viernes, 30 de diciembre de 2016

Servicio esmerado


Ha llegado el esperado tras un azaroso viaje. La esperada ha llegado de su previsto viaje. Los dos han llegado al punto de encuentro, quizá sin saberlo, a hora parecida, en condiciones similares.
    Puestas las miradas en ellos sin que la inmediatez los atosigue.
    Diligencia en el cumplimiento del deber. Ante todo profesionalidad y eficiencia.
    Obren como saben y deben los serviles instrumentos de la apariencia.
    Acudan prestos los serviles y rehabiliten las fisonomías que los trayectos prolongados ajan, debilitan, ensombrecen.
    ¡Quién fuera él!, quizá piense el atento servicio.

François Girardon: Apolo servido por las ninfas de Thétis (1673). Palacio de Versalles, Francia.

 
¡Quién como ella cautivase!, quizá suspire la devota atención.

Hugues Taraval: El aseo de Venus (s.XVIII). Museo de Bellas Artes de Moscú.


Dioses mundanos parecen, asequibles, conmovidos a veces. Él observa la mano que le pertenece por agua limpia rociada, al final del brazo, extremidad cincelada con arte; ella observa el fiel reflejo de la imagen perfecta, lo más perfecta que estime y aplauda el juicio del prójimo, delineada con mimo. Él recuesta su apolínea figura y decide que lo merece, que merece cuanto de placentero y redimidor de míticas fatigas, de legendarias aventuras, de anuncios fabulosos, los serviles le dispensan; ella, altiva y galana, hermosa y admirable, recibe la caricia apasionada de los serviles alientos, la entrega del agasajo a la ofrenda.
    Nada malo hay en admirar la belleza, en venerarla y servirla para que crezca y contagie; o, desde la modestia de una aspiración mayúscula, para que tales bellezas iluminen los caminos soñados que sólo un divino privilegio, y una humana aceptación, recorren los cuerpos áureos en sus mágicos transportes.
    Caminos de fantasía, ideados por un sueño común, difundido y recreado a voluntad del narrador, de imposible cumplimiento, de maravillosa factura y grado embriagador.
    Cada cual a lo suyo: el mito a servir de ejemplo y el espectador a conservarlo indemne de vestigio mortal.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Exaltaciones literarias con influencia universal

 
Las lenguas, los idiomas, son instrumentos de comunicación y, valga el símil, puentes que unen a las personas, que amplían horizontes y facilitan los intercambios de toda clase. También, contemplado desde el reverso de la historia, las lenguas, los idiomas, sirven para distanciar a las personas, excluir horizontes o romper intercambios.
    Desde el episodio de la Torre de Babel a nuestros días, sean cuales fueren éstos, muestras de lo uno y de lo otro abundan por doquier; y si no hay que recorrer grandes distancias para comprobar los vínculos entre sociedades gracias a una lengua, un idioma, de uso común, generalizado, tampoco hay que viajar mucho ni lejos para topar con los obstáculos dimanantes de una lengua, un idioma, cuyo destino es separar.
    Claro que la lengua o el idioma no son responsables per se de lo que su capacidad, en boca e intención de los autores, permite y consigue.
    El español, que es una lengua, o idioma, universal, nació para unir personas y sentimientos y facilitar la prosperidad y el progreso en el mundo en torno.
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Grandes gestas españolas (a modo de ejemplo)
Peter Bakewell, Hispanoamérica: el imperio y sus consecuencias:
No cabe duda de que los cuatro viajes de Colón entre 1492 y 1504 fueron notables proezas de navegación y descubrimiento. Pero son aún más impresionantes las hazañas de exploración, conquista y colonización que protagonizaron los españoles gracias a que aquellos viajes abrieron el camino para penetrar en el continente americano.
    En 1540, transcurridos menos de cincuenta años desde que Colón zarpara por primera vez con rumbo oeste, importantes asentamientos españoles se alzaban desde Guadalajara, en la parte occidental de Méjico, hasta Santiago en el centro de Chile, lo cual representaba una distancia por tierra, en línea recta, de unos ocho mil kilómetros, casi diez veces la longitud del norte al sur de España y dos veces y media la de Europa, desde el cabo Norte al extremo meridional de Grecia.

Diego de Saavedra Fajardo, Empresas políticas, año 1640:
Si en España hubiera sido menos pródiga la guerra y más económica la paz, se hubiera levantado con el dominio universal del mundo; pero con el descuido que engendra la grandeza ha dejado pasar a las demás naciones las riquezas que la hubieran hecho invencible.
 
Coronación de Alfonso VII, año 1135, texto recogido en la Primera Crónica de Castilla:
Este rey y señor lo era destos tres reynos: Castiella, León et Aragón, rey de las Españas le llamaban, et le aconsejaron que se llamase ‘emperador de España'.
 
Juan de Mena, Las Trescientas (a propósito del rey Juan II):
Será rey de reyes y rey de señores
sobrando e venciendo los títulos todos
e las fazañas de los reyes godos
e rica memoria de los sus mayores.
 
Alfonso Onceno, Poema de la batalla del Salado (relatando la participación de los reinos de España en la decisiva batalla):
E ricos omnes de gran guisa de Castilla la real,
infanzones de Galicia e cavaleiros de Portugal.
Lioneses, asturianos, gallegos e porto galenses

biscaynos, guipuzcoanos de la montaña e alaveses.
 
Garcilaso de la Vega, Segunda Égloga (en honor del emperador Carlos I):
Carlos César triunfante, le abrazaba
Cuando desembarcaba en Ratisbona
Allí por la corona del Imperio
Estaba el magisterio de la tierra.
 
Gutiérre de Cetina (versos a Carlos I):
Al siglo por venir serán testigos
del honor que dará perpetuamente
a Carlos Quinto máximo la fama.
 
Fernando de Herrera, Sonetos a Carlos I:
 
Temiendo tu valor, tu ardiente espada,
 sublime Carlo, el bárbaro africano,
 y el bravo horror del ímpetu otomano
 la altiva frente humilla quebrantada.
 
 Italia en propia sangre sepultada,
 el invencible, el áspero germano,
 y el osado francés con fuerte mano
 al yugo la cerviz trae inclinada.
 
 Alce España los arcos en memoria
 y en colosos a una y otra parte,
 despojos y coronas de vitoria,
 
 que ya en la tierra y mar no queda parte
 que no sea trofeo de tu gloria,
 ni le resta más honra al fiero Marte.
 
Añadiendo en otro soneto:
De España con voz alta y noble aliento
cantaré las victorias y los triunfos
y le daré su honor y gloria eterna.
 
Calderón de la Barca, El sitio de Breda:
¿Sois español?
Sí. ¿En qué lo visteis?
Lo vi
en que sois tan arrogante,
no queréis ignorar nada,
todo a su brío lo fía
la española bizarría
con presunción confiada.
 
¡Breda por el Rey de España!
... y plegue al cielo que llegue
y serlo el mundo rendido
desde Levante a Poniente.

Hernando de Acuña, en homenaje a Carlos I:
Ya se acerca, señor, o ya es llegada
La Edad dichosa que promete el Cielo,
Una grey y un Pastor solo en el suelo...
Y anuncia al mundo para más consuelo
Un monarca, un Imperio y una Espada.

Lope de Vega, rememorando pasadas glorias y en homenaje al soldado español, a Felipe II y a Hernán Cortés:
Señor español:
Vos vais a la guerra,
la trompeta os llama,
la victoria os lleva,
las armas son honra,
gloria las empresas.
 
Me parece, Felipe, que a tus plantas
ves del Asia el dilatado imperio
y que al chino y al tártaro adelantas
 las fuertes armas de tu cetro ibero,
y que por tu valor las llaves santas
la sacra nave del piloto hesperio,
la religión católica se estima
desde el adusto al más helado clima.
 
Dio a España triunfo y palmas
en felicísimas guerras,
al Rey, infinitas tierras
y a Dios infinitas almas.

Calderón de la Barca, en homenaje al soldado español:
Estos son españoles. Ahora puedo
hablar encareciendo estos soldados,
todo lo sufren en cualquier asalto,
sólo no sufren que les hablen alto.
 
No se ha visto en todo el mundo
tanta nobleza compuesta,
convocada tanta gente
unida tanta nobleza,
pues puedo decir no hay
un soldado que no sea
por la sangre y por las armas
noble. ¿Qué más excelencia?
 
La milicia no es más que una
religión de hombres honrados.

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España creadora de una lengua universal
En 1977, Rafael Lapesa Melgar, erudito y maestro lingüista, alumbró otro magnífico estudio que publicó la Real Academia de la Historia junto a otros doctos y didácticos bajo el título España: reflexiones sobre el ser de España. En este trabajo sintetiza la historia y la razón de ser de la lengua que ha llegado a ser universal por mérito propio e impulso de españoles y extranjeros enamorados y deudos del español.
    Por su parte, tan excelente y pedagógica como la del citado, el historiador José Antonio Vaca de Osma (de quien han sido tomadas la mayoría de las referencias en verso y prosa de este artículo) ha publicado la obra El Imperio y la leyenda negra donde analiza, considera, desmiente y desmonta ese lastre heredado desde el XVI, renovado por intereses asimilables época tras época, enemigo tras enemigo, con el único afán de ocultar y, a ser posible, eliminar y, aún más, erradicar la verdadera historia de España y en ella su grandeza, logros, y legado. En el capítulo XVIII de esta obra, Vaca de Osma relata, en obligada síntesis, el itinerario de la lengua española dentro y fuera de nuestras cambiantes fronteras a lo largo de la historia y sus aparejados acontecimientos. Se titula el capítulo De San Millán de la Cogolla al mundo entero, y refiere lo siguiente, con algún añadido particular:
    Decían los clásicos que la lengua es la compañera del Imperio. Y llámese o no imperio al poderío territorial, político y militar de España durante más de siglo y medio, de lo que no cabe duda es de que la lengua castellana o española acompañó a ese modo de imperar: así se hablaba, así se dominaba. Lo más sorprendente era que esa gloria histórica compartida no se hizo por la fuerza ni por disposiciones jurídicas. El idioma nacional se fue imponiendo de un modo espontáneo, fácil, como un nexo espiritual por encima de las expresiones regionales o dialectales de los pueblos de la vieja Hispania romano-gótica.
    Uno de los idiomas peninsulares derivados del latín, el catalán, incluso en tiempo de los Reyes Católicos era una lengua oficial en el reino de Aragón con una rica literatura propia. Y sin embargo, fue cediendo la primacía en sus territorios al castellano. No hubo lucha ni rivalidad de lenguas, sino una coexistencia con utilización diversificada y con matices. Como dice el historiador catalán Montoliu (Manuel de Montoliu y de Togores), el castellano, con gran proyección exterior, pasó a ser la lengua de las altas esferas de la cultura y de la dirección política, y la lengua del país hasta entonces "pasó al interior del hogar y al tráfico popular en las calles y el pequeño comercio".
    Los deseos de plena unificación nacional favorecieron que el castellano extendiera su uso a todas las regiones. El gallego Juan Rodríguez del Padrón (1390-1450) escribía en castellano; lo hacían los navarros y aragoneses como Hugo de Urriés (s. XV) y Pedro Manuel de Urrea (1485-1524), y los catalanes como Juan Boscán, Guillem de Torraella, Romeu Llull o Gaspar Tornellas y como el rosellonés Pedro Moner y los valencianos Narcís Vinyoles o Comendador Escrivá (en los mismos siglos). Para más abundamiento, la ciudad de Lérida fue un importante centro de edición en castellano, y también, al cabo, la ciudad de Barcelona se convirtió en modelo editorial con su actividad impresora.
    En vasco no era cuestión, pues muy pocos de los habitantes del país hablaban el idioma vascón, resto prehistórico, verdadera joya filológica encerrada en las montañas pirenaicas del Oeste y sin expresión escrita.
    Una prueba de la lógica utilización del castellano la da el valenciano Viñoles (o Vinyoles), que en 1510 escribe que "osó alargar la mano para poner sus escritos en esta pura, limpia, elegante y graciosa lengua castellana, latina, sonante y elegantísima". Y en 1511, de una imprenta valenciana salía el Cancionero General de Hernando del castillo con casi doscientas obras de poetas de las más diversas regiones españolas, pero todas en la misma lengua castellana.

José Antonio Vaca de Osma y Esteban de la Reguera

Imagen de www.fnff.es
* * *
 
Hay pruebas documentales sobradas de que a los habitantes de la Península Ibérica, descendientes de los celtíberos, de los hispano-romanos y de los visigodos, desde el siglo XI se les llamaba españoles; y en tiempos de Carlomagno, los hispanos.
    El término es de uso común hacia 1200 y aparece como patrón de los "españoles" San Millán de la Cogolla en las famosas Glosas Emilianenses, y español es el protagonista de la Vida de Santo Domingo de Silos. Alfonso X el Sabio en su Primera Crónica General llama españoles a todos los habitantes primitivos de la Península. Es ya el gentilicio común a todos sin distinción de regiones. Gracias a Marcelino Menéndez Pidal sabemos que el idioma que empezó a extenderse entre aquellas gentes era el "rusticus sermo" o "vulgale elloquium", desprendido del latín con ciertas variantes según las zonas, del Atlántico al Mediterráneo y del Norte al Sur.
    Por aquel entonces, Castilla, junto a León, era el reino más extenso, más poblado y más rico de la Península, que había llegado en la Reconquista desde el Finisterre al estrecho de Gibraltar. Era lógico que después de la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, su "rusticus sermo" se impusiera a todos como "nostra lingua". La hegemonía castellana, expone Rafael Lapesa, era también psicológica y cultural, el centro de la poesía épica y con el prestigio de sus reyes y de sus Cortes, expresados en Román paladino.
    La palabra romance era común para todas las lenguas y dialectos derivados del latín, riojanismos, leonés, portugalense, variantes hacia el Sur, con mezcla de castellanismos y en general dominado por éstos.
    Fue Alfonso X el Sabio quien convirtió el castellano en lengua de cultura, una cultura enciclopédica, vehículo de todos los saberes. Predominio castellano que no impidió al Rey Sabio dar el gran relieve lírico que merecía la dulce variante latina del gallego en sus Cantigas.
    Ya en el siglo XV, el Compromiso de Caspe (del 29 de marzo al 28 de junio de 1412) preparó el camino para la unificación lingüística de España que la Casa de Trastámara hizo realidad en sus dos vertientes: la castellana y la aragonesa. Los grandes escritores de la época, como el infante don Juan Manuel, el marqués de Santillana, Jorge Manrique o el marqués de Villena,  utilizaron el castellano.
    La consagración final del idioma la llevó a cabo Elio Antonio de Nebrija con su Gramática castellana, de 1492, y lo mismo procuró en su Vocabulario. A partir de entonces, coincidiendo con el fin de la Reconquista y el Descubrimiento de América, la lengua castellana adquirió dimensión universal.
 
Coincidentes las fechas, se produjo la emigración forzosa de los judíos sefarditas, con interesantes consecuencias lingüísticas. Expulsados de España, los sefarditas vagaron por el norte de África, Portugal, Holanda y países del oriente de Europa, diseminando la semilla de la cultura española con su idioma al frente. Hoy continúan vigentes muchas de estas comunidades expresándose en su peculiar idioma español en zonas de los Balcanes, del Magreb y en Israel.
    La otra emigración, grande y trascendental, llevó la lengua castellana a las Indias Occidentales y, andando las exploraciones, hasta Extremo Oriente, a través del Atlántico y del Pacífico. Fue una emigración voluntaria que portaba consigo toda una tradición secular y una inmensa cultura. Nombres hispanos se afincaron en el Nuevo Mundo y en Asia, que en buena medida el primero se convierte en una Nueva Europa dependiente de la Corona de Castilla.
    El emperador Carlos I de España y V de Alemania llamaba al castellano "mi lengua española", la que prefería para hablar con Dios. Ya desde antes de Carlos I se prefería en el extranjero utilizar la expresión lengua española a lengua castellana: era el término que unificaba culturalmente hacia el exterior toda la Monarquía de los Reyes Católicos y de los Austria; era el término nacional y actualizado; así aparecía en las gramáticas y diccionarios de los países occidentales. Juan de Valdés en su Diario de la lengua, año 1535, subraya que "la lengua castellana se habla por toda castilla, en el reino  de Aragón, en el de Murcia, en toda Andalucía, en Galicia, Asturias y Navarra, y esto aún entre gente vulgar, porque entre gente noble tanto bien se habla en todo el resto de España".
    Rafael Lapesa escribe lo siguiente al respecto:
En el siglo XVI la expectación de toda Europa estuvo pendiente de la irrupción española. Fue una aleccionadora muestra de dignidad y de hombría que no sólo ganaba tierras sino que actuó sobre las costumbres, el concepto del honor, la literatura y el lenguaje de toda Europa. En Italia la influencia hispánica, irradiada desde Nápoles y Milán, tuvo extraordinaria intensidad. El valor caballeresco, la sutileza del ingenio, la agilidad en el trato y la majestuosa gravedad de los españoles, encarnaban el arquetipo social del Renacimiento, la perfecta cortesanía. Ceremonias y fiestas españolas arraigaban en las fastuosas cortes italianas. En Francia, a través de una constante infiltración a lo largo del siglo XVI, el reinado de Luis XIII y la minoridad de Luis XIV señalaban el momento de más profunda hispanización.
    Surgen como influyentes en Europa, y sobre todo en Francia, los nombres de Guevara, Montemayor, Lope de Vega, Huarte de San Juan, Saavedra Fajardo, Gracián, Cervantes, el Lazarillo, los grandes místicos Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Y como influidos: Corneille, La Rochefoucauld, Lesage, Molière, Scarron. Al mismo tiempo que las imprentas de Venecia, Milán, Bruselas, Amberes, París y Lyon, publicaban sin parar obras en español. Y aún más a partir del descubrimiento de América, las obras de Hernán Cortés, Ercilla, fray Bartolomé de las Casas, los cronistas Fernández de Oviedo, López de Gómara, Bernal Díaz del Castillo. Una literatura única que no tiene ningún otro país de Ultramar. Y poco después grandes autores de la propia América, siempre en español, el Inca Garcilaso, sor Juana Inés de la Cruz, Juan Ruiz de Alarcón, Pedro de Oña, Poma de Ayala.

Rafael Lapesa Melgar

Imagen de www.cervantes.es
 
Aquella lengua que nos llegó del latín, el "rusticus sermo" de nuestra Edad Media y que durante cientos de años fue ensalzada como la lengua del Imperio, adquirió carácter oficial, académico, para todas las Españas con la fundación de la Real Academia Española de 1713. Tanto la Real Academia como su Diccionario de Autoridades, su Ortografía y su Gramática, tenían por misión su famoso lema "limpiar, fijar y dar esplendor al idioma". Misión que tuvo y tiene muy importante proyección en las fraternas Academias de la Lengua Española en Hispanoamérica, Estados Unidos de Norteamérica y Brasil.



Artículos complementarios

    Estudios y tratados sobre la lengua española  

    Lo que el mundo debe a España


 

Artículos relacionados

    Miguel de Cervantes

    Lope de Vega

    Calderón de la Barca

    Luis de Góngora

    Baltasar Gracián

    Tirso de Molina

    Antonio de Nebrija

    María de Zayas y Sotomayor



Artículo coincidente

    El legado jurídico español

lunes, 26 de diciembre de 2016

Males endémicos

 

El juego a la vista es anodino, superfluo; el otro juego, el que vale para el resultado y no para la quiniela del contribuyente, es subterráneo.

 

El partido es bronco, tal y como se ha ido prefigurando día a día, con minuciosa escenificación desde que el calendario corre hacia delante ajeno a las oscilaciones y las sacudidas. El enfrentamiento suena a cosa hecha y sabe a guiso recalentado, a la moda de las trincheras con decorado posmoderno, toda clase de comodidades y accesos a la comunicación unidireccional e inmediata. En los extremos del estadio la reducción al pan y circo viene que ni pintada, la realidad ayer y hoy es la que fue y es, vociferan oposición y desafío mientras en el esfumado paisaje de los centros el público asistente, mayoritario en el recuento del aforo, ni coge ni deja, sólo espera, puede que incluso confíe en el equipo arbitral, confundido con el paisaje, y aquí paz y después gloria que nunca pasa nada y si pasa no importa. El juego a la vista es anodino, superfluo, atrapado en una maraña de fárragos; el otro juego, el que vale para el resultado y no para la quiniela del contribuyente, es subterráneo y taimada la pugna por ganar o derrotar, por vencer y eliminar, por triunfar y suprimir, por mostrar el trofeo o por conservar las atribuciones; sin jueces con autoridad sobre el terreno, tampoco comité disciplinario, ni luces ni taquígrafos; las apuestas, a modo de engaño para los crédulos irredentos fluctúan cual dientes de sierra.
    Endemismos autóctonos.
    Es bola de partido. ¿La primera? Poco importa. Circulan rumores, traviesos dimes y diretes. ¿Todavía? ¿Todavía qué? Es una forma de hablar.
    ¡Habladurías!
    ¿Nada de nada?
    Ya veremos. ¡Se verá! Caerá del cielo o ascenderá por los peldaños de la escalera que cubre la ruta entre el abismo y el remedio casero, improvisado. El artista invitado ocupará su lugar en la pantalla y declamará un discurso pactado a varias bandas. Expectación y resignada acogida a las palabras antecesoras de los hechos, mudables ellos según propicie el viento de las decisiones, en la platea y el anfiteatro.
    A la enésima irá la vencida. En el juego hay que insistir para que toque, conviene reiterarse en las manos, dosificar las bazas y persistir en el empeño; quien resiste, vence; quien pega la espalda y el culo al asiento tapizado, de color prebenda con matices privilegio, soporta de buen grado grande es la recompensa, hermano el aluvión de insidias, juicios contradictorios, embates y turbulencias originados de la parte contraria la del otro lado, la pendiente, la al acecho, para entendernos y de injurias y calumnias denunciadas que dilucidará en sus daños el criterio de los intérpretes de la letra y el espíritu del código penal, de la ley y del Estado de Derecho en el mundo de las ideas. Los jugadores de ventaja, que alumbran sus estrategias con faroles, y del ruido tiran como aliado, guardan en la recámara, cual oro en paño, la apatía y la ignorancia del público volandero: una apuesta segura, aunque de sinuoso recorrido.
    La historia cabría referirse en plural a conjunto ordenado cronológicamente de los manidos capítulos de la saga humana exenta de fábula y mito se repite y las historias se perpetúan, codiciosas y venales, igual que reitera su hegemonía y gobierno la envidia, causa primera de todos los vicios y defectos, matriz generadora de picardías, arribismos, egoísmos de don nadie y excusa prófugas de la mediocridad rampante; el batiburrillo cenagoso que patalea, llora, mama, vocifera y exige.
    ¡Qué sería de la necedad sin exigencia! Lo mismo que de la ignorancia sin osadía.
    Nada de nada.
    El peligro para propios y extraños sobrevuela en ciernes y en círculos, paciente y avizor, confiado en la práctica cainita que es de consumo obligado en la grey de miras cortas y entendederas menguadas, ayuna de iniciativas individualizadas para salir de los trances que la artera maña del comité central propone y dispone, todo en unos pocos, apretando y abarcando. Al principio fue... y ya no es ni, deséase por esos que pinchan y cortan, será. De fuera vendrán que de casa te echarán, tal es el concepto a desplegar o a replegar, depende de los actores y los espectadores y a la inversa, la inversión de los manejos, la demolición de las férreas líneas de conducción dentro de las colosales estructuras de muro y telón.
    Fíate de las apariencias. Más bien, atiende a los giros retóricos y al "cumple con lo que digo y prescindan tus sentidos de lo que hago".
    Traza una línea divisoria estricta: a un lado las querellas legítimas, legales y lógicas; al otro, impertérrito, acomodado, el pleitos tengas y los ganes, frase indicativa de que si las citadas prosperan, aunque sólo por el reconocimiento y la satisfacción, con independencia del trayecto entre túneles que recorran, te puedes dar con un canto en los dientes.
    El partido se juega a domicilio, con las reglas a buen recaudo en un cajón habilitado en la dependencia de asuntos pendientes sine die, vulgo si te he visto no me acuerdo. Actitud que rememora la de los adictos a un régimen que de súbito truecan el favor por la trampa, la añagaza y la salida a empellones por la puerta falsa. Lo escribe la historia y lo cuenta la voz sapiente a oídos prestos destinados a saber y ejercer: líbrame de los amigos que con los enemigos me basto y sobro desde la genética, el argumento y la convicción.  

viernes, 23 de diciembre de 2016

Adelantados y Adelantadas

 
Juana Ortiz de Zárate y Yupanqui, era hija del conquistador Juan Ortiz de Zárate y de la princesa inca Leonor Yupanqui. Tuvo en sus manos el destino del Río de la Plata, en las actuales Argentina y Paraguay. Protagonizó una novelesca historia de amor. Murió joven, encerrada en un convento, pero en su nombre y con sus títulos se emprendió la fundación definitiva de Buenos Aires.
 
Estamos en Perú en 1576. Han pasado cuarenta años desde la conquista del imperio inca. Lima, la capital elegida por los españoles, la Ciudad de los Reyes, es la residencia del virrey del Perú, que además cuenta con obispado y con la que fue primera universidad de América, la de San Marcos (o simultáneamente con la de Santo Domingo). La peruana es una sociedad encaminada al mestizaje y la cultura; numerosos conquistadores se han casado con aristócratas incas. Y ese mestizaje resultante es un timbre de gloria. Un mestizo eminente, el inca Garcilaso de la Vega lo expresa así:
A los hijos de español y de india, o de indio y española, nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados de ambas naciones; fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron hijos en Indias, y por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su significación, me lo llamo yo a boca llena y me honro en él.
 
La mestiza Juana Ortiz de Zárate nace en Cuzco el año 1561. Poco tiempo después se traslada, junto con sus padres, a Chuquisaca, la actual Sucre, en Bolivia, y allí es criada conforme a su rango principesco.
    El padre de Juana había nacido en la vizcaína ciudad de Orduña en 1521, y aún adolescente tomó parte en las campañas americanas de Pizarro. Tras la guerra entre Pizarro y Almagro, Juan Ortiz de Zárate se instaló en Chuquisaca (o Charcas), en la actual Bolivia, donde le fue concedido el título de Adelantado del Río de la Plata. (Adelantado es el que va delante, el que abre el camino o el campo, quien conquista y repuebla tierras, el que ejerce como gobernador y jefe militar; es un título que se remonta a la Reconquista). La zona que corresponde a  Ortiz de Zárate es aún tierra virgen para los españoles.
 
Conquistado Perú, los españoles ponen sus miras en otros territorios: hacia el Sur, Chile; hacia el Este, el Río de la Plata.
    Las expediciones españolas en dirección al Río de la Plata venían determinadas por los riesgos y los peligros. Dos grandes nombres de la conquista precedían a Ortiz de Zárate en el desempeño del cargo: Pedro de Mendoza y Álvar Núñez Cabeza de Vaca; ambos conocían bien las dificultades de ese nuevo mundo. Lo que no arredró al tercer Adelantado, decidido a todo, buen conocedor del Alto Perú.
    Y comienza la aventura. En Asunción, actual capital de Paraguay y entonces capital de la llamada Provincia Gigante del Paraguay, el asentamiento estable de los españoles que delimita el territorio conquistado: el vasto Perú, de cara al océano Pacífico, y las incógnitas de igual o mayor inmensidad por descubrir del Plata, de cara al océano Atlántico, es el punto central en el que se instala como gobernador Juan Ortiz de Zárate.
    Los ímprobos esfuerzos del ahora gobernador y capitán general del Río de la Plata le han costado también buena parte de su fortuna, pero llegado a donde ha importa más el reconocimiento regio que el dinero o las posesiones materiales. Es Felipe II en persona, tras un viaje a España en 1567 para tal propósito, quien le confirma en el preciado cargo y, asunto capital, legitima por Cédula Real a su hija mestiza Juana a la par que concede el título de marqués a quien la despose. Por tanto, Juana es por graciosa concesión aristócrata española.
 
En 1572, Ortiz de Zárate organiza una expedición de reconocimiento y toma de posesión del territorio a descubrir; con éxito alcanzado un año después, 1573, al desembarcar en el estuario que dibujan la unión de los ríos Paraná y Paraguay. Primer objetivo cumplido. Cuando va a por el segundo, remontar el curso del Río de la Plata, el cerco de los indígenas para impedir cualquier progresión le obligó, junto con su ejército expedicionario, a sentar posición en la isla de San Gabriel hasta 1574, momento en que se hizo efectivo el auxilio enviado desde la plaza fuerte de Asunción por Ruy Díaz Melgarejo y Juan de Garay (a la postre gobernador interino del Río de la Plata, y Paraguay, Teniente general, fundador de la ciudad de Santa Fe en 1573 y fundador definitivo de la ciudad de Buenos Aires en 1580), pariente de los Ortiz de Zárate.
    Superado el inconveniente prosigue la conquista, y ya juntos Ortiz de Zarate y Juan de Garay derrotan en 1574 a los charrúas (naturales de un territorio inserto en el actual Estado de Uruguay) a orillas del río San Salvador. Poco después, en este mismo año, Ortiz de Zárate funda la ciudad de Zaratina del San Salvador, localidad que convierte en la capital de un nuevo territorio que bautiza Nueva Vizcaya (hubo una Nueva Vizcaya en México cuarenta años antes), con una jurisdicción nada desdeñable que se extendía por los hoy Uruguay, el centro de Argentina, Paraguay y mediodía de la provincia brasileña de Río Grande del Sur.
    Sirva como referencia histórica para la comprensión de lo expuesto, que tuvo lugar aproximadamente en el año 1520 el desembarco de los españoles en la tierra regada por el río San Salvador. Fue la dotación de la nao Santiago, al mando de Juan Rodríguez Serrano quien holló tal territorio pero no la que fundó el primer asentamiento, un fuerte con añadido de puerto, honor que se debe a Juan Caboto en 1527, cerca de la desembocadura del San Salvador. Ese era a localización elegida para iniciar la penetración al corazón del continente en esas altitudes. Un dato más: en este lugar, y en 1528, se lleva a cabo la primera plantación de trigo en la América recién descubierta.

* * *

Corre el año 1576 cuando Juan Ortiz de Zárate siente la presencia insalvable de la muerte. Quebrantado y enfermo otorga testamento, nombrando Adelantado a su hija Juana. Puede hacerlo en teoría, puesto que el rey de España le ha concedido el adelantazgo por dos vidas, la suya y la de quien escoja para sucederle; y decimos en teoría porque contaba con esa capacidad pero no precisamente para dispensar el honor y la responsabilidad a una adolescente de quince años. Otras mujeres habían desempeñado cargo semejante y otros de notoria relevancia, pero a una edad más acorde. Lo que significa de hecho que el verdadero Adelantado, en masculino, será el afortunado que matrimonie con la bella Juana. Escrito quedó de la pluma del cronista Martín del Barco Centenera:

Dejó en su testamento declarado
que sea su legítimo heredero
la hija que en los Charcas ha dejado,
y aquel que fuese esposo y compañero
suceda en el gobierno y el estado,
según como lo tuvo él de primero.
Y mande y rija, en tanto que ella viene,
su sobrino Mendieta que allí tiene.
 
    En efecto, el sobrino Mendieta ejerció el cargo, de grado o por fuerza, pero en todo caso de mala manera.
    La última providencia de Ortiz de Zárate inmiscuía a su familiar, colega de armas y conquistas Juan de Garay, nombrándolo albacea testamentario.

Martín del Barco Centenera y Juan Ortiz de Zárate.

Martín del Barco Centenera y Juan Ortiz de Zárate

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Juana Ortiz de Zárate elige entre sus pretendientes al menos principal, al que tiene menos influencia social y política: Juan Torres de Vera oficial Oidor en Chuquisaca Juan Torres es hombre versado en armas y leyes, jalonado por blasones y pasadas glorias, noble de toga y espada, pero carente de bienes tangibles; es pobre.
    El albacea Juan de Garay cumple con la voluntad de Juana por lo que avala el matrimonio. Y así, por este contrato nupcial, Juan Torres de Vera, que había pasado a América desde su natal Estepa en busca de mejor fortuna, la consigue y se convierte en el cuarto Adelantado del Río de la Plata.
    La maquinaria legal y política del virrey del Perú, contrario a esta unión, se pone en marcha con fueros y tropas. Ese matrimonio es inválido según los preceptos legales del virreinato. Juan Torres tiene frente a sí, y también delante y detrás, poderosos enemigos, alguno antes rival, que no aceptan ni la insumisión a las leyes ni la usurpación del prestigio. Y el resultado es la detención de Torres de Vera y la reclusión de Juana en un convento a sus diecisiete años y, asunto espinoso, con un hijo de su marido en el vientre.
    Fin de la historia de la breve Adelantada Juana Ortiz de Zárate.

* * *

La vida continúa, siempre ha sido igual y que así sea en el futuro.
    Juan de Garay retomó las exploraciones. Precisamente el confinado Juan Torres le había encomendado que fundara una ciudad en el estuario del Plata. Cuenta el historiador José Javier Esparza, de quien hemos tomado buena nota de sus estudios al respecto de lo tratado en este artículo, que Juan de Garay organizó la expedición con doscientas familias de indios guaraníes, setenta y seis familias de colonos españoles y treinta y nueve soldados, a bordo de una carabela y dos bergantines río abajo. Al llegar al estuario desembarcan, y allí Juan de Garay fundará por segunda vez la ciudad de Buenos Aires. La primera fundación la llevó a cabo medio siglo antes Pedro de Mendoza, el primer Adelantado; pero el asentamiento, sucesivamente atacado por los indígenas, fue abandonado. La nueva fundación, situada algo al sur de la precedente, será la definitiva.
    Juan de Garay planta el rollo de la Justicia y proclama solemnemente el nacimiento de la ciudad, que entonces tuvo dos nombres:
Hoy sábado día de San Bernabé, once días del mes de junio del año del nacimiento de Nuestro Redentor Jesucristo de mil y quinientos y ochenta años, estando en este puerto de Santa María de Buenos Aires, que es en las provincias del Río de la Plata intitulada nuevamente la Nueva Vizcaya, hago y fundo en dicho asiento y puerto una ciudad. La iglesia de la cual pongo su advocación de la Santísima Trinidad, y la dicha ciudad mando que se intitule la Ciudad de la Trinidad.
 
Monumento a Pedro de Mendoza en Buenos Aires.

Monumento a Pedro de Mendoza en Buenos Aires.

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Mientras, enlazadas las historias personales con el relato de la historia común, Juana permanecía encerrada ausente de todo acontecimiento ajeno a los muros de custodia y a su pensamiento. Puede que de pena, de hastío o de alguna enfermedad sabida o ignorada, murió en enero de 1584, casualidad o no, el mismo año en que también fallecía el virrey Francisco de Toledo, artífice del amor frustrado de Juana Ortiz de Zárate y Yupanqui.
    El hijo de Juana, llamado Juan Alonso de Vera y Zárate, pasado el tiempo viajó a España en compañía de su abuela la princesa Yupanqui para reivindicar sus derechos. La Corona los reconoció y Juan Alonso llegó a ser gobernador de Tucumán y, nada menos, promovió la Universidad argentina de Córdoba.
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Refiere José Javier Esparza, al hilo de lo anterior, que a lo largo de la dilatada y prolífica conquista del Nuevo Mundo, muchas mujeres desempeñaron un papel relevante que ni la historiografía ni las crónicas del momento señalan con la debida importancia, o sin el acento que correspondería a sus gestas y actitudes.
    Valga la siguiente relación, concisa y bienintencionada, como homenaje a ellas y memoria a conservar, y si es posible difundir y ampliar: Beatriz Estrada, casada con Francisco Vázquez de Coronado, que sufragó la expedición de su marido en Norteamérica; María de Zárate, que cubrió la exploración de su pariente Lucas de Zárate en el Río de la Plata; María de Toledo, nuera de Cristobal Colón, virreina de las Indias Occidentales, que saneó la herencia del descubridor; Catalina Montejo, que sucedió a su padre en el cargo de Adelantado de Yucatán; e Isabel Manrique y Aldonza Villalobos, gobernadoras de la isla venezolana de Margarita.
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Pariente de los Ortiz de Zárate, Juan de Garay fue un hombre valiente y eficaz, depositario de confianzas, decidido en las misiones, leal, de buen trato con españoles y aborígenes, y destacado explorador del Río de la Plata.

Juan de Garay.

Juan de Garay

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Monumento a Juan de Garay en Santa Fe de Bogotá, Colombia.

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Monumento a Juan de Garay en Buenos Aires, Argentina.

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Placa conmemorativa en honor de Juan de Garay.

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miércoles, 21 de diciembre de 2016

La magia de lo esencial

 
Respira de este aire fragante, escucha su prístina voz.
    Has llegado al lugar de los ensalmos, un anhelo cumplido.
    Cree lo que ves, acepta lo que sientes. Enfrente y alrededor el mundo sintoniza con la vida, es un regalo, la dádiva de un sueño alcanzado.
    Por breve que sea el momento disfruta, poco importa su duración si la memoria en adelante guarda la hechicera unión de los placeres.
    Una relación íntima de actores excelsos.

Santiago Rusiñol: La música (1895). Museo Cau Ferrat, Sitges, España.

 
Saluda el prodigio, cede un ápice de fantasía al ensueño.
    Es como lo había imaginado, pues solo ella, omnipotente dadora, obsequia al devoto con un cuadro de ambición completa.
    Escucha la música; acaricia el ingenio, la aventura y la experiencia; admira los matices de la obra natural; firma.
    Ahora es tuyo lo que antaño especulaba la inteligencia, tuyo y de su autor.
    Entonces parecía posible.

lunes, 19 de diciembre de 2016

La Aviación Militar Española innova y conquista

 
El 7 de febrero de 1914, un monoplano Nieuport IV-G con los distintivos de la Aviación Militar Española, cruzaba en once minutos el Estrecho de Gibraltar, que por primera vez era superado por la ruta aérea. El capitán Emilio Herrera pilotaba el aeroplano, que había partido del aeródromo de Sania Ramel, en Tetuán de las Victorias,  poco después de las quince horas de dicho día; el también capitán Ortiz Echagüe acompañaba en calidad de pasajero este vuelo pionero, que transcurridas dos horas y treinta y cinco minutos concluía con éxito en la pista de La Cota, cerca de Sevilla.
 
Emilio Herrera Linares, natural de Granada, nació el 13 de febrero de 1878, en el seno de una familia de tradición militar y, remontando la historia, con antecedente ilustre en Juan de Herrera, arquitecto del monasterio de El Escorial y de la catedral de Valladolid entre otras joyas hispanas. Con tales antecedentes, ingresó en la Academia Militar de Ingenieros en 1896.
    Su primer contacto con la aeronáutica tuvo lugar en 1903, asistiendo a la Escuela Práctica de Aerostación, en Guadalajara; en 1905 obtuvo el título de piloto de globo de 1ª categoría.
    Militar e investigador científico, vocacional de ambas disciplinas, colaboró con el físico y matemático Esteban Terradas en el estudio de la oscilación del péndulo continuo, elevándose en un globo para estudiarlo prácticamente en 1905, en tierras burgalesas, acompañado por otro afamado piloto aerostático, Jesús Fernández Duro, a bordo del Cierzo, realizando observaciones científicas con ocasión del eclipse de sol del 30 de agosto.
    El Cierzo fue un globo mítico en la aeronáutica española.
    En 1908, Emilio Herrera Linares estableció el récor de España de altura, alcanzando los 6.000 metros.
    En 1909 recibió su bautismo de fuego la Aerostación española. Durante la campaña de protección a la ciudad de Melilla, el capitán Herrera integrado en la compañía de Aerostación, dirigió el tiro de las baterías de obuses contra las concentraciones de moros en las barrancadas del Zoco el Had de Beni Sicar, al tiempo que levantaba croquis del terreno a vanguardia de las tropas, especialmente del macizo del Gurugú, de complicada orografía y punto fuerte para el ataque contra o la defensa de la plaza de Melilla. Con su habilidad para el dibujo, Emilio herrera realizó croquis y panorámicas oportunos para el desarrollo de las operaciones de afianzamiento.
 
El bautismo de aire en aeroplano lo recibió Emilio Herrera en 1911. Este año le sería entregado el título de piloto de aeroplano formando parte de la 1ª promoción de aspirantes españoles. Suyo fue el primer enlace aéreo entre Marruecos y la Península, llevando a Sevilla un mensaje del Alto Comisario, general Marina, al rey Alfonso XIII allí presente, que premio la hazaña del piloto con el nombramiento de gentilhombre.
    Prosiguió la campaña de Marruecos al mando de una escuadrilla de monoplanos Nieuport IV-G, reconociendo las diversas zonas encomendadas desde el aire y apoyando el avance de las tropas de tierra.

Emilio Herrera Linares

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La Aviación Militar modernizó sus aparatos de vuelo con la adquisición en 1915 de doce biplanos Curtiss Jn2 Jenny, seis de ellos en versión hidroavión. Para las pruebas y transporte a España, desde Estados Unidos y Canadá, de los aviones se designó al comandante Herrera, ascendido por méritos de guerra, acompañado por el alférez de navío Viniegra. En esa época, Herrera tuvo ocasión de conocer de primera mano la industria aeronáutica norteamericana.
    A comienzos de 1918, recibió el encargo de proyectar y construir un laboratorio aeronáutico, tarea que completó con la creación de un túnel aerodinámico, totalmente original, adelantándose a todos cuantos existían en Europa, lo que contribuyó decisivamente al desarrollo de la Aviación nacional en los años veinte.
    Elegido en 1919 vicepresidente de la Real Sociedad Matemática; en 1928, tras recibir condecoraciones y distinciones del más alto nivel, fue nombrado director y profesor de la Escuela Superior Aerotécnica, y poco después, ascendido a Teniente coronel, ideó el que puede considerarse primer traje espacial de la historia, a partir de las necesidades aeronáuticas del momento. Su diseño permitía a quien lo vistiera ascender en un globo de barquilla abierta superando los 26.000 metros cúbicos de capacidad, fabricado en el Regimiento de Aerostación de Guadalajara, hasta zonas altas de la atmósfera con aire enrarecido y temperaturas muy bajas. La escafandra, llamada "estratonáutica", consiste en una cobertura completa de caucho impermeable que protege al "estratonauta", (viajero por la estratosfera), un casco especial de acero con visor frontal equipado con filtros, una cobertura de tela resistente y otra superpuesta constituida por hilos de acero y placas de duraluminio articuladas para facilitar los movimientos. Superó una prueba a casi veinte kilómetros de altitud.

    En 1932 fue nombrado representante español en la Conferencia de Desarme de la Sociedad de Naciones; y nombrado en 1933 miembro de número de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
 
Con prestigio nacional e internacional como humanista y científico a lo largo de su vida, representando a España en los diferentes certámenes que tuvieron lugar sobre materias de su amplia competencia, Emilio Herrera Linares encarna las virtudes y los empeños del militar científico, hombre de gran curiosidad, inteligencia creativa, enorme cultura, moralmente íntegro y de trato afable.
(Artículo basado en el estudio del historiador militar Emilio Herrera Alonso).
 
 

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viernes, 16 de diciembre de 2016

El doctor Fausto en la literatura (y VII)

 
Dije antes que en España es poco leído y mal conocido [el Fausto de Goethe]; requiere esto último alguna explicación.
    Muchas son, aun entre las mimas personas ilustradas, las que no lo habrán hojeado nunca, y a pesar de ello, las figuras de Fausto, Mefistófeles y Margarita son para todos familiarísimas. Es que el artista se apoderó de la creación del poeta y la ha estereotipado permítaseme el vocablo en la imaginación popular. El lápiz, el pincel y el buril han reproducido tantas veces esos fingidos personajes, que hasta los más indoctos conocen las escenas culminantes de su existencia imaginaria. Para completar esta obra, a las artes del diseño se ha unido el arte lírico.
    La historia del Doctor y de su amante infortunada pareció tema apropiado y fecundo a los compositores de música dramática, y se han escrito muchas óperas con este argumento. Gounod las ha hecho olvidar todas con su hermoso spartitto, que reina sin rival hasta las orillas del Rhin. El Fausto generalmente conocido en España no es el de Juan Wolfango [Johann Wolfgang von Goethe] Goethe sino el de Carlos [Charles] Gounod. Y como este famoso maestro, aunque ha compuesto una obra verdaderamente inspirada, no acertó a traducir bien la del gran poeta, dije y repito que ésta es mal conocida entre nosotros.
    Hay en esa impropia traducción musical algo, y aun mucho, que no es culpa del compositor, sino de la insuficiencia del arte lírico. Hoy se le da a éste exagerada importancia, y se le atribuyen facultades de que se halla privado. Feliz expresadora de sentimientos, la música sólo alcanza a indicar las ideas de manera muy vaga. El autor que mejor domine los misterios del contrapunto, no acertaría a explicarnos con fusas y corcheas la desesperación del doctor Fausto, su hastío de la vida, su desconfianza de la ciencia, su anhelo de derramar el espíritu en la naturaleza y apoderarse de ella. Esta poesía está muy por encima de todas las "arias" del mundo. Así es que el Fausto de Gounod pierde toda su grandeza intelectual, todo el carácter profundamente humano del personaje de Goethe; y sólo nos interesa cuando, después del prólogo insignificante en que se opera su transformación, el Doctor rejuvenecido se lanza a la aventura amorosa como un "tenor" cualquiera.
    La música expresiva, apasionada, sensual en ocasiones, algún tanto mística en otras, grata siempre al oído, del compositor francés, ha dado gran relieve a los amores de Fausto y Margarita y a la intervención siniestra de Mefistófeles en ellos; pero con un arte muy distinto del de Goethe. En éste domina la naturalidad: nunca se ha escrito una historia de amores con elementos y recursos más sobrios; nada hay que semeje a una heroína de novela o drama, que la pobre Margarita. Con arte exquisito y recóndito, las que parecen escenas vulgares de la vida real, están trasladadas al poema con audacísima desnudez, sin preámbulos ni comentos; y resultan ese es el secreto del genio dotadas de la mayor belleza ideal.
    En la obra de Gounod esa artística sencillez está sustituida por el énfasis y el efecto aparatoso. La sensibilidad, que palpita ingenua y casi inadvertida en el poema, es reemplazada en la ópera por el afectado sentimentalismo. La imagen tan graciosa, tan viva, tan natural de la infeliz doncella enamorada, se convierte en la figura rígida, romántica y casi fantástica de aquella Margarita de guardarropía, que con los ojos entornados y las trenzas sueltas, atraviesa la escena con pausada solemnidad, o canta con extraña prosopopeya la canción del rey de Thulé, dando vueltas acompasadas al torno. Mefistófeles suple con su deforme jeta, sus ademanes estrambóticos y sus carcajadas estridentes la mordaz ironía que escapa a la expresión musical; Fausto, despojado de las dudas de la inteligencia y las luchas de la voluntad, queda reducido al papel de vulgar galanteador; y hasta el tipo, tan hermoso y verdadero, del leal Valentín, diseñado por Goethe en unos cuantos versos, se afemina cantando romanzas sentimentales. Buena ópera, pues, la de Gounod, pero mala traducción del libro de Goethe; por eso no gusta en Alemania.
    Posible es que, impresionados algunos de mis lectores por el tono enfático y la disposición aparatosa de las escenas de la ópera, queden sorprendidos y descontentos de la natural sencillez con que esas mismas escenas se presentan en el poema; pero pronto quedará vencida esa prevención por la superioridad de un arte tan profundo como parco, si por fortuna he acertado a trasladar al castellano con exactitud el pensamiento del autor, y de una manera aproximada el tono que dio a su expresión. No es difícil lo primero, sí lo segundo; y en vencer esa dificultad me he esforzado.
    Impedir que decaiga lo trivial en natural sólo es dado a ingenios de mucha valía, y desconfío de haberlo conseguido. Mi propósito ha sido dar carta de ciudadanía en nuestra patria literaria a la gran creación de Goethe; y entiendo que para ello no basta poner en palabras castellanas elegantes y significativas lo que escribió en lengua germánica el insigne vate: hay que acomodar la expresión a la índole peculiar de nuestra Poética; hay que darle sabor verdaderamente castellano. Tratándose de un poema de forma dramática, no podía ni debía olvidar la enseñanza de nuestro glorioso teatro, de aquel Fénix de los ingenios, de aquel ilustre Calderón, tan admirados ambos por el mismo Goethe. El diálogo escénico está formado en España por esos modelos inmortales, y paréceme que no es impropiedad ni irreverencia seguir, aunque de lejos, sus huellas para sacar a las tablas las figuras más famosas del Parnaso alemán. No quiero decir con esto que trate de añadir a la obra traducida galas impropias de ella, sino que en la elección de metros, en el aire y en el tono de las escenas, en algunos giros del estilo, he seguido la escuela de nuestra gramática nacional para que, como decía al principio, vistan a la usanza española los personajes de Goethe.
* * *
 
Y puesto que vuelvo al comienzo sin pensarlo, señal es de que está terminado el asunto, y me despido de ti, amigo Vicente, y de los que leyeren esta carta-prólogo, deseando que todos ellos sean para mí tan benévolos como lo fuiste tú siempre, y rogando a los que adviertan los defectos de mi traducción que me otorguen la merced de decírmelos, para corregirlos si es posible y no son tantos que me hagan renunciar a la esperanza de sacarla nuevamente a luz, limpia de sus manchas y lunares.
Teodoro Llorente
Valencia, 31 de diciembre de 1882.

Nota del autor: Ahora esta cobrando fama otra ópera con el argumento de Fausto, escrita con el título de Mefistófeles, por Enrique (Enrico) Boito, compositor italiano discípulo de Ricardo (Richard) Wagner, el famoso inventor de la música del porvenir. Esta ópera abarca todo el poema de Goethe: el primer acto es el prólogo en el cielo; el segundo, la Pascua y la aparición de Mefistófeles; el tercero, los amores de Margarita; el cuarto, la aparición de Helena; el quinto, la muerte de Fausto y la salvación de su alma. El libreto se ha ajustado todo lo posible a las escenas del texto a que se refiere, y la música aspira a traducirlas con exactitud. No puedo juzgarla, porque no la he oído. En Italia no gustó al principio esta ópera; pero después apreciáronse sus bellezas y ha entrado en el repertorio. En Barcelona se cantó el año pasado con buen éxito, y ahora está ensayándose en el Teatro Real de Madrid.
    El título me parece impropio; Mefistófeles no es ni puede ser el protagonista de esta tragedia; ese ser infernal solamente nos interesa por su intervención en los asuntos de Fausto, que ha de figurar siempre como principal personaje de esta historia.