jueves, 28 de enero de 2016

Desde el interior

 
En las ascensiones llenas de dificultades hacia lugares de acceso restringido, de los que se ha oído hablar con nostálgica reverencia, abundan los atractivos. Son lugares al alcance de todos pero no de cualquiera. Uno de los atractivos que enérgicamente se manifiesta, aunque probablemente de relieve harto confuso cuando se emprende la ruta, es la introspección.
    No hace falta llegar a la altura impuesta para sentir su compañía; tampoco anuncia la íntima observación que al siguiente recodo de la empinada senda, que tras la prolongada umbría que del Sol guarece y a la inclemencia resalta, avisará de la inminente reunión del yo consigo mismo. Es una sorpresa que avisa con el tiempo justo para franquearle la puerta con la mejor disposición.
    Merece la pena el esfuerzo de llegar al lugar recóndito. Es diferente a como se creía porque la imaginación, cuando se potencia, dibuja los parajes desde la experiencia o desde la comparación o desde la suposición, libérrimamente; y quiérase o no, la realidad siempre asegura matices nuevos para completar la memoria. Luego, que cada cual la discierna con sus sentidos.



Carl Gustav Carus: Monumento a Goethe (1832).


Hay que respirar hondo. Hay que tomar aliento. Hay que mirar desde el interior. Hay que escuchar.
    Hay que proponer.
    Al llegar al paraje simbólico empieza la aventura de la comprensión.

miércoles, 27 de enero de 2016

Crónica aeronáutica española II

 
Entre los historiadores y cronistas de la Aeronáutica Española no hay acuerdo al determinar cuándo, dónde y por quién, tuvo lugar el primer lanzamiento de un globo aerostático en España.
    La referencia más antigua encontrada figura en un libro titulado Historia de los Aeronautas y de los Globos Aerostáticos, editado en Barcelona en 1847, cuyo autor firma con las siglas S.A.S.M. Cuenta que:

"Dos meses después de este experimento (la ascensión libre de los franceses Pilatres y Arlandes, el día 21 de noviembre de 1873), se hicieron algunos ensayos en España. Fueron los primeros, los que hizo en los sitios reales, el Serenísimo Señor Infante D. Gabriel, que se repitieron después en Madrid, el 15 de diciembre, el uno en los jardines de Palacio del Marqués de Santa Cruz y el otro fuera de la puerta de Santa Bárbara.
    "Barcelona imitó a poco tiempo aquel ejemplo y el día 30 de enero de 1784 se elevaron dos globos a la vez, el humo piramidal con humo de paja y otro esférico que se llenó con hidrógeno obtenido del orujo de aceituna, vitriolo y limaduras de hiero."

    En otros textos se informa de que en el año 1873, se hace ascender un globo confeccionado por José Viera y Clavijo, historiador tinerfeño, estudioso de los gases y poeta, aunque el promotor e impulsor de la experiencia fue el Marqués de Santa Cruz y el lugar de los hechos los jardines de la Casa del Marqués en Madrid.
    Aunque los autores de una y otra crónica nombran distintos protagonistas, seguramente todos ellos intervinieron en un mismo lanzamiento.

* * *



Un periódico alemán, en 1784, informa que el español José Patiño había efectuado un vuelo a bordo de una nave de su invención a la que llama Pez Aerostático, partiendo de Plasencia y tomando tierra en Coria, ambas localidades en la provincia de Cáceres.
    Noticia que resultó ser una broma.

* * *



En 1784, se publica en España un curioso libro del que es autor el labrador asturiano Cypariso, poeta de vocación en las frondosas riberas del río Narcea, que en unos versos manifiesta su admiración hacia los primeros aerosteros:

I

No pretendo escribir triunfos de Marte,

Ni de Cupido glorias inconstantes,

Ni mi mus pretende en esta parte

Elogiar a los Bélicos, ni amantes:

Ni de la guerra describir el arte,

Ni del amor los lazos vacilantes;

Que se dirige todo mi trasunto

A publicar un nuevo raro asunto.

II

A la región del viento va mi pluma

A inquirir novedades portentosas,

Que admirará del mar la clara espuma,

Y el cielo las tendrá por milagrosas:

Donde el ayre volátil Carro bruma

Se encaminan mis voces misteriosas,

Porque el ayre ha de ser todo el cimiento

En que fixe su vida el pensamiento.

III

Del Narzea a la orilla cristalina

Estaba yo una tarde discursivo,

Quando oigo resonar una bocina

Con eco penetrante y eco activo:

Escucho atento, que una peregrina

Rara voz me saluda; y que percibo

Que me dice: Los hombres ya volaron,

Y a la región del viento se marcharon.

* * *


Se publica en Barcelona, también en 1784, un folleto titulado Experiencia Aerostática, del que es autor Francisco Suria, en el que habla de los globos que por esos tiempos se echaban al aire en la ciudad. Eran, naturalmente, de tamaño reducido y sin tripulación.
    En Valencia se creía que allí era donde se había elevado un globo por primera vez en toda España. Y en esta ciudad se propagó una gran afición a las Bolas de aire, como eran denominados los globos, llevándose a cabo infinidad de lanzamientos, casi siempre aerostatos de fabricación casera. En esa época, la ciudad de Valencia gozó de una considerable actividad aerostático, lo que tiene su reflejo en la gran cantidad de obras publicadas acerca del tema.
    Para mostrar el carácter de alguna de esas obras, a continuación se reproducen los versos titulados Ayre a las Bolas, que figuran en la antología Las Bolas de Ayre en Valencia, que la gente cantaban como seguidillas:



Vuesa Merced no vaya

a ver las bolas

que llevarse chasco

por ellas solas.

Unos andan por baxo

y otras por tierra.

Monterilla y Bicornio

se fueron juntos

a ver salir las bolas

desde su punto.

¡Qué mojigatos!

Se volvieron sin verlas

Y sin los cuartos.

 

Por la Puerta de Quarte

de dos en dos

van saliendo los bobos

hacia el Duclós.

 

¡Quién lo creyera

que tornasen más bobos

que se salieran!

* * *



En el Real Colegio de Artillería de Segovia, Luis Proust (químico y profesor del Colegio) y los oficiales Pedro Fuertes, Manuel Gutiérrez, César González y los cadetes Gernaldo Sahagosa y Pedro Gayanos, llevan a cabo una serie de experiencias con un globo cautivo; cuya forma recuerda a la de una bota de vino.
    Los días 3, 5 y 6 de noviembre de 1792 realizan varias elevaciones, en una de las cuales participan dos oficiales y una señora, de la que se desconoce su nombre; lo que impide reseñar fehacientemente a la primera aeronauta de España y probablemente del mundo.
    Estas ascensiones venían motivadas por la experimentación y el estudio, tratando de alcanzar alturas predeterminadas, con arreglo a las diferentes presiones de inflado, sistemas de anclaje, lastre, etc. El 14 de noviembre, esos mismos oficiales efectuaron una exhibición en El Escorial, ante el rey Carlos IV.
    El conde Aranda, primer ministro de Carlos III y ministro de Carlos IV, asimismo primer director del Real Cuerpo de Artillería, redactó una memoria con el detalle de los hechos, que entre otras cosas dice: "Mereció toda la aprobación de S.M. cuya real mano besaron y yo logré la mayor satisfacción en el feliz éxito, por haber sido el móvil del experimento y franqueado los medios de su ejecución."
    No obstante, estas experiencias gozaron de poca repercusión nacional y nula en la prensa española ni europea.

* * *



Sucedió en España la que puede ser primera ocasión en que un hombre voló verdadera y documentalmente demostrable.
    El piloto se llamaba Diego Marín de Aguilera, del que se cuenta que era pastor de oficio y ocurrente e inventor por inteligencia e imaginación. Juan Albarellos, en sus Efemérides burgalesas, narra que recorrió por el aire 450 yardas castellanas, utilizando un aparato de su invención, a 5 de altura sobre los tejados de su pueblo, que era Coruña del Conde, en la provincia de Burgos (donde se le erigió posteriormente un monumento conmemorativo), durante la noche del 11 de mayo de 1793, aterrizando con cierta brusquedad aunque sin malas consecuencias para el tripulante.
    El aparato consistía en una viga central y unas alas confeccionadas con varillas de hierro, tela y plumas, que se batían con un sencillo mecanismo. Le ayudaron en la fabricación, el herrero del pueblo, llamado Barbero y su hermana.
    Tras este primer y único vuelo, sus allegados (o los envidiosos sin más) destruyeron el aparato para evitar males mayores, y parece que Diego Marín de Aguilera olvidó el asunto por no se sabe bien que razones. 



Artículo complementario

    Crónicas aeronáuticas I  




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martes, 26 de enero de 2016

Crónica aeronáutica española I


En 1916 se publicó en España El primer libro impreso sobre aviación, en el que se cuenta que en el siglo IX existió un mahometano español llamado Aben Firnas, astrólogo en tiempos de Mohamedi, que entre los años 821 al 825, y según el cronista Almacari:

    Voló por vanagloria desde la región de Ruzafa, estando poco tiempo en el aire y cayendo a distancia muy prudente y cuyo primer ensayo verificólo vestido de plumaje especial y grandes alas. Lesionóse gravemente al descender al suelo.

    Estos hechos ocurrieron en el reino moro de Valencia.

* * *

 

Una leyenda castellana cuenta que cuando fue erigida la catedral de Palencia, allá por el año 1400, el Cabildo catedralicio indignado por las irreverencias cometidas por el escultor encargado de hacer las tallas del coro le condenó a prisión en la torre de la catedral, y que éste, con el plumaje de las cigüeñas y otras aves que cazaba desde su ventana, se confeccionó unas alas muy grandes y tupidas, con las que se lanzó al espacio desde aquella altura muriendo de resultas del accidente.

* * *

 

Cuenta Agustín de Rojas en su libro Viaje entretenido, que en 1603, un labrador valenciano, inventó unas alas para volar con las que se arrojó desde una peña muy alta, cayendo sobre un arroyo que discurría por debajo. Y añade: "aunque descalabrado el tal, cuando sanó decía a todos que habíales pasado el tal percance por no llevar cola, lo cual tendría muy presente para otra vez que volara.

* * *

 

El fraile zamorano Antonio de Fuentelapeña, estudioso de la ciencia aérea, en el año 1676 publica la obra El Ente Dilucidado, en la que describe una nueva aeronave con forma de águila y con propulsión humana a pedales con los que movía algo similar a unos remos. Fue un proyecto que en ello se quedó.

* * *

 

El Padre Tomás Vicente Tosca, matemático, filósofo, arquitecto y físico, natural de Valencia y según algunos cronistas "el más insigne de su siglo", en 1709 publicó su famosa obra Compendio matemático, en la que trata de los medios para navegar por el aire.

* * *

 

En el año 1725 se constituye un laboratorio para la experimentación aérea y en él se construye un aerostato del que se guarda poca noticia. El promotor de tal ingenio mecánico fue Álvaro de Navia Osorio y Vigil, marqués de Santa Cruz de Marcenado, militar, diplomático, escritor y científico, que mandó las tropas españolas en la isla de Cerdeña y fue embajador en Turín y París, Comandante General de Ceuta y Gobernador de Orán, ciudad donde falleció en 1732. Había nacido en 1684 en la localidad asturiana de Puerto de Vega y publicó dos importantes tratados: Reflexiones militares y Rapsodia Económica-Política-Monárquica, que siguen teniendo interés.

Este laboratorio fue el primer establecimiento aeronáutico en España; se desconoce la ubicación y los trabajos realizados y tampoco se conserva el mencionado aerostato.

Álvaro de Navia Osorio y Vigil, Marqués de Santa Cruz de Marcenado.


* * *

 

Hacia el año 1726 se publica la obra del Padre Benito Jerónimo Feijoo Montenegro y Puga, benedictino orensano, físico, polígrafo y teólogo, Teatro Crítico Universal, que entre otras cuestiones trataba del peso del aire, de sus temperaturas y del vuelo de los cuerpos por medio del fluido.

* * *

 

Juan Jove y Muñoz, catedrático de Filosofía de la Universidad de Oviedo y Canónigo Magistral de la Iglesia Colegial de Santander, publica en 1753 Demócrito Nuevo, obra donde figura un capítulo titulado: El ingeniero del Aire, en el que instruye sobre la manera de volar. Teoría que nunca fue probada.

* * *

 

El matemático, astrónomo, geógrafo y marino Jorge Juan y Santacilia, nacido en la alicantina localidad de Novelda, fue un hombre notable que escribió una obra extensa, presentada en varios tomos, titulada Examen Marítimo o Tratado de Mecánica. En el Tomo I adjunta un apéndice que titula: Sobre la teoría de los cometas que vuelan los niños para verificar la ley con que resisten los fluidos.

    Esta teoría fue válida para la aplicación de la cometa a diversos menesteres.

* * *

 

El Diccionario de Artistas Valencianos, editado en el siglo XVIII, habla de un inventor autóctono desconocido del que se reproduce la noticia en la Historia de la Aeronáutica de Graciano Díaz Arquer y Pedro Vindel:


Con su ingenio construye un coche volante para surcar el espacio con tres o cuatro o más personas, el cual hácese tan célebre en el mundo científico que lo graban para difundirla Joaquín Fabregat y mariano Sánchez en láminas distintas (1773).

Dos años más tarde, en 1775, Jerónimo Auxide de la Fuente editó en Madrid El Carro Volante, folleto en l que se reproduce el carro de Valencia y en cuya lámina

    Se leen estos dos pareados o dísticos que retratan el asombro que esto ocasionó en aquella época:


No es mucho que vuele el buey

si vuela el carro también.

Por agua, por viento y tierra,

Surca el carro, anda y vuela.

Lámina que grabó Joaquín Fabregat en 1773 del Coche Volante que inventara un ingeniero valenciano.




Lámina que en 1775 grabó Mariano Sánchez del famoso Coche de Valencia.


* * *

 

José de Viera y Clavijo es un afamado historiador de las Islas Canarias, nacido en Santa Cruz de Tenerife. Vivió desde joven en Madrid donde utilizó el seudónimo Diego Díaz Monasterio con el que publicó su libro Los Ayres fixos, en 1780.

    En el Canto Segundo trata de El ayre inflamable (hidrógeno), según narra en el argumento de ese canto.

José Viera y Clavijo (seudónimo Diego Díaz Monasterio).




Artículo complementario

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jueves, 21 de enero de 2016

Ilusión (concepto psicológico)


Error en la percepción o falsificación de la misma.


La ilusión es un fenómeno no patológico consistente en la falsificación de la percepción de un objeto real, o en percepciones erróneas de la identificación o del sentido de las figuras perceptivas.
    Este fenómeno puede darse por condiciones alteradas de los órganos sensoriales o por características impropias e inhabituales de la relación entre la situación y el estímulo.
    En la Psicología experimental, tienen particular importancia las denominadas ilusiones óptico-geométricas, en las cuales una o más figuras, colocadas una junto a la otra, determinan en los sujetos con visión normal una percepción de distancia o de dirección que no corresponde a los datos geométricos objetivos.
    La importancia teórica de las ilusiones perceptivas -las cuales además de visuales pueden ser auditivas, táctiles, etc.-, radica en el hecho de que demuestran la total autonomía del dato fenomérico (que es el único objeto de la investigación psicológica) respecto del dato físico.
    La ilusión se vuelve patológica, vinculándose al fenómeno de la alucinación, en estados de intoxicación o en estados paranoides y esquizofrénicos.
    En el ámbito del psicoanálisis, la ilusión se entiende como experiencias infantiles gratificantes en las que el comportamiento real de la madre coincide con los deseos y las expectativas del niño respecto a ella.

lunes, 18 de enero de 2016

El rey santo

 
Fernando III, rey de Castilla entre 1217 y 1252 y de León entre 1230 y 1252, vincula a su persona la corona de ambos reinos llevando a cabo su definitiva unión en 1230; reunió por primera vez en 1250 las Cortes de Castilla y de León, buscando formas de gobierno acordes a sus heterogéneos dominios. Durante su reinado dio un gran impulso a la Reconquista, siendo su principal hazaña la toma de Sevilla en el año 1248.
Por tierras de Andalucía fueron tres las grandes campañas de reconquista. La primera entre 1224 y 1230, recuperando las plazas de Andújar, Baeza y Martos; la segunda entre 1231 y 1236, conquistando Córdoba con las campanas de la basílica de Santiago de Compostela que siglos atrás Almanzor había mandado traer a hombros de cristianos para que sirvieran de lámparas en la mezquita; y la tercera, la más importante, entre 1240 y 1248, tomando varias plazas del valle del Guadalquivir, ganando Jaén y Sevilla. En el cerco de esta ciudad, que tardó quince meses en ser tomada, con tropas cristianas en colaboración con musulmanas del reino de Granada, colaboró una Armada, la primera gran operación de la Marina de Castilla ideada por el obispo Gelmírez, con naves de Guipúzcoa, Vizcaya, Santander y Galicia al mando del burgalés Ramón Bonifaz, remontando el Guadalquivir para vencer a la flota islámica.
Por estas mismas fechas su hijo, quien al heredar la corona se convertiría en Alfonso X el Sabio, conquistaba Murcia.
El empuje dado por Fernando III a la Reconquista en el sur de la Península tuvo su paralelo en las victoriosas expediciones de Jaime I de Aragón por tierras de Valencia. En el año 1244 ambos reyes, en el Tratado de Almizra, fijaron la línea fronteriza entre los territorios castellanos y aragoneses.
 
El historiador Víctor Manuel Dávila Vegas describe al rey santo con estas palabras: Los relatos hagiográficos que se ocupan de Fernando III indican que no sólo no se consideraba superior a nadie, sino que además pensaba que de todos podía recibir sugerencias acertadas. Se rodeaba de doce varones sabios, origen del Consejo de Castilla. Dicen que temía más la maldición de una viejecita pobre de su reino que a los ejércitos de los mahometanos, y que confiaba más en las oraciones de los religiosos que en el valor de sus soldados. Consideraba que en las batallas era la Virgen María la que peleaba y la que vencía, por lo que a ella le reservaba los honores del triunfo. Compartía con sus soldados las incomodidades de las campañas, velaba en ocasiones junto a los guardias y centinelas, y visitaba a los heridos tras cada batalla. Fue clemente con los adversarios que se le rendían, pero castigó con el destierro a los que le presentaron resistencia. En la administración de justicia no se dejó arrastrar por las reclamaciones de los más ricos frente a los más pobres, sino que procuraba defender los derechos de estos últimos. No buscó con sus conquistas la gloria personal, de modo que simplemente se declaraba "Caballero de Cristo, siervo de Santa María y alférez de Santiago". Un relato legendario indica que, cuando unos nobles le comentaron que no convenía que un príncipe se sujetase y obedeciese tanto a su madre, él respondió que dejaría de obedecer cuando dejase de ser hijo.
 
En la faceta legislativa, Fernando III promovió la traducción al castellano del compendio de leyes visigodo Liber Iudiciorum, o Fuero Juzgo, con lo que además de constituir un cuerpo normativo otorgaba prioridad en la comunicación oficial oral y escrita a la lengua castellana. También, y para los herejes, convalidó la pena de muerte por la de destierro; en la faceta artística, propició el desarrollo de la arquitectura gótica, dando comienzo en su reinado la construcción de las catedrales de Burgos, Toledo, León y Palencia; en la faceta espiritual, otorgó carta de naturaleza a las órdenes mendicantes, incipientes en aquella época, opuestas y no poco enfrentadas a la situación patrimonial de hecho y derecho de la Iglesia.
Fue canonizado en 1671 y su cuerpo incorrupto se encuentra en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla.
 

Genealogía de los Reyes de España: Fernando III el Santo. Biblioteca Nacional, Madrid.



Tras la batalla de las Navas de Tolosa, ganada por las tropas castellanas de Alfonso VIII, las aragonesas de Pedro II y las navarras de Sancho VII  frente al califa almohade Muhammad an-Nasir, los territorios reconquistados al sur de Despeñaperros requerían atención y habitantes cristianos.
    Fernando III se dispuso a consolidar la victoria y, por ende, a ir culminando la Reconquista de la península meridional de Oeste a Este y Sur, alternativamente. Para ello decidió actuar sin desmayo, con idea clara en lo militar y en lo civil, ganando para la causa  la ciudad de Baeza en 1226, Trujillo en 1232, al año siguiente Montiel, Baza y Úbeda y en 1235 Medellín. Y en 1236 asestó el golpe de gracia tomando la ciudad de Córdoba, símbolo del poder musulmán. En 1246 tomó Jaén y su reino. Luego le llegó el turno a Sevilla, planificada la acción militar con sumo cuidado y acierto, a tenor de los hechos.
    A diferencia de Córdoba y otros lugares de interior, Sevilla podía recibir ayuda por mar, y tal auxilio prolongaría la campaña o la anularía al cabo de un tiempo, con grandes costes de todo tipo para los sitiadores. Previendo el problema y la solución, Fernando III ordenó al burgalés Ramón Bonifaz que armase una flota en el Cantábrico y la condujese hasta el Golfo de Cádiz. De esta guisa nació la Marina castellana, germen junto a la aragonesa de la Armada Española. Los santanderinos sintieron la gesta como propia, motivo por el cual desde entonces el escudo de su ciudad luce un navío y la Torre del Oro. Sevilla capituló el 23 de noviembre de 1248.
    Fernando III puso mucho cuidado en no dejar bolsas enemigas tras de estas victorias, asegurando el presente y el futuro a la vez que animaba la necesaria y urgente repoblación. Por ello puede decirse sin temor a errar que el rey santo fundó Andalucía, a la que consideró su más preciado gallardete y motivo de orgullo.
    Quiso continuar la tarea de reconquista, concibiendo un plan para desembarcar en África y mientras alejaba al enemigo musulmán de la frontera cristiana ampliaba la Reconquista a tierra mora. Pero la hidropesía truncó esa expectativa y cualquier otra esperanza. Fernando III falleció en mayo de 1252 cumplidos los 51 ó los 53 años, pues hay dudas respecto a si nació en 1201 o 1199. Siglos después, su causa fue estudiada en el Vaticano, con el propósito de elevarlo a los altares; la exhumación de su cadáver incorrupto facilitó el trámite.



Epitafio

    Aquí yace el muy honrado Rey Don Fernando, señor de Castilla y de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia y de Jaén, el que conquistó toda España, el más leal, el más verdadero, el más franco, el más esforzado, el más apuesto, el más granado, el más sufrido, el más humilde, el que más temió a Dios, el que más le sirvió, el que derrotó y destruyó a sus enemigos, el que elevó y honró a sus amigos, el que conquistó la ciudad de Sevilla, que es cabeza de toda España.

(Tomado del historiador Fernando Díaz Villanueva).



Fernando III el Santo




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jueves, 14 de enero de 2016

No olvides


Recuerdo. Ya sólo es lo que la memoria dicta. No es largo ni es corto el tiempo dedicado a estar con lo que fue, con lo que es a fuerza de deseo. Cada ocasión, ahora, es un episodio sin contraste, contado de voz a espíritu. La voz suena queda, evanescente asiste el espíritu; la voz pronuncia tenue, el espíritu atiende sumisamente curioso.
    Tristeza. Por el ausente, por la ausencia. Dos son las tristezas patentes ante el observador: la tristeza que registra el óbito y la tristeza que solemne acompaña al deceso.



Estatua funeraria, h. el siglo I a.C.


 

Estela funeraria, h. el siglo II d. C.


 
Recuerdo. Es lo que la devoción lega. La obra pervive al autor inserta en un motivo tomado de la naturaleza. La vida tras la vida sigue vinculada al arte en sus modelos, ofreciendo la imagen de esplendor que acude a la memoria remitida por la esculpida mediación.
    Memento mori. Tú y todos. Al cabo, antes o después, víctimas de la causa última del nacimiento, seremos un retrato, artístico o desposeído de arte o tan realista e inexorable como sea interpretada la plasmación de la muerte. No hay vida sin muerte; de antiguo viene el consejo.

lunes, 11 de enero de 2016

El submarino español


Marino y científico español, Isaac Peral es el inventor del submarino que lleva su nombre, nacido en Cartagena en 1851 y muerto en Berlín en 1895 a consecuencia de una operación en el cerebro a la que tuvo que ser sometido.

Ingresó en la Escuela Naval en 1865 y en 1872 fue destinado, con el grado de alférez de navío, al cañonero Dardo.

Después de haber intervenido en varias acciones y desempeñado distintos servicios, en 1882 fue nombrado profesor de la Escuela de Ampliación de la Armada. Se dedicó al estudio de la electricidad aplicada a la navegación submarina, ya experimentada en 1859 por el también español Narciso Monturiol, y en 1884 concibió la idea de un submarino de propulsión eléctrica.

Al año siguiente, con motivo del conflicto de las Carolinas, expuso su proyecto al entonces ministro de Marina, vicealmirante Pezuela. Tras muchas dificultades burocráticas recibió la ayuda necesaria para la construcción del submarino al que se dio el nombre de Peral, que fue botado el 8 de septiembre de 1888. A pesar de que las numerosas pruebas a que fue sometido entre 1889 y 1890 resultaron satisfactorias, el informe emitido por el ministerio de Marina resultó desfavorable y, en consecuencia, se le retiró la ayuda para continuar las pruebas; e incluso se le llegó a acusar de haber despilfarrado la subvención estatal en unos experimentos inútiles.

En 1891, Peral se retiró de la Marina, pero no accedió a vender su invento a ningún gobierno extranjero a pesar de las ventajosas ofertas que recibió.

 

Cuenta el almirante Luis Carrero Blanco, que el primer submarino con armamento, compuesto por un tubo lanzatorpedos y tres torpedos, fue el construido en España por el teniente de navío Isaac Peral, quien, en estricta justicia, debe ocupar al menos el mismo rango entre los inventores de submarinos que el francés Gustave Zedé.

Dos años antes de que Gustave Zedé dirigiera a la Academia de Ciencias de París la comunicación en que manifestaba la idea de Dupuy de Lôme, su maestro, de utilizar la propulsión eléctrica para resolver el problema de la navegación submarina, un teniente de navío español terminaba una noche, en la soledad de su gabinete de trabajo, en una modesta casa del pueblo de San Fernando, el estudio que desde largo tiempo, y con el mayor secreto, llevaba a cabo sobre la realización de un buque submarino con propulsión eléctrica.

Isaac Peral se había destacado en la Armada desde su ingreso en 1865, por su extraordinaria inteligencia y afición al estudio. Alférez de navío en 1872, terminado su servicio a bordo, en ultramar, su pasión por las ciencias le llevó al curso de ampliación de estudios en el Observatorio Astronómico de San Fernando, en la provincia de Cádiz, y, más tarde, a la cátedra de Física matemática de la Escuela de Ampliación de Estudios de la Armada, donde simultanea su función docente con sus estudios particulares sobre la navegación submarina, que logra cristalizar en un proyecto de submarino "destinado a la defensa de los puertos".

El submarino de Peral era fusiforme, similar a un cigarro puro, y de sección circular construido en acero, de 22 metros de eslora y 2'87 de manga, y desplazaba 77 toneladas en superficie y 85 en inmersión. La propulsión se conseguía con dos hélices, movida cada una por un motor de 30 caballos, alcanzando una velocidad máxima de 10'9 nudos y media de 7'7 nudos. La batería para estos motores constaba de 480 acumuladores de 50 kg de peso cada uno, que fue la primera instalación en gran escala y a gran voltaje (920 voltios) que se hizo en el mundo. La autonomía teórica del proyecto era de 396 millas a tres nudos, 284 millas a cuatro y 132 millas a 6 nudos y 30 metros de cota máxima.



El armamento consistía en un tubo lanzatorpedos interior a proa y tres torpedos Schwartzkoff que podían ser disparados con un intervalo de 20 minutos. La dotación era de 5 hombres.

El prototipo de Peral era el más avanzado de su época y, entre otras peculiaridades, el primero que empleó la propulsión eléctrica por baterías de acumuladores y el tubo lanzatorpedos interior.

El proyecto de Peral considerado un torpedero-submarino fue elevado al ministro de marina, almirante Pezuela, quien dio su visto bueno en atención al excelente informe elaborado por la junta académica de la Escuela de Ampliación de Estudios de la Armada con el que fue acompañado. La orden de construcción del submarino se dio en abril de 1887, pero hasta el 1 d enero de 1888 no pudo ser montada la quilla en el arsenal de La Carraca, en Cádiz, debido a dificultades técnicas y a complicaciones de índole burocrática.

El submarino Peral, finalmente, fue botado en septiembre de 1888 y en marzo del siguiente año comenzaron las pruebas oficiales a flote.

El Peral maniobró perfectamente en inmersión y lanzó torpedos satisfactoriamente, pero en las pruebas de orden militar fracasó. Estas pruebas estrictamente de funcionalidad militar consistieron en que el submarino se acercase a 400 metros del crucero Colón sin ser visto. Como a bordo del crucero se contaban más de 200 personas acechando al submarino, el submarino fue divisado a 1.000 metros. Roncamente, el almirante Carrero dice que "nunca buque alguno tuvo más perfecta vigilancia antisubmarina."

 

Isaac Peral aportó notables adelantos en la concepción del buque capaz de navegar bajo el agua y actuar, además, como nave de combate. El problema de la visibilidad lo resolvió con su torre de visión indirecta, montada en la pequeña torreta central, consistente en una combinación de lentes y prismas que proyectaban sobre una mesa la visión del exterior. El tubo lanzatorpedos, instalado a proa, estaba provisto de un mecanismo de seguro para abrir sus puertas, interior y exterior, idénticas a las que se emplean en la actualidad. También contaba con un pequeño tanque destinado a inundarse cada vez que se lanzaba un torpedo, con el fin de compensar el peso de los torpedos disparados.

Para efectuar la inmersión completa, Peral ideó lo que denominó aparato de profundidades. Consistía en dos hélices de eje vertical colocadas una en cada extremo del buque, alimentadas por las baterías propulsoras y accionadas por motores que actuaban de acuerdo con las regulaciones de una placa hidrostática y un péndulo (igual que un torpedo).

 

La obra de Peral fue magnífica, la de un verdadero adelantado en el arte de la navegación submarina. Pero aquello tan inefable en España, por desgracia, como las envidias, las intrigas, la insidia, la desidia provocada y la nefasta burocracia administrativa, no solamente eclipsaron los éxitos del insigne inventor del primer submarino de guerra sino que desmoralizaron a su creador en el proyecto inmediato de construir otro mayor y más complejo. El Peral quedó arrumbado durante muchos años en el arsenal de La Carraca; mientras tanto, su inventor fallecía en Berlín víctima de un tumor cerebral en 1895.

Allá por 1928, el submarino Peral fue remolcado a Cartagena y con él se erigió un monumento en memoria de su creador, natural de esa ciudad, que se enclavó ante la Escuela de Submarinos y Buzos; y en 1969, para mayor honra de Isaac Peral y en calidad de monumento nacional, fue trasladado al Paseo de la Muralla, donde queda a la vista y admiración de todos.

Isaac Peral