lunes, 11 de diciembre de 2017

La primera campaña de vacunación mundial de la historia

 
La alarmante mortandad infantil causada por la viruela en el Imperio español en los albores del siglo XIX, determinó el proyecto filantrópico y pionero en el mundo de una vacunación generalizada sobre el terreno a los posibles afectados por el virus.
    La expedición ha tomado el nombre del médico militar y cirujano honorario del rey Carlos IV, el alicantino Francisco Javier (o Xavier) Balmis y Berenguer, nacido en 1753, destacadamente acompañado por el ilerdense de Cervera, José Salvany y Lleopart, también médico y cirujano, y la enfermera y rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña, Isabel López Gandalia (o Isabel Cendala Gómez, como es conocida y homenajeada en México; o Isabel Gómez Sandalla, que así la llamaba Balmis; no hay unanimidad en el nombre de esta gran mujer), natural de la coruñesa villa de Órdenes-Ordes.  
 
Francisco Javier Balmis se formó como médico en el Hospital Militar de Alicante, y posteriormente el Tribunal del Protomedicato de Valencia le otorgó el título de cirujano en 1778, pasando de inmediato a servir en tal calidad en el Ejército.
    En 1781 se trasladó a México, aprovechando su estancia en la capital del Virreinato para graduarse en Artes en su Universidad, al tiempo que era nombrado por mérito Cirujano mayor del Hospital de San Juan de Dios, cargo que desempeñó hasta 1788. Durante este periodo procedió a investigar sobre la curación de las enfermedades venéreas mediante el uso de plantas medicinales.
    De regreso a España quiso aplicar el método conseguido, obteniendo, sin embargo, una tenaz oposición surgida en la Corte entre los miembros del Protomedicato en la Corte. Dado ello, y para certificar la bondad de sus estudios, publicó en 1794 la obra Demostración de las eficaces virtudes nuevamente descubiertas en las raíces de dos plantas de la Nueva España, especies de ágave y de begonia, para la curación del mal venéreo y escrofuloso.
    Un año después se había consolidado su prestigio médico, al punto que Carlos IV lo reclamó para ejercer como cirujano de cámara. En 1797 se graduó en Medicina por la Universidad de Toledo y continuó su formación académica en Madrid, donde conoció y difundió la vacuna contra la viruela, descubierta por el médico rural inglés Edward Jenner: aspecto clave de la historia que aquí se refiere. Jenner publica sus trabajos con las vacas y los niños para obtener la vacuna contra la viruela en 1798, y en diciembre de 1800, la vacuna había llegado a España gracias al doctor Francesc Piguillem y Verdacer, afamado médico, gerundense de la villa de Puigcerdá.
    En 1796 Francisco Javier Balmis escribió el tratado científico Introducción para la conservación y administración de la vacuna y para el establecimiento de juntas que cuiden de ella, y en 1802 tradujo la obra de Jacques Louis Moreau de la Sarthe Tratado histórico y práctico de la vacuna contra la viruela, donde constaba el procedimiento experimental del doctor Jenner.
    Fue al cabo de un año, en 1803, cuando la eminente Junta de Cirujanos de Cámara aprobó el proyecto de Balmis para trasladar la vacuna a las colonias americanas y por sanción real (Carlos IV había perdido a su hija María Teresa por culpa de la viruela), y financiación sufragada por la Corona, nombrado director de una expedición que partió de La Coruña con un equipo de cirujanos y veintidós niños expósitos, a los que previamente se había inoculado la vacuna para poder transportar por vehículo humano el virus inmunológico según la praxis conocida y exitosa; más un cargamento didáctico compuesto por 500 ejemplares (algunas fuentes elevan la cantidad hasta 2.000) de la traducción de la obra de Moreau con el propósito de repartirlos a médicos e instituciones sanitarias de las provincias ultramarinas españolas.

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La expedición sanitaria ultramarina
El rey Carlos IV, a instancias de su médico, el doctor Balmis, dispone que sea organizada una expedición sanitaria para extender la vacuna a los territorios españoles en América y Asia. Y recae, precisamente, en Francisco Javier Balmis la responsabilidad de dirigir la que nada más organizarse se conoció como Real Expedición Filantrópica de la Vacuna; una misión en esencia de carácter humanitario, también científica y médica, pionera en la historia, y antecedente directo para la erradicación de la viruela.
    El principal problema que había que lidiar antes de emprender viaje era el de conseguir que la vacuna contra la viruela lo resistiese y fuera efectiva a la llegada a tierra. Asunto que solventó Balmis, tomando en consideración el método adoptado por Jenner, embarcando un número determinado de niños que eran los humanos que mejor respondían a la técnica profiláctica (viajaron 22 en total), cada uno inoculado en los brazos en su debido momento con el fluido vacuno (que posibilitaba la vacuna para inmunizar de la enfermedad); además de surtir a los médicos y sanitarios que visitara, y a las futuras comisiones científicas que se crearan, con ejemplares del tratado de Moreau que él había traducido. Los niños oscilaban entre los tres y los nueve años (todos varones salvo tres niñas que participaron en la etapa sanitaria que discurrió entre la isla de Cuba y la península de Yucatán), dieciocho provenientes de la Casa de Expósitos de La Coruña y cuatro de Madrid acompañando a Balmis. La directora de la Casa de Expósitos de La Coruña era Isabel López Gandalla (o Gandalia), la Rectora Doña Isabel, una extraordinaria cuidadora devota de su misión que impresionó a Balmis; ella y su hijo adoptado, Benito, integraron la benemérita comitiva de sanación ultramarina que llevó la vacuna de las islas Canarias a China (alguna fuente incorpora a Japón en el destino), pasando por Nueva España (América del Norte y Central con cabecera en México), Nueva Granada (Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela), Perú (virreinato extendido por los actuales Estados de Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Panamá, Perú y las regiones oeste y sur del Brasil) y las islas Filipinas. Aunque hubo más trayecto con renovada acción humanitaria.

Monumento en La Coruña a los niños portadores de la vacuna en la Real Expedición Filantrópica.

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Partió la flota a bordo del navío María Pita del puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803. Junto a Balmis embarcan como actores de primer orden los veintidós niños, el cirujano José Salvany, Doña Isabel, dos médicos asistentes, dos prácticos y tres enfermeras. El barco contaba con una importante dotación de instrumental quirúrgico e instrumentos científicos.
 
Arribados a La Guaira (demarcación venezolana) Balmis decidió distribuir el esfuerzo: él se trasladó a Caracas para instalar la Junta Central de la Vacuna con el apoyo de los médicos venezolanos José Domingo Díaz y Vicente Salias y luego marchó a Puerto Cabello, también en Venezuela, y La Habana, en Cuba.
    Por su parte, José Salvany, el segundo cirujano de la expedición, visitó Nueva Granada y el Virreinato del Perú; durante siete esforzados años recorrió este vasto territorio, hasta que la muerte frenó su altruismo sanador en la localidad boliviana de Cochabamba en 1810.
    Balmis se ocupó de Nueva España y allí recogió 25 niños huérfanos para transportar la vacuna en la travesía por el océano Pacífico rumbo a Manila, la capital de Filipinas, a bordo del navío Magallanes, que levó anclas desde el puerto de Acapulco el 8 de febrero de 1805.
 
Llegados a las Filipinas, Balmis y sus expedicionarios sumaron en el acto la inestimable colaboración de la Iglesia para organizar las vacunaciones de los indígenas. Y de Manila, decidieron repartir el beneficio de la vacuna a territorios no españoles como era China. Balmis solicitó permiso para dirigirse a Macao, territorio portugués, y concedido el 3 de septiembre de 1805 allí presentó la vacuna; y el 5 de octubre holló tierra china vacunando a cuantos pudo hasta el término del periplo en la provincia de Cantón.
    El regreso a España desde extremo Oriente es vía el océano Índico, bordeando la India y África meridional, y antes de aproar en dirección a España pone rumbo al centro del océano Atlántico para en una escala voluntaria, iniciado el año 1806, aprovisionar de vacunas a los ingleses estacionados en la isla de Santa Elena (tuvo a bien ayudar al enemigo). Luego, navegación hasta Lisboa y traslado a Madrid donde da cuenta al rey promotor del éxito de la misión.

Monumento en La Coruña a los integrantes de la Real Expedición Filantrófica de la Vacuna.

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Repercusión
La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna fue la primera campaña mundial de vacunación con programa estipulado oficialmente y seguido de una acción intercontinental de educación sanitaria; valga como sucinta referencia que las Juntas de Salud instituidas por el doctor Balmis se mantuvieron vigentes durante ochenta años.
    Esta gesta médico-científica universal de absoluto carácter generoso obtuvo la más alta consideración humanitaria en los a continuación beneficiados y el manifiesto laudatorio de personalidades científicas del momento y posteriores.    
    Edward Jenner, descubridor de la vacuna contra la viruela, escribió al respecto de la expedición: "No puedo imaginar que en los anales de la historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que este". Y, a su vez, Alexander von Humboldt señalaba: "Este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la historia".

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* * * * *


Discurriendo la campaña de vacunación y aún sin noticias fidedignas de su trascendencia, en 1805 es promulgada una Real Cédula mandando que en todos los hospitales se destinase una sala para conservar el fluido vacuno, artífice de la vacuna contra la viruela.
 
Francisco Javier Balmis fue designado en 1814, acabada la Guerra de la Independencia, Cirujano de Cámara del repuesto rey Fernando VII e integrante de la Junta Superior de Cirugía.



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Conocida la suerte que corrió el doctor José Salvany, no lo es tanto la de Isabel López de Gandalla (o Gandalia), la esforzada expedicionaria que recorrió muchas millas y lugares aportando esperanza y sanación. Se sabe que llegó a Filipinas con el doctor Balmis y que efectuó el tornaviaje hasta México con su hijo adoptivo Benito; y en el virreinato de la Nueva España se quedó la única mujer que viajó en el María Pita y por ende, con todo honor y merecimiento, así determinado por los hechos y por la Organización Mundial de la Salud (OMS) la primera enfermera de la historia en misión internacional.


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jueves, 7 de diciembre de 2017

Memoria recobrada (1931-1939) XV

 
Recordemos aquello que fue y por qué sucedió. Esta entrega recoge diversas opiniones sobre quien fuera Presidente del Gobierno del Frente Popular de la República entre mayo de 1937 y el final de la contienda civil, Juan Negrín López, que ciertamente son juicios críticos basados en el conocimiento directo del personaje por parte de aliados y correligionarios; y los motivos y avalistas que impulsaron el ascenso a la presidencia del Gobierno de Juan Negrín en mayo de 1937.
 
 
Opiniones significativas sobre el Presidente del Gobierno Juan Negrín
 
Luis Araquistáin: "El hombre de gobierno más funesto e irresponsable que haya tenido España desde siglos atrás". Citado por Burnett Bolloten en El extraño caso del doctor Negrín, en Historia 16, n.º 117, pág. 11.
José García Pradas: "El Presidente vivía bien. Folgaba con cuatro o cinco queridas magníficamente instaladas en casas de placer; comía y bebía como Heliogábalo o Rasputín, y hasta se provocaba vómitos que le permitían comer y beber de nuevo; establecía en el extranjero los depósitos de fondos necesarios para vivir opulentamente cuando acabase la guerra". Citado en Cómo terminó la guerra de España, pág. 17.
Francisco Largo Caballero: "La ética para Negrín es un artículo de lujo de aplicación desusada". Citado en Mis recuerdos, pág. 230.
Indalecio Prieto: "Juan Negrín era hombre de excepcionalísimo vigor físico e intelectual, poseyendo además una simpatía y una atracción que hacíanle subyugador. Su capacidad de trabajo era tan grande como su desorganización para realizarlo. Lo mismo permanecía veinticuatro horas seguidas ante el escritorio que no dejaba rastro suyo en una semana. En la ginebrina Sociedad de Naciones, ante la que compareció en 1937, y donde debían de creer que el gobierno republicano de España estaba formado por pelagatos, deslumbró con su don de gentes, su cultura y su poliglotía. En régimen parlamentario normal no hubiera podido ser jefe de gobierno, ni siquiera ministro por faltarle dotes oratorias... Comía y bebía lo que pueden comer y beber cuatro hombres juntos, pero a fin de eludir testigos de tamaños excesos, cenaba dos o tres veces en distintos lugares. Muchas noches hizo su primera cena en mi casa para luego hacer la segunda en un restaurante y más tarde la tercera, si venía bien, en cualquier cabaret. Educado en Alemania, adquirió allí ciertas costumbres remedadas de la Roma neroniana, como evacuar el repleto estómago, enjuagarse la boca y continuar vaciando platos y botellas". Citado en Convulsiones de España, vol. III, pág. 219 y ss.
Ricardo de la Cierva: "Indalecio Prieto refiere que Negrín vaciaba de un golpe los tubos llenos de aspirina". Citado en La victoria y el caos, pág. 157.
Segismundo Casado: "No era un hombre normal sino un desequilibrado". A los excesos políticos, de obediencia soviética, se sumaban en Negrín sus odiosos alardes gargantuanos (las comilonas, el consumo fluvial de champagne, las fulanas), en medio del hambre y la miseria de la zona republicana dominada por el Frente Popular, sometida, sobre todo en Madrid, a una dieta de lentejas que llegaron a conocerse como "las píldoras del doctor Negrín". Citado en Así cayó Madrid, pág. 130 y pág. 231.
    "Negrín mantuvo la consigna de resistir por su miedo pavoroso a contrariar los deseos de la Unión Soviética. Y es que el gobierno Negrín era simplemente una dictadura al servicio de una potencia extranjera". Así cayó Madrid, citado por Ricardo de la Cierva en La victoria y el caos, pág. 160.
Ramón González Peña: "A una situación militar punto menos que insostenible se agregaba una política funesta, la que usted dirigía, de protección descarada, injusta y peligrosísima al partido comunista, política que plasmada en nuevos nombramientos, insensatos, rechazada por el pueblo, por ese pueblo que usted creía tener consigo, produjo el estallido final. De esa tremenda explosión, en la cual miles de hermanos de lucha se despedazaron sangrientamente entre sí, no es usted el único responsable, pero sí el principal". Carta del ministro y presidente del PSOE Ramón González Peña a Juan Negrín, jefe del gobierno. Citado por Indalecio Prieto en Convulsiones de España, vol. II, pág. 71.
Julián Zugazagoitia (en referencia a un comentario de Julián Besteiro sobre Negrín): "La caída de Largo Caballero había sido el cumplimiento de una orden dada en Moscú, en la que colaboró Prieto" [a su vez defenestrado por los mismos mandantes un año después]; y veía en el sucesor de Largo Caballero, Juan Negrín, "un comunista solapado, fiel servidor de las instrucciones de Rusia". Concluye Zugazagoitia, socialista del PSOE: "difícilmente se encuentra una persona que no se represente al jefe del gobierno como un instrumento dócil del partido comunista". Citado en Guerra y vicisitudes de los españoles, vol. II, pág. 271.
Antonio López Fernández (sobre un comentario de Vicente Rojo): "Ellos [Negrín y sus adictos] habían vuelto a España [febrero de 1939] sólo para cumplir instrucciones de la Unión Soviética", que eran las de "pelear hasta el total desastre, para esgrimir en su propaganda posterior que habían sido precisamente los comunistas los últimos que pelearon en España". Citado en General Miaja. Defensor de Madrid, pág. 213 y ss.
Luis Araquistáin: "Los testimonios probatorios de este control del partido comunista [de la Unión Soviética] sobre el Estado español forman ya una masa inmensa, oral y escrita". Citado en Sobre la guerra civil y la emigración, pág. 230.
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Apunte sobre el ascenso de Juan Negrín a la jefatura del Gobierno
 
El 15 de mayo de 1937, en un Consejo de Ministros del Frente Popular, se buscó la eliminación política del hasta entonces presidente del gobierno, el socialista del PSOE Francisco Largo Caballero.
    Los dos comunistas de ese gobierno, Jesús Hernández y Vicente Uribe, pidieron la disolución del P.O.U.M. (Partido Obrero de Unificación Marxista, de tendencia trotskista, contrario a las directrices del líder comunista soviético Stalin). Largo Caballero se negó a ello, motivo por el cual los dos ministros comunistas citados abandonaron el Consejo. Quiso el presidente continuar la sesión, pero otros ministros, entre ellos su compañero de partido Indalecio Prieto, se opusieron, con lo que la crisis gubernamental estaba servida.
    Dos días después, el 17, Largo Caballero recibió el encargo de formar nuevo Gobierno, ocasión en que se enfrentaron abiertamente, sin atisbo conciliador, los distintos criterios. Largo, a su vez jefe de la U.G.T., pretendía formar un equipo ministerial apoyado en este sindicato, y sus  milicias armadas, y en el otro gran sindicato, el anarquista de la C.N.T., con su partido político la F.A.I.; reservándose para sí, además de la presidencia, la cartera de Defensa (que era la de Guerra, con la inclusión de los tres ejércitos). Se negaron a satisfacer tales aspiraciones los concertados partidos Comunista, Socialista no "caballerista" e Izquierda Republicana, que destinaban la cartera de Defensa al socialista Indalecio Prieto. En consecuencia, sobraba Largo Caballero, enemigo de la omnímoda presencia soviética y de sus decisiones sobre los frentes bélicos, la retaguardia y la organización política de las instituciones del Estado. Pero la ardua, meticulosa y sostenida tarea del poder comunista desde los consejeros soviéticos socavando la autoridad de Largo y anulando su crédito, dio con el antiguo líder en el suelo.
    Escribe Salvador de Madariaga al respecto (España, pág. 639): "La situación creada [con la auspiciada crisis de gobierno] era punto menos que imposible y los rusos comenzaron a echarse a buscar un sucesor para el señor Largo Caballero. El señor Álvarez del Bayo [socialista de obediencia comunista, Comisario General de Guerra, Ministro de Estado entre 1937 y 1938, también hacia el final de la guerra civil en 1939, y favorecedor de las Juventudes Socialistas Unificadas, traslación de las Juventudes Socialistas al comunismo, en colaboración con Santiago Carrillo y a las órdenes de Moscú] no les servía para el caso, porque hubiera descubierto el juego [apoderarse del Gobierno y de todos los resortes del poder] su nombramiento. Se necesitaba un socialista menos sospechoso de concomitancia alguna con el comunismo [y el elegido fue Juan Negrín]".
    El mismo día 17, pero por la noche, fue llamado Largo Caballero por el Presidente de la República, Manuel Azaña, que deseaba, como los conjurados, librarse de él. En el despacho de Manuel Azaña se encontraban representantes de los partidos Comunista, Socialista (PSOE), Izquierda Republicana (el partido de Azaña) y Unión Republicana  (dirigido por Diego Martínez Barrio). Azaña reiteró a Largo Caballero la exigencia que se le había formulado durante el Consejo de Ministros, lo que suponía la sentencia definitiva para éste.
    Al día siguiente, 18 de mayo de 1937, aparecía publicada en el Diario Oficial la lista del nuevo Gobierno (como puede suponerse elaborada con suficiente y premeditada antelación). Este nuevo Gobierno estaba presidido por Juan Negrín López, y lo integraban dos socialistas de la cuerda de Prieto, dos comunistas y sendos representantes de Izquierda Republicana, Unión Republicana, Esquerra Catalana (formación política liderada por Lluís Companys) y Partido Nacionalista Vasco (partido liderado por José Antonio Aguirre). En el Gobierno ya no figuraban los anarquistas de la C.N.T.-F.A.I., desahuciados igual que los afiliados al P.O.U.M., e Indalecio Prieto asumía la cartera de Defensa. Los asesores soviéticos a las órdenes de Stalin habían vencido, y aún ignorante de su destino, Indalecio Prieto [defenestrado en marzo de 1938 por los mismos que lo catapultaron] no era sino un mero instrumento de la maniobra para la definitiva y completa ascensión al poder de los comunistas en la España dominada por el Frente Popular.
 
Las consecuencias de la caída de Largo Caballero y el nombramiento como Presidente del Gobierno de Juan Negrín fueron inmediatas. Negrín se alzó como el representante de una línea fuerte propugnada por los comunistas y de inmediato llevada a la práctica sobre la base de la represión..
    En Guerra y vicisitudes de los españoles, tomo II, pág. 434, Julián Zugazagoitia cuenta: "Procedimientos expuestos por Negrín para que los demás quieran lo que el Gobierno quiere: enfervorizarles, convencerles y, si estos dos recursos son insuficientes, aterrorizarles".
    En Los anarquistas en la crisis política española, pág. 265, José Peirats afirma: "Nunca llegó el crimen a extremos de tantos refinamientos como a partir del 15 de mayo de 1937. Es decir, cuando el Gobierno Negrín empezó a ser dueño de los resortes del Poder. A partir de entonces se cometieron los crímenes más horrendos de nuestra historia política. Las mazmorras de la G.P.U. (sic) se multiplicaron como infiernos del Dante".
    En Monografías de la Guerra de España n.º 5, José Manuel Martínez Bande completa: "Ya no era la represión masiva e incontrolada de los días inmediatos al 18 de julio. Con los meses esa represión se había depurado y tecnificado, con órganos policiacos por medio y procedimientos científicos ejercidos no contra los enemigos de clase; de aquí que entre las víctimas hubiesen muchos obreros".
    Los cambios en la dirección de los departamentos correspondientes al control político y social se produjeron con celeridad. El socialista José Echevarría-Novoa fue nombrado Delegado de Orden Público en representación del Gobierno de Cataluña (donde se perseguía eliminar la fuerte implantación anarquista), y el teniente coronel Emilio Torres, antiguo cenetista pasado al socialismo, jefe superior de Policía. En la Administración Central, el nuevo ministro de Gobernación, el socialista Julián Zugazagoitia, designa director general de Seguridad al antes socialista y después comunista Antonio Ortega Gutiérrez, y luego jefe superior de Policía en Barcelona al también comunista coronel Ricardo Burillo; ambos con experiencia en los frentes de batalla.
    Cuenta José Manuel Martínez Bande en su citada obra monográfica, resumiendo las acciones del primer gobierno Negrín, que en virtud de un Decreto fechado el 22 de junio de 1937 fueron instituidos Tribunales Especiales destinados a juzgar los delitos de espionaje y alta traición; entre estos delitos sometidos a esta jurisdicción especial figuraban la realización de actos hostiles a la República fuera o dentro de España, la emisión de juicios desfavorables a las operaciones bélicas o al crédito y a la autoridad de la República (encarnada por el Gobierno), y llevar a cabo actos o manifestaciones que tiendan a debilitar la moral pública.
    El 15 de agosto de 1937, el ministro de Defensa, Indalecio Prieto, creaba el S.I.M. (Servicio de Investigación Militar). Aparentemente se trataba de un mecanismo administrativo de control del espionaje y tareas de contraespionaje, pero la influencia comunista lo convirtió en un arma terrible de represión en beneficio del Partido Comunista a las órdenes de Stalin, hasta el punto de que el propio ministro de Defensa, Prieto, se vio pronto desbordado por aquella policía omnipotente que por sí misma, sin encomendarse a nada o nadie más, decidía detenciones y procesos (como ocurriera al principio de la guerra con los grupos incontrolados de sindicalistas y elementos de organizaciones políticas que practicaban el mismo método concluido no pocas veces con el "paseo" a la víctima seleccionada.  

lunes, 4 de diciembre de 2017

Un español es capaz de una invención sobresaliente

 
Con dignidad y espíritu patriótico, Ramón Verea manifestó públicamente que su único interés era demostrar al mundo que un español es capaz de una invención sobresaliente. Y a fe que lo consiguió al crear una máquina calculadora que multiplicaba cifras de forma directa sin necesidad de recurrir a sumas, como operaban los ingenios que precedieron al suyo.
    Ramón Silvestre Verea Aguiar y García, pontevedrés de la parroquia de Curantes en el ayuntamiento de La Estrada, nacido en 1833, presentó su modelo de máquina calculadora mecánica en la ciudad de Nueva York, siendo bien recibida su contribución científica y aprobada por encima del resto de invenciones hasta entonces; galardonada con la medalla de oro en la Exposición Universal de Inventos celebrada en Cuba ese mismo año 1878.
 
Patente 207.918
El invento de Ramón Verea ha quedado registrado para la historia en un documento de patente en la Oficina de Patentes de Estados Unidos de América con el número 207.918, fechado el 10 de septiembre de 1878; además, fueron publicadas reseñas en revistas de la época como Scientific American y el prototipo forma parte de la colección de ingenios de cálculo visible en la sede central de la empresa tecnológica IBM.
    La máquina calculadora Verea Direct Multiplier, que nunca llegó a fabricarse en serie pero sirvió de inspiración a otros inventores e ingenieros que fueron perfeccionando el mecanismo de cálculo a lo largo del siglo XIX a partir del prototipo de Verea, desarrollaba un complejo proceso de multiplicación a una considerable velocidad. Pesa aproximadamente 26 kilos y mide 35 centímetros de largo, 30 de ancho y 20 de alto, con funciones de suma, resta, multiplicación y división de números hasta nueve cifras, admitiendo seis números en el multiplicador y quince en el producto; fue la máquina de palanca más veloz y precisa de la época.
    Ramón Verea, hombre peculiar, reivindicativo, estudioso y de firmes convicciones, nunca quiso comerciar con su invento ni tampoco continuar en el camino de la invención.

Imagen de www-balsach.com


Seminarista en Santiago de Compostela hasta 1855, Ramón Verea emigra a Cuba donde ejerce como maestro y escribe dos novelas, aprende inglés y se inicia en el periodismo e inventa una máquina para plegar periódicos cuya patente vendería más tarde en Nueva York. Pero antes de instalarse en esta ciudad en 1865, cumple una breve estancia en Puerto Rico. Una vez en la capital del mundo trabaja como traductor, maestro, cambista de oro y billetes de banco y comercial de artes gráficas y en 1875 funda una imprenta, crea una agencia industrial y dirige un periódico hispano, y luego en 1884 una revista de tirada mensual.
    En 1895 se traslada a Guatemala, donde publica una serie de cartas contra la leyenda negra que se achaca a España por parte de sus acérrimos enemigos, y después, en 1897, se traslada a Buenos Aires, ciudad en la que en 1898 volvió a publicar la revista El Progreso y siguió ejerciendo de periodista hasta su muerte un año después.
    Docente, ingeniero, periodista, inventor, escritor, historiador, ensayista y crítico en el más afamado de los sentidos, Ramón Verea murió en el anonimato, como por voluntad, salvo en momentos contados, había vivido.


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viernes, 1 de diciembre de 2017

Memoria recobrada (1931-1939) XIV

 
Recordemos aquello que fue y por qué sucedió. Esta entrega recoge un breve testimonio escrito de Manuel Azaña Díaz y otro de Indalecio Prieto Tuero, ambos de interés por el análisis menospreciativo del caos y la derrota sufridos desde las elecciones de 1936 hasta abril de 1939 en la variable zona republicana sometida a las directrices emanadas de la Unión Soviética a través del instrumento político que fue el Frente Popular.
 
Entre 1937 y 1938, el presidente de la República Manuel Azaña, reflexionó por escrito, en un a modo de diálogo teatralizado, con personajes reales pero de identidad encubierta, sobre la deriva de la II República española, especialmente a partir de la formación para las elecciones generales de 1936 del Frente Popular, y la guerra civil en curso. La obra resultante, titulada La velada en Benicarló: diálogo de la guerra de España, publicada el año 1939 una vez finalizada la contienda en las ciudades de París y Buenos Aires, expone la memoria selectiva y el pensamiento de su autor trazado desde la característica y nunca renunciada apreciación despectiva de casi todos cuantos le rodeaban en las tareas ejecutivas y legislativas, además de la inquina a los mandos militares y el encono hacia los rivales políticos; y, en general, del mundo en torno.
    Manuel Azaña, personaje controvertido como tantos en la historia, era reo de muchas más fobias que filias, y a lo largo de su vida pública padeció de un miedo constante a lo que pudiera escapar de su control, personas y cosas, dichos y hechos, apenas mitigado por su envanecimiento intelectual.
    Desprecio, rechazo y fatuidad son sustantivos congruentes con su acción de gobierno y con su actitud personal, aflorada a la mínima ocasión. Viéndose en la cumbre no se adivinó en el abismo, pero lo sintió y lo vivió; entonces, como suele pasar, ya era tarde para poner en práctica su demanda de paz, piedad y perdón; lo que no le impidió formularla sin acabar de sincerarse con su propia e indelegable responsabilidad ante los españoles en el discurso pronunciado el 18 de julio de 1938 en el Ayuntamiento de Barcelona.
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Dos fragmentos de La velada en Benicarló escogidos a propósito de la situación de caos y derrota en la zona republicana gobernada por el Frente Popular
 
Habla un tal Pastrana, identidad ficticia de Indalecio Prieto:
Las ambiciones, divergencias, rivalidades, conflictos e indisciplina que tenían atascado al Frente Popular, lejos de suspenderse durante la guerra [a partir del 18 de julio de 1936], se han centuplicado. Todo el mundo ha creído que merced a la guerra obtendría por acción directa lo que no hubiera obtenido normalmente de los gobiernos.
    La granada se ha roto en mil pedazos, precisamente por donde estaban marcadas las fisuras. El caso de Cataluña es uno más en el panorama general. Así, la rebelión militar produjo, quedándose el Estado inerme, el alzamiento y el desorden de que ustedes hablan; efecto fácil de prever y que había sido previsto y advertido. Si la rebelión militar hubiese durado ocho días, los resultados de su vencimiento habrían sido exclusivamente políticos, la República se habría afianzado. Las obras sociales que inevitablemente habían de cumplirse las hubiera hecho el Estado.
    La rebelión, al tomar la forma crónica de guerra civil, ha dado tiempo y aliento para el embate proletario, en todas sus formas, en las que son justas y razonables y en las que son desatinadas y perniciosas. Un fenómeno análogo se dibuja ya localmente en el capo de la República y por iguales principios de mecánica social: a la Generalidad, insubordinada contra el Gobierno, se le insubordinan las sindicales, la tienen sumergida y obediente. Al borde se forma una reacción: hay barruntos de revuelta entre las fuerzas de orden público contra los sindicatos; esta vez, con la simpatía general de las gentes pacíficas.

Habla un tal Garcés, identidad ficticia del propio Manuel Azaña:
¿Dónde está la solidaridad nacional? No se ha visto por parte alguna.
    La casa comenzó a arder por el tejado, y los vecinos, en lugar de acudir todos a apagar el fuego, se han dedicado a saquearse los unos a los otros y a llevarse cada cual lo que podía. Una de las cosas más miserables de estos sucesos ha sido la disociación general, el asalto al Estado, y la disputa por sus despojos. Clase contra clase, partido contra partido, región contra región, regiones contra el Estado. El cabilismo racial de los hispanos ha estallado con más fuerza que la rebelión misma, con tanta fuerza que, durante muchos meses, no los ha dejado tener miedo de los rebeldes y se han empleado en saciar ansias reprimidas. Un instinto de rapacidad egoísta se ha sublevado, agarrando lo que tenía más a mano, si representaba o prometía algún valor, económico o político o simplemente de ostentación y aparato. Las patrullas que abren un piso y se llevan los muebles no son de distinta calaña que los secuestradores de empresas o incautadores de teatros y cines o usurpadores de funciones del Estado. Apetito rapaz, guarnecido a veces de la irritante petulancia de creerse en posesión de mejores luces, de mayor pericia, o de méritos hasta ahora desconocidos. Cada cual ha querido llevarse la mayor parte del queso, de un queso que tiene entre sus dientes el zorro enemigo.
    Cuando empezó la guerra, cada ciudad, cada provincia, quiso hacer su guerra particular. Barcelona quiso conquistar las Baleares y Aragón, para formar con la gloria de la conquista, como si operase sobre territorio extranjero, la gran Cataluña. Vasconia quería conquistar Navarra, Oviedo, León; Málaga y Almería quisieron conquistar Granada; Valencia, Teruel; Cartagena, Córdoba. Y así otros. Los Diputados iban al Ministerio de la Guerra a pedir un avión para su distrito, "que estaba muy abandonado", como antes pedían una estafeta o una escuela. ¡Y, a veces, se lo daban! En el fondo, provincialismo fatuo, ignorancia, frivolidad de la mente española, sin excluir en ciertos casos doblez, codicia, deslealtad, cobarde altanería delante del Estado inerme, inconsciencia, traición. La Generalidad [de Cataluña] se ha alzado con todo El improvisado Gobierno vaso hace política internacional. En Valencia, comistrajos y enjuagues de todos conocidos, partearon un gobiernito. En Aragón surge otro, y en Santander, con Ministro de Asuntos Exteriores y todo...
    ¡Pues si es en el Ejército! Nadie quería rehacerlo, excepto unas cuantas personas, que no fueron oídas. Cada partido, cada provincia, cada sindical, ha querido tener su ejército. En las columnas de combatientes, los batallones de un grupo no congeniaban con los de otro, se hacían daño, se arrebataban los víveres, las municiones... Tenían tan poco conocimiento que cuando se habló de organizar un ejército lo rechazaron, porque sería "el ejército de la contrarrevolución". ¡Ya se repartían la piel del oso! Cruel destino: los mismos piden ahora a gritos un ejército. Cada cual ha pensado en su salvación propia sin considerar la obra común.
    Preferencias políticas y de afecto estuvieron mermando los recursos de Madrid para volcarlos sobre Oviedo, cuando el engreimiento de los aficionados les hacía decir, y tal vez creer, que Oviedo caía en cuarenta y ocho horas. En [la provincia de] Valencia [sede gubernamental de la República durante periodos de la guerra], todos los pueblos armados montaban grandes guardias, entorpecían el tránsito, consumían paellas, pero los hombres con fusil no iban al frente cuando estaba a quinientos kilómetros. Se reservaban para defender su tierra. Los catalanes, en Aragón, han hecho estragos. Peticiones de Aragón han llegado al Gobierno para que se lleve de allí las columnas catalanas. He oído decir, a uno de los improvisados representantes aragoneses, que no estaba dispuesto a consentir que Aragón fuese "presa de guerra". Una imposición de la Escuadra determinó el abandono de la loca empresa sobre Mallorca [para entonces ya abortada por los lugareños civiles y militares], abandono que no había podido conseguirse con órdenes ni razones.
    En los talleres, incluso en los de guerra, predomina el espíritu sindical. Prieto [Indalecio Prieto, líder socialista del PSOE, uno de los artífices de la implantación del Frente Popular promovido por la Unión Soviética, ministro de Marina y Defensa en los sucesivos gobiernos frentepopulistas hasta desaparecer del escenario español con un importante botín] ha hecho público que, mientras en Madrid no había aviones de caza, los obreros del taller de reparación de los Alcázares [aeródromo de Los Alcázares en la provincia de Murcia] se negaban a prolongar la jornada y a trabajar los domingos. En Cartagena, después de los bombardeos, los obreros abandonan el trabajo y la ciudad en hora temprana para esquivar el peligro. Después del cañoneo sobre Elizalde [fábrica de motores de aviación en Barcelona], en Barcelona, no quieren trabajar de noche. Valencia estuvo a punto de recibir a tiros al Gobierno cuando se fue de Madrid [los anarquistas detuvieron en Tarancón, provincia de Cuenca, a la comitiva ministerial que huía de Madrid, y les conminaron a volver aunque sin éxito]. Les molestaba su presencia [la del Gobierno huido de Madrid en Valencia capital] porque temían que atrajese los bombardeos. Hasta entonces no habían sentido la guerra [noviembre de 1936]. Reciben mal a los refugiados porque consumen víveres. No piensan que están en pie gracias a Madrid. En fin, un lazo de unión a todos, resultado de la lucha por la causa común, no ha podido establecerse.
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Discurre amargamente y se queja el todavía Presidente de la República, figura institucional sin poder ejecutivo tangible y apenas valor político más allá del símbolo conservado para la captación de la voluntad popular, que omite, con su habitual desprecio hacia la realidad adversa a su criterio, que su periplo viajero de estilo busca de refugio lejos del peligro que entrañaba Madrid fue largo y notorio; y cuando por fin salió de España, el cinco de febrero de 1939, algo que deseaba por muchos distintos motivos, se negó a regresar, renunciando de facto a ejercer como presidente de la República; labor que venía desempeñando desde tiempo atrás, también de facto, el socialista entregado a los comunistas Juan Negrín López.
 
Indalecio Prieto profetizó a Manuel Azaña cuando el Ejército Nacional culminaba la toma de la provincia de Vizcaya, con su capital Bilbao, ciudad de adopción del ovetense prócer socialista, en la primavera de 1937 lo siguiente: "No hay más que aguantar hasta que esto se haga cachos, o hasta que nos demos de trastazos unos con otros [los integrantes del Frente Popular, a esas alturas dominado por los agentes soviéticos con la misión de subordinar la política, la sociedad y el ejército al mandato de Stalin a través del PCE como partido hegemónico, primero, y al cabo único], que es como yo siempre he creído que concluiría esto".
    Sabiendo el desenlace, según predice, al que contribuyó, cual demuestra en su caso y en el de Azaña las respectivas trayectorias, se entiende las prisas por acopiar bienes ajenos en gran cantidad para sostener un exilio lo más confortable y resguardado posible. Cabe citar, al hilo de lo mencionado para Azaña, que en tierra extranjera Prieto confesó su activa participación en la revolución de octubre de 1934, como organizador y factótum, y por los acontecimientos políticos y bélicos posteriores ofreció públicamente por escrito su disculpa y asunción de responsabilidades (en sus obras biográficas Convulsiones de España y Palabras al viento, editadas en México por la editorial Oasis entre 1967 y 1969).