miércoles, 30 de agosto de 2017

Victorias en 1898

 
Los pequeños hechos también cuentan en la historia y merecen su momento de gloria, que es recuerdo y lección a un tiempo. Hazañas, al cabo, menores según el baremo de la trascendencia y la incidencia en los acontecimientos posteriores, pero significativas de la voluntad y el carácter de quienes las han protagonizado. Valga aquello de que no hay enemigo pequeño; a lo que añadimos, por mor del espíritu que nos impulsa, que episodio a episodio se escribe el relato de las naciones con sus héroes, los honrados merecidamente tanto como los olvidados o apartados de la primera línea de la memoria. Por grande que sea el enemigo, el valor agiganta a quien se le opone y vence siquiera en los márgenes de una contienda.
    Había empeñado el coloso norteamericano mucha fuerza bélica y encendidas soflamas propagandistas, junto al apoyo mercenario de la insurgencia, para tomar con poco riesgo las posesiones españolas en el Caribe además de las islas Filipinas en el océano Pacífico.
    Viajemos a las Antillas mayores para recuperar unas acciones bélicas que descompusieron en primera instancia la tonante pretensión invasora. A la amenaza oral de los Estados Unidos se le sumaba el bloqueo naval, por lo común efectivo, y un aparatoso despliegue de barcos con artillería intimidatoria. El objetivo norteamericano era triple: dar cobertura a la insurgencia dentro de Cuba, impedir los suministros a las guarniciones españolas e interceptar los movimientos de salida y entrada de la flota estacionada en Cuba, así como la llegada de la escuadra del almirante Cervera.
    Antes de la hecatombe final, la primavera de 1898 trajo unas satisfacciones que referimos en este artículo; aunque hubo más, también menores impidiendo desembarcos de tropa y armas, obstáculos en las bocanas de los puertos y corte de comunicaciones, pero motivo de orgullo nacional para nosotros. Destacamos tres, debidas a los buques pertenecientes al Apostadero de La Habana, que mandaba entonces el contralmirante Vicente Manterola y Taxonera, repartidos por las islas de Cuba y Puerto Rico, que supusieron unas victorias parciales ante un enemigo muy superior que, en su prepotencia, no llegó a imaginarlas.
 
Las tentativas de desembarco en Cárdenas y Cienfuegos
La acción bélica inicial, propiamente dicha, en el litoral cubano tuvo lugar en las bahías de Cárdenas y Cienfuegos, donde los insurrectos cubanos pretendieron descargar ocho barcazas con municiones para sus fines rebeldes en tierra firme.
    A pesar del apoyo de los buques norteamericanos que cañoneaban las posiciones españolas que podían impedir el desembarco, los insurrectos vieron frustrado en intento ante la aparición de varios batallones de infantería española que abrieron fuego sobre los botes, obligando a una retirada inmediata. A la par, las baterías de los fuertes y otras emplazadas estratégicamente a lo largo de la costa proyectaron sus disparos sobre los barcos de guerra, que también se retiraron; y aunque repitieron la operación a orillas del río Tremao, volvieron a ser rechazados.
    El despacho en que describe el general Blanco (Ramón Blanco y Erenas, marqués de Peña Plata, Capitán general de Cuba en sustitución del Capitán general Valeriano Weyler) el combate de Cienfuegos refleja lo sucedido:
"Los americanos arrojaron como unas seiscientas granadas al intentar efectuar un desembarco con grandes botes remolcados por lanchas de vapor.
    Algunos de los botes desembarcaron a sus hombres, pero los últimos fueron enérgica y victoriosamente rechazados, todos a lo largo de la línea.
    Viéronse obligados los americanos a embarcarse de nuevo a todo prisa, y tuvieron pérdidas considerables en las cinco horas que duró la pelea. Se retiraron en dirección del Oeste.
    Se dio la embestida de acuerdo con las bandas de insurrectos, a quienes se puso en fuga.
    Las pérdidas españolas consistieron en dos muertos y catorce heridos."
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Combate de Cárdenas
La ciudad y el puerto de Cárdenas, situado a levante de La Habana, en la costa de la provincia de Matanzas, fue escenario del principal éxito naval de la guerra contra los Estados Unidos de América en 1898. En el cubano puerto de Cárdenas habían quedado bloqueadas dos lanchas cañoneras de 40 toneladas, Ligera y Alerta, y el remolcador de la Compañía Trasatlántica Antonio López habilitado para tareas de guerra.
    El 25 de abril, de ese 1898, la Ligera, al mando del teniente de navío Antonio Pérez Rendón y Sánchez se encontró con el torpedero Foote (o Cushing, según la fuente consultada), que efectuó unos 70 disparos, alcanzando un candelero de la lancha española sin causar más averías ni baja alguna entre la dotación. La respuesta de la Ligera provocó varios impactos graves en el torpedero que abandonó el combate fuertemente escorado.
    Hubo alguna que otra escaramuza, síntoma de la guerra, de poca relevancia; hasta que el día 11 de mayo los buques bloqueadores del puerto de Cárdenas emprendieron un ataque coordinado contra las naves españolas penetrando hacia el puerto de Cárdenas por el canal de acceso entre Cayo Romero y Cayo Blanco, con el torpedero Winslow al frente por ser el de menor calado. Quedó fuera del puerto el cañonero (o pequeño crucero) Machias, de 1.177 Tm., y siguieron el guardacostas Hudson, armado con dos cañones de 57 mm de tiro rápido, y el cañonero Wilmington, de 1.392 Tm. y armado con 16 cañones y cuatro ametralladoras. Pretendían bombardear las defensas de la zona además de hundir los barcos españolas presentes.
    A las 13'40 horas entraban en formación de combate en la bahía de Cárdenas. Las dos lanchas cañoneras españolas se retiraron de la línea de tiro hacia otro punto del litoral, mientras el remolcador, por su mayor calado, puso proa al muelle para salvar del ataque a su dotación. El Winslow, a 1.500 metros del muelle, se destacó en dirección al Antonio López que rompió el fuego con su único cañón sobre el torpedero norteamericano con tal rapidez y acierto que en breve lo inutilizó.
     Después de las tres de la tarde la flota norteamericana se alejaba del puerto, remolcado el Winslow por el Hudson; barco que también quedó tan mal parado que ya no volvió a servir en la Marina.
    La victoria española fue tan contundente que en ese día se causaron más bajas al enemigo que en todos los grandes combates anteriores y posteriores.
    El teniente de navío Domingo Montes, comandante del Antonio López, fue recompensado con la Cruz Laureada de San Fernando y el teniente de navío Antonio Pérez Rendón, comandante de la lancha Ligera, protagonista del enfrentamiento del 25 de abril que inició la guerra, fue recompensado con la Cruz Naval de María Cristina.

Combate en la bahía de Cárdenas en 1898.

Imagen de HRH editores.

Despacho del general Blanco sobre el ataque al puerto de Cárdenas:
"Uno de sus buques mayores ancló como a una milla de los muelles y en seguida intentó el enemigo desembarcar tropas. Pero nuestras fuerzas, compuestas de voluntarios y de dos compañías de infantería lo obligaron a desistir de su propósito.
    Nuestros cañoneros inutilizaron uno de los destructores del enemigo y forzaron a los buques restantes de la escuadra a abandonar la bahía.
    La guarnición tuvo cinco heridos y como diez lo fueron a bordo de los barcos.
    Fu poco el daño causado a la ciudad, no obstante que cayó una granada en el consulado inglés.
    El ataque se había proyectado en cooperación con las tropas insurrectas que fueron derrotadas recientemente en San Miguel.
    He dado la enhorabuena tanto a las tropas como a los habitantes de la ciudad, por la prueba inequívoca que han proporcionado de su lealtad a España.
    Muchos fueron los americanos que al intentar el desembarco cayeron bajo el fuego español.
    En Cárdenas perdieron la vida dos de los habitantes, heridos por los proyectiles del enemigo."
 
Combate de Manzanillo
El 27 de junio de 1898 se declaró por la fuerza naval expedicionaria de Estados Unidos de América el bloqueo de la ciudad y puerto de Manzanillo, en el Sureste de Cuba, lugar de intenso tráfico marítimo. Con órdenes del almirante William Thomas Sampson, navegaron en dirección a Manzanillo los cruceros auxiliares Hist, Hornet y Wompatuck, desplazando cada uno de ellos más de 400 Tm., para un total artillero de 16 piezas y cuatro ametralladoras.
    El día 30 avistaron la lancha cañonera Centinela de treinta toneladas, al mando del alférez de navío Aldereguia, armada con dos ametralladoras de 37 mm, que resultó alcanzada con veinticinco impactos; pero aún pudo embarrancar en la costa de Manzanillo para desembarcar a la marinería.
    A continuación, los cruceros entraron en la bahía de Manzanillo. En el puerto se encontraban las lanchas cañoneras españolas Estrella, Guantánamo, Delgado Parejo y Guardián, al mando respectivamente de los tenientes de navío Joaquín Rivero, José Rivero, Ubaldo Serís y Carlos del Camino. Las cuatro sumaban seis piezas artilleras y varias ametralladoras. Junto a ellas fondeaba el pontón María, antiguo vapor de ruedas de 200 Tm, y el cañonero Cuba española, un viejo barco de madera, inútil para navegar, armado con un cañón de 13 cm, al mando del teniente de navío Luis Pou. La artillería de los barcos españoles, que maniobraron para evitar ofrecer un blanco fácil a los cruceros,  respondió al unísono y con acierto; y en poco más de una hora había abortado el objetivo de los invasores. El Hist recibió once impactos, el Wompatuck tres y el Hornet cinco, además de quedar averiado su motor; los tres cruceros sufrieron averías de importancia y bajas. En la flotilla española las averías fueron menores y únicamente contabilizadas dos muertes.
 
Combate de Cienfuegos
Combate naval sostenido por el cañonero español Diego Velázquez, de 200 Tm., y el crucero auxiliar norteamericano Yankee, de 6.900 Tm.
    El almirante Sampson, jefe de la flota de bloqueo norteamericana, fue informado de que el vapor Purísima Concepción había burlado el bloqueo  y se dirigía a Cienfuegos, en la provincia homónima y vecina de la anteriormente citada de Matanzas, procedente de Jamaica, con su carga de víveres, ordenó al Yankee que lo interceptara y procediera a su captura o hundimiento.
    El 13 de junio de 1898 apareció ante los vigías de Cienfuegos el vapor Purísima Concepción; momento en que el cañonero Diego Velázquez se dirigió hacia él para protegerlo en el tramo final de su travesía; a ocho millas de la boca de entrada al puerto de Cienfuegos comenzó a caer a ambas bandas una vez advertida la presencia del barco enemigo.
    Aproximadamente a 4.000 metros de distancia el crucero norteamericano puso proa a toda máquina hacia el cañonero español, que de inmediato arrumbó sobre la boca simulando retirarse, pero en realidad buscando la posición idónea para abrir fuego con posibilidades de acierto y dificultad en la respuesta del Yankee. Tan buena fue la maniobra que al cabo de una hora de duelo artillero el crucero norteamericano, seriamente dañado, giraba en redondo para tomar el mar abierto. El Diego Velázquez había disparado más de doscientos proyectiles, y en su debe sólo constaban seis heridos y averías de menor importancia; de hecho, una vez desembarcados los heridos, y junto a las lanchas Lince y Cometa, fueron a por el huido Yankee.

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Ataque naval a San Juan de Puerto Rico
La isla de Puerto Rico era un territorio tan codiciado para los Estados Unidos de América como Cuba y el archipiélago de las Filipinas. En los tres frentes actuó la Marina y el Ejército, y como ya se ha explicado antes con relación a Cuba, también el bombardeo naval contra San Juan de Puerto Rico entre una poderosa escuadra norteamericana y las aguerridas defensas isleñas acabó en fiasco para los atacantes.
    El contingente naval norteamericano al mando del almirante William Thomas Sampson estaba compuesto por los acorazados Iowa e Indiana, el crucero acorazado New York, los monitores Terror y Amphitrite, los cruceros Detroit y Montgomery y el remolcador Wompatuk, que sumaban 164 cañones. La misión principal era la de interceptar la escuadra española del almirante Pascual Cervera que viajaba al Caribe, para reforzar la presencia española en aquellas aguas y tierras desde España; y la secundaria, a modo de advertencia y castigo, la de amedrentar a la guarnición de Puerto Rico, con efectivos aproximados de 18.000 hombres, y, en última instancia, provocar su rendición para un inmediato desembarco.
 
El 12 de mayo de 1898 cubrió el horizonte de San Juan de Puerto Rico, capital de la isla, la escuadra norteamericana del almirante Sampson. La ciudad estaba defendida por un cinturón de fortificaciones: el Castillo de San Cristóbal, el Castillo de San Felipe del Morro y los bastiones de San Sebastián, Santo Tomás, Ánimas, Santa Teresa, Santa Rosa, San Antonio, San Fernando, Santa Elena y San Agustín; dotadas en conjunto con 54 piezas de artillería, distribuidas entre 19 baterías, y 20 cañones de campaña de emplazamiento variable.
    Un sucinto relato de lo acaecido figura en las páginas de la obra Historia de la Guerra Hispano-Americana, escrita por Enrique Mendoza y Vizcaíno (escritor, periodista e historiador), prologada por Francisco G. Cosmes (periodista e historiador político mejicano) y con la colaboración de Alberto Leduc (escritor, periodista e historiador mejicano):
El combate principió a las cinco horas y quince minutos, momento en que  el Iowa [buque donde ondeaba la insignia del jefe de la flota] se encaminó a la costa. Súbitamente viró y presentando un costado a las fortificaciones les descargó simultáneamente todos sus cañones. Durante catorce minutos no cesó de hacer fuego, entre tanto el New York y el Indiana y otros buques disparaban sobre los fuertes. El Iowa se volvió hasta donde estaba situado el Wompatuk. Pocos minutos después regresó hacia la costa.
    Los fuertes concentraban sus fuegos sobre el Terror que se encontraba a setecientas yardas de la costa. Todos los buques de línea pasaron frente a las baterías sin hacer caso a los disparos de los fuertes [un total de 441 frente a los 1.360 de los barcos, siendo alcanzados el Iowa y el New York, ambos con daños de consideración a la vista; lo que no puede decirse de las posiciones españolas].
    A los heridos se le auxilió en el acto.
    A las 7'40 el almirante Sampson hizo señal de suspender el fuego y retirarse.
    El Iowa encabezó la retirada, el Terror fue el último en alinearse, pero no vio la señal y continuó el fuego durante aproximadamente media hora más; por lo que el combate concluyó a las ocho horas y quince minutos.

 

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lunes, 28 de agosto de 2017

Una apreciación


Parpadeo, uno solo, el primero, origen y función; luego otro, parejo, derivado, algo menos iniciático. Y otro a continuación de la pausa, y más.
    Un susurro, expresión del alma; a cada cosa su sonido, la voz naciente del manantial, la efervescente del arroyo, la diligente y precisa del cauce y la sosegada en la desembocadura, el final del trayecto, la última parada de la circunvalación.
    El tiempo pasa y no vuelve, vuelan las etapas y los momentos en la dirección poniente; instantes de luz, destellos, de intermitencias en las imágenes.
    El viento pasa y sigue, trae y lleva las noticias escritas en el aire; descripción de estados traducidos por el intérprete en el cruce, de caminos, de rutas, de credos e ideas, de sentimientos. Y el destinatario del aviso después, a su hora, la que de todo informa.
    A coro. En grupo.

Victor Vasarely: Boglar Vert (1966). Centro Georges Pompidou, París.


Una gota, una sola gota caída son mil y una gotas reflejo del iris.
    Barridos de magia primordial. Van y vienen; avanzan y retroceden cual seres vivos que uno tras otro cuentan al pequeño mundo la historia del único mundo todavía predecible a partir de las respectivas experiencias.

viernes, 25 de agosto de 2017

La verdadera figura y magnitud de la Tierra

 
Al oficial de la Real Armada Española y científico Antonio de Ulloa corresponde la primera descripción físico-química del platino, su calificación como elemento químico, así como el haber sido quien lo trajo a Europa, lo promocionó, regaló donde fue oportuno y, además, contrató químicos de prestigio para llevar a cabo su investigación.
 
Antonio de Ulloa nació en Sevilla en 1716. A los trece años viajó a Cádiz para ingresar en la Real Compañía de Guardiamarinas, sin conseguirlo entonces. Por lo que, para conseguir experiencia y grado, decidió embarcarse bajo su propia responsabilidad en la escuadra de galeones al mando de Manuel López Pintado, lo que impulsó su propósito de aprender, y por los méritos contraídos ante su jefe aspirar a convertirse en guardiamarina. En 1732 regresaba a Cádiz tras este periplo iniciático en la mar.
    En 1733 cursaba por fin en el Colegio Oficial de Guardiamarinas.
    Su primer destino le llevó a Nápoles a bordo del navío Santa Teresa, con tropas de refuerzo para la guerra que allí se libraba. A su vuelta de esta misión militar en 1734, le esperaba una apasionante aventura de otra índole. Promotores franceses como el astrónomo Pierre Bouguer, el naturalista, matemático y geógrafo Charles-Marie La Condamine, el médico y botánico Antoine-Laurent de Jussieu y el astrónomo y matemático Louis Godin, con la bendición del monarca Luis XIV, iban a fletar una expedición científica con el objetivo de medir el arco del meridiano terrestre en el ecuador -otra expedición haría lo propio en el septentrión europeo-, es decir, en zona geográfica de posesión española, para lo que necesitaban la aquiescencia del rey de España, Felipe V; éste, a la sazón, eligió, bajo el asesoramiento del ministro José Patiño Rosales, a dos guardiamarinas, Jorge Juan y Santacilia y Antonio de Ulloa y de la Torre Guiral, en el acto ascendidos a tenientes de navío, para que integrados al equipo aseguraran la presencia española en esos lugares de su dominio y aportaran como hombres de ciencia y de mar, "inteligentes en la matemática y la astronomía", sus conocimientos y deducciones.
    Los españoles partieron del puerto de Cádiz en mayo de 1735, a bordo del navío Conquistador y la fragata Incendio en la que viajaba el nuevo virrey del Perú, José Antonio de Mendoza Caamaño y Sotomayor, Marqués de Villagarcía. El atraque y desembarco tuvo lugar en Cartagena de Indias, donde al poco se incorporó la expedición francesa; ambas ya en marcha conjunta remontaron el río Chagres para embarcar en Panamá. De allí a Guayaquil en barco, y desde este puerto a Quito por los caminos habilitados. Corría mayo de 1736 cuando dieron inicio a las mediciones de triangulación, y durante dos años transitaron por la cordillera andina.
 
Aprovechando la circunstancia del viaje sudamericano, el ministro de Hacienda, Marina, Guerra e Indias, Zenón de Somodevilla, había encomendado a Jorge Juan y Antonio de Ulloa la realización de un estudio pormenorizado y exhaustivo de la situación de las colonias: personas, recursos, estamentos, inmuebles, plazas, arsenales, mandos, funcionarios y administración en general.
    Y aún más. Debieron vigilar la costa chilena y la de la isla de Juan Fernández embarcados en las fragatas Rosa, Nuestra Señora de Belén y Esperanza, las tres naves de la flota del general Pizarro, para atajar el acoso y saqueo pirata británico comandado por Anson en aquellas aguas del océano Pacífico: el lago español.
 
En 1746, año del fallecimiento del rey Felipe V y de la ascensión al trono de su sucesor, el rey Fernando VI, regresaba a España Antonio de Ulloa tras el periplo científico sudamericano, el de vigía, control y acción armada contra los británicos. Un percance bélico con la flota inglesa al acecho, condujo al marino español apresado hasta Londres; pero una vez desembarcado, el recibimiento a De Ulloa tuvo que ver con su fama como hombre de ciencia y no con su captura como militar en un episodio de la guerra entre las dos naciones, por lo que fue agasajado y al punto nombrado académico de la Real Sociedad de Ciencias.
 
La corte española, y en especial el rey, estimaron grandemente las labores científicas y militares de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, ascendidos por méritos a capitanes de fragata y encomendados a la plasmación en extenso y en papel de todo lo realizado en el Nuevo Mundo, tanto el asunto de competencia científica como el relativo a la historia; esta parte correspondió a De Ulloa.
    Terminada la importante relación, fue entregada al marqués de la Ensenada, Zenón de Somodevilla y Bengoechea, quien a su vez la trasladó a Fernando VI y éste convalidó el aprobado mandando su publicación, viendo luz con el título Relación histórica del viaje a la América Meridional, hecho de orden de S. M. para medir algunos grados de meridiano terrestre y venir por ellos en conocimiento de la verdadera figura y magnitud de la Tierra, con otras varias observaciones astronómicas y físicas, presentada en cuatro volúmenes el año 1748.
    El ascenso a capitán de navío, para ambos oficiales, corroboraba la satisfacción real.
 
Hubo otro documento, de carácter secreto, también colaborado por Antonio de Ulloa y Jorge Juan, donde se vertieron las indagaciones propuestas por el entonces rey Felipe V, en el que destacaba la reseña de los abusos, de las desidias y de las intrigas que posteriormente iniciaron la rebelión de los distintos países de la América hispana. Tal documento no se hizo público hasta 1827, con el título Noticias secretas de América.
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La vida marinera de Antonio de Ulloa prosiguió por derroteros meridionales.
    En una navegación doblando el cabo de Hornos, observó las auroras australes, harto menos conocidas que las boreales; fenómeno que puso en conocimiento de la ciencia.
 
A continuación, durante sus estancias en el mar y sus etapas en tierra firme, Antonio de Ulloa ejerció sus vocaciones, inquieto, estudioso, y docto, prestando variados y muy útiles servicios a España. A saber:
Avanzó en el conocimiento de la electricidad y el magnetismo artificial.
Visibilizó la circulación de la sangre.
Descubrió las propiedades del platino.
Reveló la existencia de conchas marinas en las cumbres andinas.
Dio las primeras noticias sobre el árbol de la canela y la del caucho.
Perfeccionó el mecanismo de impresión del papel, el arte de grabar en cobre y piedra, la relojería y los métodos para la práctica de la cirugía, además de seleccionar para la mejor instrucción de esta disciplina a jóvenes aspirantes a médicos en las cátedras de Suiza, París y Holanda.
Proyectó el canal de navegación y riego de Castilla la Vieja, dirigiendo su construcción hasta conseguir dejarlo navegable y hábil para la función prevista, en una longitud de cinco leguas, comprendiendo desde el río Carrión hasta la Tierra de Campos.
Formó escuela de técnicos para el levantamiento de los mapas de España, y bajo su dirección se realizó el del territorio en torno a Madrid, hasta las seis leguas de distancia.
En Madrid estableció el primer gabinete de metalurgia y el de historia natural. En la fábrica de paños finos de Segovia mostró el beneficio de las lanas llamadas churlas, semejantes a las de Cantorbery, en la Gran Bretaña.
Instruyó a los designados responsables del comercio ultramarino, para facilitar el transporte de frutos de España a los puertos de América; además de asentar las reglas para la fabricación de jarcias y lonas en ambas orillas.
 
En 1755 fue destinado al virreinato de Perú. En 1758 volvió a navegar por mares australes a bordo del San Rafael. Y de nuevo recaló en Perú para gobernar el territorio minero de Huancavélica.
    Hombre de máxima confianza, experiencia y eficacia, valorado en todos los ámbitos, en 1760 alcanzó el grado de contraalmirante y de 1766 a 1768 fue gobernador de Luisiana, gran territorio en América del Norte que a no tardar, con su acostumbrados valor e inteligencia, bien acompañado por militares a la altura, pacificó para la corona española. También fue nombrado gobernador de la Florida en consonancia con los éxitos en la región vecina.
    En 1769 aureolado por el éxito militar y diplomático, ascendió a Jefe de escuadra, navegando entre la metrópoli y el virreinato de Nueva España los años 1776 y 1778, ambos inclusive, por aguas atlánticas de la ruta de ultramar.
    La cima de su carrera militar en activo llegó en 1779 al ser nombrado Teniente general de la Real Armada Española. Con tal empleo, al mando de cuatro navíos y dos fragatas, y en apoyo del general Luis de Córdova, participó en la declarada guerra contra el Reino Unido protegiendo la incursión española en el Canal de la Mancha desde la línea náutica de las islas Azores.
    En el aspecto político consiguió otro hito, al ser nombrado ministro de la Junta de Comercio y Moneda del Reino.
    En el aspecto científico fueron sus logros de mayor enjundia, con independencia de sus estudios y escritos, el establecimiento del primer gabinete de Historia Natural que hubo en Madrid y el primer laboratorio Metalúrgico.

Títulos honoríficos y académicos
Miembro de la Real Sociedad de Londres, correspondiente de las Academias de Ciencias de París, Estocolmo y Berlín; del instituto de Bolonia; de la Sociedad de Leipzig; de las patrióticas de Vizcaya y Sevilla y de la Academia de Nobles Artes de Madrid.
 
Obras destacadas vinculadas con la ciencia, la Armada y la navegación
Relación histórica del viaje a la América Meridional (1748, en colaboración con Jorge Juan y Santacilia), Tratado físico e historia de la aurora boreal (1752), Modo de facilitar los correos de España con el reyno del Perú (1765), Noticias americanas (1772), La marina y fuerzas navales de la Europa y del África (1773), El eclipse de Sol con el anillo refractario de los rayos: la luz de este astro vista del través del cuerpo de la Luna (1779) y Conversaciones de Ulloa con sus tres hijos en servicio de la marina (1795).
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Antonio de Ulloa falleció en la Isla de León en 1795, siendo Director General de la Real Armada. Fue enterrado en el Panteón de Marinos Ilustres, donde una placa reza:
 
    A LA MEMORIA DEL EXCMO. SR. D. ANTONIO DE ULLOA Y DE LA TORRE BERNARDI [la razón del cambio en el apellido materno nos es desconocida]; CABALLERO DE LA ORDEN DE SANTIAGO Y COMENDADOR DE OCAÑA, TENIENTE GENERAL DE LA ARMADA ESPAÑOLA. SOCIO CORRESPONDIENTE DE LAS REALES ACADEMIAS DE PARÍS, LONDRES, ESTOCOLMO, BERLÍN y BOLONIA. ENVIADO CON ALGUNOS ACADÉMICOS PARISINOS A LA PROVINCIA DE QUITO PARA MEDIR ALGUNOS GRADOS TERRESTRES, EN LA REGIÓN EQUINOCCIAL CON LO QUE SE ACLARA MAS LA MAGNITUD DEL MAR Y LA FIGURA DE LA TIERRA Y DESPUÉS OCUPADO EN MUCHOS TRABAJOS PÚBLICOS, SE MOSTRÓ SIEMPRE CON LOS SERVICIOS PRESTADOS. FIEL AL REY Y APARECIÓ COMO MODELO DE AMOR A LA PATRIA QUE, AGRADECIDA, LE DEDICA ESTA LÁPIDA EN EL BICENTENARIO DE SU MUERTE. SEVILLA. 1716 - REAL ISLA DE LEÓN, 1795.

Antonio de Ulloa y de la Torre Guiral

Imagen de www.revistaecclesia.com
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El platino
Antonio de Ulloa es pionero al dar noticia del metal llamado platino. Afirma en 1748 que "en el Partido de Chocó [jurisdicción de Chocó], habiendo muchas minas de lavadero, tal vez se hallan minerales donde la platina, piedra de tanta resistencia que no es fácil romperla ni desmenuzarla con la fuerza del bloque sobre el yunque de acero, es causa de que abandonen, porque ni la colación la vence ni hay árbitro para extraer el metal que encierra sino a expensas de mucho trabajo y costo" (Antonio de Ulloa y Jorge Juan: Relación histórica del viaje a la América Meridional).
    Jorge Juan y Santacilia, en el prólogo de Observaciones astronómicas y phisicas hechas de orden de S. M. en los Reynos del Perú (obra escrita con Antonio de Ulloa en 1748), escribe que Antonio de Ulloa considera al platino como el metal peculiar y previo, que debía haber minas especiales de este metal como las había de oro y plata. Y esta es la gran aportación de Ulloa a la química y a la metalurgia, sin ser químico ni metalúrgico, la de declarar al platino como simple, un metal más puro, más perfecto y por cualidades sobresalientes al oro; lo cual se demostraría posteriormente al denominarlo elemento. A su vez, De Ulloa es quien contrata a químicos célebres de la época, François Chabaneau, William Bowles y Agustin de la Planche, para que investiguen sobre la platina.
    Carlos III reconoció en un memorial fechado en 1789 los servicios prestados a la Armada por Antonio de Ulloa y el "hecho particularísimo de haber sido el primero que trajo a España y dio noticia del metal de platino en el año 1747, calificándole de laborable".
    A partir de su descubrimiento y revelaciones intuitivas sobre el preciado metal, De Ulloa envía muestras de platino por toda Europa y así lo convierte en un metal muy solicitado que debe ser regulado en su exportación.
 
El platino comienza a elaborarse en los laboratorios del Real Seminario Patriótico de Vergara en 1784, a cargo del químico Francisco Chavenau; fundado en las postrimerías del siglo XVIII por el conde de Floridablanca, José Moñino Redondo, con la aprobación de Carlos III. Este laboratorio dio solución a los problemas de metalurgia del Ejército y la Marina respecto a la aleación usada para sus cañones, que por aquel entonces se cuarteaban con las frecuentes andanadas.
    Antonio de Ulloa expone en un informe con fecha de 1788 la manera más adecuada para explotar racional y ventajosamente para España las minas de platino en el Nuevo Mundo.
 
La política científica de la monarquía española
Aprender, comparar y compartir para aplicar es un lema académico. La política científica de los Borbones, dinastía iniciada con Felipe V, comprendió diversas acciones; una de ellas, la relativa a este artículo, consistió en el envío de Estudiantes a las más prestigiosas universidades y escuelas de Europa, pensionados por el Estado, con el propósito de que adquirieran una sólida formación. En uno de los primeros viajes a la sazón organizados partieron Jorge Juan y Antonio de Ulloa.
    Los mismos elegidos para la expedición científica sudamericana en líneas precedentes resumida; al regreso de la cual, en 1746, como se dijo, dedicaron ambos todo su esfuerzo a publicar los resultados. Lo que consiguieron en 1748 con el título de Relación histórica del viaje a la América Meridional.
    El marqués de la Ensenada, conocedor en primera persona de la actividad de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, los dirige en viajes a Europa como representantes dilectos para llevar a cabo su política de despegue comercial y militar; deben averiguar los adelantos científicos y técnicos de mayor calado y trascendencia para los intereses de España. El recorrido de Ulloa, comenzado en 1749, lo llevó por Francia, Holanda, Dinamarca, Suecia y Prusia.
 
Contribución de Antonio de Ulloa al conocimiento y estudio de la química y la metalurgia en España
 Con anterioridad al siglo XVIII, la química era profesionalmente ejercida por farmacéuticos y algunos médicos. Desde el año 1700, en Sevilla se asienta la Regia Sociedad de Medicina y otras Ciencias, integrada por destacados científicos, quienes introducen en España parte de las teorías químicas provenientes mayoritariamente desde Francia. Pero los principales introductores de la ciencia química en España son químicos contratados por el gobierno, tales como Francisco Chavenau, ya citado, Luis Proust, discípulo de Lavoisier, y el capitán Juan José Munárriz, a su vez discípulo de Proust.
    Movido por su afán patriótico e investigador, habiendo adquirido por estudio in situ, en varios destinos, empirismo y experiencia importantes conocimientos de química, mineralogía y botánica, Antonio de Ulloa propone al marqués de la Ensenada el envío al extranjero de jóvenes oficiales y científicos españoles que, como obraran él mismo y Jorge Juan en las expediciones científicas, vayan a conocer técnicas, ciencias y artes necesarios para el desarrollo de la Marina y del comercio en general para beneficio de España, al tiempo que contrataban a los mejores profesionales gavieros, maestros de jarcias, relojeros, grabadores, ingenieros y constructores navales. Así lo entiende también Ensenada y actúa en consecuencia.
    La especialización de los colegiales de Cádiz, los guardiamarinas, empieza en 1749 y 1750 con el envío de los primeros a las universidades de Bolonia, Lovaina, Leyden y París.
    Uno de los estudiantes destacados fue Juan Manuel de Aréjula y Bruzet, considerado uno de los introductores de la ciencia química en España y autor en 1788 de la obra Reflexiones sobre la nueva nomenclatura química.
    El impulso de la autoridad nacional, encabezada por el rey Fernando VI y el marqués de la Ensenada, hacia la conquista de ciencia y descubrimientos, posibilitó que el célebre farmacéutico, botánico, médico y poeta español Casimiro Gómez Ortega viajara por toda Europa en busca de corresponsales para la Academia de Ciencias que se iba a edificar, que al transcurrir de los años se convertiría en la Academia de Medicina de Madrid.
 
Antonio de Ulloa cofundó con Jorge Juan la Asamblea Amistosa y Literaria de Cádiz en 1775, con el propósito de que sirviera de prueba para la creación de la Sociedad de Ciencias que Jorge Juan quería fundar en Madrid. En la Asamblea, reunida semanalmente, se leían memorias sobre matemáticas, navegación, física, geografía, medicina, higiene, historia, seguidas de discusión y coloquio.
    De Ulloa da noticia en sus Noticias Americanas de 1772 de que es miembro de las Reales Academias de Ciencias de Berlín y Estocolmo y a la Royal Society de Londres. En 1748, con su obra Relación histórica, figura como miembro de la Academia de Ciencias de París. Y en España lo es de la Real Academia de Bellas Artes, de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, de la Real Sociedad Económica de Madrid y de la Real Sociedad de Amigos del País de Sevilla.
 
A consecuencia de las reformas de Ulloa, también de Latre y Estrachería, fundamentalmente ellos tres, se implanta el nuevo método de fundición en la Fábrica de Artillería de Bronce, en Sevilla, entre los años 1757 y 1760. La política de apertura de España hacia nuevas tecnologías está en gran parte canalizada por los informes que oficiales como Antonio de Ulloa remiten al mando, recabando la contratación de personas especializadas en distintos campos de la ciencia y de la técnica.
    Es la época en que la Marina, a sugerencia de Ulloa, trata de fomentar la investigación científica de España, concretamente en el campo de la metalurgia, financiando la investigación en los laboratorios de Vergara y de Madrid. Fue en el Seminario patriótico de Vergara donde se realizó la investigación más importante llevada a cabo en España sobre la platina y la que mayor repercusión tuvo.
    Para conseguir un alto posicionamiento de la industria militar española se encomendó a José Vicente de Mazarredo, capitán de Navío y profesor de la Academia de Guardiamarinas de San Fernando, unos informes y unas propuestas, que le fueron aceptados y puestos en práctica. Entre las propuestas figura la creación de dos cátedras: de Química y metalurgia y de Mineralogía y Ciencias Subterráneas. Por consiguiente, el platino empieza a elaborarse en 1784 en los laboratorios del Real Seminario Patriótico de Vergara, fundado  en las postrimerías del siglo XVIII por el conde de Floridablanca, con la aprobación de Carlos III, resultando una solución a la metalurgia española.
 
Fuente principal
Estudios de Luis Fermín Capitán Vallvey (catedrático de la Universidad de Granada) y Fernando Paredes Salido (Capitán farmacéutico), presentados  en el apartado Comunicaciones durante el 2.º Congreso de Historia Militar, celebrado en Zaragoza el año 1988.


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miércoles, 23 de agosto de 2017

Hibris

 

Exceso de vanidad y prejuicio.

 
Hay una diosa llamada Hibris (o Hybris), emparentada desde la raíz al espíritu con la diosa Némesis, que, como ésta, antes y ahora, también personifica la desmesura y sus inmoderadas vertientes cortadas a pico, filosas y escarpadas, cual son la soberbia y el orgullo. Hibris es insolente, entrometida y cáustica, encaramada al protagonismo y promulgadora de la orden del día y del estado de sitio.
    Lleva la transgresión en sus acciones, por aquello de sobrepasar los límites que la autoridad marca, y de no mediar obediencia impone; y porque eso de guardar y hacer guardar el espacio privado es algo que desprecian sus impulsos, afines a la violencia más que a la mesura. Se rinde a la pasión y comulga con su colega Ate, una furia de notorio orgullo, mostrando ambas si tercia la ocasión la vesania producto de una patología incurable.
    Pero en el reverso de la moneda de dos caras, Hibris es la portadora del castigo que merece su conducta y los por ella influidos; igual que Némesis castiga la desmesura y sanciona la irresponsabilidad.
 
A solas con Némesis, en un lugar innominado del que se tiene vaga noticia por leyendas circuidas de mito, subrayan sus coincidentes significados y planean a la par la venganza y la justicia, la ida y la vuelta del ciclo vital; muy puestas ambas en las materias pertinentes.
    Hibris y Némesis cobran su venganza en el instante que se consuma el hecho que subvierte una relevante condición anterior, la que fuera apuntada sin atisbo de duda y ha sido implacablemente perseguida hasta que el resultado convence a las ejecutoras.
    En cuanto a la tarea justiciera el camino de su conclusión se bifurca en dos: el de la justicia retributiva: aplicada como contraprestación al daño causado, compensando un mal con otro mal, otorgando carta de naturaleza a la libertad; y el de la justicia equitativa: a modo de recto proceder que entrega a cada cual lo que merece, con imparcialidad en el trato y en el reparto, confiriendo a la justicia un papel ecuánime.
 
Una y otra, alternadas sus manifestaciones para desconcierto de rivales, envidias que nunca faltan en cualquier historia que se precie y enemigos, practican el codiciado arte de ser juez y parte, en tanto los controladores de andanzas no anulen sus competencias.

lunes, 21 de agosto de 2017

Determinación de los pesos moleculares


Nacido en Barcelona el año 1883, Enrique Moles Ormella, químico, físico y farmacéutico, es una de las figuras preeminentes de la ciencia española, también descollante en el ámbito internacional, con especial incidencia en la primera mitad del siglo XX, por contribuir a la determinación del peso atómico de varios elementos orgánicos; valores que fueron pronto incorporados a la tabla periódica de los elementos.
    Licenciado en Farmacia en su ciudad natal, el año 1905, se doctoró en Madrid al cabo de doce meses con la tesis Procedimientos de análisis de silicatos seguidos en el análisis cuantitativo de algunas micas españolas. Pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios marchó a las ciudades alemanas de Leipzig y Munich, en las que residió entre 1908 y 1911; durante el primer año de estancia publicó en colaboración sendos trabajos de investigación, uno con el químico alemán Karl Drucker, que lleva por título Formulario-guía de farmacología, y el otro, titulado Terapéutica y análisis químico-farmacéuticos, con el farmacéutico español Antonio Novellas. También en Leipzig se doctoró en ciencias químicas con la tesis Revisión químico-física del peso atómico del flúor. A continuación tradujo varias obras de bacteriología y patentó algunas medicinas.
    Nuevamente becado por sus méritos y aportaciones científicas, el año 1912 se instala en Zurich donde junto al químico Philippe A. Guye se familiarizó con los métodos fisicoquímicos para la determinación de los pesos atómicos. Precisamente sobre este particular versó la tesis de doctorado en Ciencias Físicas que obtuvo en la Universidad de Ginebra en 1916; ciudad en la que desempeñó cargo docente ese año y el siguiente, agregado a la Escuela de Química.
 
Precedido por su fama, recibió ofertas para dirigir los departamentos de Química y Física en las universidades de Baltimore, Munich y Zurich; pero su idea era la de regresar a España, cosa que hizo, con estancia en Barcelona para doctorarse el año 1920 en su universidad en Ciencias Físicas y Químicas,  residiendo a partir de entonces en Madrid, doctorándose en Ciencias Físicas y Químicas el año 1922.
    Hasta 1927 es profesor auxiliar de Química inorgánica en la Facultad de Farmacia, desempeño académico que simultanea con la impartición de cursos de Química y Física en el Laboratorio de Investigaciones Físicas de Madrid. Ya en 1927 consiguió la cátedra de Química inorgánica de la Universidad de Madrid y comienza un periplo docente por Hispanoamérica, que acrecienta su prestigio.
    En 1931 fue nombrado jefe de sección del Instituto de Física y Química de la capital de España, que dirigía el prestigioso físico Blas Cabrera y Felipe, considerado el padre de la ciencia física española; y en 1934, con el discurso Del momento científico español 1785-1825, ingresó en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
    Gran docente y maestro de nuevas generaciones de químicos en España, desde estas instituciones aprovechó para innovar los planes de estudio de varias disciplinas científicas, a su vez apoyando el desarrollo académico de la Física y la Química hasta conseguir que fuera creado el Instituto Nacional de Química y Física. También miembro de la Secretaría de la Comisión de Pesos Atómicos de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada, impulsó la oficialidad del idioma español y la organización de un congreso internacional en Madrid, el IX Congreso de Investigación Química Pura y Aplicada, celebrado con éxito en abril de 1934.

Enrique Moles y Ormella

Imagen de www.residencia.csic.es

La tarea de investigación
Enrique Moles vio recompensado su empeño investigador, fruto de su interés por el desarrollo de la ciencia; la determinación de pesos atómicos fue la cima de su gran tarea. Había concluido tras detenidos análisis que sólo la teoría de las densidades límites de los gases, enunciada por el químico francés Marcellin Berthelot, tenía validez para establecer los pesos atómicos y moleculares sobre la base exclusiva de datos experimentales, en ausencia de otras hipótesis complementarias. El planteamiento teórico era simple, pero la ejecución práctica de cálculos en lo relatico a la temperatura, la presión y los pesos requería de una gran complejidad y absoluta precisión. Estas investigaciones sobre la determinación de los pesos atómicos las inició en su etapa ginebrina, luego continuadas en Madrid al cabo de las cuales cosechó el reconocimiento internacional.
    Para determinar los pesos con la debida precisión empleó unas técnicas altamente sofisticadas, entre las principales:
la desecación de los gases, para evitar la humedad en las muestras;
la determinación de los coeficientes de corrección a introducir como consecuencia de la absorción de los gases por las paredes del vidrio;
la corrección para la contracción del vidrio al trabajar en vacío;
el empleo de filtros de vidrio prensado para la purificación de los gases.
    Llegó a determinar los pesos atómicos de los elementos químicos flúor, bromo, iodo, oxígeno, nitrógeno, azufre, sodio, argón y más.
    Hasta el año 1924 no existía una tabla de masas atómicas vigentes por parte de la Comisión Internacional de los Elementos. Tras los resultados de Enrique Moles, la Comisión Española emitió un informe que reunía las correcciones propuestas por los investigadores firmantes, entre los que se encontraban, además del citado, Blas Cabrera, José Rodríguez Mourelo y Ángel del Campo. Los valores de pesos atómicos averiguados por los científicos españoles quedaron incorporados a la tabla periódica por la Comisión Internacional.
    Todas las determinaciones y propuestas realizadas por Enrique Moles alcanzaron los objetivos previstos, le confirieron un gran prestigio y, en suma, el reconocimiento internacional, además de diversos galardones de distinta procedencia, hasta desempeñar funciones de relevancia docente y organizativa en colegios y academias de ciencia en diversos países y ocupar en 1951 el cargo de secretario de la Comisión Internacional de Pesos Atómicos de la Unión Internacional de Química.
 
Otras aportaciones científicas
La relación de estudios científicos de Enrique Moles, así como la aplicación de los mismos en la industria y la docencia, puede catalogarse en cuatro apartados intrínsecamente vinculados a la ciencia química.
Estudio sobre las medidas del magnetismo (magnetoquímica) de los metales hierro y níquel, resolviendo las dificultades halladas por investigadores anteriores.
Estudio de la solubilidad de gases en diversos solventes no acuosos (disoluciones) y mezclas y propiedades de los disolventes.
Conjunto de trabajos sobre la regla de aditividad de los volúmenes moleculares en cuerpos inorgánicos cristalizados, como contribución a la determinación de la estructura de los hidratos.
Estudio de las propiedades y usos de peroxihidróxidos o perhidroles para la actividad farmacéutica.
    A lo que se añade las varias traducciones de obras de farmacia y bacteriología (bioquímica) y una constante publicación científica a lo largo de su trayectoria superior a las doscientas sesenta referencias, incluidas para consulta en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química.


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viernes, 18 de agosto de 2017

Revelación

 
Os escribo desde la esfera de luz, asistido por la magna influencia del conocimiento, abstraído en mi simbólica tarea que he elegido de entre las varias en oferta, ubicado por el designio adjudicador en un lugar que es un punto equidistante a todas las certezas del universo.
    Con lo dicho hasta ahora en esta carta sin remite, que supera la catalogación de preámbulo, os informo, en especial a ti, ya sabes quien eres, también a ti y luego a ti, que sabéis quienes sois, valga el orden de mención, os he descrito suficientemente mi paradero.
    Encarezco a vuestra imaginación un dibujo atinado de la maravilla que os contempla a diario, unos días más que otros, eso sí, con la debida proporción y los colores en consonancia, para que de la idea surja el detalle y a partir de él un anhelo, una causa seguida de su efecto, una curiosidad al alcance del propósito; incluso, permitidme subrayar el término, una necesidad.
    Daros esa oportunidad, de vosotros depende cruzar la frontera, compañeros de ilusiones y fatigas; lo demás viene por añadidura. Yo he podido, yo he querido, porque no soy el doble de todo ni la mitad de nada y me gustan los mensajes crípticos.
    Alicientes busques y en sus alas viajes.
    Os recuerdo sin añoranza pues la lección ha prendido en mí, os llevo conmigo: soy yo.

Jacobello Alberegno: Políptico del Apocalipsis (1343). Gallerie dell'Accademia, Venecia.

miércoles, 16 de agosto de 2017

La lotería de Navidad

 
Desde mediados del siglo XVIII, el gobierno de España pretende crear y oficializar un juego de azar que ordene y controle la ambición de los jugadores asiduos a la vez que atraiga un público nada adicto a invertir su dinero en un lance de fortuna y, asunto trascendente, que canalice el dinero apostado hacia las arcas del Estado sin la apariencia de exacción.
    Es a finales del siglo XVIII cuando la lotería se instaura. Se debe la decisión al rey Carlos III y al marqués de Esquilache, Leopoldo de Gregorio, su ministro de Hacienda y también hombre fuerte del Gobierno.
 
Ya funcionaba en el reino de Nápoles el juego de la lotería, que se tomó como modelo para lo que se quería implantar en España. El marqués de Esquilache solicitó del responsable de Hacienda del gobierno napolitano, Juan Antonio de Goizueta, que mandase viajar a España a José Peya, director del juego de la lotería napolitana.
    Carlos III, que era rey de España y de Nápoles, introdujo la lotería en España el año 1763 (y la costumbre, también napolitana, de los belenes en las fechas pertinentes); y a él se atribuye una frase convertida en proverbio: "El que juega mucho es un loco; pero el que no juega nada es un tonto".

Carlos III y la lotería nacional.

Imagen de www.nacionalloteria.es

El primer sorteo de la lotería española se celebró en Madrid, concretamente en la plazuela de San Ildefonso, el 10 de diciembre de 1763. En aquella ocasión, precedente de una costumbre que pervive, un muchacho de siete años de edad perteneciente al Colegio de San Ildefonso, ataviado cual un ángel, extrajo con su mano inocente de un arca una de las noventa bolas que inauguraba los sorteos y resultó la agraciada con el premio.
    El primer sorteo propiamente dicho de Navidad tuvo lugar el 23 de diciembre de 1799. Y a los pocos años, este sorteo derivaría en el extraordinario de Navidad, con otro equivalente en el mes de junio.
 
Con el estallido de la Guerra de la Independencia, motivada por la invasión de las tropas napoleónicas, la lotería se adapta a los tiempos: nace la Lotería Moderna; en Cádiz y en 1812, año de la Constitución Liberal. Se la denominó moderna para diferenciarla de la surgida en 1763. El proyecto tiene como base el proporcionar fondos a la debilitada Hacienda Pública sin perjuicio para los tributarios, como así lo expresó el ministro del Consejo y Cámara de Indias, Ciriaco González Carvajal. El primer sorteo de la nueva lotería se celebró el 4 de marzo de 1812 en la gaditana plaza de San Antonio. El preámbulo de la instrucción que regía esta modalidad de juego rezaba: "Las Cortes Generales y Extraordinarias de la Nación, enteradas del proyecto que les fue presentado de una Lotería que se ha de nominar Nacional, y ha de ser igual a la que hace muchos años se halla establecida en Nueva España; se sirvieron autorizar al Consejo de Regencia de España e Indias para que lo llevase a efecto del modo que considere más útil y conveniente. En consecuencia, S. A. considerando que este puede ser un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes, y atendiendo a que los fondos que se versen en este juego sean manejados con fidelidad, sin agravio ni perjuicio del público interesado; para que estos fines se consigan, ha tenido por conveniente autorizar con su suprema autorización a  los señores D. Antonio Romanillos, Ministro decano del Consejo Supremo de Hacienda y D. Ciriaco González Carvajal, del Consejo y Cámara de Indias, para jueces conservadores del establecimiento".
    El primer sorteo extraordinario de Navidad ocurrió el 18 de diciembre de 1812: el premio gordo recayó en el número 03604 que obtuvo 8.000 pesos fuertes (aproximadamente 40.000 pesetas); el precio del billete era de 40 reales (aproximadamente 10 pesetas).
    A medida que el ejército invasor se retira de España se expande la lotería y crecen los ingresos por recaudación.

Primer sorteo extraordinario de Navidad.

Imagen de www.mayores.uji.es

El apelativo de "el gordo" al número premiado con la mayor cifra económica se debe a la imagen impresa hasta mediados del siglo XIX en la publicidad referida a la lotería: una figura rechoncha repleta de números y bolas del sorteo, que ilustraba la idealización de un fanático afortunado.
    La primera ocasión en la que apareció legible la denominación "Sorteo de Navidad" en sustitución de la leyenda habitual de "Prospecto de premios" fue en el sorteo del 23 de diciembre de 1892; pero tal denominación no figuró impresa en los décimos de lotería hasta la Navidad de 1897.

lunes, 14 de agosto de 2017

Examen de conciencia insinuado

 
Estaba furioso, decepcionado y confundido, aunque digno de su intelecto conservaba la racionalidad atribuida a los seres cívicos, un ejemplo para la sociedad en torno. Puede ser una virtud o un defecto, una gran virtud o un inmenso defecto lo de amagar con el estallido o quedarse en la vía muerta de la inhibición. Estaba entregado a una ira sanadora de antiguos conflictos, pero no era suficiente con dar rienda suelta al instinto, por fin, no era el cauce para remansar la turbulencia de unos vientos reivindicando el poner cada cosa en su sitio.
    De una vez por todas, para siempre.
    Y eso, el cambio de actitud, exigía variar el rumbo de nada menos que una vida; o lo que se entiende por un largo, muy largo e insulso periodo de tiempo sobre cuyo origen no hay una explicación única, definitoria, convincente.
    Es difícil volver al punto de partida cuando se ha perdido la afición por los descubrimientos.
    Lamento. Malestar.
    La culpa borbotea cadenciosa e intrusiva en un perímetro acotado, en un lugar sabido, bajo la propia responsabilidad. Esta es la clave para salir del pozo sin fondo. Suma y sigue en el desglose: demasiado contemporizar, un exceso de nefasta tolerancia hacia la actuación ajena, deriva en una inconveniente laxitud del criterio y en una atrofia de los reflejos. La causa de la causa es la causa del mal causado.
    Sí, la omisión es una conducta perversa. Por mucho que se la justifique, y motivos para diseminar argumentos en pro de la víctima de abuso de confianza y usurpación de personalidad y funciones no faltan, la ausencia de respuesta contundente con marchamo de autenticidad al cotidiano desafío de vivir en el mundo pasa factura: por tonto, indeciso y confiado.
    Suspiro, hondo suspiro; aire que entra deprisa, a llenar los vacíos, aire que sale despacio, tentador.
    Quizá esa mesura arraigada al comportamiento le proporcionaba una mayor carga de tribulación que el origen de la desdicha. En realidad, los varios orígenes arquitectos en pirámide de la desdicha.
    ¿Y ahora qué?
    Ahora corresponde digerir el trance de ira. Luego, necesariamente en breve, unos minutos, unas horas, tendría que coger el toro por los cuernos y rematar la faena.
    Triste. Tantas largas cambiadas, tanta retórica, tanta ceremonia de adiestramiento para acabar solo, desvirtuado y expuesto, reconvenido de dentro afuera, burlado en la medida de los hechos y sacudido por los tentáculos de la mentira, ahogado por la opresión del engaño y desnudo e inerme ante las manidas tretas del fingimiento.
    Menudo papelón.
    Vaya, vaya...
    La impotencia desespera. Es una sensación de querer y no poder elevada a la enésima potencia. Nada de cuanto se pretende consigue traspasar la frontera trazada por el manejador de los hilos, impermeabilizada hasta del aliento.
    Un fiasco, además.
    La rabia sulfura, llega a cegar y paraliza la capacidad intelectual y la motora salvo para lanzar piernas, brazos y cuerpo contra la ficción de monstruos reptantes; pero también pide venganza, lo que es síntoma de lucidez en el aciago día que el cerrojo y las bisagras de la caja de Pandora han cedido. Hacer algo, tal cual la voluntad en liza, es la demanda a quien puede tomar la decisión; hacer algo, lo que sea y pronto para remediar el mal causado o para impedir que aquello tan perjudicial continúe avanzando. Sin recurrir a bálsamos aliviadores o placebos: acciones directas, acciones reales.
    Eso es: reacción.
    Reaccionar a favor de o en contra de, indistintamente. La traición merece un castigo ejemplar; también la revelación de secretos o la violación de la intimidad, y las afrentas, las injurias o las calumnias. Han de ser castigadas las conductas nocivas, los aprovechamientos fraudulentos y las falacias. Las palabras que mienten, a sabiendas del engaño, deberían volatilizarse en un espacio de estricta justicia habilitado de urgencia al sonar la alarma.
    ¿No la habías oído? ¿No hubo alarma trepidando en la antesala de la desafección, en el preámbulo de la puntilla, en la nota al margen de la obvia declaración de intenciones?
    Porque era obvio. De ahí el dolor. Una lanzada en la zona débil, en la zona desprotegida, en el ámbito de los sentimientos vulnerables.
    Con las cartas sobre la mesa, repartido el juego, es momento de obrar en consecuencia y, sin trampa ni cartón, asumir la parte de culpa inherente a un comportamiento pródigo en cesiones e idealismos. Limando, a continuación, las aristas, por lo general filosas, para que las heridas cicatricen al contacto de un remedio eficaz.
    Respira acompasado, consciente de la dificultad tanto como de la luz al final del túnel, que de esta sales. Con bastantes pelos en la gatera pero la integridad incólume, valga la redundancia.
    Todavía hay elección, y mientras sea posible elegir del mal el menos. De menos a más, en ascenso, con escalas, sin fatigas añadidas ni lastres evitables, aprestada la iniciativa, firme el propósito.
    Recuerdo que estaba furioso, quizá como nunca lo había visto, casi daba miedo acercarse; desencajado, contrito y ausente, una estampa para olvidar. Era la viva imagen de cada uno, de cualquiera de nosotros, superada la censura de la apariencia social. Entonces me pareció sincero, habiendo tocado fondo, condición imprescindible, y dispuesto al interrogatorio para recobrar el pulso a la confianza.
    De los errores se libra uno reconociéndolos, enfrentándose a ellos cara a cara, con el ánimo de superar el escollo. Sólo es posible librarse de los errores, al menos del segundo tropiezo en la misma piedra, aceptando que hay otras formas de ser y estar tan adecuadas, personales y dignas como fue la precedente hasta agotarse en el enésimo intento.
    ¿De acuerdo?
    Pues ya caminas en la dirección correcta.


viernes, 11 de agosto de 2017

El Santo Grial en España

 
La búsqueda del cáliz en el que Jesucristo consagró la primera eucaristía ante sus discípulos ha sido una constante a lo largo de la historia, y no sólo por investigadores del orbe cristiano.
    Para los cristianos la copa que presidía la mesa de la Última Cena y que Jesucristo dispuso para consagrar el vino, en la transubstanciación de su sangre, es el denominado Santo Grial. La reliquia, cauce de controversias, deseos, disputas y erudiciones varias, se ha afianzado en la leyenda y mitificado, no obstante ser un objeto verídico, y en consecuencia histórico.
 
La tradición española relata la peripecia del Santo Cáliz que contuvo la sangre de Cristo
El historiador Juan Antonio Cebrián expone que la opinión mayoritaria de los estudiosos sobre el tema del cáliz santo es que tanto el Cenáculo, la habitación donde reunidos los apóstoles con Jesús compartieron su última cena, como el cáliz que obró el prodigio de la transubstanciación, eran propiedad de la familia de san Marcos, el evangelista; y que era estrecha la relación entre Marcos y Pedro. Dado lo cual, cabe pensar que Marcos entregara la copa a Pedro, presente y futura cabeza de la Iglesia, para su custodia pero, sobre todo, como reliquia a mostrar en la liturgia.
    La tradición española cuenta que Pedro se llevó consigo a Roma el cáliz, y llegado el momento de la sucesión lo transmitió como la más sagrada prenda; y así sucesivamente hasta que el año 258, en la época del emperador Valeriano, la persecución contra los cristianos obligó a tomar precauciones. Gobernaba por entonces la Iglesia el papa Sixto II, quien en vista de los acontecimientos y sabedor que sufriría martirio, confió el cáliz a su tesorero y diácono, san Lorenzo. Por su parte, el santo dio la copa a un soldado de su confianza pidiéndole que la sacara de Roma y llevara a Hispania, concretamente a Osca, Huesca, porque allí su familia se haría cargo de la preciosa reliquia.
    Ya en España, el cáliz permaneció en la villa oscense hasta que un acontecimiento de proporciones mayúsculas, cual la invasión musulmana, exigió un cambio de localización. Audeberto, obispo de Huesca, responsable de la custodia, partió de la ciudad en el 713 camino de un refugio seguro para ambos en la cueva del monte Paño, residencia del ermitaño Juan de Atares. Al cabo de los años, valga el apunte, en aquel lugar alejado del peligro musulmán se fundó el monasterio de San Juan de la Peña; y en y desde este monasterio surgió y avanzó un contingente bélico para la reconquista del territorio y el credo. La estancia del cáliz en San Juan de la Peña consta documentalmente fechada el 14 de diciembre de 1134.
    Acompañaron a la Reconquista los cantares de gesta y los poemas épicos, refiriendo casi todos ellos en mayor o menor extensión la presencia de una maravillosa copa que es fácilmente asimilable al Santo Cáliz.
    Corrieron los años, con su carga de novedades en todos los sentidos, y llegado 1399, la reliquia escondida en la cueva viajó a Zaragoza a petición del rey Martín I el Humano, también con un documento, esta vez de entrega, conservado en Barcelona, donde se confirma el proceso citado: de san Lorenzo, en Roma, con una carta de puño y letra testificando los hechos, al obispo Audeberto, en Huesca y su recepción y puesta a salvo.
 
El emplazamiento definitivo del Santo Cáliz en España ya veremos qué le deparará el futuro es decisión de Alfonso V el Magnánimo. Durante su reinado la reliquia fue trasladada a Valencia y desde el 18 de marzo de 1437 permanece conservada en su catedral. Un documento con los cuños pertinentes acredita que es el "Cáliz en que Jesucristo consagró la sangre el jueves de la Cena".
    Pero como la tranquilidad es un bien pasajero y de muy variadas dependencias, el cáliz experimentó sucesivos peligros auspiciados por las guerras, los odios y las rapiñas; así de 1808 a 1814 como de 1931 a 1939. Durante la Guerra de la Independencia fueron devotos particulares los que se jugaron la vida por esquivar la copa de la mano invasora, mientras que durante los casi cinco años de II República y los casi tres de Guerra Civil, el pretendido cáliz tuvo que ser camuflado dentro de un cojín de sofá que a su vez pasó el tiempo necesario oculto en un compartimento secreto de un armario tras una pared de piedra.
    En 1982 Juan Pablo II realizó su primera visita a España, ocasión para exhibir la reliquia al culto de los fieles y para que presidiera la misa oficiada por el papa.
 
La verosimilitud del Santo Grial custodiado en la catedral de Valencia
 Tras los minuciosos descartes de las copas aspirando al título de santidad, la de Valencia suma más méritos. La crónica de san Jerónimo, que menciona dos copas, una de plata con vino para la cena, la llamada copa de Antioquía, y otra de piedra que fue usada para la institución de la eucaristía, el Santo Cáliz de Valencia, avala a éste como el verdadero recipiente para la consagración.
    La copa de Valencia tiene la parte superior revestida de ágata de color rojo oscuro, a la que se añadió muy posteriormente una estructura de oro con dos asas; mide diecisiete centímetros de alto y su forma es semiesférica, con un diámetro de nueve centímetros. El estudio arqueológico del cáliz demuestra que fue labrado en un taller de palestina o Egipto entre los siglos IV a.C. y I d.C.

Santo Cáliz (Santo Grial) en la catedral de Valencia.

Imagen de www.catedraldevalencia.es



Artículos coincidentes

    Francisco Salzillo

    Gregorio Fernández

    Pedro de Mena

    Luisa Roldán

    Gil de Siloé y Diego de Siloé

miércoles, 9 de agosto de 2017

Frases a continuación


Solamente quería decir
    Lo que percutirá en los oídos una vez soltada la frase puede ser breve o extenso, un compendio, una apostilla o la remozada versión de lo que habiéndose comunicado, por si surgen dudas en las mentes inquisitivas, por si sobrevuelan interpretaciones adscritas a los huecos del espíritu y la letra, por si menudea la bruma donde debiera lucir un potente foco de clarividencia, todo ello colegido al trasluz de las expresiones, requiere a juicio del orador su definitiva sentencia.

Cordelia Urueta: La voz (1958). Museo de Arte contemporáneo de Aguascalientes, México.


Ya lo decía yo
    Frase tan dicha como pensada, que fluctúa entre el telón de fondo, pesada y ruidosamente descendido en la divisoria del pasado y el presente, y la corriente de aire con carga de culpa, responsabilidad, inconsciencia, dolo, negligencia o error inexcusable; en los demás, claro, segundas o terceras personas del singular y plural. Encaramado al sitial de los augures, "dije y digo", dice aquel que supo en su día lo que ahora y siempre terciará picajoso, zumbador y reiterativo; incluso puede que con razón.