jueves, 30 de abril de 2015

Carácter y dignidad

 

Todas las obras que se escriban, todos los poemas que se compongan para ensalzar la heroicidad del pueblo español en la guerra de la Independencia, no tendrán la energía, la significación, el mérito de esta frase: ¡No importa!
    Los soldados vencedores del mundo no habían peleado nunca con ese general “No importa”, que era derrotado hoy y presentaba mañana la batalla; que se salía de las reglas de la táctica y rompía los axiomas de la guerra; que convertía en plazas fuertes los pueblos abiertos, y que podía ser siempre derrotado y nunca vencido.
    Aquel español que interpelado por un oficial francés el 1º de mayo de 1808, ante miles de bayonetas, y las mechas encendidas, contestó: ¡Me río!; hizo, tal vez sin saberlo, una gran frase; aquella risa era más poderosa y más temible que los cañones de Austerlitz y de Jena.
    Una y otra frase resonaron seis años con eco atronador y sangriento en toda España. De entre las humeantes ruinas de Zaragoza, de los labios de los cadáveres que sembraban las calles, de aquel aire mezclado de pólvora y de peste, salía todavía el grito: ¡No importa! Sobre los campos de Bailén resonaba como un coro de triunfo, y como un sarcasmo, ante aquellas legiones humilladas, la frase del madrileño: ¡Me río!
    Álvarez de Castro, el heroico defensor de Gerona, quedó retratado en muchas frases. Habiendo mandado hacer un reconocimiento fuera de la plaza, y preguntándole el jefe de la fuerza adónde se retiraba, si el enemigo le atacaba, contestó secamente: ¡Al cementerio!

* * *

Una historia que reuniese las frases de esa gran epopeya sería un drama vivo, una colección de bellezas y de horrores, de abnegaciones y heroísmos, que darían útil enseñanza al pueblo fortaleciendo el sentimiento de patriotismo y el cariño y la admiración a nuestros padres, que prefirieron la pobreza, el hambre, los tormentos y la muerte a la esclavitud y a la pérdida de la dignidad nacional.

Frases seleccionadas de la Biblioteca Popular Ilustrada, 1879.

 
 
 

Artículo complementario

    Los sitios de Gerona


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martes, 28 de abril de 2015

Memoria recobrada (1931-1939) VI

 

Recordemos aquello que fue y por qué sucedió. En esta entrega se publican sendas cartas, de José Ortega y Gasset y Francisco Franco Bahamonde, advirtiendo en diferentes momentos a las autoridades de la República de la equivocada y peligrosa deriva que tomaba; y  la revuelta anarquista y el asunto de Casas Viejas. 

¡No es esto, no es esto!
Carta de José Ortega y Gasset publicada en el diario Crisol, el 9 de septiembre de 1931.
"Desde que sobrevino el nuevo régimen no he escrito una sola palabra que no fuese para decir directa o indirectamente esto: ¡No falsifiquéis la República! ¡guardad su originalidad! ¡No olvidéis ni un instante cómo y por qué advino! En suma: autenticidad, autenticidad...
    Con esta predicación no proponía yo a los republicanos ninguna virtud superflua y de ornamento. Es decir, que no se trata de dos Repúblicas igualmente posibles una, la auténtica española, otra, imaginaria y falsificada entre las cuales cupiese elegir. No: la República en España, o es la que triunfó, la auténtica, o no será. Así, sin duda ni remisión.
    ¿Cuál es la República auténtica y cuál la falsificada? ¿La de ‘derecha', la de ‘izquierda'? Siempre he protestado contra la vaguedad esterilizadora de estas palabras, que no responden al estilo vital del presente ni en España ni fuera de España. (....) No es cuestión de ‘derecha' ni de ‘izquierda' la autenticidad de nuestra República, porque no es cuestión de contenido en los programas. El tiempo presente, y muy especialmente en España, tolera el programa más avanzado. Todo depende del modo y del tono. Lo que España no tolera ni ha tolerado nunca es el «radicalismo» es decir, el modo tajante de imponer un programa. Por muchas razones, pero entre ellas una que las resume todas. El radicalismo sólo es posible cuando hay un absoluto vencedor y un absoluto vencido. Sólo entonces puede aquél proceder perentoriamente y sin miramiento a operar sobre el cuerpo de éste. Pero es el caso que España compárese su historia con cualquier otra no acepta que haya ni absoluto vencedor ni absoluto vencido.
    (... ) Pero en esta hora de nuestro destino acontece, además, que ni siquiera ha habido vencedores ni vencidos en sentido propio, por la sencilla razón de que no ha habido lucha, sino sólo conato de ella. Y es grotesco el aire triunfal de algunas gentes cuando pretenden fundar la ejecutividad de sus propósitos en la revolución. Mientras no se destierre de discursos y artículos esa «revolución» de que tanto se reclaman y que, como los impuestos en Roma, ha comenzado por no existir, la República, no habrá recobrado su tono limpio, su son de buena ley. Nada más ridículo que querer cobrar cómodamente una revolución que no nos ha hecho padecer ni nos ha costado duros y largos esfuerzos. Son muy pocos los que, de verdad, han sufrido por ella, y la escasez de su número subraya la inasistencia de los demás. Una cosa es respetar y venerar la noble energía con que algunos prepararon una revolución y otra suponer que ésta se ha ejecutado. Llamar revolución al cambio de régimen acontecido en España es la tergiversación más grave y desorientadora que puede cometerse. Lo digo así, taxativamente, porque es ya excesiva la tardanza de muchas gentes en reconocer su error, y no es cosa de que sigan confundidos lo ciegos con los que ven claro. Se hace urgentísima una división de actitudes para que cada cual lleve sobre sus hombros la responsabilidad que le corresponde y no se le cargue la ajena.
    Las Cortes constituyentes deben ir sin vacilación a una reforma, pero sin radicalismo esto es, sin violencia y arbitrariedad partidista. En un Estado sólidamente constituido pueden, sin riesgo último, comportarse los grupos con cierta dosis de espíritu propagandista; pero en una hora constituyente eso sería mortal. Significaría prisa por aprovechar el resquicio de una situación inestable, y el pueblo español acaba por escupir de sí a todo el que ‘se aprovecha'. Lo que ha desprestigiado más a la Monarquía fue que se «aprovechase» de los resortes del Poder público puestos en su mano. Una jornada magnífica como ésta, en que puede colocarse holgadamente y sin dejar la deuda de graves heridas y hondas acritudes, al pueblo español frente a su destino claro y abierto, puede ser anulada por la torpeza del propagandismo.
    Yo confío en que los partidos (...) no pretenderán hacer triunfar a quemarropa, sin lentas y sólidas propagandas en el país, lo peculiar de sus programas. La falsa victoria que hoy, por un azar parlamentario, pudieran conseguir caería sobre la propia cabeza. La historia no se deja fácilmente sorprender. A veces lo finge, pero es para tragarse más absolutamente a los estupradores.
    Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron con el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: ‘¡No es esto, no es esto!'
    La República es una cosa. El ‘radicalismo' es otra. Si no, al tiempo.

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El comunismo libertario. La utopía anarquista. Casas Viejas
En el mes de octubre de 1932 se había creado el Instituto de Reforma Agraria, más los créditos afectados eran mínimos y mínimo también el empuje reformista. Y, sin embargo, nadie desapasionado podía negar que el campo español necesitaba una sustancial reforma, bien planeada y potenciada económicamente.
    La utopía del anarquismo crecía en España, contagiándose en algunas regiones, Andalucía y Extremadura principalmente, a las masas socialistas. El sueño delirante pedía el triunfo inmediato de una libertad sin límites, una libertad que repudiaba "el comunismo de convento, de cuartel, el montón o el rebaño, como en Rusia".
    El mes de Agosto de 1932 registraría algunos hechos revolucionarios, que se recrudecerían en los meses sucesivos con incendios de templos, quema de cosechas, asaltos sangrientos y huelgas, singularmente violentas en noviembre y diciembre, destacando por su gravedad la de los mineros en Asturias orquestada por los socialistas afectos al Sindicato respectivo. El paro creaba más paro y el Gobierno, en particular el ministro de Trabajo, Largo Caballero, veía como no se acataban sus órdenes y directrices y como sus obreros de la UGT amenazaban con pasarse a otros sectores proletarios.
    En la Navidad de 1932, el número de obreros parados en toda España rebasaba el medio millón, mientras la depresión económica hacía sentir sus efectos en un terreno hasta entonces inmune: la popular lotería de Navidad, que registró el mayor número de devoluciones en su reciente historia.
    El año 1933 comienza con la amenaza de un movimiento ácrata de carácter general. La revuelta estalla al atardecer del 8 de enero y en Madrid, Lérida y Barcelona se intenta asaltar los cuarteles, mientras que en otras localidades catalanas se producen choques violentos. Los desórdenes se correrán a Levante, Aragón, Asturias y Andalucía, encontrándose por todas partes depósitos de armas y explosivos.
    La huelga revolucionaria organizada por la FAI estalló en muchos lugares el 8 de enero de 1933, pero el jefe del Gobierno, Manuel Azaña, y el ministro de la Gobernación, Santiago Casares Quiroga, habían comunicado órdenes de represión muy enérgicas al director general de Seguridad, Arturo Menéndez y la rebelión anarquista fue sofocada con docenas de muertos y heridos entre los revoltosos y la fuerza pública.
    El día 11 de enero se proclama el comunismo libertario en la aldea-pedanía gaditana de Casas Viejas, perteneciente al municipio de Medina Sidonia, habitada por gentes míseras. Se aglutinaba, bajo una propaganda de odios, la desesperación y cólera de los braceros andaluces de vida miserable. Como es de rigor, los revolucionarios atacan a los guardias civiles locales, hiriendo a uno. Llegan en dos tandas más fuerzas de la Guardia Civil, doce números, y, además, de Asalto conjuntamente a las órdenes del teniente Gregorio Fernández Artal y se sofoca la sublevación, quedando insumisa, resistiendo a vida o muerte, una única vivienda, la de Curro Cruz, apodado Seisdedos. Un guardia de asalto se adelante y trata de parlamentar, siendo herido y arrastrado al interior de aquélla, donde queda prisionero. Durante la noche se incrementa la fuerza, entrando en Casas Viejas a las dos de la madrugada, completa, una compañía de Asalto, al mando del capitán Manuel Rojas. Nuevo parlamento sin resultado y al final el incendio de la choza con sus ocupantes dentro, resultando muertos el Seisdedos, Curro Cruz, y todo su clan salvo un nieto y una nieta que lograron escapar. Ya de día se detiene a todos los sospechosos del pueblo, siendo llevados ante los cadáveres calcinados entre los que figura el guardia de asalto que fue hecho prisionero. Hay noticias de que en los montes próximos se encuentran, al parecer esperando, hasta 400 ó 500 hombres armados y decidios a todo, y que se proyecta una marcha sobre Jerez de la Frontera. El nerviosismo y un gesto insólito de uno de los detenidos ocasiona el fusilamiento inmediato y a quemarropa, entre las ruinas, de catorce extremistas. Habían sido heridos cuatro guardias de asalto.
    El Gobierno reconoce un total de diecinueve revoltosos muertos, un guardia de asalto muerto y varios heridos entre la fuerza pública. Azaña justifica posteriormente la represión para impedir u levantamiento general de la región, pero no asume el dictado de las órdenes.
    Es el drama anarquista de Casas Viejas que traerá incalculables consecuencias para Azaña y su gabinete. La sentencia que se firma el 28 de mayo de 1934 y que pone fin a la causa correspondiente da por probada la orden verbal, venida de algún escalón del Gobierno, de que nos e hiciesen ni heridos ni prisioneros y que se matase a cuantos habían hecho fuego contra la fuerza pública.

* * *

Casas Viejas descubrió lo que muchos negaban o ignoraban. Para ocultarlo el Gobierno republicano-socialista trató de envolver el suceso en una espesa niebla de ambigüedad, pero en el Parlamento se vio atacado por la fuerte oposición de grupos y personalidades republicanas que pronunciaron algunos discursos demoledores.
    Así, el del radical-socialista Eduardo Ortega y Gasset, señalando que después de dos años "la República había dejado a los campesinos sin campo y a  los jornaleros sin jornal, en situación de hambre y desesperación." O el de Alejandro Lerroux señalando que el fracaso gubernamental había sido "económico, social y político", y como consecuencia de ello el Partido Radical se veía en el doloroso trance de anunciar la decisión inquebrantable de "acudir a todos los medios reglamentarios para imposibilitar la obra de Gobierno".
    Frente a los opositores, Azaña se mostró desdeñoso: "En Casas Viejas no ha ocurrido sino lo que tenía que ocurrir".
    Calmado momentáneamente el vendaval, la visita de una comisión de parlamentarios a la aldea trágica avivó el fuego de modo espectacular, con renovados ataques al Gobierno. "No es posible que la República siga con esta mancha encima" (Salvador Sediles, sindicalista); "Para mí, un pequeño espacio del banco azul está manchado de sangre" (José Algora, socialista); "Casas Viejas es un Annual político; es el fracaso del sistema" (general Manuel Fanjul); "Creo que hay algo peor que el que el régimen se pierda, y es que caiga enlodado, maldecido de la Historia, entre vergüenza y lágrimas de sangre" (Diego Martínez Barrio, radical, maestro en la iniciación masónica de Manuel Azaña). Y desde la literatura, con la obra de Ramón J. Sender Viaje a la aldea del crimen.
    El 16 de marzo podía darse por terminado el largo y violento debate. Azaña remarcó ese día que no había para el Gobierno "ni asomo de responsabilidad criminal" y que en lo tocante a la responsabilidad política se negaba a aceptar cualquier debate. Pero no bastaba con negarlo todo para borrar lo que ya era imborrable.
    El terrible y gubernamentalmente encubierto episodio de Casas Viejas, al sumarse al informe del Fiscal General de la República, que señalaba una espiral creciente de delitos y a las protestas de las asociaciones de empresarios revelando las listas de asesinatos, produjo el desprestigio de la República.
    La situación general haría escribir a Miguel de Unamuno: "Nos han tupido de rencores el lecho de la Patria".
(Boletín de Información CNT-FAI, número 193. Joaquín Arrarás, Historia de la Segunda República Española, tomo II, pp. 81 y ss., pp. 87 y ss. José María García Escudero, Historia política de las dos Españas, tomo II, pp. 1082 y ss. Josep Pla, Historia de la Segunda República Española, tomo II, pp. 188 y ss. Ricardo de la Cierva, Historia de la Guerra Civil Española, p.241 e Historia actualizada de la Segunda República y la Guerra de España (1931-1939), pp. 57 y 58. Manuel Azaña, Obras Completas, tomo IV, pp. 448 y ss. Luis Suárez Fernández, Franco, crónica de un tiempo, p. 210. Diario Ahora, Madrid, número de 28-IV-33.
    En el libro de Joaquín Arrarás, Historia de la Segunda República Española, figura el acta redactada por los cinco capitanes de asalto y la declaración del capitán Rojas, responsable directo de lo ocurrido en Casas Viejas).

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Casas Viejas y el Gobierno republicano-socialista en la memoria de Manuel Azaña
Por la mañana también, y antes de salir yo al despacho, había venido Casares [Santiago Casares Quiroga], que me contó la conclusión de la rebeldía en Casas Viejas, de Cádiz. Han hecho una carnicería, con bajas en los dos bandos. Página 134.
 
Leo al Consejo [de ministros] cartas poco tranquilizadoras sobre la situación de los campesinos en la provincia de Cáceres. Coinciden con lo que Casares ha dicho repetidas veces al Consejo. Domingo dice que ha enviado más ingenieros agrónomos a Cáceres para el laboreo forzoso de tierras y reparto de fincas. Tengo la impresión de que también por aquí va a fallar la actividad de su ministerio.
    Casares nos habla del orden público. Todo está ya tranquilo. Algunos periódicos empiezan a decir que el Gobierno se excede (¿) en la represión. El Socialista [periódico, uno de los órganos de comunicación del PSOE] trae un artículo, en el galimatías que usa Zugazagoitia, tomando posiciones sobre el particular. No piensan lo mismo sus ministros, en particular Prieto.
    Fernando de los Ríos me dice que lo ocurrido en Casas Viejas es muy necesario, dada la situación del campo andaluz y los antecedentes anarquistas de la provincia de Cádiz. Por su parte, Largo Caballero declara que mientras dura la refriega, el rigor es inexcusable. Página 136.
 
Resulta, según he sabido hoy, que al Consejo del otro día se le daba gran importancia política, porque los ‘enterados' suponían que iba a surgir la crisis. Decían que no todos los ministros estaban de acuerdo con el empleo de la fuerza para sofocar lo de Casas Viejas, y hasta apuntaban una discrepancia con los socialistas. La gente ve visiones.
    Hoy me ha contado Luis Bello que un redactor de Luz, íntimo de don José Ortega, le ha acosado a preguntas, que partían también de aquel supuesto. Página 137.
 
Comida en casa de Margarita Xirgu. Después la llevo a La Quinta. En el camino se pone a nevar furiosamente. En La Quinta, despejada ya la tarde, hace un frío duro; con viento. Vuelvo al ministerio. Esplá me trae el informe reservado hecho por el teniente coronel Romeu sobre lo de Casas Viejas. Negras noticias. Esplá cree que en el informe hay animosidad del guardia civil contra los guardias de asalto. Acordamos enviar al juez los partes que tenemos, y los discursos pronunciados e el Congreso por los diputados de oposición, como base de nuevas investigaciones. Página 180.
 
Por la tarde debate sobre lo de Casas Viejas. Arremetida del grupo extremista (¿) que se ha entretenido en pasear cadáveres por el salón de sesiones. Alianza de Rodrigo Soriano y el general Fanjul; de republicanos que se llaman revolucionarios y de monárquicos.
    Exhiben una larga serie de horrores, y a cada uno que cuentan, Maura [Miguel] hace grandes aspavientos de asombro y de indignación. La pretensión de estos buenos señores es que el Gobierno autorizó los excesos cometidos en Casas Viejas, y que en 1.º de febrero, cuando se habló de ello en las Cortes, yo los conocía, y engañé al Gobierno y a la mayoría.
    La sesión ha sido un espectáculo repugnante. Vorazmente se han arrojado sobre la sangre, la han revuelto, nos han querido manchar con ella. Los radicales, sobre todo, han mostrado una saña terrible. A mí, ha concluido por levantárseme el estómago, descubriendo la podredumbre que hay bajo esta maniobra, y me he marchado del salón, porque no podía más. En los pasillos, en un corro de amigos, he desfogado mi indignación, y estaban muy sorprendidos de verme por primera vez enfadado. Yo no tengo obligación de aguantar, por ningún motivo, que se me acuse en las Cortes de engañar a mis compañeros y a los diputados. Esto no tengo obligación de aguantarlo. La conversación ha contribuido a calmarme. Es odioso tener que estar aguantando impasible en el banco azul los hipócritas clamores de unas gentes que sólo buscan la caza del Gobierno o hacer daño a la República. Si fuesen desinteresados y justos se contentarían con cooperar al restablecimiento de la verdad; y después, castigar al que haya faltado. Pero no es eso lo que les importa.
    Mi primer discurso ha producido buena impresión, y parece que ha convencido a las gentes de la buena fe del Gobierno. Martínez Barrio [Diego] ha cometido la perfidia de argumentar de este modo: ‘El Presidente del Consejo dijo en 1.º de febrero que en Casas Viejas había ocurrido lo que tenía que ocurrir; se demuestra que se ha fusilado a unos prisioneros; luego al Presidente le parece normal esta atrocidad'. (Esta conclusión quedaba sobreentendida, aunque casi patente). He replicado sobreponiéndome a mi asco y al dolor de vernos injuriados de tal modo. No desconozco que el relato de los sucesos nos deprime, y que la depresión nos perjudica.Página 186.
 
Casi todos estos señores [diputados del partido Radical-Socialista], cuando hice el discurso de Santander proponiendo la Federación de izquierdas, aparentaron disgustarse, alegando que la Federación podía ser el camino de la ruptura con los socialistas, de los cuales se creen hermanos entrañables; e hicieron todo lo posible porque la Federación fracasara; y casi lo han conseguido. Pero ahora, estos que ponían el veto a los radicales y se apegaban a los socialistas, censuran mi discurso del Frontón, y entablan negociaciones con los propios radicales. Tal hace el señor Gordón, que pretende presidir un Gobierno. Le secundan Valera y Feced, directores generales, como Gordón, en el ministerio que rige (¿) Domingo. Parece ser que el desgaste causado al Gobierno por los debates sobre lo de Casas Viejas, les brinda la ocasión de consumar sus planes. Páginas 188 y 189.
 
En el Consejo de hoy hemos examinado otra vez la situación. Les digo que yo no puedo ir a una batalla sintiéndome vencido de antemano. Estoy pronto a resistir, si el Gobierno quiere, y no me marcharé ni por lo de Casas Viejas ni por la obstrucción. Página 191.
 
Continúan las averiguaciones sobre el acta suscrita por unos capitanes de guardias de asalto. Anoche, a las once, tuve aquí a los dos Menéndez. El director de Seguridad me confirma que el acta existía y que la suscriben cinco capitanes. Me dijo que se proponía hacerse con el original y quemarlo. Se lo prohibí.  ‘No haga usted tal disparate. Esa acta comenzaría a ser temible en cuanto la hiciera usted desaparecer.' Lo ordeno que llame a los firmantes y los interrogue, recogiendo sus declaraciones por escrito, y les pida el documento, para unirlo a las diligencias. Que llame también a declarar a todos los jefes y a los demás oficiales del cuerpo que estén en Madrid, y que de todo ello haga un expediente y me lo traiga.
    También anoche, después de irse Menéndez, vino Saravia, ya tarde, y me contó que el capitán Rojas, cuñado suyo, que es quien mandaba en Casas Viejas, ha ido a decirle que unos capitanes le habían invitado a suscribir el acta y él se había negado. Saravia, discretamente, me insinuó que Rojas se quejaba de que habían querido sobornarle. Esto me produjo alarma, que recaía sobre otra anterior. Hace dos o tres días le dije yo a Saravia que esperaba que el capitán Rojas no perdería la cabeza y tendría serenidad bastante para exculparse, si no tiene culpa, o para sufrir las consecuencias, si la tiene. Saravia me dijo que encontraba a su cuñado absolutamente tranquilo, que negaba siempre lo que se viene diciendo respecto de los fusilamientos de prisioneros, y que estaba pronto (Rojas) a demostrarlo así, y a comparecer ante quien fuese necesario. En esta conversación le pregunté dónde estaba Rojas, y me respondió que en Sevilla, adonde había ido enviado por Menéndez para hablar con el teniente Artal, otro de los que estuvieron en Casas Viejas, que se hallaba muy decaído. Al ver a Menéndez le dije: ‘¿Dónde está Rojas?'. ‘No sé; ha salido de Madrid para asuntos particulares.'
    ¿Pero usted no sabe dónde puede estar? ¿No le encargué a usted que no le perdiera de vista?
    Creo que debe estar en Sevilla -repuso.
    Inmediatamente telefonea usted al gobernador para que busque a Rojas y tome el tren esta misma noche, y si el tren ha salido que le ponga en un automóvil.
    Cuando Menéndez vino a darme cuenta de sus primeras averiguaciones sobre el acta de los capitanes, me dijo además que Rojas ya estaba en camino de Madrid, y que la orden de regreso le había alcanzado en el tren. Esta aparente ignorancia de Menéndez respecto al viaje de Rojas a Sevilla me extrañó mucho, y la extrañeza creció hasta la sospecha cuando Saravia me dijo veladamente lo del intento de soborno de que se quejaba su cuñado.
    Igualmente anoche llamé al gobernador de Cádiz insistiendo en que buscase el rastro de las órdenes que se hubieran circulado entre Madrid y Cádiz y entre Cádiz y Casas Viejas el 11 y el 12 de enero. El gobernador (que tuvo en Casas Viejas un emisario, no sé si delegado u observador, el 11 y el 12 de enero, y que no ha dicho esta boca es mía) me contestó que todas las órdenes se dieron por teléfono, y que acaso alguna haya ido por el telégrafo, de la cual buscara los antecedentes.Páginas 193 y 194.
 
Hoy, después de comer, he hablado con el gobernador de Cádiz. Me ha dictado el texto del recado telegráfico pasado de Cádiz (a Casas Viejas) digo a Medina. No tiene nada de reprensible.
    Cortes. Paz en el salón de sesiones. Hervor en los pasillos. Lo del acta ha trascendido. Dicen que el original lo tiene Guerra del Río, y que se lo ha dado a leer a varios diputados. Unos temen, otros esperan un gran escándalo. El caso tiene todos los requisitos para que esta politiquería gárrula se encrespe y aún se asuste: militares en danza, documentos secretos, amenazas... Les he leído a Largo y a Prieto lo que resulta de la información, que deja reducido a nada el valor del acta, como prueba contra el Gobierno, y descubre su verdadero valor de artería política.
    En esto llegó Galarza. Se han reunido otra vez los radicales-socialistas. Dice Galarza que hay una fuerte reacción contra Gordón Ordás. Gordón quiere unirse a los radicales, y que se forme un Gobierno, ¡presidido por él!, con todos los grupos republicanos y los socialistas. Dice por ahí Gordón, y ha salido en algún periódico, que yo soy un político ‘frívolo y audaz'. He cometido una falta en eso de Casas Viejas, y es preciso imponerme una sanción; pero no tan fuerte como para recluirme en mi casa, y se me consentirá seguir siendo el ministro de la Guerra. Por su parte, otro diputado radical-socialista, Ballester, que fue romanonista, afirma que su partido no está para engordar a ningún personaje. Página 195.
 
En vista del giro que toma lo del acta y de las informaciones raras que me llegan, he resuelto llamar al capitán Rojas, que mandaba las fuerzas en Casas Viejas, e interrogarle personalmente. Este caso es peligroso, por el modo de ser de tales gentes y por la malicia general; cualquiera puede adivinar lo que son capaces de suponer acerca de esta entrevista si se divulgase. Rojas ha venido esta noche a las once. Le he recibido en mi despacho. No le había visto nunca. Su aspecto no predispone a favor suyo; la hechura de la cabeza no delata al hombre inteligente. Yo tengo la copia de la declaración, o más bien informe, dado por Rojas al director general sobre los hechos de Casas Viejas; en su escrito, Rojas niega que recibiese órdenes monstruosas y niega también que se fusilase a nadie. Tengo asimismo la información practicada por lo del acta, que me ha traído Menéndez, aunque no terminada, pero en la cual consta la declaración de Rojas, diciendo que supo lo del acta por referencias, y que estando acuartelado en Pontejos, no recibió ninguna orden especial. Si algo me llamaba la atención, dado el papel que había desempeñado este hombre, era la extrema concisión de su testimonio.
    Basado en tales antecedentes, le pregunté primero el origen del acta y su participación en ella. Me dijo: que el había prometido hacerse responsable de todo lo ocurrido en Casas Viejas, y dado su palabra de honor, y que cuando le piden un favor y lo promete, sacrifica hasta la cabeza, si es preciso.  Que fue a Sevilla hace unos días, por encargo de Menéndez, para hablar con el teniente Artal, que estaba muy decaído; que en el tren, de regreso, un  agente de policía le preguntó quién era y se cercioró de su identidad (probablemente, esto se debió a mi orden de hacer regresar inmediatamente a Rojas); que en la estación de Madrid le esperaba el secretario del director general, que le llevó a un café, y allí le exhortó a ser hombre y le insinuó la conveniencia de que hiciese un viaje y hasta le habló de dinero; que esta gestión del secretario de Menéndez le indignó mucho, y le hizo cambiar de actitud; que no sabe cómo sus compañeros, los capitanes de Madrid, se enteraron de que él estaba dispuesto a hacerse responsable de todo, y fueron a decirle que no lo consentían, que no hiciese el tonto, y que por favorecer a otros no debía manchar el honor del cuerpo; que él se negó al punto a secundarlos; le dijeron también que habían consultado el caso con Lerroux, y les había aconsejado que pusieran sus manifestaciones por escrito; que por esta razón los cinco capitanes suscribieron el documento en que declaran haber recibido de sus jefes la orden de no hacer heridos ni prisioneros; que suscrita el acta, siguió negándose a firmarla; pero que lo intentado por el secretario del director, y el haber pretendido en la dirección que contradijese terminantemente en la información practicada los asertos de los cinco capitanes, le han decidido a cambiar de conducta; que ha resuelto ‘irse con los capitanes', es decir, declarar que, en efecto, hubo la orden de no hacer heridos ni prisioneros. Página 195.
(Manuel Azaña, Diarios 1932-1933).

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Alternativa entre la revolución del Frente Popular o el restablecimiento del orden con ayuda del Ejército
Carta del Capitán General de Canarias, Francisco Franco Bahamonde, al Presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, Santiago Casares Quiroga, fechada el 23 de junio de 1936.
Extracto en 10 párrafos:
Es tan grave el estado de inquietud que, en el ánimo de la oficialidad, parecen producir las últimas medidas militares, que contraería una grave responsabilidad y faltaría a la lealtad debida si no le hiciese presente mis impresiones sobre el momento castrense y los peligros que para la disciplina del Ejército tiene la falta de interior satisfacción y el estado de inquietud moral y material que se percibe, sin palmaria exteriorización, en los cuerpos de oficiales y suboficiales.
    Las recientes disposiciones, que reintegran al Ejército a los jefes y oficiales sentenciados en Cataluña, y la más moderna de destinos, antes de antigüedad y hoy dejados al arbitrio ministerial, que desde el movimiento militar de 1917 no se había alterado, así como los recientes relevos, han despertado la inquietud de la gran mayoría del Ejército.
    Las noticias de los incidentes de Alcalá de Henares, con sus antecedentes de provocaciones y agresiones por parte de elementos extremistas, concatenados con el cambio de guarniciones, que produce, sin duda, un sentimiento de disgusto, desgraciada y torpemente exteriorizado en momentos de ofuscación, que interpretado en forma de delito colectivo tuvo gravísimas consecuencias para los jefes y oficiales que en tales hechos participaron, ocasionando dolor y sentimiento a toda la colectividad militar; todo esto, excelentísimo señor, pone aparentemente de manifiesto la información deficiente que acaso en este aspecto debe llegar a V.E., o el desconocimiento que los elementos colaboradores militares pueden tener de los problemas íntimos y morales de la colectividad militar.
    No desearía que esta carta pudiera menoscabar el buen nombre que poseen quienes en el orden militar le informan o aconsejan, que pueden pecar por ignorancia; pero sí me permito asegurar, con la responsabilidad de mi empleo y la seriedad de mi historia, que las disposiciones publicadas permiten apreciar que los informes que las motivaron se apartan de la realidad y son algunas veces contrarias a los intereses patrios presentando al Ejército bajo vuestra vista con unas características y vicios alejados de la realidad.
    Han sido recientemente apartados de sus mandos y destinos jefes en su mayoría de historial brillante y de elevado concepto en el Ejército, otorgándose sus puestos así como aquellos de más distinción y confianza a quienes, en general, están calificados por el noventa por ciento de sus compañeros como más pobres en virtudes.
    No se sienten ni son más leales a las instituciones los que se acercan a adularlas y a cobrar la cuenta de serviles colaboraciones, pues los mismos se destacaron en los años pasados, con Dictadura y Monarquía. Faltan a la verdad quienes le presentan al Ejército como desafecto a la República; le engañan quienes simulan complots a la medida de sus turbias pasiones; prestan un desdichado servicio a la Patria quienes disfrazan la inquietud, dignidad y patriotismo de la oficialidad, haciéndolas aparecer como símbolos de conspiración y desafecto.
    De la falta de ecuanimidad y justicia de los poderes públicos en la administración del Ejército en el año 1917 surgieron las Juntas Militares de Defensa. Hoy pudiera decirse virtualmente, en un plano anímico, que las Juntas Militares están hechas. Los escritos que clandestinamente aparecen con las iniciales UME y UMRA, son síntomas fehacientes de su existencia y heraldo de futuras luchas civiles si no se acude a evitarlo, cosa que considero fácil con medidas de consideración, ecuanimidad y justicia. Aquel movimiento de indisciplina colectiva de 1917, motivado en gran parte por el favoritismo y arbitrariedad en la cuestión de destinos, fue producido en condiciones semejantes, aunque en peor grado que las que hoy se sienten en los Cuerpos de Ejército.
    No le oculto a V.E. el peligro que encierra este estado de conciencia colectiva en los momentos presentes en que se unen las inquietudes profesionales con aquellas otras de todo buen español ante los graves problemas de la Patria. Apartado muchas millas de la Península, no dejan de llegar hasta aquí noticias, por distintos conductos, que acusan que este estado que aquí se aprecia, existe igualmente, tal vez en mayor grado, en las guarniciones peninsulares e incluso entre todas las fuerzas militares de orden público.
    Conocedor de la disciplina, a cuyo estudio me he dedicado muchos años, puedo asegurarle que es tal el espíritu de justicia que impera en los cuadros militares que cualquier medida de violencia no justificada, produce efectos contraproducentes en la masa general de las colectividades al sentirse a merced de actuaciones anónimas y de calumniosas delaciones.
    Considero un deber hacer llegar a su conocimiento lo que creo una gravedad grande para la disciplina militar, que V.E. puede fácilmente comprobar si personalmente se informa de aquellos generales y jefes de cuerpo que, exentos de pasiones políticas, viven en contacto y se preocupan de los problemas íntimos y del sentir de sus subordinados. 
    Santiago Casares Quiroga dejó sin respuesta la carta.  Consideraba a Francisco Franco Bahamonde como un enemigo y, tras los tormentosos escarceos con Largo Caballero, líder socialista vinculado a la Komintern, había decidido no oponerse a la progresión revolucionaria del socialismo.
(Luis Suárez Fernández, Franco, crónica de un tiempo, pp. 304 y 305. Ricardo de la Cierva y Hoces, Francisco Franco, tomo I, p. 430).

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viernes, 17 de abril de 2015

La defensa de la Hispanidad

 

Humanista, ideólogo, escritor, filósofo, periodista y embajador, Ramiro de Maeztu Whitney es una de las figuras capitales de la intelectualidad española e internacional del siglo XX.

Estos son algunos de sus pensamientos

España es una encina medio sofocada por la yedra. La yedra es tan frondosa, y se ve la encina tan arrugada y encogida, que a ratos parece que el ser de España está en la trepadora, y no en el árbol. Pero la yedra no se puede sostener sobre sí misma. Desde que España dejó de creer en sí, en su misión histórica, no ha dado al mundo de las ideas generales más pensamientos valederos que los que han tendido a hacerla recuperar su propio ser.
 
Mantenemos nosotros la libertad porque el hombre está constituido de tal modo, que por grandes que sean sus pecados le es siempre posible convertirse, enmendarse, mejorar y salvarse. También puede seguir pecando hasta perderse; pero lo que se dice con ello es que la libertad es intrínseca a su ser y a su bondad. No será bueno sino cuando libremente obre o desee el bien. Y por esta verdad metafísica, que le es inherente, le debemos respeto. Al extraviado podremos indicarle el buen camino, pero sólo con sus propios ojos podrá cerciorarse de que es el bueno; al hijo pródigo le abriremos las puertas de la casa paterna, pero él será quien por su propio pie regrese a ella; al equivocado le señalaremos el error, pero el anhelo de la verdad tendrá que surgir de su propia alma.
    Los hombres son iguales en punto a su libertad metafísica o capacidad de conversación o de caída. Esto es lo que los hace sujetos de la moral y el Derecho. En esta libertad metafísica o libre albedrío todos los hombres son iguales. Pero ésta es la única igualdad que con la libertad es compatible. La libertad política favorece el desarrollo de las desigualdades.
    En vano se proclamará en algunas Constituciones, como la francesa de 1793, el pretendido derecho a la igualdad afirmando que "todos los hombres son iguales por naturaleza y ante la ley". Decir que los hombres son iguales es tan absurdo como proclamar que los son todas las hojas de un árbol.
 
Todos los hombres pueden; todos pueden perderse. Por eso son hermanos: hermanos de incertidumbre respecto a su destino, náufragos en la misma lancha, sin saber si serán recogidos y llegarán a puerto. Pero todos pueden salvarse o perderse. Por eso son hermanos y deben tratarse como hermanos.
    La fraternidad de los hombres no puede tener más fundamento que la conciencia de la común paternidad de Dios. El incrédulo que predica la fraternidad humana no se da cuenta del origen exclusivamente religioso de esta idea. Porque si no viene de la religión, ¿de dónde la saca?
 
No hay en la Historia universal obra comparable a la realizada por España, porque hemos incorporado a la civilización cristiana todas las razas que estuvieron bajo nuestra influencia.
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Fragmentos de su obra En defensa de la Hispanidad

 
El humanismo español en la Historia
Cuando Alonso de Ojeda desembarcó en las Antillas, en 1509, pudo haber dicho a los indios que los hidalgos leoneses eran de una raza superior. Lo que les dijo textualmente fue esto: "Dios Nuestro Señor, que es único y eterno, creó el cielo y la tierra y un hombre y una mujer, de los cuales vosotros, yo y todos los hombres que han sido y serán en el mundo descendemos." El ejemplo de Ojeda lo siguen después los españoles diseminados por las tierras de América: reúnen por la tarde a los indios, como una madre a sus hijuelos, bajo la cruz del pueblo, les hacen juntar las manos y elevar el corazón a Dios.
    Y es verdad que los abusos fueron muchos y grandes, pero ninguna legislación colonial extranjera es comparable a nuestras leyes de Indias. Por ellas se prohibió la esclavitud, se proclamó la libertad de los indios, se les prohibió hacerse la guerra, se les brindó la amistad de los españoles, se reglamentó el régimen de encomienda para castigar los abusos de los encomenderos, se estatuyó la instrucción y adoctrinamiento de los indios como principal fin e intento de los reyes de España, se prescribió que las conversiones se hiciesen voluntariamente y se transformó la conquista de América en difusión del espíritu cristiano.
    Y tan arraigado está entre nosotros este sentido de universalidad, que hemos instituido la fiesta del 12 de octubre, que es la fecha del descubrimiento de América, para celebrar el momento en que se inició la comunidad de todos los pueblos: blancos, negros, indios, malayos o mestizos, que hablan nuestra lengua y profesan nuestra fe. Y la hemos llamado "Fiesta de la Raza", a pesar de la obvia impropiedad de la palabra, nosotros que nunca sentimos el orgullo del color de la piel, precisamente para proclamar ante el mundo que la raza, para nosotros, está construida por el habla y la fe, que son espíritu, y no por las oscuridades protoplásmicas.
    Los españoles no nos hemos creído nunca pueblo superior. Nuestro ideal ha sido siempre trascendente a nosotros. Lo que hemos creído superior es nuestro credo en la igualdad esencial de los hombres. Desconfiados de los hombres, seguros del credo, por eso fuimos también siempre institucionalistas. Hemos sido una nación de fundadores. No sólo son de origen español las órdenes religiosas más poderosas de la Iglesia, sino que el español aspira a crear instituciones que estimulen al hombre a realizar lo que cada uno lleva de bondad potencial. El ideal supremo del español en América es fundar un poblado en el desierto e inducir a las gentes a venir a habitarlo. La misma Monarquía española, en sus tiempos mejores, es ejemplo eminente de este espíritu institucional, en que el fundador no se propone meramente su bien propio sino el de todos los hombres. El gran Benito Arias Montano [humanista, biólogo, viajero, escritor y políglota], contemporáneo de Felipe II, define de esta suerte la misión que su Soberano realiza:
"La persona principal entre todos los Príncipes de la tierra, que por experiencia y confesión de todo el mundo tiene Dios puesta para sustentación y defensa de la Iglesia Católica, es el rey Don Philipo [Felipe II], nuestro señor, porque él solo, francamente, como se ve claro, defiende este partido, y todos los otros príncipes que a él se allegan y lo defienden hoy lo hacen o con sombra y con arrimo de S. M. o con respeto que le tienen: y esto no es sólo parecer mío, sino cosa manifiesta, por lo cual la afirmo, y por haberlo así oído platicar y afirmar en Italia, Francia, Irlanda, Inglaterra, Flandes y la parte de Alemania que he andado..."
    Ni por un momento se le ocurre a Arias Montano pedir a su monarca que renuncie a su política católica o universalista, para dedicarse exclusivamente a los intereses de su reino, aunque esto es lo que hacen otras monarquías católicas de su tiempo, al concertar alianzas con soberanos protestantes o mahometanos. El poderío supremo que España poseía en aquella época se dedica a una causa universal, sin que los españoles se crean por ello un pueblo superior y elegido, como Israel o como el Islam, aunque sabían perfectamente que estaban peleando las batallas de Dios. Es característica esta ausencia de nacionalismo religioso en España. Nunca hemos tratado de separar la Iglesia española de la universal. Al contrario, nuestra acción en el mundo religioso ha sido siempre luchar contra los movimientos secesionistas y contra todas las pretensiones de gracias especiales. Ése fue el pensamiento de nuestros teólogos en Trento y de nuestros ejércitos en la Contrarreforma. Y éste es también el sentimiento más constante de los pueblos hispánicos, y no sólo en sus periodos de fe, sino también en los de escepticismo. El llamamiento de la República Argentina a todos los hombres para que pueblen las soledades de la tierra de América, se inspira también en este espíritu ecuménico. Lo que viene a decir es que el llamamiento lo hacen hombres que no se creen de raza superior a la de los que vengan. A todos se dirige la palabra de llamamiento: "Sto ad ostium, et pulso." (Estoy en el umbral y llamo). Y también a todas las profesiones. No sólo hacen falta sacerdotes y soldados, sino agricultores y letrados, industriales y comerciantes. Lo que importa es que cada uno cumpla con su función en el convencimiento de que Dios le mira.
    Es posible que los padecimientos de España se deban, en buena parte, a haberse ocupado demasiado de los demás pueblos y demasiado poco de sí misma. Ello revelaría que ha cometido, por omisión, el error de olvidarse de que también ella forma parte del todo y que lo absoluto no consiste en prescindir de la tierra para ir al cielo, sino en juntar los dos, para reinar en la creación y gozar del cielo. Sólo que esto lo ha sabido siempre el español, con su concepto de hombre, como algo colocado entre el cielo y la tierra e infinitamente superior a todas las otras criaturas físicas. En los tiempos de escepticismo y decaimiento, le queda al español la convicción consoladora de no ser inferior a ningún otro hombre. Pero hay otros tiempos en que oye el llamamiento de lo alto y entonces se levanta del suelo, no para mirar de arriba a abajo a los demás, sino para mostrar a todos la luz sobrenatural que ilumina a cuantos hombres han venido a este mundo.
 
La Patria es espíritu
Digamos, desde luego, que antes de ser un ser, la patria es un valor, y, por lo tanto, espíritu. Si fuera un ser del que nosotros formáramos parte no podríamos discutirla, como no discutimos sus elementos ónticos. Cada uno ha nacido donde ha nacido y es hijo de sus padres. Por lo que hace a los elementos ónticos, la Patria no se elige; pero la Patria es, ante todo, espíritu. Y ante el espíritu es libre el alma humana. Así la hizo su Creador.
    España empieza a ser al convertirse Recaredo a la religión católica el año 586. Entonces hace San Isidro el elogio de España que hay en el prólogo a la Historia de los godos, vándalos y suevos: "¡Oh, España! Eres la más hermosa de todas las tierras... De ti reciben luz el Oriente y el Occidente...". Pero a los pocos años llama a los sarracenos el obispo don Opas y les abre la puerta de la Península el conde don Julián. La Hispanidad comienza su existencia el 12 de octubre de 1492. Al poco tiempo surge entre nuestros escritores la conciencia de que algo nuevo y grande ha aparecido en la historia del mundo. Pero muchos de los marinos de Colón hubieran deseado que las tres carabelas se volvieran a Palos de Moguer sin descubrir tierras ignotas. Con ello se dice que la patria es un valor desde el origen y, por lo tanto, problemática para sus mismos hijos, como el alma, según los teólogos, es espiritual desde el principio, ab initio.
    Antes de la hazaña creadora de la patria hay ciertamente hombres y tierra, con los que la hazaña crea la patria, pero todavía no hay patria. Hasta que Recaredo nos deparó el vínculo espiritual en que habían de juntarse el Gobierno y el pueblo de España, aquí no había más que pueblos más o menos romanizados y sujetos a un Gobierno godo al que tenían que considerar como extranjero y enemigo. Gobernantes y gobernados habitaban la misma tierra, comunidad insuficiente para constituir la patria. Pero desde el momento en que los gobernantes aceptaron la fe, que era también la ley, de los gobernados, surgió entre unos y otros el lazo espiritual que unió a todos sobre la misma tierra y en la misma esperanza. Los hombres, la tierra, los sucesos anteriores, la conquista y colonización romanas, la misma propaganda del cristianismo en la Península no fueron sino las condiciones que posibilitaron la creación de España. Tampoco sin ellas hubiera habido patria, porque el hombre no crea sus obras de la nada. Pero la patria es espíritu; España es espíritu; la Hispanidad es espíritu: aquella parte del espíritu universal que nos es más asimilable por haber sido creación de nuestros padres en nuestra tierra, ahora llena de signos que no cesan de evocarlo ante nuestras miradas.
    La patria es espíritu, como lo es la proposición de que dos y dos son cuatro, y ésta es la razón de que nos equivoquemos tan a menudo en las cuentas. También es espíritu el principio que dice que de dos proposiciones contradictorias, una, por lo menos, es falsa, lo que no impide que frecuentemente, sin darnos cuenta de ello, sigamos sobre un mismo asunto dos corrientes contradictorias de pensamiento. Toda la ciencia no es sino uno de los modos universales del espíritu. Pero ocurre, además, que el alma, "nuestra alma intelectiva es por sí y esencialmente la forma del cuerpo humano", como enseña Santo Tomás, y es artículo de fe desde los tiempos del Concilio de Viena de 1312, por lo que su formación y educación y salvación están ligadas también a las condiciones tempo-espaciales de su cuerpo, que es la razón de que desde el principio de los tiempos la Historia universal sea la historia de los distintos pueblos y cada uno de ellos aprenda mejor la lección del holocausto en la vida de los propios héroes que se sacrificaron por defender sus gentes y su tierra, que en la de los héroes de otros pueblos.
    Como las obras de nuestros mayores han formado o transformado el medio físico y espiritual en que nos criamos, nos son también más fácilmente comprensibles que las de otros países. La patria es un patrimonio espiritual en parte visible, porque también el espíritu del hombre encarna en la materia, y ahí están para atestiguarlo las obras de arte plástico: iglesias, monumentos, esculturas, pinturas, mobiliario, jardines; y las utilitarias, como caminos, ciudades, viviendas, plantaciones; pero en parte invisible, como el idioma, la música, la literatura, la tradición, las hazañas históricas, y en parte visible e invisible, alternativamente, como las costumbres y los gustos. Todo ello junto hace de cada patria un tesoro de valor universal, cuya custodia corresponde a un pueblo. Puede compararse, si se quiere, al original de un libro antes de haberse impreso y cuando su autor trabaja en él. Ella, naturalmente, mientras: "No es Babilonia ni Nínive, enterrada en olvido y polvo". Mejor fuera decir que cada patria viviente es una sinfonía inacabada, que cada hombre conoce y siente más o menos en proporción de su memoria y su afición. Hay almas que recuerdan muchos más compases que las otras y las que mejor se saben la música ya oída suelen ser las que más intensamente anhelan la que les falta oír y las más capaces de componerla.
    Al decir que la patria es una sinfonía o sistema de hazañas y valores culturales, queda rechazada la pretensión que desearía fundar exclusivamente las naciones en la voluntad de los habitantes de una región cualquiera, ya constituidos en Estado independiente o deseosos de hacerlo. Al término de la guerra europea se intentó modificar, con arreglo a este principio, la geografía política de la nueva Europa. Y es que si las naciones no se basan más que en la voluntad, pueden triunfar los cantonalismos más absurdos, si la doctrina imperante es la de que los derechos a la soberanía sólo se basan en la voluntad de quien los alega. Los pueblos mudan de parecer y ocurre que sólo se mantienen las nacionalidades que pueden defenderse contra la ambición de sus vecinos, que también suelen ser las que encarnan algún valor de Historia universal cuya conservación interesa al conjunto de la Humanidad.
    No se forman conciencias de ciudades o de naciones al agruparse los individuos. No hay almas colectivas. No hay conciencias colectivas. Lo que hay es valores colectivos cuya conservación interesa a los individuos y a las familias y a los pueblos.
    Las almas nos e unen entre sí; se unen en Dios o se unen en la patria. Mientras peregrinan por el mundo no pueden unirse en almas superiores, porque no hay en la tierra almas superiores a la humana. En el acto de la oración nuestra alma se eleva solitaria: "Sola cum solo". Sólo de Dios espera la salud. Delos santos no pedimos más que la intercesión. Y tampoco hace falta considerar a la patria como una diosa para vivir y morir por ella. Nadie reza a su patria, pero todos estamos obligados a rezar por ella y de hecho rezamos, aunque sin darnos cuenta de ello, cuando pedimos el pan de cada día, porque de la patria lo recibimos casi siempre, lo mismo el del cuerpo que el del alma.
    Por eso es insuficiente el patriotismo que sólo se refiere a la tierra o a nuestros compatriotas, aunque sea muy provechoso estimularlo todo lo posible. Es cosa excelente que los hombres se enternezcan al recuerdo del paisaje natal, que crean que las mujeres de su tierra son las más hermosas del mundo, que cifren su confianza en la honradez y virtudes de sus compatriotas y que estén seguros de que no hay alimentos comparables a los de su región. También son valores los biológicos, aparte de que contribuyen a la felicidad de cada pueblo. Hasta pudiera decirse que con la conciencia de estos valores biológicos se forma el patriotismo de la patria chica, de la región nativa.
 
Un lema de caballeros
Nuestro pasado nos aguarda para crear el porvenir. El porvenir perdido lo volveremos a hallar en el pasado. La Historia señala el porvenir. En el pasado está la huella de los ideales que íbamos a realizar dentro de diez mil años. El pasado español es una procesión que abandonamos, los más de nosotros, para seguir con los ojos las de países extranjeros o para soñar con un orden natural de formaciones revolucionarias en que los analfabetos y los desconocidos se pusieran a guiar a los hombres de rango y de cultura. Pero la antigua procesión no ha cesado del todo. Aún nos aguarda. Por su camino avanzan los muertos y los vivos. Llevan por estandartes las glorias nacionales. Y nuestra vida verdadera, en cuanto posible en este mundo, consiste en volver a entrar en fila. "¿Decíamos ayer?..." Precisamente. De lo que se trata es de recordar con precisión lo que decíamos ayer, cuando teníamos algo que decir. Esta precisión, en general, sólo la alcanzan los poetas. Si tenemos razón los españoles historicistas, han de venir en auxilio nuestro los poetas. Si la plenitud de la vida de los españoles y de los hispánicos está en la Hispanidad, y de la Hispanidad, en el recobro de su conciencia histórica tendrán que surgir los poetas que nos orienten con sus palabras mágicas.
    ¿Acaso no fue un poeta el que asoció por vez primera las tres palabras de Dios, Patria y Rey? La divisa fue, sin embargo, insuperable, aunque tampoco lo era inferior la que decía: Dios, Patria, Fueros, Rey. Nuestros guerreros de la Edad Media crearon otra que fue talismán de la victoria: "¡Santiago y cierra España!". En el siglo XVI pudo crearse, como lema del esfuerzo hispánico, la de: "La fe y las obras". Era la puerta del reino de los cielos. ¿No podría fundarse en ella el acceso a la ciudadanía el día en que deje de creerse en los derechos políticos del hombre natural? Los caballeros de la Hispanidad tendrían que forjarse su propia divisa. Para ello pido el auxilio de los poetas. Las palabras mágicas están todavía por decir. Los conceptos, en cambio, pueden darse ya por conocidos: servicio, jerarquía y hermandad, el lema antagónico al revolucionario de libertad, igualdad, fraternidad. Hemos de proponernos una obra de servicio. Para hacerla efectiva nos hemos de insertar en alguna organización jerárquica. Y la finalidad del servicio y de la jerarquía no ha de consistir únicamente en acrecentar el valer de algunos hombres sino que ha de aumentar la caridad, la hermandad entre los humanos.
    El servicio es la virtud aristocrática por excelencia. Ich dien, yo sirvo, dice en tudesco el escudo de los reyes de Inglaterra. El de los Papas dice más: Servus servorum, siervo de los siervos. Es el lema de toda alma distinguida. Si se le contrapone al de libertad se observará que el de servicio incluye la libertad., porque libremente se adopta como lema, pero el de libertad no incluye el de servicio: "Mejor reinar en el infierno que servir e el cielo", dice el Satán de Milton. La jerarquía es la condición de la eficacia, lo específico de la civilización, lo genérico de la vida, que parece aborrecer toda igualdad. Toda obra social implica división del trabajo: gobernantes y gobernados, caudillos y secuaces. Disciplina y jerarquía son palabras sinónimas. La jerarquía legítima es la que se funda en el servicio. Jerarquía y servicio son los lemas de toda aristocracia. Una aristocracia hispánica ha de añadir a su lema el de hermandad humana. Frente a los judíos, que se consideraban el pueblo elegido, frente a los pueblos nórdicos de Europa, que se juzgaban los predestinados para la salvación, San Francisco Javier estaba cierto de que podían ir al cielo los hijos de la India y no sólo los brahmanes orgullosos, sino también, y sobre todo, los parias intocables.
    Ésta es una idea que ningún otro pueblo ha sentido con tanta fuerza como el nuestro. Y como creo en la Humanidad, como abrigo la fe de que todo el género humano debe acabar por constituir una sola familia, estimo necesario que la Hispanidad crezca y florezca y persevere en su ser y en sus caracteres esenciales, porque sólo ella ha demostrado vocación para servir este ideal.


Ramiro de Maeztu Whitney


 

Artículos complementarios

    Lo que el mundo debe a España

    El sentido de la Historia

    Apunte sobre la patria y el patriotismo

miércoles, 15 de abril de 2015

Las dos orillas

 

Una nao, la Santa María, y dos carabelas, la Pinta y la Niña, surcan la mar océana. La travesía emociona y sobrecoge a los intrépidos marinos. Pasan los días, se suceden sin solución de continuidad calmas y tormentas, también impaciencias, temores, y esperanzas.
    Hasta que una memorable jornada, el 12 de octubre de 1492, la voz vigía de Rodrigo de Triana, anuncia con alborozo a cuantos vieren y oyeren a bordo de las naves: "¡Tierra a la vista!"



María Luisa Villalba: Terra Nova.


 
Nace una Historia común al poner pie en la nueva tierra, la Terra Nova, los aventurados y su fe; españoles de raza y un almirante genovés acogido a la munificencia de los Reyes Católicos.
    El finisterre ya no es tal. La leyenda Plus Ultra viste el escudo de España. Otra distancia ha sido vencida con espíritu, audacia, valor y tesón.

lunes, 13 de abril de 2015

Memoria recobrada (1931-1939) V

 

Recordemos aquello que fue y por qué sucedió. Esta entrega recoge la matanza de civiles en la ciudad de Castellón por parte de los frentepopulistas en retirada; una descripción de lo acaecido en la localidad pacense de Castilblanco, la nochevieja de 1931; una semblanza de la dirección y actividad del Servicio de Investigación Militar (SIM); y una conversación entre José Antonio Primo de Rivera y el escritor, y entonces cronista parlamentario, Josep Pla en la tertulia del diario El Sol.  
 

Noche de venganza en Castellón

 
Hubo dura lucha en las calles de Castellón. La existencia de focos de resistencia marxista determinó las distintas vicisitudes pasadas por la capital desde el primer asalto nacional en la tarde del día 13 (de junio de 1938), hasta su definitiva pacificación en las últimas horas de la jornada siguiente.
    A las siete y media de la tarde (del 13) alcanzaban las primeras casas de la ciudad (Castellón), siendo recibidos por la población civil con grande entusiasmo.
    Se produjo entonces en el interior de la población un movimiento de tropa marxista que había de alterar durante todo el día siguiente la tranquilidad de la ocupación. Por la carretera de Benicasim presionaba el grueso de la 83 División, y la fuerza roja que resistía a la entrada de Castellón, hacia el paso a nivel, realizó un repliegue sobre el casco urbano, reocupando los barrios Noroeste y Oeste, desconociendo que por la zona de El Grao había ya entrado fuerzas nacionales.
    En medio del casi vacío momentáneo, de la confusión general y de la retirada de al menos buena parte de los soldados del Ejército Popular (día 13 de junio de 1938, al atardecer), las gentes han salido a la calle a esperar a las tropas amigas, llenando los balcones con colgaduras. Seguramente llegan hasta ellas (las calles) algunos destacamentos de la 83 División; son las siete y media de la tarde y la población los recibe con el máximo entusiasmo, que se correrá hacia otros barrios de la ciudad. Y es entonces cuando se producirá la tragedia.
    Los marxistas que se replegaban ocuparon los barrios Noroeste y Oeste, generalizándose una lucha entre calles de la que fue principal víctima la gente pacífica e indefensa.
    La emoción de sentirse liberados había lanzado a gran parte de los habitantes a manifestaciones de entusiasmo en el preciso momento en que en su repliegue los marxistas llegaron a la ciudad. Cuando el tiroteo se generalizó en las calles, la población civil se refugió en los subterráneos abiertos para la protección contra bombardeos, dejando muchos balcones y casas adornados con la bandera nacional. Esto enardeció el odio de la desesperación marxista y como venganza contra los indefensos ciudadanos, las hordas en derrota cometieron en esa noche del trece al catorce de junio toda clase de asesinatos y violencias: lanzaban granadas contra los refugios, sacaron de ellos más de doscientas cincuenta personas y las fusilaron en las tapias de la Casa de Beneficencia, saquearon y desvalijaron las viviendas.
    Pero de poco les sirvió tal violencia. A la noche (del 14) quedó totalmente pacificado el casco urbano. El día 15 a las nueve de la mañana el grueso de las fuerzas del Cuerpo de Ejército de Galicia entraba en Castellón y desfilaba ante su jefe el general Aranda. La población civil, después de tan recios sobresaltos, parecía despertar de un largo sueño. El espectáculo era el de todas las grandes poblaciones liberadas a lo largo de la guerra: suciedad, hambre y entusiasmo indescriptible. La multitud vitoreaba a los soldados. Los camiones de la propaganda nacional hacían sonar los himnos en sus altavoces. Llegaban los transportes del Auxilio Social. Las mujeres llevaban a los niños nacidos durante el periodo rojo para que los bautizasen los capellanes que entraban con la tropa.
(Luis María de Lojendio, Operaciones militares de la Guerra de España, pp. 516 a 518. José Manuel Martínez Bande, Monografías de la Guerra de España: n.º 12. Servicio Histórico Militar, pp. 132 a 133. José Antonio Vaca de Osma, La larga guerra de Francisco Franco, p.312, Ed. Rialp.)

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Los sucesos de Castilblanco

 
La Guardia Civil, en la difícil y sacrificada tarea de hacer respetar las leyes sin el apoyo del Gobierno, se descubre como el más serio obstáculo para la violencia marxista y se convierte en el principal objetivo de odio de dirigentes y masas extremistas.
    La angustia social se cernía en el campo. La situación en éste oscilaba entre la usura, el absentismo, las siempre adversas condiciones meteorológicas y la miseria general, más proclives las desgracias en las zonas meridionales y extremeñas de España. Escribió Gil Robles: "Todo ello creaba un problema pavoroso, que ni preocupaba a los Gobiernos ni interesa al capitalismo industrial."
        No era sólo Gil Robles quien opinaba así. En la sesión de las Cortes del 15 de septiembre (de 1931), Indalecio Prieto hablaba de "la angustia inmensa, del espectáculo terrible de cientos de miles de hombres" que estaban parados en Andalucía y las regiones densamente agrícolas; con el temor de que tal panorama se extendiera a las regiones industriales, dando origen a "éxodos de miseria". Y un tercer personaje, Santiago Alba, ex ministro de la Monarquía y ahora radical lerrouxista, agregaba: "La situación económica es delicadísima, grave, y pavoroso el porvenir inmediato. Pronto los obreros vendrán a las puertas de esta Cámara a pedir trabajo".
        Se habían creado una Comisión técnica y unas Juntas encargadas de estudiar la Reforma Agraria, mas ésta no se vislumbraba por parte alguna. Nada debe extrañarnos, por eso, que las huelgas catastróficas y la situación de revuelta de los meses de septiembre y octubre se prolongasen en noviembre y diciembre, con actos terroristas y agresiones a la Guardia Civil, contra la que predicaban no sólo los comunistas y los anarquistas sino los propios afiliados al partido en el poder, Izquierda Republicana, de Manuel Azaña, y los socialistas en torno al PSOE. Estas predicaciones socialistas alcanzarían sus voces más altas y excitantes en tierras de Badajoz.
    Castilblanco, el último día del año 1931, por lo tanto a los pocos meses de proclamada la II República, es un trágico aviso de lo que se prepara en España. La población, excitada por diputados socialistas, organiza una manifestación, a pesar de haber sido prohibida por las autoridades gubernativas. En cumplimiento de su deber, sale a la calle el Cabo Comandante de Puesto de la Guardia Civil con tres guardias. Intentaban los guardias civiles, en forma correcta, hacer desistir a los manifestantes de su actitud sediciosa, y entonces, de manera inopinada, pero tan unánime que demuestra la premeditación, el populacho se lanza sobre ellos.  Atropellados por la multitud, caen al suelo, donde son heridos con toda clase de armas y machacados con piedras. El General Sanjurjo, Director General de la Guardia Civil, acudió al entierro, y al ver los cuerpos mutilados de los guardias, manifestó que: "Ni en Monte Arruit, en la época del derrumbamiento de la Comandancia de Melilla, los cadáveres de los cristianos fueron mutilados con un salvajismo semejante. Hubo mujeres que bailaron ante los restos mutilados de las víctimas."
    El diario ABC publicó la noticia el 1 de enero con impresionantes fotografías. La portada tenía la imagen de una anciana con estas palabras: "También los guardias civiles tienen madre".
    Por todos los indicios, el PSOE se situaba, en algunas de sus facciones, frente al propio Gobierno y contra el régimen republicano. Sin duda, la lucha contra la organización rival anarquista no era fácil, y el peligro de perder las bases, cierto. Por eso había que predicar también la revolución agraria total, ir tan allá como el que más.
    Mientras tanto, el crimen, en vez de encontrar la general repulsa que era de esperar, es desvirtuado e incluso justificado por los dirigentes izquierdistas y marxistas. El diputado del Bloque Republicano-Revolucionario, José Antonio Balbontín, dijo en las Cortes: "La Guardia Civil está siendo de hecho en este momento un elemento de perturbación social; no basta con quitarle las armas de largo alcance ni con variar el Reglamento; en este momento de sobrexcitación social, la mera presencia de un piquete de la Guardia Civil enfrente de una manifestación obrera o campesina no es la garantía del orden: es la llama incendiaria."
    En el Gobierno había a la sazón tres ministros socialistas, pero ello no frenaba a su partido (el PSOE), que provocaba y defendía las agresiones contra las fuerzas de orden público que cumplían las órdenes del mismo Gobierno del que formaban parte.
    Resultaba tan escandalosa la campaña de difamación desatada contra la Guardia Civil, que el propio Presidente del Consejo de Ministros, el dirigente izquierdista Manuel Azaña, hubo de exclamar en las Cortes: "Cualquiera diría que en Castilblanco ha sido la Guardia Civil la que se ha excedido en el cumplimiento de su deber, y no deja de pasmar que cuando cuatro infelices guardias han perecido en el cumplimiento de su deber, se ponga precisamente a discusión el prestigio del Instituto, como si hubieran sido estos guardias, no los muertos, sino los matadores."
    Azaña, que era consciente de que sobre la República pesaba una amenaza muy seria de desbordamiento por la izquierda, adelantándose a otros políticos aludió entonces al "oro de Moscú" como si fuera la acción soviética la que movía los hilos. Pero no fue muy lejos por esta línea: era consciente de que no podía contar con otros apoyos que los que vinieran de la izquierda.
    A pesar de estas palabras, la reacción del Gobierno fue destituir al General Sanjurjo. Los acusados por el crimen de Castilblanco comparecieron ante un Consejo de Guerra; pero las peticiones del Ministerio Fiscal, seis penas de muerte y seis cadenas perpetuas, no prosperaron. Una mujer denominada "la Machota", que se había distinguido en la provocación de la agresión y en el ensañamiento de los cadáveres, fue totalmente absuelta.
(Servicio Histórico de la Guardia Civil. Ponencias sobre La Epopeya de la Guardia Civil en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, capítulo II, pp. 21 y 22. José María Gil Robles, No fue posible la paz, p. 42. José Manuel Martínez Bande, Los años críticos, pp. 53 y 54, Ediciones Encuentro. Luis Suárez Fernández, Franco, crónica de un tiempo, p. 203, Ed. Actas. Ricardo de la Cierva, Historia actualizada de la II República y la Guerra de España, 1931-1939, p.51, Ed. Fénix.)

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El servicio de investigación militar (SIM)

 
El Servicio de Investigación Militar (sus siglas SIM) fue creado por el socialista Indalecio Prieto Tuero, el 9 de agosto de 1937. Era un cuerpo de policía política con misiones de información, espionaje y contraespionaje junto a las de represión política e ideológica, detenciones y actuaciones arbitrarias al servicio de los intereses de sus promotores. En toda España se contaban aproximadamente 6.000 agentes.
    Desde sus comienzos la actuación del SIM derivó hacia el órgano legalizado de persecución y represión política, usualmente utilizado en tareas de seguridad más que en las de espionaje. La tarea principal era la de perseguir a los disidentes ideológicos, a los enemigos potenciales o reales de la Unión Soviética, de su líder máximo Stalin y, en general, a todas aquellas personas que no acataran la voluntad de Moscú. También, y a la vez, la persecución, aislamiento y detención de los desafectos a la causa frentepopulista, a la revolución marxista, catalogados como fascistas o de ideología conservadora: gentes de orden, empresarios, religiosos y creyentes practicantes, profesionales liberales, comerciantes, estudiantes, etc.
    El SIM se le escapó de las manos a Indalecio Prieto, como reconoce en Cómo y por qué salí del Ministerio de Defensa. Intrigas de los rusos en España:
    En el decreto de creación del SIM que redacté yo mismo, porque no quise seguir de manera esclava el proyecto que me fue entregado hay un artículo el segundo por virtud del cual los nombramientos de todos los agentes del SIM corresponden exclusivamente al ministro de Defensa Nacional. Ésta era una garantía que previsoriamente quise establecer. Nadie podía ser agente del SIM si no estaba en posesión del carné que llevara por duplicado la firma del Ministerio.
    Nombrado (el comunista) Durán jefe de la Demarcación del Ejército del Centro, designa él por sí y ante sí, sin facultades para ello, a los agentes que habían de estar a sus órdenes, que, en número de algunos centenares eran comunistas y sólo cuatro o cinco socialistas, excluyéndose además a los socialistas que interinamente, y a propuesta del Ministerio de la Gobernación, desempeñaban entonces la misma misión. Me encontré ante un caso intolerable, por lo cual, alegando, y con fundamento, que me faltaban mandos en el Ejército volvieran a sus antiguos puestos, y así hice retornar a la función militar al comandante Durán.
    A causa de esta destitución, un técnico ruso del Servicio de Información visitó a Indalecio Prieto para exigirle la reposición de Durán en la jefatura del SIM de Madrid. Esta escena ocurrió en Valencia.
    Sigue Prieto en sus memorias:
    Preocupado por el nombramiento del nuevo director del SIM, caí en la desgracia de designar al teniente coronel Uribarri, socialista desde mucho tiempo. Al poco de posesionarse del cargo, Uribarri me dijo:
    Soy hombre leal y quiero proceder lealmente con usted. Vengo a decirle que Fulano de Tal (el segundo entre los directivos rusos de estas actividades técnicas, no el que había roto conmigo, sino su lugarteniente) me ha citado a una entrevista que se verificó anoche en una calleja oscura, dentro de su automóvil, y dicho señor me invitó a que me entendiera directa y constantemente con él, a espaldas de usted, a lo cual me negué.
    Así se debe proceder le dije, y le di las gracias.
    Uribarri, hombre cuyo desequilibrio se había acentuado a causa de trabajos enormes al frente del SIM, donde permanecía cuatro o cinco días sin dormir, cambia de conducta, no sé por indicación de quién. Advierto que el SIM ya no obedece mis órdenes. Uribarri se entendía con quienes le había requerido antes a entenderse con ellos a espaldas mías. Éste es uno de los incidentes que yo he tenido con los rusos, sin arrepentirme, por procurar que el SIM no fuese un instrumento suyo, como lo había sido la Dirección General de Seguridad, para ciertos sucesos que nos han creado.

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El decreto del Ministerio de Defensa Nacional por el que se creaba el SIM (Servicio de Información Militar), dice así:
    A lo largo de nuestra lucha se ha podido descubrir la existencia de varias organizaciones que los facciosos utilizan para el espionaje y el sabotaje, organizaciones creadas y dirigidas por elementos extranjeros previamente establecidos en España para servir los designios de sus países con respecto a nuestra Patria.
    Esos descubrimientos han evidenciado la necesidad de montar servicios de contraespionaje, de los cuales están provistos todos los ejércitos modernos y de los que nosotros carecemos en absoluto.
    En virtud de lo expuesto, de acuerdo con el Consejo de ministros y a propuesta del Ministro de Defensa Nacional, vengo en decretar lo siguiente:
    Art. 1.º Se crea en el Ministerio de Defensa Nacional el Servicio de Investigación Militar, que tendrá por misión combatir el espionaje, impedir actos de sabotaje y realizar funciones de investigación y vigilancia, acerca de todas las fuerzas armadas dependientes de dicho Ministerio.
    Art. 2.º El Servicio de Investigación Militar dependerá directamente del ministro de Defensa Nacional, a quien corresponde además de un modo exclusivo el nombramiento de Jefes, Inspectores y Agentes del referido Servicio, cuyos carnets llevarán la firma y el sello del Ministerio.
    Art. 3.º Todos los miembros del Ejército de Tierra, Marina y Aviación, cualquiera que sea su graduación, así como el personal de la Subsecretaría de Armamento y el resto de los funcionarios del Ministerio de Defensa Nacional están obligados para cuando ello fueran requeridos por Agentes del SIM a prestar a éstos cuantos auxilios necesiten.
    Art. 4.º Los funcionarios del SIM serán considerados como Agentes de la Autoridad con todas las prerrogativas que a éstos correspondan.
    Art. 5.º Los funcionarios del referido Servicio estarán facultados especialmente para la detención de elementos militares.
    Art. 6.º Las denuncias que, sobre espionaje, sabotaje o cualquier irregularidad peligrosa relativa a las fuerzas armadas, recibieren las autoridades civiles deberán ser comunicadas por éstas, sin demora, al Ministerio de Defensa Nacional para que el SIM se encargue de su esclarecimiento.
    Art. 7.º Se autoriza al ministro de Defensa Nacional para dictar las disposiciones reglamentarias que exige el desarrollo del presente Decreto, manteniendo secretas las que por su naturaleza no deban ser publicadas.

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El SIM se constituyó en una policía política, de obediencia comunista (marxista revolucionaria) de represión y persecución de todo a quien consideraran contrario a sus objetivos y que no se doblegara de buenas a primeras a los imperativos del Gobierno frentepopulista de inspiración soviética.
    Escribe Domènec Pastor Petit:
El SIM fue estructurado con jerarquía y disciplina militar, a pesar de que sus componentes no siempre fueran vestidos con uniforme. Inicialmente había de ser, al menos en teoría, una unidad de combate secreto contra los espías y los saboteadores del interior, y asimismo con tentáculos infiltrados en la zona enemiga y en el extranjero. Es decir, actividades de espionaje y contraespionaje.  La realidad, sin embargo, se reveló bien diferente, ya que degeneró, desde un primer momento, en un órgano de represión política, más utilizado en tareas de seguridad que en las de espionaje, y con desvelo u obsesión exclusivos y centrados en la persecución de disidentes ideológicos, enemigos potenciales o reales de Stalin y, de hecho, de todos aquellos que no se doblaran a la voluntad de Moscú.

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Al principio se encargó la jefatura del SIM a Ángel Díaz Baza, militante socialista. A finales de 1937 lo sustituyó Prudencio Sayagües, antiguo miembro del FUE (Federación Universitaria Española) sustituido por Manuel Uribarri Barrutell, miembro de la Guardia Civil, que en el año 1938 huyó a Francia con la fortuna conseguida en los saqueos. También fueron miembros del SIM: Santiago Garcés Arroyo (escolta de Indalecio Prieto y uno de los que fueron a detener a José Calvo Sotelo en al noche del 12 al 13 de julio de 1936, y al cabo asesinarlo), Maxim Schneller (jefe de la Sección Extranjera), Ángel Pedrero García (segundo jefe de la checa dirigida por el socialista Agapito García Atadell) y Gustavo Durán (músico, militar y diplomático de obediencia comunista).

    Hacia finales de 1937, con el curso de la guerra virando hacia la derrota para la República del Frente Popular, se acentuó la pugna entre el SIM y la creciente Quinta Columna, alcanzando en Cataluña la cifra de 1.200 fusilados, ejecuciones llevadas a cabo en el castillo de Montjuïch (o Montjuic) con la anuencia de las autoridades catalanas y del Gobierno de la República que daba el enterado.

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Cuenta José Peirats:

    "Las mazmorras del SIM eran cárceles disimuladas en el interior, a veces, de mansiones palaciegas, rodeadas de verjas y pobladas de jardines. El pueblo español llamaba checas a toda clase de prisiones secretas. En los primeros tiempos, las checas del SIM eran tenebrosas, instaladas en antiguas casas y conventos. El régimen de torturas que en ellas se aplicaba era el procedimiento brutal: palizas, con vergajos de caucho, seguidas de duchas muy frías, simulacros de fusilamientos y otros tormentos horrorosos y sangrientos. Los consejeros rusos modernizaron esta vieja técnica. Las nuevas celdas eran más reducidas, pintadas de colores muy vivos y pavimentadas con aristas de ladrillos muy salientes. Los detenidos tenían que permanecer de pie continuamente, bajo una potente iluminación roja o verde. Otras celdas eran estrechos sepulcros de suelo desnivelado, en declive. Tenerse en pie implicaba una tensión completa de nervios y músculos. En otras reinaba una oscuridad absoluta y oíanse en ellas sonidos metálicos que hacían vibrar el cerebro. Los interrogatorios tenían lugar en salones decorados casi artísticamente. Los esbirros preguntaban pausada y atropelladamente, con mansedumbre, con autoridad o con sarcasmo, alternativamente, durante la misma sesión, según el efecto que deseaban. Contrastes tan estudiados desplomaban moral y materialmente a la víctima. Los recalcitrantes eran encerrados en la cámara frigorífica o en la caja de los ruidos o atados a la silla eléctrica. La primera era una celda de dos metros de altura, en forma redondeada; al preso se le sumergía allí en agua helada, horas y horas, hasta que tuviese a bien declarar lo que se deseaba. La caja de los ruidos era una especie de armario, dentro del cual se oía una batahola aterradora de timbres y campanas. La silla eléctrica variaba de la empleada en las penitenciarías norteamericanas en que no mataba físicamente."

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Agustín Guillamón describe la actuación del SIM:
    El método rutinario del SIM; su objetivo cualquier militante de la CNT o del POUM, o cualquier descontento en las Brigadas Internacionales o en las propias filas estalinistas; delitos eran la lectura de un diario o una hoja clandestina.
    Entrar en una checa significaba estar sometido continuamente durante semanas o meses a interrogatorios y torturas. El ingreso en la Prisión Modelo (pero sobre todo en la Prisión del Estado) suponía el fin de las torturas y una cierta garantía de ‘no desaparecer', como tantos otros trabajadores que jamás salieron de una checa.
    Las actividades del SIM se dirigieron en muy pocos casos contra las escasa organizaciones fascistas que habían sobrevivido a la represión revolucionaria de julio de 1936, ya que su principal actividad fue la represión del movimiento obrero y de las minorías revolucionarias. El POUM, los bolchevique-leninistas y Los Amigos de Durruti pasaron a la clandestinidad antes de que apareciera un decreto que los declarase ilegales. Todos esos militantes, junto con los grupos de anarquistas contrarios al colaboracionismo, eran el blanco predilecto del SIM.
    El número de asesinatos de la represión estalinista sería incalculable, aunque dispusiéramos de una lista exhaustiva de los asesinatos en las checas y en los campos de trabajo, porque muchos de los trabajadores que habían sido liberados tras largos meses de prisión eran enviados al frente, a unidades con mandos estalinistas que tenían orden de eliminarlos. En esta tarea destacaron las unidades de Líster (Enrique Líster) y de El Campesino (Valentín González).
 
    Con respecto a los integrantes del SIM en Cataluña, el mismo autor refiere:
    "Los rasgos comunes del agente del SIM: joven ambicioso, forastero ajeno a la realidad social y cultural catalana, sin demasiados conocimientos políticos ni convicciones ideológicas, sádicos e incapaces pero con una obediencia ciega a sus superiores.
    "Suelen ser de origen burgués, elegantes y bien vestidos, siempre con mucho dinero, producto de los porcentajes que se les acuerda sobre las requisas realizadas, lo que les permite llevar un tren de vida disoluto y absolutamente escandaloso en una sociedad que padece hambre y miseria.
    El SIM conjugó la técnica y el terror para llevar a cabo su política represiva.

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El terror bárbaro ejercido por los anarquistas y demás criminales que dominaban Cataluña, fue sustituido por el terror cruel y científico importado en España por los hombres de la GPU (Gosudarstvennoe Politicheskoe Upravlenie), la policía política de la Unión Soviética denominada Dirección Política del Estado.
    Los que organizaron y dirigieron el terror del SIM en Cataluña fueron principalmente rusos, con algunos otros extranjeros comunistas que ya habían hecho su aprendizaje en la URSS.
    Todas las personas detenidas por los agentes del SIM, cuando no se trataba de casos especiales, eran trasladadas al Departamento de Interrogatorios. Cuando al final del interrogatorio los agentes creían que los detenidos habían confesado absolutamente todo lo que ellos conocían, eran puestos en libertad o bien mandados a campos de concentración, a construir fortificaciones o se les asesinaba cuando no era posible enviarlos a los Tribunales Populares.
    Pero cuando los verdugos del socialista Juan Negrín (ministro de Hacienda y posteriormente Jefe del Gobierno) creían que los apresados no habían confesado todo cuanto sabían eran trasladados al Departamento de Torturas, donde quedaban sometidos a varios procedimientos hasta que llegaban a declarar lo que pretendían los agentes del SIM.
    Como todas estas penalidades inventadas por los técnicos rusos eran pocas, se añadió el hambre y la falta de vestuario. Todo esto, junto con la suciedad más lamentable, terminaba con la resistencia de los detenidos. Por toda alimentación se les daba una taza de caldo de legumbres una vez al día con 150 gramos de pan, aunque no siempre figuraba el pan en la dieta.
    Cuando los detenidos salían de las cárceles del SIM eran trasladados a los campos de concentración donde, con la misma carestía de alimento y ropa, se les destinaba a la construcción de fortificaciones. Si alguno de los cautivos lograba escapar, entonces, como medida disuasoria para el resto, se mataba a los cinco anteriores y posteriores a él que aparecían en la lista general del campo de concentración. En ocasiones también se hacía una selección entre los considerados más amigos del huido, quienes después de haber sido sometidos a un bárbaro interrogatorio también eran fusilados.
    Entre los documentos que se obtuvieron tras la liberación de Barcelona, se encontró un informe de la Dirección general de Prisiones anunciando que era tal el estado de los detenidos por falta de alimentación y vestuario, que si no se ponía remedio inmediato todos estaban condenados a morir. En uno de los campos de concentración se registró un promedio de dos muertos diarios por hambre y frío.
    Para completar la barbarie de terror con que Negrín y los soviéticos dominaban Barcelona, dos días antes de la entrada de las tropas nacionales, el SIM ordenó que se evacuase a todos los detenidos. No fue posible dada las premuras de los que escapaban, por lo que se realizó una selección de presos, procediéndose a la evacuación de 800 de los 2.000 detenidos en la cárcel Modelo y 175 de los 500 en la cárcel-checa de San Elías.
(Indalecio Prieto, como reconoce en Cómo y por qué salí del Ministerio de Defensa. Intrigas de los rusos en España y convulsiones de España, Imprimimerie Nouvelle, París, 1939. Domènec Pastor Petit, La cinquena columna a Catalunya (La quinta columna en Cataluña). (1936-1939), Galba Edicions, Barcelona, 1978. José Peirats, La CNT en la revolución española, Ediciones Madre Tierra, Cali, 1988; Los anarquistas en la crisis política española, Editorial Alfa Argentina, Buenos Aires, 1964. Agustín Guillamón, La NKVD y el SIM en Barcelona. Algunos informes de Gerö ("Pedro") sobre la guerra de España, Balance, en Cuadernos de historia del movimiento obrero, n.º 22, Barcelona, noviembre 2001. César Alcalá, Las checas del TERROR, pp. 64 a 69, 73 y 79, Ed. LibrosLibres, Madrid, 2007.)
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Conversación entre José Antonio Primo de Rivera y Josep Pla

En la redacción del diario El Sol, allá por los años treinta, se organizaba una tertulia antes de cenar, a la que asistía lo que José Ortega y Gasset llamaba "la masa encefálica de la nación"; tales componentes de la inteligencia viva eran: Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Salvador de Madariaga, Américo castro, Ramón Pérez de Ayala, Eugenio Montes, Pedro Mourlane Michelena, Manuel Aznar y algunas veces José Antonio Primo de Rivera.
    En una ocasión en la que estaba presente en la tertulia, Josep Pla, a la sazón cronista parlamentario en Madrid, tuvo un encuentro con José Antonio, futuro fundador de Falange Española, que transcribe en su obra Darrers escrits (Últimos escritos).
    "Un día me dijo José Antonio Primo de Rivera:
    Usted es catalán. Todo lo que sé lo aprendí leyendo en la Biblioteca de Catalunya, siendo mi padre capitán general de su país... Le habrán dicho continuó que yo quiero hacer un partido como el fascista italiano o el nacionalista alemán. Todo esto es falso. Yo pretendo hacer un partido de este país, patriota, unido y eficaz. Éste sería mi ideal.
    ¿Y cómo va su partido?
    Va regular. En esta península todo es regular.
    ¿Cuál es su máximo problema en este momento?
    Creo que yo no debería dirigir el movimiento que se está formando. Yo soy muy pobre, un abogado sin pleitos y un fracasado sentimental, pero creo que el movimiento lo debería dirigir una persona que no fuera hijo de un general, que no tuviera un apellido y un título nobiliario.
    Aznar me ha dicho que es usted muy sentimental. Que cuando le dan un disgusto o lo da, queda usted muy pasmado y debilitado. En esta clase de política hay que pasar por encima, pasar...
    ¿Tiene usted interés por mi política?
    Muy poco, escaso. Su movimiento es vitalista, ilusionista, iluminista, complejo, febricitante. Yo soy un pequeño propietario rural, lo seré cuando mueran mis padres. Lo que me obsesiona es la contribución que cada trimestre pone el Estado, que es un Estado sin eficacia. Yo soy partidario de la época boba que implantó Cánovas (Antonio Cánovas del Castillo) después de la locura liberal y anárquica y del carlismo del siglo pasado. A mí me convendría la paz, la calma, la inanidad...
    Cánovas, en su inanidad, murió asesinado. Yo seré detenido y... una pausa.
    Diga, diga...
    No, es hora de ir a cenar con estos intelectuales tan académicos, agudos e insignificantes".
    Josep Pla remata el recuerdo de esta conversación, tan sugerente en la lejanía, con esta coletilla:
    "El señor Primo de Rivera es una de las personas que conocí en Madrid más elegantes, cultivadas, apasionadas y desplazadas. Siempre que hablé con él me produjo un efecto extraordinario".
(Josep Pla, Darrers escrits, Tomo 44 de las Obras Completas de J. Pla, pp. 174-175.  Juan Maciá Mercadé, 6 de octubre de 1934: Prólogo barcelonés a la Guerra Civil. Las once horas del Estat Catalá. Epígrafe: El periodista Josep Pla y el diputado que comprendía a Cataluña. Tomado de Revisión de la Guerra Civil española, pp. 98 y 99, Ed. Actas.)   
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