miércoles, 20 de junio de 2018

Limpio y fresco


La sensación de respirar aire limpio y fresco es de las que culminan una aspiración que no por simple y fácil es menos grata al recibirla por dentro y por fuera, ardua de conseguir según donde se habite y escasa en el suministro del mayorista; el aire limpio y fresco vivifica el alma y tonifica el cuerpo con el amor de la obra bien realizada.


En parejo gusto anida y reposa la sensación de oler a limpio y a fresco, tras un deleitoso baño en aguas puras y corrientes, prolongado en un tiempo sin horario mientras acaricia la piel y seduce los sentidos.
    Con el cuerpo fragante y aireado, con el alma henchida de placeres, es mejor la disposición a recibir el trato diario de la noticia y el balance, menos perjudicial en los compases negativos, más beneficiosa en los acordes positivos; y es bueno el carácter que juzga a uno y otro en el terreno de lidia de las confrontaciones.


Un bienestar pasajero, de corta duración en tantos casos, este que otorga el aire limpio y fresco y el agua incontaminada y juguetona en su deslizamiento natural de arriba abajo; pero cierto y repetible, de atinar los lugares que custodian y a mediciones estrictas dispensan la quintaesencia de la satisfacción, que sabe a gloria.

lunes, 18 de junio de 2018

La intuición de la Tierra Austral

 
Convencido de la existencia de una tierra austral, Pedro Fernández de Quirós obtuvo permiso en 1605, con el título de almirante jefe, para explorar el Mar Español, cual se llegó a conocer al inmenso océano Pacífico.
    Nacido en la portuguesa localidad de Évora, el año 1565, Fernández de Quirós fue un visionario, altamente preparado para las navegaciones al servicio de la corona española que ocuparon su vida exploradora.
    Su fama dio inicio como piloto en el segundo viaje de Álvaro de Mendaña, que condujo a la expedición en 1596 a descubrir un arco importante de islas, desde las Marquesas a Santa Cruz, que es el grupo meridional del archipiélago de las Salomón, previamente descubierto durante el primer viaje de Mendaña. A ello se añade su decisiva colaboración con Isabel Barreto, la primera almirante de la Real Armada Española, en el difícil trance de sustituir a su fallecido marido, el citado Álvaro de Mendaña, conduciendo a los supervivientes hasta Filipinas.
    Estaba convencido de la existencia de una Tierra Austral, y a no mucha distancia de la zona de Santa Cruz, en las citadas Salomón meridionales. Suponía tal territorio de una extensión "igual que la de Europa y Asia Menor hasta el mar Caspio y Persia, con todas las islas del Mediterráneo y del océano que la rodean, incluyendo las dos islas de Inglaterra e Irlanda". Y su deseo era nel de ofrecer al rey de España, Felipe III, y al papa Clemente VIII (a continuación León XI y Pablo V) lo que aún se desconocía del mundo. En uno de los memoriales dirigidos a Felipe III, fechado en 1602, una vez obtenida la adhesión papal, Quirós escribió: "Yo, Pedro Fernández de Quirós, digo que está por descubrir la parte del Sur hasta su Polo, un circuito de 5.500 leguas sin saberse si es tierra o agua o qué parte tiene de las dos".

Conmemoración de las expoloraciones y descubrimientos de Pedro Fernández de Quirós.

Imagen de www.lapaseata.net

La expedición de 1605   
Consiguió Pedro Fernández de Quirós mandar su propia expedición en 1605, compuesta por dios galeones y una zafra, a descubrir el continente austral que él intuía tras un rosario de islas diminutas similar al configurado por las pequeñas Antillas. Partió de El Callao el 21 de diciembre de 1605.
    Fueron meses de abundantes descubrimientos y correspondientes bautizos de islas menores en el Pacífico sur, culminados al arribar a una gran bahía de "tierra que se deja ver muy grande y muy alta, que promete ser tierra firme", en la que desembarcaron el 1 de mayo de 1606; y llamaron Bahía de San Felipe y Santiago (situada en las hoy islas Nuevas Hébridas). El 14 de mayo Quirós toma posesión de aquella tierra que había de llegar hasta el Polo Sur, bautizándola Australia del Espíritu Santo.
    El viaje resultó pletórico de logros geográficos, aunque no todos resueltos a satisfacción, como el paso por la isla de Tahití, a diferencia de las travesías por las islas Tuamotu, las Cook, las Vírgenes, el desembarco en Tikopia y en el archipiélago de Vanuatu, antes citado por su gran bahía, que bautizó con el nombre de Australia del Espíritu Santo.
    La imposibilidad de calcular fidedignamente la latitud fue el obstáculo decisivo para que la expedición de Quirós no alcanzara la Tierra Austral, que él vio sin costearla ni tocarla; entiéndase el sentido.
    No obstante, al mérito de los descubrimientos se une el invento para destilar el agua salada que aplicó en Australia del Espíritu Santo, así como la fundación de una colonia con su capital, llamada Nueva Jerusalén, que en realidad no superó la tentativa. La mala relación entre Quirós y el piloto Váez de Torres, otro navegante portugués al servicio de España, provocó una separación de las naves que habían llegado juntas tan lejos.
    De Vanuatu, Quirós partió en busca de una nueva ruta, más septentrional, para llegar a México; y aunque las tempestades influyeron lo suyo para impedirlo, el viaje concluyó el 23 de noviembre de 1606 en el puerto mexicano de Colima, zona de Acapulco. Luego puso rumbo a Cádiz y una vez en la península se dirigió a Madrid.
    La relación del gran viaje de Pedro Fernández de Quirós fue escrita por Gaspar González de Leza.

Imagen de www.epubgratis.org

Nuevo destino para el explorador
Todavía más seguro que antes de la existencia de la tierra austral, escribió hasta 54 memoriales al rey solicitando permiso para organizar y mandar una nueva expedición que consiguiera asentarse en las Australia del Espíritu Santo y, al fin, completar el dominio de España en el mundo. Sin embargo, el Consejo de Estado remitió un informe al rey desaconsejando la iniciativa exploradora y aconsejando que dada su probada experiencia fuera destinado a tareas cosmográficas que confeccionaran cartas marinas y globos terráqueos.
    Y aunque Quirós volvió a pisar América, ya transcurridos ocho años de su insistencia, fue para fallecer en Panamá en 1615.

Imagen de http://en.numista.com


Artículos complementarios

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viernes, 15 de junio de 2018

El trabajo científico es cuestión de rigor y motivación

 
La ciencia mundial debe mucho a la española Margarita Salas Falguera, nacida en la localidad asturiana de Canero el año 1938. Bioquímica e investigadora, la doctora en ciencias Margarita Salas ha impulsado en el último medio siglo la investigación española en los campos de la bioquímica y la biología molecular.
 
Situemos la cúspide pública de su gran tarea científica en la observación de un virus, que ni el microscopio magnifica, con sólo 20 genes, inofensivo salvo para cierto tipo de bacterias (bacteriófago), denominado Phi29.
    A la sencillez aparente de su estudio se unía en la decisión de Margarita Salas la necesaria complejidad que le permitiría extraer conclusiones de alcance, si daba con ellas, como así sucedió: nada menos que el funcionamiento del ADN. El organismo modelo Phi29 le informó de que las instrucciones del ácido desoxirribonucleico se transforman en proteínas y éstas se relacionan entre ellas para formar un virus funcional.
    El equipo científico dirigido por Margarita Salas centró su actividad investigadora en dar con la manera de replicarse (reproducirse) del virus fago Phi29, y siguiendo esa línea de trabajo se consiguió descubrir la proteína que se encarga de copiar el ADN (llamada ADN polimerasa). A continuación, y de acuerdo con los tiempos requeridos en el proceso de conocimiento pleno de lo investigado, le llegó el turno a la descripción del funcionamiento de la citada proteína, fundamental para todos los seres vivos, aunque cada cual presenta una versión específica, al ser la encargada de producir las copias del material genético necesarias para la reproducción y el desarrollo de los organismos. Un gran descubrimiento, precursor y antecedente directo de otros decisivos.
    Descubrimiento convalidado en la patente más rentable en la historia de España, con el título de: Reacciones de síntesis de DNA (in vitro) que emplean DNA de polimerasa phi 29 modificada y un fragmento de DNA que codifica dicha polimerasa.
 
La investigación del equipo capitaneado por Margarita Salas ha sentado las bases de la biotecnología y el diseño de una reacción en cadena denominada PCR, que es un sistema capaz de producir infinidad de copias de cualquier fragmento de ADN.

Margarita Salas Falguera

Imagen de www.rtve.es

Margarita Salas es la precursora de la biología molecular en España.
    Desde sus inicios científicos, propiamente dichos, avalados e impulsados por los eminentes Alberto Sols, en España, y Severo Ochoa, en Estados Unidos, y también la estimable aportación de su marido, Eladio Viñuela, ha destacado en los incipientes campos de la bioquímica y la biología molecular.
    Partidaria de la investigación básica como motor de la investigación aplicada y la tecnología, señala que "el investigador tiene que ser riguroso, vencer el desánimo, tener libertad e imaginación y estar dispuesto a que el inmenso placer de investigar guíe su vida. El trabajo es duro, muchas veces rutinario, pero la recompensa merece la pena. Además, en su calidad de Profesora de Investigación, conoce y transmite "la importancia de combinar investigación y docencia, de forma que el conocimiento generado en el laboratorio pase rápidamente a convertirse en un conocimiento universal". El trabajo científico, concluye, es una cuestión de rigor y motivación.
 
De vuelta en España en 1967 tras el fructífero periplo norteamericano, de 1964 a 1967 en el Departamento de Bioquímica de la Universidad de Nueva York, de 1968 a 1992 es profesora de Genética Molecular de la Facultad de Químicas de la Universidad Complutense y desde 1974 trabaja en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM) como Jefe de la línea Replicación y Transcripción del ADN del bacteriófago [Phi]29.
 
Honores y tareas
Margarita Salas es miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la Real Academia Española y presidenta de la Fundación Severo Ochoa. Entre los años 1995 y 2003 ha dirigido el Instituto de España, institución que coordina las Reales Academias. También figura en la nómina de los institutos de ciencia más importantes a nivel nacional e internacional, y asimismo participa en el consejo editorial de destacadas publicaciones científicas; supera las trescientas publicaciones y ha supervisado un número aproximado de veintiocho tesis doctorales.
    En mayo de 2007 ingresó en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
    Por el Real Decreto 1175/2008, se le concede el título de Marquesa de Canero.
    Su legado se halla depositado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, a lo que se añade el privilegio de haber entregado un objeto de su elección para su custodia en la antigua cámara acorazada de la sede central del citado Instituto.


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miércoles, 13 de junio de 2018

Danza macabra


Poema sinfónico Danza macabra, Op. 40

 
Reía, se le vio reír. Los demás también reían, se les veía bailotear entre risotadas y gestos procaces; eran esos otros acompañantes, el cortejo desquiciado, que recreaban las pasiones de los vivos desde el imaginario de los muertos. Ufanos en su descarnada irrealidad -sois, ¿qué sois?-, entretenidos en el lapsus temporal, de cuya medida nadie da cuenta cabal, con la burda plasmación del agorero final del camino.
    Hasta aquí lo que se daba.
    El teatrillo de los cadáveres insepultos marchaba donde el reclamo de la fiesta lo condujera para satisfacer la curiosidad morbosa, tan humana y apremiante como la intelectual, de ojos como platos y piel de gallina, agazapada en unos, manifiesta y desafiante en aquellos que a la parca rinden un tributo de desprecio, no en vano burlesco.
    Aunque a la historia que cuentan los muertos con su decidida interpretación les prestaba oídos el mundo entero de los vivos, por si acaso el día que irremisible llega el aprendizaje de maestros tan implicados sirve de algo o de mucho a la hora de rendir haberes y deberes.
    Delante de los ojos del público ansioso, abiertos como espejos, y a flor de piel, trasuntaban las historias personales con las cosas y los hechos sobre los cuales recaía una vengativa indiferencia, propia del despecho, que a los emisarios de la incógnita divertía mientras aterrorizaba, o en menor medida, asustaba y precavía, a los destinatarios, sujetos del atino, espectadores a su pesar, pero con su indiscutible aceptación ondeando en el círculo dramático.
    El festín de las pesadillas amenizaba los crepúsculos heladores de los ruedos concitados.
    Al igual que sucede en los espectáculos humanos de hueso con carne y órganos en su sitio, los actores figuraban al límite de la verosimilitud los acusados comportamientos que en la vida cotidiana del común de los mortales se producen, como guía y esperpento, como muestra y juicio discrecional de magistrados y tribunales sobrevenidos. La vida, contemplada en la parodia del cercado ferial nada tiene de santa ni de informal de origen a resolución, ni del todo es sinsabor, deudas, zarabanda, estrépito, pena o algazara; ni risa, facultad divina, ni llanto, desahogo sentimental. Pero risa y llanto alternaban en el circuito cerrado de la intimidad, por aquello de atraer con motivo evidente a los espíritus benefactores y al picante, en esencia consuelo, que sazona el mediocre discurrir de un abrumador número de existencias. Impuesta la risa al llanto incluso en la apoteosis de la amargura.
    Visto el mundo en su grotesca realidad, que son los aspectos irreductibles que molestan, incordian y hieren, que atan, afrentan y conducen de mal en peor, de tibio a quemazón o escozor frío. Entramado de imposible desistimiento, acumulativo y bullidor, tormenta porfiada, bravo huracán, reprimenda, azote, al que la risa confiada, la risa amarga, la risa de gorjeo, el cantar de gesta risueño pone coto, que ya es mérito; pone en cintura, lo que es digno de reseña, para embridar los sofocos de las criaturas antes o después vencidas por el inefable discurso del ancestral proceder.
    Puesto en escena con acostumbrado libreto y música de percusión y viento por el elenco de los muertos en vida, que guardan en sus cuencas vacías la mirada de siempre, un tanto acerada y un mucho displicente, y en el gesto pasivo el músculo yerto, la conclusión de la obra.

 
Camille Saint-Saëns