. "No hay relevo para ustedes, los héroes no lo necesitan".
    Los camiones ambulancia que transportan los heridos españoles hacia la población de Mga avistan los ametrallamientos aéreos de cuatro IL-2 Sturmovik, alias La Parrala, y los certeros de la artillería soviética en la zona de la estación del ferrocarril. Para no ser alcanzados por la puntería de la ofensiva los desalojan sin contemplaciones, ocultándose a rastras en los matorrales y taludes.
    Mientras, en la segunda línea establecida para los supervivientes del 2.º Batallón del 269, la intensidad del ataque no es menor, y las posibilidades de defensa no son mayores.
 
El domingo 24 de enero corre en la selva de Posselok la noticia del relevo. A cincuenta y cinco kilómetros de distancia, en la localidad de Mestelevo, el general Esteban-Infantes arenga a varias unidades de los servicios y Reserva de la División Azul. Hace mucho frío y sopla una ventisca heridora.
"¡Soldados! ¡Españoles! Nuestros compañeros, nuestros camaradas, nuestros hermanos del 2.º Batallón del Regimiento 269.º se están batiendo con heroísmo sobrehumano en el frente de Posselok. De ellos debemos tomar ejemplo cuantos tenemos el honor de integrar las filas de esta gloriosa División Azul que ya antes de ahora, en combates y acciones encarnizadas, se ha ganado el respeto y la admiración de nuestros lejanos compatriotas y de nuestros camaradas alemanes
    ¡Soldados! Ya sólo quedan poco más de medio centenar de supervivientes del 2.º Batallón! ¡Están luchando con el mismo heroísmo que debemos exigirnos a nosotros mismos en todas las circunstancias! Por desgracia, las circunstancias son adversas en el frente de Posselok, pero cada soldado español herido, cada soldado español muerto y cada soldado español superviviente se ha ganado la Cruz de Hierro, y por cada uno de nuestros muertos han muerto treinta enemigos."
    Horas antes de esta alocución honrosa, el general Emilio Esteban-Infantes había solicitado del coronel general Georg Lindemann el relevo de los menguados efectivos del 2.º Batallón del 269.
    A medianoche del 24, los últimos heridos y congelados graves del 2.º Batallón fueron evacuados en trineos y barquichuelas al hospital de sangre de Gaitlovo, situado a tres kilómetros de distancia del PC del 162.º Regimiento alemán.
 
El día 25 de enero el general Huhner, jefe de la 61.ª División de Infantería alemana, solicita del capitán Manuel Patiño el apoyo de sesenta de sus hombres para ocupar una posición amenazada por el enemigo en la primera línea. Sesenta hombres es la casi totalidad de los efectivos en condiciones de combate de 2.º Batallón.
    Se le asigna al teniente Francisco Soriano la misión de completar el número requerido y conducirlos al lugar destinado.
    Al cabo de una larga y penosa caminata la columna alcanza la posición, se montan los puestos y recorre la línea, discontinua y de doscientos metros, para reforzar los puntos estratégicos. En seguida atacan los soviéticos y llegan hasta los mismos parapetos.
    -¡Pabieda! ¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!
    -¡Arriba España! ¡Arriba España! ¡Arriba España!
 
Amanece el día 26 con andanadas artilleras soviéticas en todo el sector. Una de ellas, muy atinada en su cometido, destroza el PC español con todos los oficiales españoles; todos ellos, que son seis, incluido el capitán Patiño Montes, salvo el teniente Francisco Soriano, ahora al mando del contingente español,  han de ser trasladados, mal que les pese, al puesto de socorro, "el hospitalillo". Sólo quedan en pie treinta y nueve españoles.
    El mando del muy reducido contingente español corresponde al teniente Soriano. A su lado, a lo que  haga falta, está el sargento Odilo Martínez Álvarez. El teniente Soriano, jefe accidental del 2.º Batallón, recibe la orden, directamente dada por el coronel Vehrenkamp, de mantener la posición a toda costa hasta nueva orden y de transmitir su personal felicitación a los soldados a su cargo.
    Se producen más bajas a lo largo del día, que reducen los efectivos a siete suboficiales y veintidós soldados. El teniente Soriano reorganiza el grupo, crea su propio PC y divide a los supervivientes en dos Pelotones: uno seguirá ocupando los puestos de primera línea y el otro pasará a situarse a medio centenar de metros a retaguardia. "Cada mañana se procederá al relevo de un Pelotón por el otro."
    Así se sostienen dos días.
 
El 28 de enero la ventisca aúlla y enturbia con velos blancos el paisaje inmediato. Del Norte, de la parte de Pushkin y las posiciones del río Ishora llega el tronar del bombardeo.
    La Sección de Asalto del 269 forma junto al PC del coronel Carlos Rubio López-Guijarro. Manda la Sección el teniente Pulido y a su lado el cabo César Rodríguez Fernández, un veterano con dilatada experiencia en los diversos frentes soviéticos: la cabeza de puente del Voljov, la batalla de Possad, la de Ottenskij, la Posición Intermedia, la Bolsa del Voljov. El capitán Francisco García Toffé, jefe de la 5.ª Compañía Mixta del 269, Caballero Mutilado de la guerra de España, se dirige a los formados:
"¡Soldados! Conozco el esfuerzo que estáis realizando. Comparto vuestras penalidades, pero tengo que pediros un nuevo sacrificio. Sé que sabréis responder con la generosidad y el heroísmo con que lo habéis hecho siempre. Son muchos, desgraciadamente, los camaradas del 2.º Batallón que han muerto en la batalla de Posselok, al sur del lago Ladoga. Nosotros, españoles, no podemos ni debemos permitir que sus cuerpos caigan en poder del enemigo. Hemos sido designados para recuperarlos y darles cristiana sepultura. A ver, el que esté dispuesto a participar en la operación que dé un paso al frente."
    La Sección en pleno partió en camiones esa noche. Llegaron de madrugada a Ssablino y siguieron hacia Mga; allí descendieron y fueron andando por la selva de Posselok hasta alcanzar las líneas cubiertas de cadáveres españoles, alemanes y soviéticos.
    Los hombres del teniente Soriano: un brigada, seis sargentos y veinte soldados, fueron relevados y conducidos al PC del 162.º Regimiento de Infantería alemán donde aguardaba un grupo de jefes y oficiales españoles al mando del teniente coronel José Guedea Millán Astray.
 
La selva de Posselok ofrece un aspecto desolador, tétrico. En dirección a la primera línea de combate se dirige la Sección de Asalto del 269 mandada por el capitán médico Menéndez y junto a él camina el cabo Rodríguez Fernández. La artillería soviética persiste en la devastación, removiendo la tierra y los cadáveres, lanzando obuses y cohetes por encima de los árboles que se iluminan a cada instante con sus mortíferas trayectorias.
    Los españoles alcanzan la última posición defendida por los hombres del teniente Soriano: doscientos metros de zanja discontinua y cuatro búnkeres en los que se ha apostado una Compañía alemana. Comienza la penosa tarea de recuperar cadáveres españoles, que son muchos, y la mayoría destrozados.
    Al anochecer, los diez hombres de la Sección de Asalto y el capitán médico Menéndez apilan los cadáveres en varios camiones y parten hacia Mga, luego a Ssablino, donde pasan la noche; y reemprenden viaje al amanecer hacia Ssluzk perseguidos por los artilleros y los aviadores soviéticos.
 
El sábado 30 de enero amanece una vez más brumoso, amenazador y muy frío. El día de embarque en camiones de los vivos y los muertos del 2.º Batallón del 269 Regimiento de Granaderos, con destino a Mga. El teniente, el brigada, los seis sargentos y los veinte soldados supervivientes soportaban el traqueteo de los vehículos y el cercano retumbar de las explosiones en silencio, tristes y abatidos.
    Los dos camiones, el de la carga fúnebre y el de los supervivientes, llegaron a Ssluzk a las 3'30 de la tarde, lugar que fue punto de partida el martes día 8 para más de ochocientos hombres del 2.º Batallón del 269; ahora sólo eran veintiocho.
    El teniente Francisco Soriano apareció acompañado del coronel del Regimiento de Granaderos 269, Carlos Rubio López-Guijarro.
    -Muchachos, os felicito.
 
 Transcurridas cuarenta y ocho horas de la llegada de los cadáveres y los supervivientes, hizo acto de presencia el general Emilio Esteban-Infantes. Al día siguiente, 2 de febrero, se procedió a bendecir las tumbas: "Caídos por Dios y por España. ¡Presentes!"
    El cabo César Rodríguez Fernández había sido distinguido junto a siete de sus camaradas en las acciones de guerra en el Sector de Mga, al sur del lago Ladoga, y ascendido al grado de sargento por méritos de guerra. Quedó formada la guardia de honor frente al pequeño bosque de cruces presidido por una cruz de mayor tamaño, de abedul, en cuyo madero vertical se leía con trazo negro: "R.I.P. 2.º Batallón, Regimiento 269. Enero 1943"; y en el travesaño: "Caídos de Posselok". El general Esteban-Infantes depositó al pie de la cruz tres coronas de laurel y una bandera española con el escudo nacional. Acto seguido, el general se dirigió emotivamente a los veintiocho supervivientes:
"¡Soldados! ¡Camaradas de mi División! Habéis sido el ejemplo esperado. Tengo aquí las felicitaciones de los alemanes por vuestra gesta. Escuchad lo que me escribe el coronel general Georg Lindemann, jefe del 18.º Ejército: El 2.º Batallón del Regimiento de Granaderos 269 se ha arrojado con verdadero heroísmo contra un enemigo numéricamente superior. Sólo así se explican las grandes bajas sufridas, que son también para mí especialmente dolorosas. Pero tenga usted, excelencia, la seguridad de que gracias a la bravura y entusiasmo de los españoles que intervinieron en esos combates, se pudo hacer frente al torrente rojo del enemigo. Recuerdo con profundo respeto a sus camaradas caídos, rogándole a usted transmita a los heridos mis mejores deseos de su pronto restablecimiento".
    A continuación leyó el mensaje también encomiástico del general de Brigada Huhner, jefe de la 61.ª División de Infantería alemana, y por último despidió las honras fúnebres: "Recordad a los caídos, a nuestros queridos caídos, y que su ejemplo nos sirva de estímulo para continuar la lucha contra el comunismo".




Recuerdo a los caídos en la batalla de Posselok, al sur del lago Ladoga.


Imagen de ICHM



Fuentes

Fernando Vadillo, La gran crónica de la División Azul. Arrabales de Leningrado (II), García Hispán Editor.
Miguel Alonso Baquer y Luis A. Collado Espiga, Historia de la Infantería Española. La Infantería en los tiempos modernos. Volumen I. Ministerio de Defensa.





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