viernes, 28 de octubre de 2016

La explicación de las sensaciones y el efecto de las pasiones

 
Miguel Sabuco Álvarez, nacido en Alcaraz, provincia de Albacete, fue procurador síndico en 1563, boticario en 1572 y letrado en Alcaraz, donde falleció.
    Es llamado "el bachiller Miguel Sabuco". De los ocho hijos que tuvo, uno fue Oliva Sabuco de Nantes y Barrera, a la que se atribuyó durante mucho tiempo la Nueva filosofía de su padre, por figurar como autora en la primera edición impresa.
    Miguel Sabuco aspira a decir lo que, a su entender, no habían dicho Platón, Aristóteles, Hipócrates y Galeno. Aunque cita a éstos y a otros muchos autores, paganos y cristianos, desarrolla una "filosofía del hombre" y una "doctrina médica" de acusados rasgos "naturalistas".
    Según Sabuco, las pasiones producen efectos fisiológicos que se manifiestan en alteraciones cerebrales por pérdida del "jugo radical". Con ello afirma una estrecha interdependencia entre el "alma" y el "cuerpo". La hipótesis de la existencia de un "fluido nervioso" ha hecho que se haya considerado a Sabuco como un precursor de la fisiología moderna y especialmente de la fisiología del sistema nervioso.
    Sabuco parece, en todo caso, destacar el papel central que ocupa el cerebro en la explicación de las sensaciones. En el cerebro "habita" el "ánima". Sabuco consagra una parte importante de su obra al estudio de las enfermedades, y de las pasiones como causas de las enfermedades, y da numerosos consejos de calma, sobriedad, esperanza, alegría, contento y otras actitudes a propósito para evitar los achaques.
    El punto de vista de Sabuco, a la vez experimental y racional, es un punto de vista médico y terapéutico con abundantes prescripciones morales destinadas a "remediar" los males que sufre el hombre por efecto de las pasiones.
 
Título completo de la obra: Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida, ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos, la qual mejora la vida y la salud humana. Ed. de 1587 y reed. en 1992. Otras obras fueron sus Coloquios, que precedieron y siguieron a esta obra.
(Fuente: Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora)
 
Mención a los Coloquios
Incluyen los Coloquios, textos antecesor y continuador de la Nueva Filosofía, dos misivas que, firmadas por Oliva Sabuco, son destinadas a dedicatoria y demanda de favor. La dedicatoria se dirige al rey Felipe II, mientras que el favor se solicita por escrito del presidente del Consejo de Estado, D. Francisco Zapata, conde de Barajas, para que avale la obra ante su majestad y la divulgue, al cabo, por considerar la remitente que la Nueva Filosofía desvela misterios y enmienda errores que subsanan las deficiencias en los diagnósticos y los tratamientos de todas las patologías que al ser humano afectan.
    Los Coloquios afrontan situaciones y confrontan pareceres con el objetivo de mostrar y convencer. Son diálogos que enfocan al maestro y a los alumnos, que a su vez son maestros de otros alumnos en grado descendente, conjuntos de preguntas y respuestas doctrinales que abordan las inquietudes y devaneos de quienes se paran a pensar en ello: la filosofía, la política, la retórica, la ética y la moral, la astronomía y la astrología judiciaria, la naturaleza como ámbito de vida y la medicina.
    En suma, el cerebro rige a la persona al modo que Dios gobierna el universo con todos sus componentes.
 
La Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre
El tratado propone un cambio de mentalidad en el presente, orientado inequívocamente al futuro. A partir de la afirmada relación entre la mente y el cuerpo, o la materia corporal y la psique, las afecciones del espíritu influyen en los órganos vitales y viceversa; anticipando la vinculación psicosomática en las patologías.
    Otro aspecto fundamental de la obra es la incidencia en el compromiso con la naturaleza, algo así como el envoltorio y el sustrato donde todo nace y todo vive; y la observación y respeto del comportamiento animal, tan semejante al humano en cuanto a emociones y sentimientos, también en actitudes, instintos y necesidades.
    Y un tercero, por concluir el somero resumen, es el de la obligatoriedad de conocer en plenitud a los semejantes, ya que la convivencia implica un desarrollo social a nivel del individuo que, acto seguido, proyecta al grupo. Las virtudes, los defectos, los temores y los impulsos de cada cual se imbrican en el conjunto elevando a categoría lo que en el plano de la individualidad no pasaría de anécdota para un dirigente con escasa visión y nulo aprecio por las exigencias, expresadas o silenciadas, por sus congéneres en un marco de reciprocidad.
 
El pensador y su legado  
Miguel Sabuco fue un erudito que, además, cultivó el arte de la transmisión escrita. Con notables conocimientos de Anatomía, Fisiología, Historia Natural, Filosofía y Literatura, versado en Botánica y experimentador nato, expandió sus afanes, con criterio propio, hacia campos entonces aún más oscuros que hoy, la mente humana y las relaciones sociales en vertical y horizontal, y, probablemente, menos maltratados que en la actualidad: la ética, la moral, la política y la cultura clásicas.
    Hombre serio, no obstante surtido de ironía, cual es preceptivo en los estudiosos y analistas de acciones, medios y entornos, escribía fluido y ameno, didáctico para ser comprendido, con estilo y cuidado. Su honestidad intelectual y su integridad moral circulan y destellan en las obras que nos ha legado y a las que se debiera retomar el pulso.
    Sistemático y meticuloso en la tarea, el bachiller Miguel Sabuco honró a su hija Luisa de Oliva con la paternidad de la Nueva Filosofía, según consta en el testamento por él otorgado en fecha 20 de febrero de 1588, pero en ningún caso para quedar el verdadero autor desposeído de la titularidad. Honra, sí; usurpación, no. También lo dejó escrito.
(Varias fuentes)   

Imagen de www.sabuco.eu


Artículos coincidentes

    La transmisión del impulso nervioso

    La universalidad de saberes renacentista

    Examen de ingenios

    Determinación de los pesos moleculares

    La verdadera figura y magnitud de la Tierra

    Real Expedición Botánica de Nueva Granada

miércoles, 26 de octubre de 2016

Nómina despótica

 

Al clásico divide y vencerás, se ha añadido el posmoderno intégrate y expande, mensajes generados a golpe de puño en la misma factoría de planes subversivos que en una sociedad compuesta por individuos con algo o mucho que perder cala, impone y somete.

 


El todo es la suma de sus partes, siempre y cuando ese todo no sea uno e indivisible. Si el todo puede dividirse, es decir, que un determinado poder, a su vez resultado de la adición de otros poderes de menor entidad, consideración o relevancia, fraccione su aparente homogénea unidad, los vástagos del tronco campan a sus anchas arrimados, no obstante, a su protectora y comprensiva sombra.
    La dependencia otorgada a sus órganos por el cuerpo primigenio, punto de partida y razón de ser de aquéllos, los eleva a categoría, los dota de sustento económico, morada, estatuto, técnicos, gestores, directivos y representantes-portavoces; estos últimos suelen pesar en oro su habilidad dialéctica y el tendido de puentes con los imprescindibles medios de comunicación.
    Los órganos vuelan en círculos concéntricos, sin alejarse en demasía de la fuente nutriente, no sea que una depuradora ráfaga de viento, un soplo de benéfica higiene, los lleve directos al purgatorio léase Tribunal de Justicia, con las iniciales en mayúsculas y tras un proceso limpio de polvo y paja al sanatorio donde curas las múltiples y encadenadas corrupciones.
    Los órganos, ligados al capítulo de prebendas, sobrevuelan bajo las redes polifacéticas del poderdante, para no perder comba ni ripio, y para que el frío de la indeseable orfandad se cebe en otros voladores y en otros arribistas; que de tanto repartir munificencias se agota hasta la reserva material.
    En definitiva, los hijos de padres disolutos acaban por adueñarse del pesebre; aunque bien aleccionados en la trama y el disimulo, y en el mezquino arte del ruido y la algarada la dogmática agitación y propaganda de uso común y reiterado en las facciones siniestras del espectro sociopolítico, cuyos efectos están sobradamente demostrados.
    Al clásico divide y vencerás, se ha añadido el posmoderno intégrate y expande, mensajes generados a golpe de puño en la misma factoría de planes subversivos que en una sociedad compuesta por individuos con algo o mucho que perder cala, impone y somete. Y quien no se alía, por activa o por pasiva, con una o varias de estas sociedades, en su periferia siempre instrumentales, corre el riesgo de sufrir pena de exclusión, pena de abordaje, pena de diana callejera y pena radiodifundida.
    Una sociedad desmenuzada en intereses de casta y secta peores para la salud y el civismo las segundas, transita hacia la fosa séptica a velocidad de crucero, sin que la mayoría de sus ignaros componentes atienda más aviso que el remojo en las barbas de su vecino, y aun entonces, con el cadáver del enemigo pendiente de doblar la esquina, exprese sus condolencias privadas con suspiros resignados y el eco de lamentos tardíos.
    De la casta a la secta hay dos pasos, y ésta a la práctica mafiosa uno solo, que suele darse incluso por inercia. En la casta, pero todavía más en la secta, y ni que decir tiene en el clan mafioso, los cargos son de muy larga trayectoria, ejecutivos sin cortapisas y apoltronados, rellenos de ínfulas, parabienes y garantías; custodiados por séquito, cohorte, histriones a sueldo y guardia pretoriana.
 
El paraguas institucional, que resguarda de la inclemencia y la fundada denuncia, a un lado de las sociedades hijas y los organismos hijos, medios y calle, además refuerza las consignas, variadas en el aspecto aunque unísonas en la proclama, y predispone al contribuyente sin escapatorias legales a un refrendo activo en todos los ámbitos; válido para la contraprestación de una cacareada paz social que atufa a cobardía y espurio negocio, pues en el fondo y en la superficie lo que aparece es un negocio lucrativo para las partes en acuerdo, oneroso para los involuntarios financieros de la trama y muy dañino para la libertad de acción, expresión y creación. El triunfo del pensamiento único y la cesión continua.
    La libertad es incompatible con el intervencionismo y con el abuso de poder, dicho sea de paso.
    Aun lado estas consideraciones, que vienen bien como prólogo, el asunto que nos ocupa trata de la utilización del dinero público en beneficio más que privado propio. Conocemos, no hace falta mucho para obtener la información, que dirigentes de organismos y sociedades amparadas por el pacto constitucional bajo cuerda, han dilapidado fortunas en caprichos y otros menesteres que, incluso, exceden a la frivolidad. Los dispendios en compras y deleites llaman la atención, por ser escandalosos, y mueven a la denuncia, porque del primero al último deberían ser delito sin atenuantes.
    Veleidades y vanidades bailan, cantan, escriben, recitan, pintan y esculpen, al son de la moneda de curso legal, para el bienaventurado disfrute de espléndidos hoteles; ágapes en magníficos entornos de señera arquitectura, viajes organizados desde y para el hedonismo de los privilegiados, prendas de ropa interna y externa con firma, sello y pedigrí, al alcance de los que se evalúan como artistas de fuste o se titulan como mecenas de creadores y sus guías en el camino de la fama.
    Admitamos que esta gente sabe vivir, porque no cualquiera ventila a la chita callando millones de euros miles de millones de pesetas en la relación expuesta y justifica su responsabilidad alícuota alegando que sus gastos son por diversos conceptos y para uso personal, cuando, por fin, la justicia se ha hecho presente para recabar datos, facturas y otras explicaciones al caso menos peregrinas.
    Cabe imaginar que el dinero ido corriente abajo no va a retornar a su manantial; lo que no es óbice para agradecer y exigir la investigación periodística y la posterior judicial, pues de alguna manera el consuelo de ver a ciertos nombres en la picota, después de años soportando su "despotismo ilustrado", sus ínfulas, su apego a todo tipo de recaudación dineraria y su participación como fuerza de choque en los envites del populismo bolchevique, para imponer un control omnímodo, efectivo y duradero, satisface al espíritu y da confianza, aunque relativa, para seguir con la tarea regeneradora de órganos, tejidos y humores que tanto se precisa para respirar, sentir y emprender.
 

lunes, 24 de octubre de 2016

Lo que el mundo le debe a España

 
Luis Suárez Fernández, asturiano de Gijón nacido en 1924, fue profesor de la Facultad de Filosofía y Letras y titular de la Cátedra de Prehistoria e Historia Universal de la Edades Antigua y Media de la Universidad de Valladolid y decano de la misma. Dirigió la primera cátedra de Cine hasta 1965. Procurador en Cortes, Director General de Universidades e Investigación y catedrático de Historia Universal Antigua y Media de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid hasta su jubilación.
    Es catedrático emérito de Historia Medieval del departamento de Historia Antigua, Medieval, Paleografía y Diplomática de la Universidad Autónoma de Madrid, miembro de número de la Real Academia de la Historia, de mérito de la de Portugal y correspondiente de la de Buenas Letras de Barcelona y de varias de Hispanoamérica. Ha dirigido la Escuela del CSIC en Roma. A su vez es miembro de la comisión permanente de los Congresos de Historia de la Corona de Aragón, vocal del Comité Español de Ciencias Históricas y Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lisboa. Está en posesión de la Gran Cruz del Mérito Civil, la Gran Cruz de Isabel la Católica, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco, y de la portuguesa Encomienda de la Orden del Infante Don Enrique. Premio nacional de Historia de España.
    Su obra es extensa y de ámbito universal.

Luis Suárez Fernández

Imagen de www.rah.es
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 Presentación de Lo que el mundo le debe a España, obra de Luis Suárez Fernández
Europa es el resultado de las interrelaciones entre cinco ámbitos culturales que se expresan por medio de los grandes idiomas: español, francés, inglés, alemán e italiano —no hay ningún índice de prioridad en el orden que aquí empleamos— y que son independientes de las estructuras políticas, cambiantes en el tiempo. Debe haber una muestra de aprecio y gratitud para todas ellas ya que en definitiva, con sus aportaciones, logran el beneficio del conjunto. En este ensayo, deliberadamente breve, vamos a intentar destacar el conjunto de las aportaciones hispanas, sin que ello suponga menos aprecio de las que los otros europeos lograron. Las patrias, palabra esta que se identifica con patrimonio, son útiles para todos. La ciencia alemana o su música, el teatro británico, la ópera italiana o el academicismo francés tienen, para nosotros los españoles, valor absoluto. Lo mismo debe solicitarse en relación con las aportaciones españolas.
    Hispania, cuyo nombre tiene una raíz que desconocemos, obtuvo su identidad a través de Roma. A comienzos del siglo IV, cuando el Imperio ejecutaba el tránsito desde el helenismo al cristianismo, fue reconocida como "diócesis" o ámbito de convivencia, iniciándose así la construcción de un patrimonio que abarcaba no sólo la Península sino también las islas adyacentes y la provincia denominada Tungitania. Aquí, al producirse la destrucción del Imperio, se asentó el pueblo que se consideraba más importante y avanzado a la sazón entre los germanos: los visigodos. Construyeron un reino, sustituyendo en su legitimidad la del Imperio.
    Sucedió, sin embargo, que los godos habían pretendido adoptar una forma peculiar de cristianismo, con las tesis arrianas, marcando así las diferencias entre germanidad y romanidad. Pero cuando, en el siglo VI, consiguieron unir políticamente el espacio hispano, se invirtieron los términos y fueron precisamente los iberorromanos los que impusieron su modo de ser y de vivir. El III Concilio de Toledo (589) fue la primera aportación decisiva: el arrianismo fue sustituido por el catolicismo, se sometieron todos los habitantes a un "Lex romana" custodiada por los visigodos, se renunció a la lengua goda imponiéndose el latín y hasta se cambiaron los vestidos.  Juan de Bíclara [clérigo católico y cronista de origen godo] establece un paralelismo entre Hispania y Bizancio en la herencia romana.
    Otra consecuencia muy importante partió de entonces. Isidoro de Sevilla [obispo, teólogo y erudito hispanogodo] asignó al saber una misión genérica de llegar a conocer el orden de la Creación, utilizando para ello los libros y sus lecturas, es decir, bibliotecas y lecciones.  No debemos olvidar que sobre esta base se construyen las escuelas que desembocan en las universidades, típicamente europeas.  Dios o tres generaciones después, los continuadores de san Isidoro se integran en el Renacimiento carlovingio.
    Esta Hispania, que conservó su nombre demostrando fidelidad a la herencia romana, se perdió en 711 a causa de la expansión islámica, pero ciertos núcleos de resistencia, con el apoyo esencial de Francia —los "europenses" como les llama un anónimo cronista mozárabe—, pudieron emprender una tarea de siglos, a la que llamamos Reconquista.  Durante ella se constituyen hasta cinco reinos, pronto reducidos a cuatro, cristianos, que invocan la vieja herencia. Las circunstancias, desde el siglo X, hacen que se produzcan determinados fenómenos que hemos de tener en cuenta.
    En primer término el vasallaje, heredado de los germanos, no se convierte en feudalismo sino que se mantiene dentro de las estrictas relaciones de fidelidad entre vasallo y señor. Pero el vasallaje es un contrato que se ratifica mediante juramento y sólo personas libres pueden prestarlo. En León nacen, al restaurarse la legislación gótico-romana, las primeras leyes que permiten al siervo salir de esta condición.  Un avance que se extiende luego a toda Europa. En la época de los Reyes Católicos, España es el primer país en donde se dicta una ley disponiendo la nulidad de cualquier vínculo de servidumbre que aún subsistiera.  De aquí nacen otras dos consecuencias: a las Asambleas de la Corte son invitados también los representantes del tercer Estado. Un modelo que Simón de Monfort aplicará en Inglaterra creando los Comunes (cámara de los Comunes); la condición de súbdito se identifica con la libertad, asegurada mediante el recíproco cumplimiento de la ley. La Monarquía hispana, desde la segunda década del siglo XIV avanza, por la vía de la Corona de Aragón, hacia un reconocimiento de que la potestad regia se garantiza por medio de tres poderes: legislativo (Cortes), administrativo (Consejo) y Judicial (Audiencia o Chancillería). Es el antecedente necesario para comprender el gran descubrimiento de Montesquieu.
    Otras de las aportaciones importantes es la del contacto con musulmanes y judíos, que aportaban de Oriente algunas versiones del helenismo y de la sabiduría oriental. Un día Gerberto de Aurillac, futuro Papa Silvestre II, viajará hasta España para adueñarse del texto de al-Kwarizmi y puede hacer a Europa el gran regalo de los "guarismos" con el número cero. Cero e infinito. Por esta vía, mediante los traductores de Toledo, se rescata el pensamiento de Aristóteles. La versión de las Categorías que se empleaba en la Universidad de París se llamaba "Gundisalvus", porque era producto de un canónigo de Segovia llamado Domingo González. La ciencia podía de este modo entrar por las vías de la que llamaremos modernidad.
    Fue un español, Raimundo Lullio quien trató de convencer a los europeos, en los inicios mismos del Humanismo, de que la fe puede explicarse por medio de la razón, haciendo ver que el cristianismo constituye el modo más racional de explicar la existencia de Dios y de la naturaleza humana. Por esta vía, aprovechando de una manera especial influencias italianas y borgoñonas, España puso en marcha una reforma religiosa que aportaba dos valores opuestos a los del nominalismo, que desembocaría en Lutero: capacidad racional para el conocimiento incluso especulativo y libre albedrío, como explicarían Jorge Manrique o Calderón de la Barca, entre otros autores. A esta aportación deberíamos sumar una tercera de enorme importancia en razón de las peregrinaciones a Santiago: no existe pecado, por grave que sea, que no pueda, mediante verdadera y fructuosa penitencia, alcanzar su perdón. Tres elementos esenciales.
    De aquí procede la que llamamos Escuela de Salamanca, que tendrá en Francisco Suárez su punto culminante. Europa recibió el mensaje: partiendo de la base de la libertad racional, e incorporando las enseñanzas de la Iglesia, puede descubrirse que todos los seres humanos, sin distinción de raza, de color o de origen, se encuentran dotados en su naturaleza de ciertos derechos inalienables, como son la vida, la libertad y la propiedad. Las Monarquías estaban llamadas a reconocerlos y defenderlos pero no podían ser sustituidos. Una línea de razonamiento que coincide con la Constitución norteamericana, pero que se sitúa en una dimensión opuesta a la de la Revolución francesa. En la culminación de la reforma española que alimenta al Teatro del Siglo de Oro Zalamea, La vida es sueño, el burlador de Sevilla o El condenado por desconfiado— se encuentran las aportaciones de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, que llegan a descubrir el secreto: "A la tarde te examinarán en el amor".
    Pero en torno a este planteamiento, Europa se dividió partiendo de las universidades entre racionalistas y nominalistas. España abraza el tomismo y defiende esta línea de pensamiento. En la primera coyuntura, y a pesar de disponer de un Papa español, España da el paso decisivo para la solución del Cisma de Occidente abandonando la coyuntura de mantenerse en línea inexorable con Benedicto XIII. En la segunda no hubo entendimiento y se aprestó a vencer la "rebelión protestante". Pero entre 1648 y 1659 es vencida, predominando las razones políticas sobre las ideológicas, y se inicia una desvalorización de los principios esgrimidos por las escuelas españolas. La decadencia política, que se prolonga durante más de dos siglos, lleva a algunos de los intelectuales de la Enciclopedia a suponer que de ningún valor pueden considerarse las aportaciones españolas.
    Visión incorrecta.  Algunos grandes pensadores, en línea con el padre Feijoo, entre los que destacan Jovellanos y Campomanes, preconizaron una fórmula distinta para la Ilustración: aquella que no renunciaba en modo alguno a la herencia del pasado, el libre albedrío y la trascendencia. Durante dos o tres décadas, como demuestran los avances científicos en España y América, pareció a punto de alcanzarse esta meta. Pero la Revolución francesa provocó primero un freno radical y después una reacción contra los propios ilustrados españoles. Jovellanos, que fue un católico profundo y así lo demostró en la Cartuja de Valldemosa, pudo ser criticado por muchos clericales y presentado como algo que nunca fue, hasta el punto de que la Logia masónica de su ciudad natal emplearía su nombre.
    Tiempos difíciles, de ruptura interior. Lo que España en el siglo XIX aportaba a Europa, envolviéndolo en la hazaña de las victorias sobre Napoleón, no era precisamente recomendable. Pues tradicionalismo y liberalismo  no se presentaron como peldaños para un ascenso en la cultura, sino como enemigos que trataban de descubrir en el de enfrente un peligro, un mal. Y así hemos vivido un siglo de guerras civiles, en el corazón y en la conducta que el europeísmo debe borrar permitiendo el retorno a esos valores profundos que Europa necesita.
 
A modo de epílogo (de la citada obra)
Asistimos a los esfuerzos para restaurar a Europa dentro de una cordialidad en las relaciones. De ahí la importancia de estudiar y transmitir los valores que han propagado cada una de sus naciones a la construcción de su cultura. No cabe duda de que la aportación de España es importante; esto no significa en modo alguno que debamos valorar en menos la de los otros países, sino más bien lo contrario. Pero en este breve ensayo, fruto de los logros obtenidos por la copiosa bibliografía que incorporamos, hemos intentado destacar las que, en su día, fueron riqueza de los españoles. Y todo comenzó en el siglo VI cuando, al tiempo que se aceptaba la forma latina del cristianismo, se recogía el derecho romano como una base para la convivencia. En la práctica, el derecho europeo se ha alzado sobre ese ius, que en España aparece con abundancia. El "Fuero de León" o los "Usatges" de Cataluña son una prueba.
    Europa debe a España la Reconquista, que no es únicamente una defensa militar contra el islam, sino el recobro de esa forma de cultura. Un día, Gerberto de Aurillac viajó hasta Ripoll y trajo a su regreso las cifras y el número cero. Otro, un arzobispo de Toledo venido de Francia, creó un equipo de traductores y rescató la ciencia helenística a través del árabe y con la ayuda de los judíos. Así pudo Europa recobrar a Aristóteles y a través de él también la herencia de un saber que, por la vía de san Isidoro, habría de dar vida a las universidades.
    Probablemente la aportación más decisiva en estos siglos medievales fue la creación de esa forma de Estado que llamamos Monarquía, tan radicalmente distinta de la Königtum y adoptada con ciertas variantes por los otros reinos del Occidente europeo. España cultiva el vasallaje pero sin incidir en el feudalismo salvo en aquellas comarcas pirenaicas que formarán parte del Imperio carlovingio. Vasallaje es el modo de establecer relaciones con reconocimiento de plena libertad entre ambos, señor y vasallos, mediante juramento de fidelidad. De este modo, la Monarquía es un pacto que obliga al rey y a los súbditos al cumplimiento de las leyes —libertades dicen los documentos— siempre sometidas a la moral cristiana. Por esa vía llegaron las Cortes, origen del sistema parlamentario, y también el reconocimiento de la diferencia entre legitimidad y tiranía.
    Rex eris si recte facias, decían los sabios godos. Pero en la Edad media todo esto se perfiló con mucha mayor precisión ya que se alcanzó la definición de la persona humana como una realidad que reconoce la existencia de derechos. El Papa se refería a ellos como "naturales", pero los sabios que forman la Escuela de Salamanca prefirieron otro término: "Derecho de gentes". Esto significa que todos los seres humanos sin distinción de etnias o de religión debían ver respetadas esas tres condiciones que son la vida, la libertad personal y la propiedad, de tal modo que la conquista, cuando se efectuaba en un país sin dueño, comportaba el Gobierno pero no otra cosa. Estos derechos, elevados a la categoría de fundamentales por el "Testamento de Isabel la Católica", fueron la causa de que en América n se estableciesen colonias sino reinos o gobernaciones generales. No es posible, y la experiencia de nuestros días así lo confirma, garantizar el cumplimiento de las leyes —surgen abusos y crímenes por todas partes—, pero las referencias a las Leyes de Indias explica que en la América hispana, desde mediados del siglo XVI, la población indígena volviera a crecer.
    Otro de los servicios importantes hechos a Europa fue la que llamamos "reforma católica española", adelantándose a Lutero y estableciendo una alternativa muy diferente a la del servo arbitrio. Pues se defendía desde España que el ser humano no es simple individuo de una especie sino persona en quien concurren especialmente dos dimensiones: el libre arbitrio, que es lo que convierte la libertad en responsabilidad y no simple independencia, y la capacidad racional que alcanza incluso al conocimiento especulativo. Europa aprendió de este modo que no es sólo la "ciencia moderna" la que debe preocuparnos. El ser humano es capaz también de descubrir qué es lo bueno, lo bello y lo justo. Sin lo cual, indudablemente, el conocimiento se convierte en algo limitado.
    No hay dudas, entre los historiadores e intelectuales europeos, acerca de la importancia que tuvo el que llamamos Siglo de Oro. A fin de cuentas, cuando nos referimos a las cinco lenguas o modos de pensar esenciales para Europa, e seguida pensamos en Dante, Goethe, Molière, Shakespeare y Cervantes, lo que no puede dejar de señalarse como dimensión esencial. También hemos tratado de destacar, en esta línea, algunos fracasos. Por ejemplo, en el siglo XVIII, el padre Feijoo y sobre todo sus continuadores, Campomanes y Jovellanos, creyeron posible poner en marcha una Ilustración paralela a las de Francia y Alemania, pero conservando todos los valores que caracterizarán a la cultura católica hispana. Y este proyecto naufragó a causa de la Revolución francesa y el empujón napoleónico que prácticamente colapsaron la vida española hundiéndola en un profundo abismo de guerras civiles, primero en América y después en la propia Península.
    Ello, no obstante, es importante recordar que las Cortes de Cádiz, aunque implicadas, dieron nacimiento a una Constitución y pusieron en marcha el término "liberal", que es un hispanismo que se ha generalizado. Hay una atención, por parte de Europa, a los aspectos negativos y sombríos de ese siglo XIX que hasta el comienzo de su segunda mitad se vivió en condiciones lamentables.  Pero después del 98 las cosas vuelven a crecer. España, con su neutralidad en ambas guerras, la del 14 y la del 39, prestó a Europa servicios muy importantes: evitó que ninguno de los totalitarismos llegara a imponerse, facilitó el intercambio de prisioneros entre los beligerantes, permitió la huida de muchos que salían del tremendo huracán y devolvió a los judíos una legitimidad que permitió salvar numerosas vidas.
    El remate final de toda esta historia es, sin embargo, algo que atañe exclusivamente a España: haber demostrado que es posible salir de un régimen autoritario sin violencia, abriéndose a Europa, de la que, sin duda, es una parte sustancial.




Artículos complementarios

    El sentido de la Historia

    La defensa de la Hispanidad

    El testamento de la reina Isabel la Católica

    Escuela de Salamanca

    Apunte sobre la patria y el patriotismo

    El legado jurídico español

    Lo inferior como superior, lo regresivo como "progreso"

viernes, 21 de octubre de 2016

Luego existe


Pensativo el genio.

Albrecht Durero: Melancolía I (1513-1514).

 
Sin duda, meditaciones trascendentes polemizan en el fértil territorio de un intelecto activo. Ellas, tan asiduas a dejar posos de curiosidad, a incitar la continuación del camino hacia el infinito, laboran en armonía con el recuerdo y el proyecto.
    La inspiración traza la ruta para que deducciones e intuiciones perfeccionen la de por sí mágica geometría de las revelaciones.
    Los descubrimientos suman logros al desafío por alcanzar el siguiente estadio, nunca el último, siempre atrayente, izado a la expectativa, paciente si la espera merece la pena.
    Entonces, con todo alrededor hasta donde la memoria alcanza, que es mucho, cabe preguntar a la mirada inquisitiva qué echa de menos, qué añora, respecto a qué languidece unos momentos. Puede que el gran peso de llegar más lejos, de conocer más, abrume a la eximia figura al sobrevolar el horizonte.

miércoles, 19 de octubre de 2016

La primera travesía aérea de los Pirineos

 
El pionero de la aeronáutica española Jesús Fernández Duro (1878-1906), de origen riojano, nació en la localidad asturiana de La Felguera, estudió en la burgalesa Carrión de los Condes, pasó por Barcelona y recaló en Ginebra para ampliar su formación en la Escuela Politécnica.
    Jesús Fernández Duro, emprendedor y audaz, antes de iniciarse en la aventura de surcar el cielo, recorrió amplias parcelas de tierra. La más notable, a bordo de un coche Panhard de 12 c.v., fue la de recorrer la distancia entre Gijón y Moscú, y vuelta, acompañado por tres amigos que sufrieron, como él, los malos caminos, la meteorología cambiante, la falta de combustible y de repuestos, las frecuentes averías del intrépido motor, los pinchazos y las sorpresas de todo tipo que un viaje como ese, entonces y ahora, depara.
    Realizada la proeza, su bautismo de aire lo recibió en el Aero Club de París, ciudad a la que se había vinculado en 1897, en una ascensión a bordo del esférico Phoebe, de 800 metros cúbicos, aterrizando con éxito en Plessis Piquet. La satisfactoria experiencia le dio pie para encargar un aerostato a Maurice Mallet, fundador de una firma aeronáutica, reconocido pionero e impulsor de la navegación aérea, que denominó Alcotán. La primera ascensión con Alcotán se fecha el 1 de diciembre de 1904.
    Decidido a introducir en España el deporte aéreo, pues el vuelo aerostático estaba destinado en exclusiva a la esfera militar, impulsó la creación en 1905 del Real Aero Club, primero en España.
 
Jesús Fernández Duro predicó con el ejemplo, participando en numerosas ascensiones y cuantas travesías aéreas eran propuestas.
    En Agosto de 1905, en Burgos, llevó a cabo varias ascensiones para la observación científica del eclipse total de Sol. Y ese mismo año, concretamente el 15 de octubre, efervescente la pasión por el vuelo en Europa, acompañado por el teniente Emilio Herrera, participaron en el concurso de vuelo del Gran Aero Club de Francia, clasificándose segundos tras volar durante catorce horas en medio de un temporal de agua, nieve y viento y haber recorrido 1.100 kilómetros, aterrizando en Moravia apenas a una docena de kilómetros de la frontera rusa.
    La fama de Fernández Duro se extendió por toda Europa, y el Aero Club de Francia le otorgó la Medalla de Plata.
 
Encargó un nuevo globo, llamado Huracán, de 2.000 metros cúbicos. Y de nuevo acompañado por el teniente Herrera, se elevó en Barcelona para seguir la línea litoral en dirección NNO, atravesando el Golfo de Rosas y luego volar tangencialmente el Golfo de León hasta tomar tierra en la costa francesa, asediados por la hostilidad de los lugareños.
 
En vena de asumir retos con resultado prometedor, Jesús Fernández Duro decide ir más allá de lo conseguido. El 20 de enero de 1906 (atiéndase la época del año), de atardecida, en solitario, despega de un campo habilitado al efecto en las afueras de la ciudad de Pau a bordo del Cierzo. Vuela toda la noche y toma tierra al amanecer del día 21 en Guadix, habiendo permanecido en el aire catorce horas y recorrido más de 700 kilómetros.
    Por esta gesta aeronáutica, Fernández Duro gana la Copa de los Pirineos, galardón creado el año anterior por el mecenas Henri Deutsch de la Meurthe, para quien por vez primera cruzara en vuelo la cadena pirenaica.
 
Atraído por la incipiente Aviación, Jesús Fernández Duro obtuvo el título de piloto de aeroplano, y de inmediato comenzó a trabajar en la construcción de un aparato por él ideado. Pero unas fiebres tifoideas le impidieron seguir con su obra y con su vida.
    A los solemnes funerales que honraron en Madrid a quien en los primeros años del siglo XX paseó en la barquilla de sus globos la bandera de España por Europa, el general Jordana ostentó la representación del rey Alfonso XIII. Posteriormente fue enterrado en el panteón familiar de su localidad natal.
 
(Artículo basado en el estudio biográfico firmado por el historiador y militar Emilio Herrera Alonso).
 

Jesús Fernández Duro

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lunes, 17 de octubre de 2016

El doctor Fausto en la literatura (IV)

 
Dieciocho años después de publicado el episodio de Margarita(1808), aparecía la primera parte de Fausto, tal como hoy la conocemos. El gran poeta no había dejado de trabajar un año y otro año en aquella obra de toda su vida, en la cual derramaba su inteligencia, su alma entera. No estaba completa aún su inmortal concepción; pero el asunto quedaba expuesto y perfectamente diseñados los caracteres de los dos personajes principales, Fausto y Mefistófeles, creaciones ambas prodigiosas de su potente numen.
    El Doctor de la leyenda, toscamente esbozado por los piadosos autores que querían castigar en él las audacias de la ciencia descreída y del precoz libertinaje, conviértelo Goethe en tipo acabado de la humanidad soñadora y descontenta, con todas sus aspiraciones infinitas y todas sus flaquezas miserables. Cuantos hayan experimentado el cansancio de la vida y las ansias de lo imposible, cuantos hayan sufrido ¿y quién no los sufre alguna vez en estos tiempos?los tormentos de la fe perdida o vacilante, sentirán palpitar su alma en el alma de aquel Doctor, tan docto que no le acosaban ya escrúpulos ni dudas, que no temía al diablo ni al infierno, y sabía tanto que había perdido todos los encantos de la vida.
    Así, a lo que hay de eternamente humano en los anhelos irrealizables del Fausto tradicional, une Goethe lo peculiarmente característico de nuestra edad: el escepticismo. El Doctor de la leyenda era irreligioso, era impío; pero su alma vigorosa se entregaba con fe y ardimiento a los arcanos de la magia, a la alianza con l diablo, al goce de los ansiados placeres. El Doctor de Goethe no cree en Dios ni en el Diablo; no sabe qué pedirle a éste cuando le ofrece todas las felicidades de la vida y si por un instante pasa afanoso del deseo al goce, en el seno del goce ansía otra vez y echa de menos el deseo.
    Mefistófeles, el demonio vulgar, deforme y espantoso de la Edad media, conviértese también en la más extraña y original figura de la poesía moderna: Madame Staël, uno de los primeros escritores que dio a conocer el mundo latino aquel poema germánico, que aparecía entonces como un engendro caótico, engendrador del vértigo en el ánimo de los lectores (De l'Allemagne, por Madame Staël, parte II, cap. XXIII), decía de Mefistófeles que es el "Demonio civilizado". Ya nos había dicho ese mismo personaje infernal, hablando de sí propio en la cocina de la Bruja: "La civilización, que todo lo pule, llega al mismo Diablo: el fantasmón del Norte no está ya presentable. ¿Dónde ves cuernos, garras ni cola? En cuanto a mis patas de cabra, no puedo prescindir de ellas; pero me queda, como a los elegantes del día, el recurso de las pantorrillas postizas."
    No estriba, empero, la principal novedad del Diablo de Goethe en haberle quitado su aspecto horripilante y monstruoso para convertirlo en camarada jovial, decidor, casi amable; sino en la forma peculiar que en él reviste el espíritu del mal. Mefistófeles, demonio de segunda clase y de rango inferior, por lo demás, genio infernal a la menuda, destinado sin duda por Satán, a las empresas menos dificultosas lo cual no es muy lisonjero, en verdad, para los sabios presuntuosos como el pobre Doctor es, según él mismo nos dice,  el espíritu de negación: "Yo soy el Espíritu que lo niega todo." ¡Y cuán bien, la suprema ironía, uno de los caracteres predominantes en la inteligencia serena y reflexiva de Goethe, da vida diabólica a ese espíritu de negación! Mefistófeles es la sátira encarnada, sátira profunda y sangrienta unas veces, festiva y bufona otras. En el tremendo drama del Doctor Fausto representa a la vez el papel de traidor y el de gracioso: en ocasiones nos indigna y subleva como Yago, en ocasiones nos divierte y nos hace reír como Scapin; y al fin y al cabo, tenemos que convenir, con el Padre Eterno, en que a pesar de sus malignidades y astucias es el menos temible de los Espíritus infernales.
    ¿No se ve en todo esto la propensión a no tomar en serio la historia portentosa del Doctor Fausto? Goethe, hijo de la filosofía escéptica del siglo XVIII, espíritu crítico, y aunque religioso en el fondo, desligado de toda religión positiva, no podía admitir con piadosa sinceridad la leyenda inspirada por la fe viva de otros tiempos; apoderóse de ella como simbolismo adecuado a la expresión de su pensamiento, pero mofándose a veces de su propia fábula Hizo con la poesía religiosa de la Edad Media lo mismo que Ariosto con su poesía caballeresca; el autor del Fausto no creía en los ángeles ni en los diablos, en las brujas ni en los aquelarres, como el autor del Orlando furioso tampoco creía en los caballeros andantes ni en los castillos encantados: escribieron, no obstante, sobre esos temas dos obras que nunca morirán, y que quizá son más admirables por mezclarse en ellas las burlas con las veras.   

viernes, 14 de octubre de 2016

Siempre la lengua fue compañera del Imperio

 
Elio Antonio Martínez de Cala e Hinojosa, conocido por Antonio de Nebrija (1444-1522), estudió en Salamanca. Marchó a Italia para estudiar en Bolonia, y a su vuelta, en el año 1473, enseñó en Sevilla, Salamanca y Alcalá de Henares. Sus clases de retórica en la afamada Universidad de Salamanca provocaron numerosos enfrentamientos con algunos profesores que no compartían su método pedagógico ni su actitud académica. Al cabo, fiel a sus principios docentes, impartió la misma disciplina, retórica, en la no menos ilustre Universidad complutense.
 
La reina Isabel la Católica mandó a Nebrija en 1481 que tradujera al castellano sus Introdictiones latinae, manual para el aprendizaje del latín, para que las monjas, que no sabían tal lengua, pudieran aprenderla. Esta obra se convirtió en el núcleo de la nueva educación, que se apoyaba en el conocimiento del latín clásico, único camino para la lectura de los grandes escritores latinos.
    El latín y la elocuencia (eloquentia) eran la vía rectora hacia disciplinas como el derecho, la medicina o la teología. Como dice Nebrija a la reina católica en su dedicatoria de la traducción: "Todos los libros en que están escritas las artes digna de todo hombre libre yacen en tinieblas sepultados". Sólo el conocimiento del latín clásico permite leer las obras de los grandes maestros de todas las disciplinas de las letras antiguas y así llegar al "conocimiento de todas las artes que dicen de humanidad porque son propias del hombre en cuanto hombre".
    Quedaban relegadas las discusiones aparatosas de las escuelas de la baja Edad Media en torno a pormenores y asuntos de escasa o mínima importancia, y reorientada la exhibición de los métodos dialécticos; eran los bárbaros quienes disputaban sobre cuestiones ridículas, desde la órbita de los humanistas encabezados por Nebrija.
    Las Introducciones, desde su sencillez de método para aprender latín, se convirtieron en el inicio de una nueva era en la educación y, por tanto, en la cultura en España.
    El cardenal Cisneros, dada la reputación y conocimientos de Nebrija, le encargó en 1502 la revisión de los textos griego y latino de la Biblia políglota complutense.
 
La obra principal de Antonio de Nebrija son las Introductiones latinae, publicadas en 1481, texto didáctico que se considera el inicio del Renacimiento español.
    Destacan de igual modo sus diccionarios latino-español y español-latino, superiores a lo que existía en su tiempo.
    También escribió sobre teología (las Quincuagenas), derecho (el Lexicon iuris ciuilis), arqueología (Antigüedades de España) y pedagogía (De liberis educandis), entre otras materias.
    Y, por supuesto, su obra pionera y sistemática, fundamento para el estudio del entonces castellano y luego español, modelo por su significado y trascendencia en la historia universal, es El Arte de lengua castellana (Gramática de la lengua castellana), la primera gramática impresa de un idioma vulgar.
 
Antonio de Nebrija es un personaje central en el pensamiento y la lingüística, y un educador del Renacimiento español. A través de sus libros y de sus discípulos difundió en la España de finales del siglo XV las maneras del humanismo italiano alcanzando un grado intelectual precursor, igual que Juan Luis Vives, en la naciente España a la modernidad y el imperio.
 
El final de la Reconquista vino acompañado por la expansión del idioma de los vencedores. Fue en ese contexto de primacía, asentamiento y proyección cuando, en 1492, Antonio de Nebrija escribió su Gramática castellana.
    Nebrija concebía la lengua como un instrumento del imperio, al estilo de como lo había sido el griego y luego, sobre todo, el latín, y la gramática como la base de la ciencia. En la introducción a su Gramática, fechada el 18 de agosto de 1492, escribió que "la lengua fue siempre compañera del imperio". En esa época de triunfo y expansión para España, gobernada por los Reyes Católicos, el padre Las Casas expresó con grandilocuencia el deseo de los monarcas de "abrir las puertas de la geografía".
    Se abrían las puertas de la geografía y las del espíritu y del acceso a la cultura con la gramática castellana.
    La Gramática de la lengua castellana de Nebrija fue pronto reconocida e imitada en toda Europa, portada por los españoles y los embajadores de las naciones en tratos o disputas, y, además, ideó e impulsó el derecho de los escritores a cobrar por sus trabajos.
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Expone el historiador de la lengua española Rafael Lapesa, al referirse a la tarea abarcada por Antonio de Nebrija en su libro Historia de la lengua española, que el proceso lingüístico de unificación y expansión coincidía con el afortunado momento histórico en que las energías hasta entonces dispersas se congregaban para fructificar en grandiosas empresas nacionales. En agosto de 1492, meses después de la rendición de Granada y estando en viaje las naves de Colón, salía de la imprenta la Gramática castellana de Antonio de Nebrija. El concepto de "artificio" o "arte", esto es, regulación gramatical, estaba reservado a la enseñanza de las lenguas cultas, esto es, latín y griego: era una novedad aplicarlo a la lengua vulgar pues se creía que, aprendida de los labios maternos, bastaban la práctica y el buen sentido para hablarla debidamente.
    Es cierto que, limitándonos a las lenguas romances, había habido Donatos provenzales, y que desde fines del siglo XIII el uso del francés en la corte inglesa había hecho necesario el empleo de manuales para que los anglosajones aprendieran algo de la pronunciación, grafía, elementos gramaticales y léxico franceses. Pero estos tratados rudimentarios no se pueden comparar con el de Nebrija, infinitamente superior a ellos en valor científico y en alteza de miras.
    Pertrechado de sólidos conocimientos humanísticos, Nebrija los aprovecha para desentrañar el funcionamiento de nuestro idioma; su clarividencia le hace observar los rasgos en que el castellano difiere del latín, y así son pocas las ocasiones en que le atribuye clasificaciones o accidentes inadecuados. Gusta de aplicar a la terminología gramatical palabras netamente castellanas, como dudoso y mezclado por ‘ambiguo' y ‘epiceno', passado, venidero, acabado, no acabado, más que acabado por ‘pretérito', ‘futuro', ‘perfecto', ‘imperfecto' y ‘pluscuamperfecto', partezilla ‘partícula', etc. Reprueba el latinismo forzado, y su comedimiento es parejo de su agudeza. Acierto singular es el de unir el estudio gramatical con el de la métrica y las figuras retóricas, como si entreviera la indisoluble unidad, predicada por la estilística y estructuralismo actuales, del lenguaje y la creación literaria.
    En cuanto a los propósitos de Nebrija expuestos en el memorable prólogo que dirigió a la reina, fue el primero en fijar normas para dar consistencia al idioma, a fin de que "lo que agora i de aquí adelante en él se escribiere, pueda quedar en un tenor i estenderse por toda la duración de los tiempos que están por venir, como vemos que se ha hecho en la lengua griega y latina, las cuales, por aver estado debaxo de arte, aunque sobre ellas han passado muchos siglos, todavía quedan en una uniformidad": afán de perpetuidad, netamente renacentista. En segundo lugar, el saber gramatical de la lengua vulgar facilitaría el aprendizaje del latín. Finalmente, la exaltación nacional que ardía en aquel momento supremo convenció a Nebrija de que "siempre la lengua fue compañera del imperio", por lo que añade: "El tercer provecho deste mi trabajo puede ser aquel que, cuando en Salamanca di la muestra de aquesta obra a vuestra real Majestad e me preguntó que para qué podía aprovechar, el mui reverendo padre Obispo de Ávila me arrebató la respuesta; e respondiendo por mí dixo que después que vuestra Alteça metiesse debaxo de su iugo muchos pueblos bárbaros e naciones de peregrinas lenguas, e con el vencimiento aquéllos tenían necessidad de reçebir las leies quel vencedor pone al vencido, e con ellas nuestra lengua, entonces por esta mi Arte podrían venir en el conocimiento della, como agora nosotros deprendemos el arte de la gramática latina para deprender el latín".
    Estos presentimientos se convirtieron pronto en realidad: el descubrimiento de América abrió mundos inmensos para la extensión de la lengua castellana. Un Diccionario latino-castellano y castellano-latino y una Ortografía completan la obra romance de Nebrija.
    Error suyo fue creer que el español se encontraba "tanto en la cumbre, que más se puede temer el descendimiento que esperar la subida". La espléndida floración literaria del Siglo de Oro se encargó de desmentirlo.
    Este es el comentario íntegro y literal del profesor Lapesa que antecede en este artículo al prólogo, también íntegro y literal (adaptados el léxico y la grafía, sin pretender desvirtuar el contenido cual fue promulgado este documento histórico, para la mejor comprensión de quien lo lea), que dedicó Nebrija a la reina Isabel la Católica, patrocinadora de la magna obra y persona de elevada categoría intelectual.

Prólogo de la obra Gramática de la lengua castellana que su autor, Antonio de Nebrija, destinó a la reina Isabel la Católica
A la muy alta y esclarecida princesa Doña Isabel la tercera de este nombre Reina y Señora natural de España y las islas de nuestro mar. Comienza la gramática que nuevamente hizo el maestro Antonio de Lebrija sobre la lengua castellana, y pone primero el prólogo.
    Léelo en buen hora.
    Cuando pienso, muy esclarecida Reina, y pongo delante de los ojos la antigüedad de todas las cosas que para nuestra recordación y memoria quedaron escritas, una cosa hallo y doy por muy cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio, y de tal manera lo siguió que juntamente comenzaron, crecieron y florecieron y después junta fue la caída de entrambos.
Y vistas ahora las cosas más antiguas, de las que apenas tenemos una imagen y sombra de la verdad, cuales son las de los asirios, indos, fenicios y egipcios, en los cuales se podría probar lo que digo, vengo a las más frescas: a aquellas especialmente de que tenemos mayor certidumbre y primero a las de los judíos.
    El caso es que muy ligeramente se puede averiguar que la lengua hebraica tuvo su niñez, en la cual apenas pudo hablar. Y llamo yo ahora su primera niñez todo aquel tiempo que los judíos estuvieron en tierra de Egipto. Porque es cosa verdadera o muy cercana a la verdad, que los patriarcas hablarían en aquella lengua que trajo Abraham de tierra de los caldeos, que una vez en Egipto perdería algo de aquélla y mezclarían algo de la egipcia. Mas después que salieron de Egipto y comenzaron a hacer por sí mismos grupo humano, poco a poco apartarían su lengua cogida de la caldea y de la egipcia, en la que ellos se comunicaban por ser apartados en religión de los bárbaros en cuya tierra moraban.
    Allí comenzó a florecer la lengua hebraica en el tiempo de Moisés, el cual después de enseñado en la filosofía y letras de los sabios de Egipto y mereció hablar con Dios y comunicar las cosas de su pueblo, fue el primero que osó escribir las antigüedades de los indios y dar inicio a la lengua hebraica. La cual de allí en adelante sin ninguna contención nunca estuvo tan empinada cual en la edad de Salomón., el cual se interpreta pacífico porque en su tiempo con la monarquía floreció la paz criadora de todas las buenas artes. Pero en cuanto se fue desmembrando el Reino de los judíos a la vez se comenzó a perder la lengua, hasta llegar al estado en que ahora la vemos perdida, que de cuantos judíos escuché ninguno sabe dar más razón de la lengua y de su ley, de cómo perdieron su reino y del ungido que en vano esperan.
    Tuvo así mismo la lengua griega su niñez, y comenzó a mostrar su fuerza poco antes de la guerra de Troya, al tiempo que florecieron en la música y poesía con Orfeo y Anfión, y poco después de la destrucción de Troya aparecieron Homero y Hesíodo. Y allí creció aquella lengua hasta la monarquía de del gran Alejandro, en cuya época se sucedieron los poetas, oradores y filósofos que colmaron la lengua y todas las artes y las ciencias.
    Mas después que comenzaran a desvincularse los Reinos y repúblicas de Grecia y los romanos se adueñaron de ella, entonces comenzó a desvanecerse la lengua griega y a emerger la latina. Sobre la que podemos decir otro tanto, que fue su niñez con el nacimiento y población de Roma y comenzó a florecer casi quinientos años más tarde de ese inicio, al tiempo que Livio Andrónico publicó su primera obra en versos latinos. Y allí creció hasta la monarquía de Augusto César, en la que, como dice el apóstol, vino a cumplirse el tiempo en que envío Dios a su hijo unigénito y nació el salvador del mundo.
    En aquella paz de la que habían hablado los profetas, y fue significada en Salomón, de la cual en su nacimiento cantan Gloria en las alturas a Dios y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Entonces fue aquella multitud de poetas y oradores que enviaron a los siglos el legado y los deleites de la lengua latina: Tulio, Lucrecio, Horacio, Virgilio, Ovidio, y todos los que les siguieron hasta la época de Antonino Pío. Allí comenzó a declinar el imperio de los romanos y, a la vez, a caducar la lengua latina, hasta lo que hemos recibido de nuestros padres. Cierto que cotejaba con la de aquellos tiempos pero poco más tenemos que hacer con ella como con la arábiga.
    Lo que hemos explicado de las lenguas hebraica, griega y latina podemos claramente mostrar en la castellana, que tuvo su niñez en el tiempo de los jueces y Reyes de Castilla y de León, y comenzó a mostrar su fuerza en tiempo del muy esclarecido y digno por toda la eternidad Rey Don Alfonso el Sabio. Por mandato de él se redactaron las Siete partidas, la Historia general y fueron traducidos muchos libros de latín y griego a nuestra lengua castellana. La cual se extendió después hasta Aragón y Navarra y de allí a Italia siguiendo la compañía de los Infantes que enviamos a imperar en aquellos Reinos. Y desde entonces ha crecido hasta la monarquía y paz de que gozamos primero por la bondad y providencia divina, después por la industria, trabajo e inteligencia de vuestra real majestad.
    En la fortuna y buena dicha de la que los miembros y partes de España que estaban derramados por doquier se unieron en un cuerpo y unidad de reino, de forma que a través de esta unidad y orden no será rota ni desatada por muchos siglos. Así que después de recuperar la cristiana religión, volvemos a ser amigos de Dios y reconciliados con él, después de vencer a los enemigos por la fuerza de las armas, después de la justicia y ejecución de las leyes que nos unen y hacen vivir en igualdad en esta gran compañía que llamamos Reino o república de Castilla, no queda sino que florezcan las artes y la paz. Entre las primeras esté aquella que nos enseña la lengua, la cual nos aparta de todos los otros animales y es propia del hombre, y en orden la primera después de la contemplación, que es oficio propio del entendimiento.
    La lengua hasta nuestra edad anduvo suelta y fuera de regla, y por esta causa ha recibido en pocos siglos muchas mudanzas. Si la cotejamos con la que escuchábamos hace quinientos años hallaremos tanta diferencia y diversidad como si se tratara de dos lenguas. Y porque mi pensamiento y deseos siempre fueron los de engrandecer las cosas de nuestra nación y dar a los hombres de mi lengua obras en que mejor pueda emplear su ocio, que ahora lo gastan en leer novelas e historias envueltas en mil mentiras y errores, se requiere ante todo el reducir el artificio en nuestro lenguaje castellano. Para que lo que ahora y en adelante en él se escriba pueda quedar en un tenor y entenderse en toda la duración de los tiempos que están por venir. Como vemos que se ha hecho en la lengua griega y latina, las cuales por haber sido consideradas arte, aunque sobre ellas han pasado muchos siglos, todavía permanecen uniformes.
    Por qué otro tanto no se hace con nuestra lengua. En vano vuestros cronistas e historiadores escriben y encomiendan a la inmortalidad la memoria de vuestros loables hechos, y nosotros tentamos de pasar en castellano las cosas peregrinas y extrañas lo que no puede ser sino negocio de pocos años. Y son necesarias una o dos cosas: o que la memoria de vuestras hazañas perezca con la lengua o que peregrine por las naciones extranjeras al no tener patria en la que morar.
    Yo quiero poner la primera piedra y hacer en nuestra lengua lo que hicieron Zenódoto en la griega y Crates en la latina. Pues aunque ellos fueron vencidos por los que después de ellos escribieron, fue aquella su gloria y será la nuestra la de ser los primeros inventores de obra tan necesaria, lo que procede en tiempo oportuno como el presente. Por estar nuestra lengua tan en la cumbre que más se puede temer su declive que esperar su ascenso. Y continuar con otro propósito no menor, que es el de que los hombres de nuestra lengua puedan estudiar la gramática del latín. Porque después que sientan bien el arte del castellano, lo que no será muy difícil porque es su propia lengua, cuando pasarán al latín y será cosa ligera, disponiendo de aquel arte de la gramática que me mandó preparar vuestra alteza contraponiendo línea por línea el romance al latín.
    Con esta manera de enseñar no sería un prodigio saber la gramática latina no digo en pocos meses sino en pocos días. El tercer provecho de este mi trabajo pude ser el de que cuando en Salamanca di la muestra de esta obra a vuestra real majestad y me pregunto que para que podía aprovechar, el muy reverendo padre obispo de Ávila me arrebató la respuesta, y respondiendo por mí dijo que una vez vuestra alteza metiese bajo su yugo a muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y dada su derrota la necesidad que tendrían de recibir las leyes que el vencedor pone al vencido, con ellas se pondrá nuestra lengua. Entonces, por esta mi arte, podrían venir en el conocimiento de ella como ahora nosotros aprendemos el arte de la gramática latina para aprender el latín. Y cierto es que no solamente los enemigos de nuestra fe tienen la necesidad de saber el lenguaje castellano, también los vizcaínos, navarros, franceses, italianos y todos los demás que tienen algún trato y conversación en España y necesidad de nuestra lengua: si no vienen desde niños a aprenderla podrán hacerlo luego a través de mi obra.
    En suma, con modestia, acatamiento y temor he querido dedicar a vuestra real majestad lo que Marco Terencio Varrón intituló a Marco Tulio Cicerón sus orígenes de la lengua latina que [...] intituló a Publio Virgilio Marón poeta sus libros del acento, como el papa Dámaso a San Jerónimo o como Paulo Orosio a San Agustín sus libros de historia. Y como otros muchos autores que dirigieron sus trabajos y desvelos a personas doctas en las materias que escribían. Y no para enseñarles algo que ellos no supieran sino por testificar el ánimo y la voluntad que les movían y porque de su autoridad se consiguiese el favor para sus obras.
    Y así, después que yo haya deliberado sobre el riesgo de la opinión que muchos de mí tienen, sale la novedad de esta mi obra de la sombra y tinieblas escolásticas a la luz de vuestra corte. A nadie más justamente pude consagrar mi trabajo que a aquella en cuyas manos y poder también está el momento de la lengua y el arbitrio de todas nuestras cosas.

Antonio de Nebrija

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Artículos complementarios

    Estudios y tratados sobre la lengua española

    Una lengua universal

    Lo que el mundo debe a España

lunes, 10 de octubre de 2016

Certeras impresiones

 
En un abrir y cerrar de ojos concluyen las glorias terrenales.
    ¿Quién autoriza la frase?¿Quiénes son sus padrinos? El nombre de los avalistas poco importa cuando la experiencia emite su diáfano veredicto. Además. Las preguntas aquí escritas y las que surgen formuladas por la ciencia o el miedo, casan con la única respuesta cortejada: Ha llegado la certeza.
    Esta época me da vida, dice la muerte.


Juan Valdés Leal: El triunfo de la muerte (In ictu oculi, 1672).

 

Juan Valdés Leal: Finis gloria mundi (1672).

 
Vanidosa, sarcástica, presente y omnímoda, la muerte goza de viva memoria y de una curiosidad inquisitiva. Es previsora, discreta, incluso sobria hasta la entrañable modestia, en el aspecto; viaja con equipaje de mano a la sombra del mundo y observa antes de hacer acto de presencia al final del trayecto.
   La balanza en equilibrio es señal de paz: ni más en contra, ni menos a favor. Ahora ya es cosa de tiempo que el recuerdo nos añore.

viernes, 7 de octubre de 2016

En la calle del Turco

 
Al salir de las Cortes para dirigirse a su residencia oficial en el palacio de Buenavista la tarde noche del 27 de diciembre de 1870, algunas voces tan precavidas como temerosas de lo que pudiera acontecer, previa y sibilinamente anunciado, dijeron a Juan Prim, presidente del Consejo: "No salga usted de casa, que le quieren herir".
    Minutos después, coordinada la actuación, le dispararon a bocajarro.
    Profundamente caló en el alma popular aquel ignominioso asesinato perpetrado la noche del 27 de diciembre de 1870, en la calle del Turco, hoy Marqués de Cubas, que inauguraba la serie de asesinatos de presidentes del Gobierno de España.
 
Resumen de los antecedentes
Salió elegido Amadeo I de Saboya, duque de Aosta, el 16 de noviembre de 1870, candidato favorito de Juan Prim y de los diputados españoles por inmensa mayoría; por lo que desde ese momento los partidos opuestos a esta candidatura, básicamente republicanos y alfonsinos, se aprestaron a luchar contra ella, incluso antes de su efectiva proclamación, en la persona del general Prim.
    Como aviso de los futuros acontecimientos, el periódico La Federación Española publicaba el 13 de diciembre: "Circulan rumores alarmantes de nuevos y más grades atentados por cierta agrupación de hombres de todos conocida".
    Pero el gobierno presidido por Juan Prim, de manera equivocada, restó importancia a las amenazas y a las advertencias. Mientras tanto había salido una comisión de las Cortes Constituyentes para ofrecer la corona de España a don Amadeo de Saboya y traerlo a España. Las Cortes reanudaron sus tareas el 15 de diciembre, y desde entonces se vio que los contrarios, despechados con el desenlace político de la nueva monarquía, intentaban poner obstáculos a la próxima llegada del nuevo rey. Pero el general Prim impuso su criterio a la soliviantada oposición, la cual puede juzgarse por lo que lanzaba El Combate al grito de ¡viva la república federal!, el 25 de diciembre, con la dirección de José Paúl y Angulo, y bajo la redacción de Ramón Cala, José Guisasola, Francisco Córdoba López, Francisco Rispa y Perpiñá y Federico Carlos Beltrán.
    Así se expresaba dicho periódico:
"Cuando la violencia y la fuerza son las únicas armas de un gobierno usurpador, los defensores de los derechos del hombre y de las libertades patrias deben cambiar la pluma por el fusil y repeler la fuerza con la fuerza.
    "Una mayoría constituyente facciosa, prostituida y encenagada hasta la hediondez más repugnante, votó en la madrugada de ayer su deshonra y la de la nación española, maniatando traidoramente su soberanía a la espuela del dictador Don Juan Prim. El golpe de Estado es ya un hecho; es la declaración de guerra proclamada parlamentariamente por un gobierno usurpador, que cínica e impúdicamente conculca la ley, pisotea el derecho, arrastra la libertad y barrena la Constitución.
    "El Combate cree haber representado en el corto periodo de su publicación las ideas, los sentimientos y la voluntad del pueblo, una vez más arteramente herido y vilmente engañado; que no en balde tiene declarada en sus columnas guerra sin cuartel al traidor Prim, a sus Cortes constituyentes, cómplices de un crimen nacional, y a ese dios terrenal asalariado, a ese tirano extranjero que se llama duque de Aosta.
    "Ciudadanos españoles: la patria está en peligro. Cuando el tirano extranjero coloque su inmunda planta en tierra española, que esta afrenta sea para todos la señal de exclamar con el coraje de los pueblos ultrajados: ¡Al combate! ¡Abajo lo existente! ¡Viva el ejército español horado! ¡Viva la soberanía nacional! ¡Viva la revolución!"
    Esto se publicaba el 25 de diciembre; y el 27 por la tarde se materializó el atentado a Juan Prim.
    No por casualidad, ese domingo 25 de diciembre de 1870, José Paúl y Angulo (que fue considerado uno de los autores del magnicidio) daba por terminada la vida de su periódico con el ejemplar número 54, de una sola hoja en vez de las cuatro habituales e impresa por una sola cara. Contenía un Llamamiento al pueblo español, ya extractado, y una nota A los republicanos de Madrid, con el siguiente texto:
"Necesario es todavía marcar en la hora oportuna el momento mismo de la lucha armada.
    "El partido republicano de Madrid iniciará o secundará, según convenga, el movimiento revolucionario que, al grito de ¡ABAJO LO EXISTENTE! ¡ATRÁS EL EXTRANJERO! Concluya con la farsa indigna que nos empobrece y nos deshonra.
    "Los hombres de EL COMBATE recomiendan a sus correligionarios de Madrid tanta subordinación como energía, y se reservan prevenirles en la última hora."
    Había algo preparado de extraordinaria entidad contra Juan Prim, planeado por grupos ideológicamente dispares pero coincidentes en sus objetivos e inquina contra el general; aunque años después, en su acomodo de París finiquitada tiempo ha el esperpento, tragicómica experiencia de la I República, y su periplo americano de escape principalmente en Perú, José Paúl y Angulo (José Paul y Angulo según las fuentes), que tan vehemente se manifestara en las páginas de su periódico y en los ambientes enemigos de Prim, declarara su desconcierto por el atentado, además de la imparcialidad y delicadeza de los republicanos en las objeciones a la persona y la obra de Prim: "Los republicanos no perturbamos el orden; como que el asesinato de Prim fue para nosotros la más grande de las sorpresas".
    No obstante esta declaración exculpatoria, en la que el asombro viste de sarcasmo, José Paúl y Angulo ha sido, y es, considerado el ejecutor material del asesinato al frente de un grupo de nueve republicanos, contando con la complicidad del coronel Solís y Campuzano, ayudante del duque de Montpensier, cuñado de Isabel II, candidato al trono de España, quien sería en última instancia instigador del mismo.
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El relato de los hechos en el siglo XIX
Síntesis de varias fuentes.
 
Al retirarse el general Prim del Congreso terminada la sesión de aquella tarde fue asaltado su coche en la calle del Turco por varios asesinos que estaban ocultos en dos berlinas de plaza situadas en la misma calle, en opuesta dirección y casi juntas como para impedir el paso al coche que conducía al general.
    Los asesinos dispararon ocho tiros apuntando a quemarropa al general Prim y sus ayudantes Sr. Moya y Sr. González Nandín. El general Prim fue herido de dos balazos en el antebrazo izquierdo y en la mano derecha, de la cual hubo necesidad de amputarle un dedo.
    En los primeros momentos se dijo que la herida era leve; pero pronto se supo por todo Madrid la dimensión del suceso criminal. En efecto, después de dos días de mortal ansiedad, el caudillo de los Castillejos, dominado por una congestión irresistible, sucumbió a las cinco y cuarenta y cinco minutos de la tarde del 30 de diciembre, víctima de los partidos, y fundador de una dinastía nueva que pasó como un relámpago.
    Juan Prim fue depositado en la Basílica de Atocha, y allí le visitó el nuevo monarca que con tan tristes y siniestros auspicios entraba en España.
 
El relato de los hechos en el siglo XX
Investigación de Eduardo Comín Colomer, historiador de la Policía.
 
Aquella noche del 27 de diciembre de 1870, Juan Prim y Prats, grado 33 de la Masonería, hermano Washington y capitán de Guardias del Supremo Consejo del Grado 33 entonces correspondiente a la segunda jerarquía de tal sociedad secreta iba a acudir al ágape fraternal que el Grande Oriente celebraba en la fonda Las Cuatro Naciones, en la madrileña calle del Arenal. Desde el Congreso había previsto desplazarse al citado lugar de encuentro, pero necesitado a última hora de atender un asunto en el palacio de Buenavista, su residencia oficial como presidente de Consejo y también sede del Ministerio de la Guerra, decidió presentarse en la fonda sólo para el brindis. Así lo avisó a los hermanos de logia por mediación de su amigo Ricardo Muñiz; una de las personas de su confianza que le había advertido de las amenazas que pendían sobre él y que también se gestaban en las filas republicanas de las Cortes cuyo dirigente y portavoz más acentuado era el periodista José Paúl y Angulo, director del periódico El Combate, otrora amigo de Prim y hoy su mayor enemigo declarado.
    En la calle de Floridablanca esperaba el cupé, coche de caballos, del presidente del Consejo. Subió al vehículo Prim con Sagasta, hermano Paz y Herreros de Tejada; quienes al poco trecho se despidieron del general para acudir al banquete masónico del solsticio de invierno. Al abandonar el carruaje ambos políticos es cuando montaron los ayudantes del general Prim señores Moya y González Nandín. Diversos historiadores aseguran que a partir de aquel instante, desaparecidos de la escena Sagasta y Herreros de Tejada, comenzó a funcionar lo que Roque Barcia, político del Partido Republicano Federal y uno de los máximos impulsores de la rebelión cantonal durante la I República (iniciativa de la que posteriormente abjuró), llamó "telégrafo fosfórico". Escribió al respecto: "Un hombre encapado, que estaba en la acera de enfrente, enciende un fósforo. Otro hombre encapado que estaba en la esquina del mismo palacio del Congreso, por la calle del Sordo (hoy de Zorrilla), enciende en el acto otra cerilla. La misma operación ejecuta otro encapado que vigilaba en la embocadura de la calle del Turco (hoy Marqués de Cubas).
    Llegó el coche a las proximidades de la calle de Alcalá y allí un vehículo le interceptó el paso. El ayudante Sr. Moya, atisbando por la ventanilla, exclamó: "¡Mi general, nos hacen fuego!" En ese instante, según reseña de La Federación Española, en su número del 6 de enero de 1871, uno de los asaltantes "se aproximó al coche, rompió el cristal con la boca de su trabuco y exclamó a media voz: Prepárate, vas a morir."
    Otro grupo, en el costado opuesto, realizó la misma acción. Consumado el atentado los asesinos desaparecieron como fantasmas, con el único vestigio de su presencia en una huella de mano con resto chamuscado del fogonazo del arma disparada en la pared donde quiso limpiarse. Tras las descargas simultáneas, los ejecutores oyeron la voz de Prim, lo que les indujo a creer que habían marrado en su propósito y a que desistieran del previsto movimiento insurreccional cometido el acto criminal los cómplices que aguardaban en la plaza de la Cebada la confirmación de la muerte. Otros grupos implicados en el mismo magnicidio aguardaban en la plaza de Santo Domingo una señal que se dio para lanzarse a la revuelta con agitación y propaganda a la vista pública.
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Acto seguido del suceso criminal comenzaron los interrogantes, y las acusaciones. Fue señalada la Ronda secreta policial, es decir, los policías de vigilancia en los trayectos efectuados por el presidente del Consejo, que el día de autos dejaron expedita de cuerpo de seguridad la ruta a los asaltantes; señalado el diputado periodista José Paúl y Angulo, por sus escritos y declaraciones contra la figura de Prim; señalado y procesado por el juez Francisco García Franco el secretario del duque de Montpensier, Felipe Solís, a quien se halló en el registro de su domicilio "una comprometedora Memoria, escrita de su puño y letra, más tarde desaparecida de los autos"; por supuesto los detenidos, algunos de los cuales, reclutados en La Rioja para la comisión del crimen, declararon que "se les había asegurado que tan luego como se perpetrase, todas las tropas de la guarnición proclamarían a Montpensier rey de España"; también recibió señalamiento el propio juez instructor, García Franco, quien no llegó a tomar declaración al general, pese a que éste sobrevivió varios días al atentado, alegando en su descargo que no quería agravarle la salud con un interrogatorio y otras razones coincidentes con el argumento principal que, al cabo del tiempo, pasados unos años, dieron pie en 1885 a un comentario en el diario Fígaro de París del siguiente tenor: "La circunstancia de haber esperado este juez [Francisco García Franco] tantos años para dar estas explicaciones [excusas], indicio es también de que halló para hacerlo antes algún temor que le detuvo".
    Las sospechas sobre Antonio María de Orleans, duque de Montpensier (hijo y nieto de masones, quizá también lo fuera él), como instigador del atentado aumentaron, toda vez que Juan Prim había sido el mayor contradictor de su candidatura; por cierto, mínimamente secundada por el voto presente.  Tesis que sostienen investigadores del atentado como Antonio Pedrol Rius y Javier Rubio.
    Cuando Amadeo de Saboya visitó a la viuda del general Prim, Francisca Agüero González, le garantizó que buscaría a los asesinos por todos los medios para hacerles pagar su delito. A lo que la viuda respondió: "Pues no tendrá V. M. que buscar mucho a su alrededor".
    Las sospechas por el asesinato alcanzaron al general Francisco Serrano, duque de la Torre, regente del Reino. Al respecto de su posible participación se dijo: "El sereno o vigilante que prestaba servicio en la calle del Turco, salía, a la hora en que se cometió el crimen, de una taberna de la misma calle, y después de las detonaciones vio correr a cuatro embozados que se escondieron en el palacio que hoy ocupa la Presidencia del Consejo de Ministros, en donde, como es sabido, habitaba el Regente".
    Algunos de los detenidos como partícipes en el atentado murieron repentinamente, como Paúl y Angulo, o de forma misteriosa, los personajes de menor talla política.
    La realidad es que no hubo un interés verdadero por esclarecer los hechos.


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Lo que pudo demostrarse del atentado contra el general Prim
Traslación del estudio realizado por el investigador Eduardo Comín Colomer.
 
Con quienes por uno u otro concepto estuvieron involucrados en el atentado del presidente del Consejo, Juan José Rodríguez López elaboró una tesis por entregas, "por hojas", bajo el título Asesinato del General Prim, editada en Zaragoza entre el 21 de marzo y el 15 de octubre de 1886, compuesta por 29 números con un total de 250 páginas.
    Juan José Rodríguez López, el autor del citado amplio y detallado testimonio, estuvo procesado y fue encarcelado, acusado de participar en una acción contra la vida de Juan Prim, y cuyas denuncias se produjeron los días 14 y 16 de noviembre de 1870. Por ese motivo criminal mantuvo una estrecha relación con Felipe Solís y Campuzano, ayudante del duque de Montpensier, quien le comisionó personalmente para realizar el atentado. Sometidos a careo Rodríguez y Solís, este último negó cualquier clase de concomitancias entre ellos.
    Rodríguez López fue trasladado desde la cárcel del Saladero, situada en la madrileña plaza de Santa Bárbara a una prisión militar, para después retornar al Saladero. Sufrió dos intentos de envenenamiento: el primero por disolución de fósforos en el botijo del agua, el otro con dos pasteles que le habían sido regalados y que iba a compartir.
    De las múltiples actuaciones judiciales efectuadas tras el atentado, quedaron claramente definidos tres núcleos de complotados. El que comenzó el acuerdo mediante una reunión celebrada en la ciudad de Bayona en febrero de 1870 con Juan López (nombre de guerra de Juan José Rodríguez López), Enrique Sestrada y su cuñado Pedro Acevedo. Este trío constituyó una célula de actuación denominada La Internacional, al servicio del duque de Montpensier. Valga un inciso en el relato: téngase en cuenta que el almirante Topete estuvo dispuesto a proclamar reina de España a la infanta doña Luisa Fernanda, esposa del duque de Montpensier; probablemente así hubiera ocurrido de haber embarcado a tiempo el general Serrano, pero como fue el general Prim quien llegó antes, el recibimiento ofrecido a él por la oficialidad y marinería de la fragata Zaragoza no permitió otra interpretación que la del manifiesto de ¡Viva España con honra! (que se expone al final del artículo). También se dijo que el duque de Montpensier participó en la trama criminal con ideas y dinero y ánimo de reponer en el trono a Isabel II. A este núcleo inicial de activistas pronto se adhieren nuevos elementos, distribuidos en un grupo de riojanos y otro de valencianos; de los primeros aparecía como jefe José López con Ruperto Merino, Martín Anedo y Esteban Sáez, en tanto que los segundos estaban comandados por Sostrada con Acevedo, Genovés y Tomás García Lafuente. Éste denunció al resto por la recompensa de cincuenta mil duros a los ejecutores del crimen.
    La segunda fracción de aspirantes a magnicidas tenía como cabeza visible a José Paúl y Angulo, director propietario del periódico El Combate, que había liquidado buena parte de su patrimonio financiando complotes dirigidos en su momento por Juan Prim, del que era gran amigo; Adrián Ubillos, Francisco Huertas, Ramón Armella, Montesinos y Ángel González Guerrero eran componentes de la cuadrilla.
    La tercera fracción la mandaba José María Pastor, responsable de Orden Público de Madrid, y con él figuraban el ya citado Ángel González Guerrero, guarda de El Pardo, Pascual García Mille, Porcel y Joaquín Fenellosa.
    En la hoja del domingo 23 de marzo de 1886, primera de la publicación, se lee:
"A Pascual García Mille le sacó del presidio de Ceuta Joaquín Fenellosa y Segura, casado en Valdepeñas, cuñado del genera don Pascual Gaminde, con el objeto de preparar una conspiración carlista.
    "Aprehendidos en Ceuta estuvieron en varias cárceles, ingresándoseles en la baja de Granada, donde en lugar de desertores de presidios se hicieron pasar por presos carlistas. Les acompañaban "los fugados de Ceuta: Pantaleón Polo y Cervera, escribiente del ayudante del presidio; José Grané, escribiente del furrielato; y Andrés Bailón, consorte de la Bernaola.
    "El conocimiento y relaciones de García Mille con José María Pastor se dice que fueron a consecuencia de haber sido preso el primero y conducido al Gobierno Civil de la provincia, e influyendo con el inspector de Orden Público don Juan Figuerolas, alias Duende, para que lo pusiesen en libertad, como así lo hicieron.
    "José María Pastor, como jefe de todos los sujetos referidos (se incluye a Porcel y Manuel García García), les propuso toda clase de fechorías non sanctas y entre ellas la del asesinato del excelentísimo señor don Juan Prim pero, a pesar de que Pastor les daba seguridades de que, según le había dicho cierto Marqués y Duque, les indultarían de sus penas, hubo quien no quiso tomar parte en el asesinato."
 
Por otra parte, que ha de ser contemplada, Juan José Rodríguez López había actuado también por cuenta de Prim en París, poco antes del verano de 1870. Esto es lo que explica en su testimonio por entregas:
"La misión mía en París en aquella época era la de cumplir fiel y exactamente al lado de la embajada española, que tan dignamente desempeñaba don Salustiano Olózaga, las órdenes y misión que de toda confianza me había confiado el malogrado general Prim; y como quiera que en esas órdenes y en esa misión entraba la necesidad de saber cuánto se tramaba allende los Pirineos contra el gobierno provisional de la revolución de 1868, he aquí demostrados la clase de trabajos en que me ocupaba, pudiendo, desde luego, sacar por ellos la consecuencia inmediata de los tratos y contratos que, referentes al asesinato del general Prim puede tener con los que, interesados en ocupar el trono de España (como le sucedía al excelentísimo señor duque de Montpensier) les interesaba también, y entraba en sus planes, la desaparición del general Prim, único que podía contrariárselos."
    Rodríguez López detalla los numerosos cambios de domicilio a los que José María Pastor sometió a Pascual García Mille, Antonio Roca y Juan Fenellosa Segura, a los pocos días de verificado el magnicidio, así como de los diversos delitos cometidos por la banda y hasta de las heridas que sufrió García Mille en tiroteo con sus compinches al oponerse que cierto robo planeado terminara con el asesinato de la víctima de la depredación. Asimismo aporta una relación de individuos conforme resultaba del proceso:
Pascual García Mille, que cumplía dos cadenas perpetuas, Joaquín Fenellosa y Segura, cumpliendo la pena de cadena perpetua, igual que Pantaleón Polo y Cervera, José Grané, Andrés Bailón, José Barreras Esteller, Antonio García. Joaquín Lafuente, Pedro Núñez, Julián Sen y Ramón Cervera, cumpliendo cadena perpetua y a quien se atribuía la muerte de los Solas de San Roque. Todos estos sacados del presidio de Ceuta para asesinar al general Prim y para otras fechorías previas y posteriores.
    Los que contribuyeron a sacarlos y a cuyas órdenes estuvieron hasta después de la muerte de Prim fueron José María Pastor, jefe de la ronda secreta del general Serrano, duque de la Torre, Rafael Porcel y Blanca, jefe de bandidos y José Roca, también bandolero y al mando de una partida.
    Los que fueron presos como implicados en el asesinato eran Roque Barcia, Ramón de Cala, Francisco Córdoba López, Manuel Rodríguez (el cochero que se atravesó en la calle del Turco y que conducía a algunos de los asesinos), García del Campo, José María Pastor (jefe de la ronda secreta del general Serrano), Jaime Alsina, Cipriano González, Rafael Porcel y Blanca, José Roca, Mariano González, Clemente Escobar, José Anselmo Clavé, Miguel Pastor Casau, José Menéndez, Manuel Torregrosa, Enrique pato Sáenz, y otros.
    Los presos que murieron fueron Ruperto Merino, Tomás García Lafuente y Mariano González (asesinados); José Roca, José Genovés y Clemente Escobar (fallecieron en la sala de presos del hospital); José Menéndez, Francisco Córdoba López, Miguel Pastor Casau, José Anselmo Clavé, Manuel Torregrosa y Enrique Pato Sáenz (murieron una vez puestos en libertad).
 
En los partidarios alfonsinos, continuadores de la dinastía de la Casa de Borbón, lógicamente también recayeron sospechas y acusaciones por el atentado a Prim, puesto que a ellos afectaba directamente la determinación del presidente del Consejo de no restituir a dicha familia en la jefatura del Estado; pero con poco o nulo resultado para la atropellada investigación.
 
El colofón a esta crónica del atentado y muerte de Juan Prim y Prats lo protagoniza la carta que el aludido Juan José Rodríguez López dirige a la viuda del general y a varias personas, en número considerable, que le habían sido afectas y a terceros que, acaso, tuvieron alguna participación en el crimen.
    Escrito que acompaña a la carta:
"Señor D... Muy señor mío y de toda mi consideración: Tengo el honor de remitir a usted copia de la carta que dirijo a la excelentísima señora duques de Prim, con motivo de las inesperadas amenazas y vejaciones que estoy sufriendo.
    "Si al cabo de tres años de injusta prisión y de sufrir todo género de penalidades veo que no sólo mis afanes son inútiles, sino que mi vida y el porvenir de mi inocente familia se hallan amenazados, no es extraño que, poniéndome al amparo de la justicia para que proteja mi vida, me disponga por todos los medios posibles a que la opinión pública conozca bien a todos los que han mediado en el inicuo crimen de la calle del Turco, y en la causa formada por tal motivo.
    "Suplicando a usted aprecie la rectitud de mis intenciones, tengo el honor de ofrecerme de usted afectísimo servidor Q.B.S.M., José López."
    Misiva a la duquesa de Prim, viuda del general:
"Excma. Señora Duquesa de Prim: Señora: Ninguno de los amigos de vuestro ilustre esposo (Q.E.P.D.) ha hecho ni hace nada para vengar su muerte.
    "Por más que yo los he buscado en todas formas (hoy que para nada me necesitan) el silencio o el mayor desprecio es lo que encuentro.
    "En vista del abandono con que todos aquellos que tanto le deben al que fue arcabuceado en la calle del Turco, ha hecho de su memoria, me propuse censurar su conducta y concluir presentando a los autores del crimen, para lo cual fundé un periódico titulado Los Canallas. Al hallarse el número tercero en prensa, una medida arbitraria del señor alcaide, por mandato del señor gobernador, me ha obligado a que suspenda la publicación. Toda clase de amenazas e insultos, con no menos vejaciones, han pesado y pesan sobre mí. Al juzgado he acudido y a la audiencia también en demanda de amparo y para que se asegure mi vida, amenazada de mano airada, pues no habrá nada, absolutamente nada, que me haga cejar en mi propósito. Tengo ofrecido denunciar y probar ante el tribunal de justicia y el de la opinión pública quiénes fueron los autores y alguno de los ejecutores; y, hoy mismo, así lo he manifestado al juzgado que ha acudido a mi llamamiento. Pero si esto, además de causar mi muerte, como es consiguiente, ha de dejar a mi esposa e hijos en la más triste miseria, desamparo y completa desolación, prefiero ir a la tumba con el secreto. V. E. que es la única persona interesada en el descubrimiento de los que mandaron cometer el asesinato y de los que lo ejecutaron, y que un día despreció mis indicaciones y sacrificios, si quiere que llegue el momento en que todo se descubra, puede, desde luego, mandar persona que entiéndase conmigo (al mismo tiempo que yo cumplo con mi misión), ampare a mi desconsolada familia en la miseria en que yace. Yo dispuesto estoy siempre; verifíquelo V. E. inmediatamente y todo quedará arreglado; de lo contrario, el silencio de V. E. me autorizará a hacer pública esta franca y leal manifestación para que todo el mundo sepa que Juan Prim y Prats en la tumba ni el recuerdo de la que fue su esposa le queda. Es cuanto tengo el honor de comunicar a vuecencia, ofreciéndome con toda consideración y respeto su afectísimo seguro servidor Q.B.S.M., José López. Cárcel de Villa, 30 de noviembre de 1873.
    "P.D. Copia íntegra remito a todos los que eran amigos del héroe de los Castillejos y quizá a alguno de sus asesinos.
    "P.D. V. E. debe saber que he sido muy querido de su esposo (cartas cantan). V. E. es madre y muy humanitaria. En el hospital particular de Nuestra Señora de Atocha tengo moribundo un hijo de quince años. Este no podrá vengar a su padre.  V. E: puede vengar a su esposo. Mientras aquél llama en las agonías a su padre, que se halla inocente, pero sin libertad, éste está pensando en vengar la muerte de don Juan."
    La viuda de Prim no contestó a la carta ni realizó gestión alguna cerca del firmante.
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Conocido el móvil de un crimen deducible es la responsabilidad. Aunque la ecuación en demasiadas ocasiones queda enmarañada en la madeja del interés por velar, por confundir y desviar de los actores principales, ideólogos y ejecutores, el señalamiento de su acción y culpa. Ante las cortinas de humo o el desistimiento, ante la parcialidad de juicio y la aducida en último extremo razón superior, que acaba barriendo pruebas fehacientes y testigos de cargo, la historia ha de contar sin eximentes en nómina el nombre de los beneficiados por un hecho criminal de repercusión manifiesta e incuestionable.
    El asesinato del general Prim, en otras palabras, su eliminación de la escena política, favorecía a los partidos más cercanos al poder y con ansias del mismo: republicanos, montpensieristas y la Unión Liberal del general Serrano. La negativa de Juan Prim a implantar la república en España mientras viviera sentenció a varias firmas, nacionales y extranjeras, su destino. Tras la muerte de Prim ascendió al poder el partido republicano y con él la I República o experimento cantonal que acabó como podía preverse. El duque de Montpensier, Antonio María de Orleans, jugaba con dos bazas: el retorno de Isabel II y, en su defecto, la apuesta personal. Francisco Serrano también barajaba alternativas, y las consiguió consecutivamente: presidente del Consejo, en sustitución del asesinado y Jefe del Ejecutivo con la naciente Restauración.
    Y pese a que las sombras en la arena política suelen ser largas, espesas y ominosas, algunas tejen un paradójico manto de visibilidad. Pero como el tiempo todo lo cura y todo lo olvida cuando quiere curar y olvidar el paciente, la verdad taxativa sobre los autores languidece en su acomodado limbo.
 
Revelaciones en el siglo XXI
Con meritorio esfuerzo, digno del libre intelecto y la estricta ciencia, la Comisión Prim, presidida por don Francisco Pérez Abellán, periodista, investigador y criminólogo, director del Departamento de Criminología de la Universidad Camilo José Cela, ha determinado que el fallecimiento de Juan Prim y Prats no tuvo lugar el 30 de diciembre de 1870, pasados tres días del atentado, sino que sucedió a las pocas horas del mismo, donde fue trasladado el general, por estrangulamiento. El dictamen de la citada comisión expresa que "los surcos del cuello, compatibles con una posible estrangulación a lazo encajan en una necesidad de los asesinos de Prim de no permitir la recuperación del mismo, del que asustaban tanto su fortaleza como su fortuna de salir indemne".
    Dado el carácter del magnicidio, y la relevancia social y política del personaje, cabe aceptar la premura en la constatación de su muerte para evitar una sanación posible tras la no consumación del asesinato in situ. La obra hubiera quedado incompleta y con riesgo de reparación y castigo para los victimarios.
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Proclama de los sublevados en Cádiz
¡Viva España con honra!
Españoles: la ciudad de Cádiz puesta en armas con toda su provincia (...) niega su obediencia al gobierno que reside en Madrid, segura de que es leal intérprete de los ciudadanos (...) y resuelta a no deponer las armas hasta que la Nación recobre su soberanía, manifieste su voluntad y se cumpla. (...) Hollada la ley fundamental (...), corrompido el sufragio por la amenaza y el soborno, (...) muerto el Municipio; pasto la Administración y la Hacienda de la inmoralidad; tiranizada la enseñanza; muda la prensa (...). Tal es la España de hoy. Españoles, ¿quién la aborrece tanto que no se atreva a exclamar: «Así ha de ser siempre»? (...) Queremos que una legalidad común por todos creada tenga implícito y constante el respeto de todos. (...) Queremos que un Gobierno provisional que represente todas las fuerzas vivas del país asegure el orden, en tanto que el sufragio universal echa los cimientos de nuestra regeneración social y política. Contamos para realizar nuestro inquebrantable propósito con el concurso de todos los liberales, unánimes y compactos ante el común peligro; con el apoyo de las clases acomodadas, que no querrán que el fruto de sus sudores siga enriqueciendo la interminable serie de agiotistas y favoritos; con los amantes del orden, si quieren ver lo establecido sobre las firmísimas bases de la moralidad y del derecho; con los ardientes partidarios de las libertades individuales, cuyas aspiraciones pondremos bajo el amparo de la ley; con el apoyo de los ministros del altar, interesados antes que nadie en cegar en su origen las fuentes del vicio y del ejemplo; con el pueblo todo y con la aprobación, en fin, de la Europa entera, pues no es posible que en el consejo de las naciones se haya decretado ni decrete que España ha de vivir envilecida. (...) Españoles: acudid todos a las armas, único medio de economizar la efusión de sangre (...), no con el impulso del encono, siempre funesto, no con la furia de la ira, sino con la solemne y poderosa serenidad con que la justicia empuña su espada. ¡Viva España con honra!
                                                      Cádiz, 19 de septiembre de 1868.
 
Fdo.: Juan Prim, Francisco Serrano, Juan Topete, Ramón Nouvillas, Rafael Primo de Rivera, Domingo Dulce, Antonio Caballero de Rodas.

 

Artículo complementario

    Juan Prim y Prats



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