lunes, 21 de agosto de 2017

Determinación de los pesos moleculares


Nacido en Barcelona el año 1883, Enrique Moles Ormella, químico, físico y farmacéutico, es una de las figuras preeminentes de la ciencia española, también descollante en el ámbito internacional, con especial incidencia en la primera mitad del siglo XX, por contribuir a la determinación del peso atómico de varios elementos orgánicos; valores que fueron pronto incorporados a la tabla periódica de los elementos.
    Licenciado en Farmacia en su ciudad natal, el año 1905, se doctoró en Madrid al cabo de doce meses con la tesis Procedimientos de análisis de silicatos seguidos en el análisis cuantitativo de algunas micas españolas. Pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios marchó a las ciudades alemanas de Leipzig y Munich, en las que residió entre 1908 y 1911; durante el primer año de estancia publicó en colaboración sendos trabajos de investigación, uno con el químico alemán Karl Drucker, que lleva por título Formulario-guía de farmacología, y el otro, titulado Terapéutica y análisis químico-farmacéuticos, con el farmacéutico español Antonio Novellas. También en Leipzig se doctoró en ciencias químicas con la tesis Revisión químico-física del peso atómico del flúor. A continuación tradujo varias obras de bacteriología y patentó algunas medicinas.
    Nuevamente becado por sus méritos y aportaciones científicas, el año 1912 se instala en Zurich donde junto al químico Philippe A. Guye se familiarizó con los métodos fisicoquímicos para la determinación de los pesos atómicos. Precisamente sobre este particular versó la tesis de doctorado en Ciencias Físicas que obtuvo en la Universidad de Ginebra en 1916; ciudad en la que desempeñó cargo docente ese año y el siguiente, agregado a la Escuela de Química.
 
Precedido por su fama, recibió ofertas para dirigir los departamentos de Química y Física en las universidades de Baltimore, Munich y Zurich; pero su idea era la de regresar a España, cosa que hizo, con estancia en Barcelona para doctorarse el año 1920 en su universidad en Ciencias Físicas y Químicas,  residiendo a partir de entonces en Madrid, doctorándose en Ciencias Físicas y Químicas el año 1922.
    Hasta 1927 es profesor auxiliar de Química inorgánica en la Facultad de Farmacia, desempeño académico que simultanea con la impartición de cursos de Química y Física en el Laboratorio de Investigaciones Físicas de Madrid. Ya en 1927 consiguió la cátedra de Química inorgánica de la Universidad de Madrid y comienza un periplo docente por Hispanoamérica, que acrecienta su prestigio.
    En 1931 fue nombrado jefe de sección del Instituto de Física y Química de la capital de España, que dirigía el prestigioso físico Blas Cabrera y Felipe, considerado el padre de la ciencia física española; y en 1934, con el discurso Del momento científico español 1785-1825, ingresó en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
    Gran docente y maestro de nuevas generaciones de químicos en España, desde estas instituciones aprovechó para innovar los planes de estudio de varias disciplinas científicas, a su vez apoyando el desarrollo académico de la Física y la Química hasta conseguir que fuera creado el Instituto Nacional de Química y Física. También miembro de la Secretaría de la Comisión de Pesos Atómicos de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada, impulsó la oficialidad del idioma español y la organización de un congreso internacional en Madrid, el IX Congreso de Investigación Química Pura y Aplicada, celebrado con éxito en abril de 1934.

Enrique Moles y Ormella

Imagen de www.residencia.csic.es

La tarea de investigación
Enrique Moles vio recompensado su empeño investigador, fruto de su interés por el desarrollo de la ciencia; la determinación de pesos atómicos fue la cima de su gran tarea. Había concluido tras detenidos análisis que sólo la teoría de las densidades límites de los gases, enunciada por el químico francés Marcellin Berthelot, tenía validez para establecer los pesos atómicos y moleculares sobre la base exclusiva de datos experimentales, en ausencia de otras hipótesis complementarias. El planteamiento teórico era simple, pero la ejecución práctica de cálculos en lo relatico a la temperatura, la presión y los pesos requería de una gran complejidad y absoluta precisión. Estas investigaciones sobre la determinación de los pesos atómicos las inició en su etapa ginebrina, luego continuadas en Madrid al cabo de las cuales cosechó el reconocimiento internacional.
    Para determinar los pesos con la debida precisión empleó unas técnicas altamente sofisticadas, entre las principales:
la desecación de los gases, para evitar la humedad en las muestras;
la determinación de los coeficientes de corrección a introducir como consecuencia de la absorción de los gases por las paredes del vidrio;
la corrección para la contracción del vidrio al trabajar en vacío;
el empleo de filtros de vidrio prensado para la purificación de los gases.
    Llegó a determinar los pesos atómicos de los elementos químicos flúor, bromo, iodo, oxígeno, nitrógeno, azufre, sodio, argón y más.
    Hasta el año 1924 no existía una tabla de masas atómicas vigentes por parte de la Comisión Internacional de los Elementos. Tras los resultados de Enrique Moles, la Comisión Española emitió un informe que reunía las correcciones propuestas por los investigadores firmantes, entre los que se encontraban, además del citado, Blas Cabrera, José Rodríguez Mourelo y Ángel del Campo. Los valores de pesos atómicos averiguados por los científicos españoles quedaron incorporados a la tabla periódica por la Comisión Internacional.
    Todas las determinaciones y propuestas realizadas por Enrique Moles alcanzaron los objetivos previstos, le confirieron un gran prestigio y, en suma, el reconocimiento internacional, además de diversos galardones de distinta procedencia, hasta desempeñar funciones de relevancia docente y organizativa en colegios y academias de ciencia en diversos países y ocupar en 1951 el cargo de secretario de la Comisión Internacional de Pesos Atómicos de la Unión Internacional de Química.
 
Otras aportaciones científicas
La relación de estudios científicos de Enrique Moles, así como la aplicación de los mismos en la industria y la docencia, puede catalogarse en cuatro apartados intrínsecamente vinculados a la ciencia química.
Estudio sobre las medidas del magnetismo (magnetoquímica) de los metales hierro y níquel, resolviendo las dificultades halladas por investigadores anteriores.
Estudio de la solubilidad de gases en diversos solventes no acuosos (disoluciones) y mezclas y propiedades de los disolventes.
Conjunto de trabajos sobre la regla de aditividad de los volúmenes moleculares en cuerpos inorgánicos cristalizados, como contribución a la determinación de la estructura de los hidratos.
Estudio de las propiedades y usos de peroxihidróxidos o perhidroles para la actividad farmacéutica.
    A lo que se añade las varias traducciones de obras de farmacia y bacteriología (bioquímica) y una constante publicación científica a lo largo de su trayectoria superior a las doscientas sesenta referencias, incluidas para consulta en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química.


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viernes, 18 de agosto de 2017

Revelación

 
Os escribo desde la esfera de luz, asistido por la magna influencia del conocimiento, abstraído en mi simbólica tarea que he elegido de entre las varias en oferta, ubicado por el designio adjudicador en un lugar que es un punto equidistante a todas las certezas del universo.
    Con lo dicho hasta ahora en esta carta sin remite, que supera la catalogación de preámbulo, os informo, en especial a ti, ya sabes quien eres, también a ti y luego a ti, que sabéis quienes sois, valga el orden de mención, os he descrito suficientemente mi paradero.
    Encarezco a vuestra imaginación un dibujo atinado de la maravilla que os contempla a diario, unos días más que otros, eso sí, con la debida proporción y los colores en consonancia, para que de la idea surja el detalle y a partir de él un anhelo, una causa seguida de su efecto, una curiosidad al alcance del propósito; incluso, permitidme subrayar el término, una necesidad.
    Daros esa oportunidad, de vosotros depende cruzar la frontera, compañeros de ilusiones y fatigas; lo demás viene por añadidura. Yo he podido, yo he querido, porque no soy el doble de todo ni la mitad de nada y me gustan los mensajes crípticos.
    Alicientes busques y en sus alas viajes.
    Os recuerdo sin añoranza pues la lección ha prendido en mí, os llevo conmigo: soy yo.

Jacobello Alberegno: Políptico del Apocalipsis (1343). Gallerie dell'Accademia, Venecia.

miércoles, 16 de agosto de 2017

La lotería de Navidad

 
Desde mediados del siglo XVIII, el gobierno de España pretende crear y oficializar un juego de azar que ordene y controle la ambición de los jugadores asiduos a la vez que atraiga un público nada adicto a invertir su dinero en un lance de fortuna y, asunto trascendente, que canalice el dinero apostado hacia las arcas del Estado sin la apariencia de exacción.
    Es a finales del siglo XVIII cuando la lotería se instaura. Se debe la decisión al rey Carlos III y al marqués de Esquilache, Leopoldo de Gregorio, su ministro de Hacienda y también hombre fuerte del Gobierno.
 
Ya funcionaba en el reino de Nápoles el juego de la lotería, que se tomó como modelo para lo que se quería implantar en España. El marqués de Esquilache solicitó del responsable de Hacienda del gobierno napolitano, Juan Antonio de Goizueta, que mandase viajar a España a José Peya, director del juego de la lotería napolitana.
    Carlos III, que era rey de España y de Nápoles, introdujo la lotería en España el año 1763 (y la costumbre, también napolitana, de los belenes en las fechas pertinentes); y a él se atribuye una frase convertida en proverbio: "El que juega mucho es un loco; pero el que no juega nada es un tonto".

Carlos III y la lotería nacional.

Imagen de www.nacionalloteria.es

El primer sorteo de la lotería española se celebró en Madrid, concretamente en la plazuela de San Ildefonso, el 10 de diciembre de 1763. En aquella ocasión, precedente de una costumbre que pervive, un muchacho de siete años de edad perteneciente al Colegio de San Ildefonso, ataviado cual un ángel, extrajo con su mano inocente de un arca una de las noventa bolas que inauguraba los sorteos y resultó la agraciada con el premio.
    El primer sorteo propiamente dicho de Navidad tuvo lugar el 23 de diciembre de 1799. Y a los pocos años, este sorteo derivaría en el extraordinario de Navidad, con otro equivalente en el mes de junio.
 
Con el estallido de la Guerra de la Independencia, motivada por la invasión de las tropas napoleónicas, la lotería se adapta a los tiempos: nace la Lotería Moderna; en Cádiz y en 1812, año de la Constitución Liberal. Se la denominó moderna para diferenciarla de la surgida en 1763. El proyecto tiene como base el proporcionar fondos a la debilitada Hacienda Pública sin perjuicio para los tributarios, como así lo expresó el ministro del Consejo y Cámara de Indias, Ciriaco González Carvajal. El primer sorteo de la nueva lotería se celebró el 4 de marzo de 1812 en la gaditana plaza de San Antonio. El preámbulo de la instrucción que regía esta modalidad de juego rezaba: "Las Cortes Generales y Extraordinarias de la Nación, enteradas del proyecto que les fue presentado de una Lotería que se ha de nominar Nacional, y ha de ser igual a la que hace muchos años se halla establecida en Nueva España; se sirvieron autorizar al Consejo de Regencia de España e Indias para que lo llevase a efecto del modo que considere más útil y conveniente. En consecuencia, S. A. considerando que este puede ser un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes, y atendiendo a que los fondos que se versen en este juego sean manejados con fidelidad, sin agravio ni perjuicio del público interesado; para que estos fines se consigan, ha tenido por conveniente autorizar con su suprema autorización a  los señores D. Antonio Romanillos, Ministro decano del Consejo Supremo de Hacienda y D. Ciriaco González Carvajal, del Consejo y Cámara de Indias, para jueces conservadores del establecimiento".
    El primer sorteo extraordinario de Navidad ocurrió el 18 de diciembre de 1812: el premio gordo recayó en el número 03604 que obtuvo 8.000 pesos fuertes (aproximadamente 40.000 pesetas); el precio del billete era de 40 reales (aproximadamente 10 pesetas).
    A medida que el ejército invasor se retira de España se expande la lotería y crecen los ingresos por recaudación.

Primer sorteo extraordinario de Navidad.

Imagen de www.mayores.uji.es

El apelativo de "el gordo" al número premiado con la mayor cifra económica se debe a la imagen impresa hasta mediados del siglo XIX en la publicidad referida a la lotería: una figura rechoncha repleta de números y bolas del sorteo, que ilustraba la idealización de un fanático afortunado.
    La primera ocasión en la que apareció legible la denominación "Sorteo de Navidad" en sustitución de la leyenda habitual de "Prospecto de premios" fue en el sorteo del 23 de diciembre de 1892; pero tal denominación no figuró impresa en los décimos de lotería hasta la Navidad de 1897.

lunes, 14 de agosto de 2017

Examen de conciencia insinuado

 
Estaba furioso, decepcionado y confundido, aunque digno de su intelecto conservaba la racionalidad atribuida a los seres cívicos, un ejemplo para la sociedad en torno. Puede ser una virtud o un defecto, una gran virtud o un inmenso defecto lo de amagar con el estallido o quedarse en la vía muerta de la inhibición. Estaba entregado a una ira sanadora de antiguos conflictos, pero no era suficiente con dar rienda suelta al instinto, por fin, no era el cauce para remansar la turbulencia de unos vientos reivindicando el poner cada cosa en su sitio.
    De una vez por todas, para siempre.
    Y eso, el cambio de actitud, exigía variar el rumbo de nada menos que una vida; o lo que se entiende por un largo, muy largo e insulso periodo de tiempo sobre cuyo origen no hay una explicación única, definitoria, convincente.
    Es difícil volver al punto de partida cuando se ha perdido la afición por los descubrimientos.
    Lamento. Malestar.
    La culpa borbotea cadenciosa e intrusiva en un perímetro acotado, en un lugar sabido, bajo la propia responsabilidad. Esta es la clave para salir del pozo sin fondo. Suma y sigue en el desglose: demasiado contemporizar, un exceso de nefasta tolerancia hacia la actuación ajena, deriva en una inconveniente laxitud del criterio y en una atrofia de los reflejos. La causa de la causa es la causa del mal causado.
    Sí, la omisión es una conducta perversa. Por mucho que se la justifique, y motivos para diseminar argumentos en pro de la víctima de abuso de confianza y usurpación de personalidad y funciones no faltan, la ausencia de respuesta contundente con marchamo de autenticidad al cotidiano desafío de vivir en el mundo pasa factura: por tonto, indeciso y confiado.
    Suspiro, hondo suspiro; aire que entra deprisa, a llenar los vacíos, aire que sale despacio, tentador.
    Quizá esa mesura arraigada al comportamiento le proporcionaba una mayor carga de tribulación que el origen de la desdicha. En realidad, los varios orígenes arquitectos en pirámide de la desdicha.
    ¿Y ahora qué?
    Ahora corresponde digerir el trance de ira. Luego, necesariamente en breve, unos minutos, unas horas, tendría que coger el toro por los cuernos y rematar la faena.
    Triste. Tantas largas cambiadas, tanta retórica, tanta ceremonia de adiestramiento para acabar solo, desvirtuado y expuesto, reconvenido de dentro afuera, burlado en la medida de los hechos y sacudido por los tentáculos de la mentira, ahogado por la opresión del engaño y desnudo e inerme ante las manidas tretas del fingimiento.
    Menudo papelón.
    Vaya, vaya...
    La impotencia desespera. Es una sensación de querer y no poder elevada a la enésima potencia. Nada de cuanto se pretende consigue traspasar la frontera trazada por el manejador de los hilos, impermeabilizada hasta del aliento.
    Un fiasco, además.
    La rabia sulfura, llega a cegar y paraliza la capacidad intelectual y la motora salvo para lanzar piernas, brazos y cuerpo contra la ficción de monstruos reptantes; pero también pide venganza, lo que es síntoma de lucidez en el aciago día que el cerrojo y las bisagras de la caja de Pandora han cedido. Hacer algo, tal cual la voluntad en liza, es la demanda a quien puede tomar la decisión; hacer algo, lo que sea y pronto para remediar el mal causado o para impedir que aquello tan perjudicial continúe avanzando. Sin recurrir a bálsamos aliviadores o placebos: acciones directas, acciones reales.
    Eso es: reacción.
    Reaccionar a favor de o en contra de, indistintamente. La traición merece un castigo ejemplar; también la revelación de secretos o la violación de la intimidad, y las afrentas, las injurias o las calumnias. Han de ser castigadas las conductas nocivas, los aprovechamientos fraudulentos y las falacias. Las palabras que mienten, a sabiendas del engaño, deberían volatilizarse en un espacio de estricta justicia habilitado de urgencia al sonar la alarma.
    ¿No la habías oído? ¿No hubo alarma trepidando en la antesala de la desafección, en el preámbulo de la puntilla, en la nota al margen de la obvia declaración de intenciones?
    Porque era obvio. De ahí el dolor. Una lanzada en la zona débil, en la zona desprotegida, en el ámbito de los sentimientos vulnerables.
    Con las cartas sobre la mesa, repartido el juego, es momento de obrar en consecuencia y, sin trampa ni cartón, asumir la parte de culpa inherente a un comportamiento pródigo en cesiones e idealismos. Limando, a continuación, las aristas, por lo general filosas, para que las heridas cicatricen al contacto de un remedio eficaz.
    Respira acompasado, consciente de la dificultad tanto como de la luz al final del túnel, que de esta sales. Con bastantes pelos en la gatera pero la integridad incólume, valga la redundancia.
    Todavía hay elección, y mientras sea posible elegir del mal el menos. De menos a más, en ascenso, con escalas, sin fatigas añadidas ni lastres evitables, aprestada la iniciativa, firme el propósito.
    Recuerdo que estaba furioso, quizá como nunca lo había visto, casi daba miedo acercarse; desencajado, contrito y ausente, una estampa para olvidar. Era la viva imagen de cada uno, de cualquiera de nosotros, superada la censura de la apariencia social. Entonces me pareció sincero, habiendo tocado fondo, condición imprescindible, y dispuesto al interrogatorio para recobrar el pulso a la confianza.
    De los errores se libra uno reconociéndolos, enfrentándose a ellos cara a cara, con el ánimo de superar el escollo. Sólo es posible librarse de los errores, al menos del segundo tropiezo en la misma piedra, aceptando que hay otras formas de ser y estar tan adecuadas, personales y dignas como fue la precedente hasta agotarse en el enésimo intento.
    ¿De acuerdo?
    Pues ya caminas en la dirección correcta.


viernes, 11 de agosto de 2017

El Santo Grial en España

 
La búsqueda del cáliz en el que Jesucristo consagró la primera eucaristía ante sus discípulos ha sido una constante a lo largo de la historia, y no sólo por investigadores del orbe cristiano.
    Para los cristianos la copa que presidía la mesa de la Última Cena y que Jesucristo dispuso para consagrar el vino, en la transubstanciación de su sangre, es el denominado Santo Grial. La reliquia, cauce de controversias, deseos, disputas y erudiciones varias, se ha afianzado en la leyenda y mitificado, no obstante ser un objeto verídico, y en consecuencia histórico.
 
La tradición española relata la peripecia del Santo Cáliz que contuvo la sangre de Cristo
El historiador Juan Antonio Cebrián expone que la opinión mayoritaria de los estudiosos sobre el tema del cáliz santo es que tanto el Cenáculo, la habitación donde reunidos los apóstoles con Jesús compartieron su última cena, como el cáliz que obró el prodigio de la transubstanciación, eran propiedad de la familia de san Marcos, el evangelista; y que era estrecha la relación entre Marcos y Pedro. Dado lo cual, cabe pensar que Marcos entregara la copa a Pedro, presente y futura cabeza de la Iglesia, para su custodia pero, sobre todo, como reliquia a mostrar en la liturgia.
    La tradición española cuenta que Pedro se llevó consigo a Roma el cáliz, y llegado el momento de la sucesión lo transmitió como la más sagrada prenda; y así sucesivamente hasta que el año 258, en la época del emperador Valeriano, la persecución contra los cristianos obligó a tomar precauciones. Gobernaba por entonces la Iglesia el papa Sixto II, quien en vista de los acontecimientos y sabedor que sufriría martirio, confió el cáliz a su tesorero y diácono, san Lorenzo. Por su parte, el santo dio la copa a un soldado de su confianza pidiéndole que la sacara de Roma y llevara a Hispania, concretamente a Osca, Huesca, porque allí su familia se haría cargo de la preciosa reliquia.
    Ya en España, el cáliz permaneció en la villa oscense hasta que un acontecimiento de proporciones mayúsculas, cual la invasión musulmana, exigió un cambio de localización. Audeberto, obispo de Huesca, responsable de la custodia, partió de la ciudad en el 713 camino de un refugio seguro para ambos en la cueva del monte Paño, residencia del ermitaño Juan de Atares. Al cabo de los años, valga el apunte, en aquel lugar alejado del peligro musulmán se fundó el monasterio de San Juan de la Peña; y en y desde este monasterio surgió y avanzó un contingente bélico para la reconquista del territorio y el credo. La estancia del cáliz en San Juan de la Peña consta documentalmente fechada el 14 de diciembre de 1134.
    Acompañaron a la Reconquista los cantares de gesta y los poemas épicos, refiriendo casi todos ellos en mayor o menor extensión la presencia de una maravillosa copa que es fácilmente asimilable al Santo Cáliz.
    Corrieron los años, con su carga de novedades en todos los sentidos, y llegado 1399, la reliquia escondida en la cueva viajó a Zaragoza a petición del rey Martín I el Humano, también con un documento, esta vez de entrega, conservado en Barcelona, donde se confirma el proceso citado: de san Lorenzo, en Roma, con una carta de puño y letra testificando los hechos, al obispo Audeberto, en Huesca y su recepción y puesta a salvo.
 
El emplazamiento definitivo del Santo Cáliz en España ya veremos qué le deparará el futuro es decisión de Alfonso V el Magnánimo. Durante su reinado la reliquia fue trasladada a Valencia y desde el 18 de marzo de 1437 permanece conservada en su catedral. Un documento con los cuños pertinentes acredita que es el "Cáliz en que Jesucristo consagró la sangre el jueves de la Cena".
    Pero como la tranquilidad es un bien pasajero y de muy variadas dependencias, el cáliz experimentó sucesivos peligros auspiciados por las guerras, los odios y las rapiñas; así de 1808 a 1814 como de 1931 a 1939. Durante la Guerra de la Independencia fueron devotos particulares los que se jugaron la vida por esquivar la copa de la mano invasora, mientras que durante los casi cinco años de II República y los casi tres de Guerra Civil, el pretendido cáliz tuvo que ser camuflado dentro de un cojín de sofá que a su vez pasó el tiempo necesario oculto en un compartimento secreto de un armario tras una pared de piedra.
    En 1982 Juan Pablo II realizó su primera visita a España, ocasión para exhibir la reliquia al culto de los fieles y para que presidiera la misa oficiada por el papa.
 
La verosimilitud del Santo Grial custodiado en la catedral de Valencia
 Tras los minuciosos descartes de las copas aspirando al título de santidad, la de Valencia suma más méritos. La crónica de san Jerónimo, que menciona dos copas, una de plata con vino para la cena, la llamada copa de Antioquía, y otra de piedra que fue usada para la institución de la eucaristía, el Santo Cáliz de Valencia, avala a éste como el verdadero recipiente para la consagración.
    La copa de Valencia tiene la parte superior revestida de ágata de color rojo oscuro, a la que se añadió muy posteriormente una estructura de oro con dos asas; mide diecisiete centímetros de alto y su forma es semiesférica, con un diámetro de nueve centímetros. El estudio arqueológico del cáliz demuestra que fue labrado en un taller de palestina o Egipto entre los siglos IV a.C. y I d.C.

Santo Cáliz (Santo Grial) en la catedral de Valencia.

Imagen de www.catedraldevalencia.es



Artículos coincidentes

    Francisco Salzillo

    Gregorio Fernández

    Pedro de Mena

    Luisa Roldán

    Gil de Siloé y Diego de Siloé

miércoles, 9 de agosto de 2017

Frases a continuación


Solamente quería decir
    Lo que percutirá en los oídos una vez soltada la frase puede ser breve o extenso, un compendio, una apostilla o la remozada versión de lo que habiéndose comunicado, por si surgen dudas en las mentes inquisitivas, por si sobrevuelan interpretaciones adscritas a los huecos del espíritu y la letra, por si menudea la bruma donde debiera lucir un potente foco de clarividencia, todo ello colegido al trasluz de las expresiones, requiere a juicio del orador su definitiva sentencia.

Cordelia Urueta: La voz (1958). Museo de Arte contemporáneo de Aguascalientes, México.


Ya lo decía yo
    Frase tan dicha como pensada, que fluctúa entre el telón de fondo, pesada y ruidosamente descendido en la divisoria del pasado y el presente, y la corriente de aire con carga de culpa, responsabilidad, inconsciencia, dolo, negligencia o error inexcusable; en los demás, claro, segundas o terceras personas del singular y plural. Encaramado al sitial de los augures, "dije y digo", dice aquel que supo en su día lo que ahora y siempre terciará picajoso, zumbador y reiterativo; incluso puede que con razón.

lunes, 7 de agosto de 2017

Alfonso de Borja (Calixto III)


Los Borja, más conocidos entre el público en general como los Borgia, eran una familia aragonesa afincada en Valencia que llenó páginas de historia y a ésta dio nombres y hechos que perduran. Por ejemplo, el de Alfonso de Borja, nacido en Canals, provincia de Valencia, el año 1378 (precisamente cuando comenzó el Cisma de Occidente).
    Ordenado sacerdote amplió conocimientos estudiando leyes en la Universidad de Lérida. Vistos sus progresos, el papa Benedicto XIII, Pedro de Luna, afincado en Avignon, lo promovió para el cargo de canónigo de Lérida. Pero esta etapa concluyó pronto puesto que el rey Alfonso V de Aragón, apodado el Magnánimo, lo llamó para que, en base a sus merecimientos, le asistiera como jurista, secretario y consejero privado.
    Percibida y ejercitada su habilidad para las negociaciones y el servicio de la tarea encomendada, la primera misión política de Alfonso de Borja, dictada por el Magnánimo, trató en conocer y conducir al proclamado papa Clemente VIII, en la línea sucesoria del papa Luna, llamado Gil Sánchez Muñoz, hombre de carácter apacible y poco entusiasmado con la jerarquía que le concedieron el grupo de fieles de Benedicto XIII, sostenido por el monarca de Aragón; aunque tras la proclamación de Clemente VIII figuraba Alfonso V, molesto con las injerencias políticas del papa romano Martín V, proclive a favorecer las pretensiones de Luis de Anjou sobre el reino de Nápoles y cualquier causa contraria a los intereses y deseos de España (algo habitual, y no por ello menos comprensible, a lo largo de la historia vaticana). Alfonso de Borja, delegado máximo, se empeñó en conciliar las adversas voluntades, logrando que Clemente VIII renunciara a su ficticio solio y que cediera la inquina entre el rey magnánimo y el papa de Roma; una carambola a dos bandas que tuvo efecto un tiempo. En agradecimiento a su gestión, Martín V le nombró obispo de Valencia en 1429.

Alfonso V de Aragón, el Magnánimo

Imagen de http://buscandomontsalvatge,blogspot.com

Desde su sede valenciana, Alfonso de Borja participaba con altos poderes en cuantos asuntos le eran demandados. Intervino en la querella por Nápoles y, asimismo, en las difíciles relaciones entre las coronas de Catilla y Aragón; asunto doméstico éste, extranjero aquél. Pero un obstáculo apareció en la buena marcha de las gestiones acerca del rey de Nápoles y en los principios de acuerdo: en Roma se nombró al papa Eugenio IV, quien, en seguida, denunció la concordia con el rey aragonés a propósito de Nápoles, quien a su vez, nuevamente enfadado, incluso agraviado, con la actitud del Estado Pontificio, reaccionó a la contra promocionando a otro antipapa, Félix V.
    Alfonso de Borja mediaba como podía, nadando entre dos aguas, para aplacar los ánimos; pero en vano. Alfonso V de Aragón, harto de politiqueos y presencia influyente de los francos en Roma, tomó Nápoles por la fuerza de las armas en 1442, ignorando activamente la aversión hacia su persona de la Santa Sede. Quizá el firme desprecio del monarca aragonés favoreció al cabo una reorientación de la política romana, aunque parcial, que aceptó al asentamiento de Alfonso V como rey de Nápoles y una vía de entendimiento por donde transitaba en ida y vuelta Alfonso de Borja; que esta vez fue recompensado por sus buenos oficios con el capelo cardenalicio.
    Conservó la sede valenciana, no obstante su ascenso a la curia, a petición de las partes, frecuentando las provechosas estancias en el Vaticano que le aportaron fama jurídica, diplomática y personal, por sus sencillas costumbres, algo inhabitual, y austero proceder. Iba derecho hacia la cumbre, tal cual había profetizado el luego san Vicente Ferrer, eminente taumaturgo, el primer día que vio a Alfonso de Borja: "Serás papa".

Calixto III

Imagen de www.liturgia.mforos.com

Elección que tuvo lugar el 8 de abril de 1445. Alfonso de Borja se convirtió en el papa Calixto III. A su alrededor el mundo se convulsionaba con la caída de Constantinopla, como desastre contemporáneo de mayor enjundia; unido a las inefables intrigas de la política vaticana y el resto en la vieja y disputada Europa, con especial incidencia en la codiciada Roma, suelo de luchas entre los poderosos clanes de los Colonna y los Orsini. Calixto III sucedía a Nicolás V, papa de gustos artísticos e intelectuales.
    Al nuevo papa se le reconocía su buen hacer en materia diplomática, lo que le valió el aval de sus colegas cardenales para erigirlo en artífice de concordias y ventajas a la recíproca; claro que los electores no desconocían la avanzada edad del nuevo papa, setenta y ocho años, margen de vida escaso para grandes obras, pero oportuno para el deseado ínterin, entre las que se incluye la revisión del proceso de Juana de Arco que iniciaría la santificación de la doncella de Orleans y la implantación de la oración del Ángelus, al punto horario del mediodía.
    Calixto III fue un enamorado de las letras, lo demuestra el inventario de los libros propios que legó al morir; un decidido defensor de Europa frente al expansionismo turco de Mahomed II, lo que dispuso una cruzada que anunció el mismo día en que fue elegido papa y dio forma de bula para su convocatoria poco después; y es notorio su talento militar que concitó la adhesión parcial del rey aragonés —moviéndose en su provecho— y la completa de húngaros y germánicos, amenazados a las puertas de casa por los otomanos.
    El caudillo húngaro Juan Hunyadi se erigió, bendecido, como paladín de la cristiandad. Con estrategia y valor, él y su hueste derrotaron en territorio balcánico el año 1456 al ejército turco, más numeroso y mejor pertrechado, además hiriendo al sultán que optó por la retirada a tiro de flecha de Belgrado, llave de varios caminos hacia el corazón europeo. En reflujo el imperio otomano, Calixto III, fervoroso de la oración, medio espiritual de ayuda decisiva a la victoria en la cruzada, celebró el éxito instituyendo para el 6 de agosto la fiesta de la Transfiguración; día en el que casualmente murió el año 1548.
 
En su pontificado, junto a lo ya expuesto, destacan los nombramientos de tres sobrinos que dieron trabajo a los cronistas y aún más a sus muchos detractores, como señala el historiador Pedro Voltes. Afín a la estirpe, promovió a Rodrigo Borja, antes obispo de Gerona y Oviedo, al cardenalato; luego a ocupar el puesto de vicecanciller de la Iglesia, obispo de Valencia, generalísimo de los ejércitos pontificios y, fuera de la égida de su tío, papa con el nombre de Alejandro VI: el papa Borgia (apellido latinizado). Su sobrino Juan Luis del Milá, obispo de Segorbe, ascendió a la categoría de cardenal. Y Pedro Luis de Borja, hermano de Alejandro VI, recibió el empleo de capitán general de la Iglesia y gobernador del castillo de Sant'Angelo, amén de otras fortalezas de menos renombre y privilegiada ubicación.
    Necesario es también citar al francés Jacques Coeur, personaje de confianza para las ambiciones reales franceses, caído en desgracia, que Calixto III sumó a la causa de la cruzada contra los turcos en aguas del mar Egeo en calidad de Almirante; que resultó válido y triunfador. Asegurada la barrera contra el imperio turco, a expensas del belicoso porvenir, Calixto III podía concluir con satisfacción esa parte de su pontificado.
 
Los restos mortales de Calixto III reposan, igual que los de su sobrino Alejandro VI, el celebérrimo papa Borgia, en la iglesia de Monserrat de Roma.


Artículo coincidente

     Victoria incruenta de las armas españolas

viernes, 4 de agosto de 2017

Los caminos del viajero (12)

 

Dar con la solución.

 
El problema acuciante para Felio era atinar con una solución que le permitiera al mismo tiempo estar, como se supone estaba compartiendo desayuno y trayecto hasta la casa, y seguir, como parece seguía al individuo donde le llevara campo a través. Una solución que fuera simple, convincente a quien se la planteara; o puede que osada, pasmosa.
    Como el pisar las huellas del ser precedente para no perder el camino que traza al viajero que va a ciegas tironeado por una fuerza superior a la propia. A los lados de la estricta ruta el paso es impracticable, como las soluciones que se le ocurren sobre la marcha a un Felio atribulado; soluciones recíprocamente incompatibles, no hay duda, pero tampoco la hay de su consistencia y validez argumental. ¡Paradojas de la vida!
    Paradójico. El camino no tiene salida. Era un camino único con cartel anunciador: Sin salida, de madera grabada por un rayo, hincado en el matorral.
    Paradójico. El guía hizo caso omiso, buen conocedor del terreno. Lo habían contratado para que les mostrara la senda sin tránsito a la velada luz de la noche prorrogada. Pero sólo le seguía Felio, más pendiente de sortear las trampas de la ruta que de distinguir una alternativa asible entre la vanguardia y la retaguardia.
    El hombre de parpadeo demorado le sacaba ventaja. Él, a su vez, sacaba ventaja al mundo a su espalda. Ni por detrás le alcanzarían ni por delante alcanzaría al reclamo. Entonces se dio cuenta de que aquellos segundos de vacilación voy, me quedo, aguardo una señal, me froto los ojos, me lavo las manos, valor y al toro marcaba la diferencia. Por mucho que se empeñara, y hasta ahora se empeñaba, por mucho que acelerara, y hasta ahora sus piernas se movían ágiles pese a la oscuridad y el roce de obstáculos, por mucho que buscara incorporarse al influjo del misterio, lo que él representaba iría siempre unos metros, unos segundos, unas deducciones retrasado.
    Imagen reflejada en el espejo. Te miro, me miras; nos encontramos en el punto medio, después de que me mires y de que te mire. Pero, ¿qué ha pasado antes?
    Al principio fue la intención.
    Felio quería aproximarse a la distancia de impacto. De conseguirlo era cuestión de alargar la zancada, preguntaría al hombre quién de los dos daba sentido a la aventura; y cuánto tiempo había transcurrido desde su acuerdo, escrito en el guion a modo de apunte precipitado. Sin abrir la boca. El aire de la noche traía efluvios de nostalgia, y algunos rumores que al sobrevolar los oídos relataban unos episodios prodigiosos.
    Fantasía.
    El deseo eternamente prolongado de conceder a la imaginación el monopolio de la realidad.
    Imposible.
    Sin embargo, las notas del instrumento de cuerda percutían graves en algún lugar del mundo difuso, sonaban las ululantes notas del instrumento de viento, danzaban frenéticas y sensuales las hojas de escindidas partituras, coreaban el triunfo de los elementos voces unísonas de mil tonos, tañían las campanas.
    La madrugada fluía experta con inquisitiva lentitud.
    "Ven."
    Primera llamada.
    No. Hubo otras llamadas antes.
    "Ven."
    Segunda llamada.
    Antes hubo otras.
    Tercer aviso.
    "Sigue o vuelve."
    Felio quiere penetrar la entreverada oscuridad, "ahora te muestro, ahora te oculto", pero ella, que es vieja y sabia, niega la concesión.
    En el mundo difuso también la autoridad manda y el principio de jerarquía se respeta. Es un sueño, se piensa, mientras el sueño campa por el espacio que le compete y del que es dueño y señor absoluto, intercalado de secuencias de corta duración, pero intensamente vividas hasta que un entrometimiento, cuyo origen se conocerá al rato, sitúa enfrentadas la realidad y la ficción; un cara a cara del intruso con el mago. Se dice que ha sido un sueño, y de él resta una vaga idea y unas imágenes confusas tres o cuatro inspiraciones más tarde. Se opina de la secuela que ha debido ser un sueño. Se juzga como un sueño el resultado que cuesta de atrapar en la sala de los interrogatorios, cuya voz serpentea del enunciado verdadero al enunciado falso con una secuela de argumentos acordes a la oscilación.
    Sumido en la lógica disquisición, vulgo distraído, Felio intentaba conciliar las ansias de los opuestos en beneficio personal, asunto harto complicado de resolver además yendo a tientas, incurso en los riesgos de una naturaleza chancera de apariencia modosa y si no hospitalaria en sus adentros al menos un tanto condescendiente, que para el caso sirve. Aunque fiarse de un improvisado lazarillo, titulado por necesidad, es craso error que se paga caro y rápido.
    En un abrir y cerrar de ojos, valga la nueva paradoja, Felio pasó de arriba abajo, de la luz tenue que los ojos captan al desfiladero opaco, cortante y sañudo que los sentidos temen.
    La esperanza es que sólo fuera un sueño.

miércoles, 2 de agosto de 2017

La génesis del libro electrónico

 
Ángela Ruiz Robles, nacida en el municipio leonés de  Villamanín en 1895, fue docente, pedagoga e investigadora, empresaria y una inventora pionera en el desarrollo tecnológico que llevo a cabo íntegramente en España por firme decisión propia.
    Dedicada al estudio en general y posteriormente al conocimiento científico aplicado a las tareas docentes, ella misma incorporada como maestra a tal fin, pronto impartió clases  de taquigrafía, mecanografía y contabilidad mercantil. Reconocido su valor pedagógico, en 1925 recibió una distinción especial por sus indiscutibles méritos en agradecimiento a su dedicación y la atención desinteresada, nacida y promovida por particulares y vecinos. Prosigue su carrera magisterial desvelando carencias para buscar remedios; en 1934 se ocupa de la gerencia de la Escuela Nacional de Niñas del Hospicio, también dando muestras de competencia y eficacia. En 1945 es nombrada profesora de la Escuela Obrera gratuita y tres años después enseña taquigrafía, ortografía, gramática y mecanografía en un colegio público del que acabó siendo directora y en el que se jubiló llegado el momento.
 
Complementada su actividad pedagógica en presencia diaria de aulas con ciclos de conferencias y tratados impresos, de 1938 a 1946 publica dieciséis libros sobre gramática, ortografía y taquimecanografía, la base de la expresión oral y escrita; entre otros: Compendio de ortografía castellana, Ortografía castellana y Taquigrafía martiniana abreviada moderna (método de su invención). Dada su capacidad y espíritu, en esa época y posteriormente además de las clases normales las imparte específicas a opositores de aduanas, correos, telégrafos y para el ingreso en altos estudios mercantiles que realiza en su propia academia.



Invenciones
 
Las iniciativas pedagógicas de Ángela Ruiz Robles, con sus aparejados inventos, nos dan perfecta cuenta de la trascendencia de los mismos en la época que los presenta y también, lo más relevante, en un futuro que ella, por razones de edad, no pudo ver.
 
Atlas científico-gramatical, en 1944, que muestra España a los alumnos con el concurso simultáneo de la gramática, la sintaxis, la morfología, la ortografía y la fonética. A continuación, la máquina taquimecanográfica.
 
Libro mecánico y Enciclopedia mecánica, en 1949. Consistente en una serie de abecedarios automáticos en diferentes idiomas, funciona por pulsaciones por medio de las cuales se forman palabras y frases, hasta lecciones enteras y, en suma, cualquier escrito que se pretenda. Sobre los abecedarios se sitúa a la derecha una bobina con dibujos lineales y a la izquierda una bobina con dibujos de adorno y figuras (a modo de símbolos); en la parte inferior de los abecedarios aparece un plástico para escribir, operar o dibujar; la parte interior da cabida a un estuche para guardar asignaturas, que se sitúan  a la derecha, pasando por debajo de una lámina transparente e irrompible, susceptible de iluminación y aumentos para poder leer sin dificultad. A izquierda y derecha del recorrido de las materias dos bobinas permiten colocar los libros para leer, en cualquier idioma, dotadas de movimiento para facilitar la secuencia de estudio o lectura; estas bobinas automáticas pueden ser desplazadas a lo largo y ancho del estuche, lo que posibilita la visualización de la asignatura al completo. La enciclopedia mecánica puede colocarse en horizontal, sobre una superficie adecuada, como un libro, o en perpendicular a esa misma u otra superficie, según las necesidades o comodidad requerida por el lector; lo cual evita un esfuerzo físico e intelectual que va en detrimento del estudiante. Características de valor añadido son que el tamaño de la enciclopedia mecánica cuando está cerrada es convencional, de fácil manejo; que las piezas son recambiables; y que su coste es inferior al de la impresión tradicional puesto que la enciclopedia mecánica no requiere de pasta ni encuadernado  y queda impresa, en conjunto o por partes, de una sola tirada.
 
Ángela Ruiz Robles explica la necesidad de su enciclopedia mecánica para los alumnos y profesores: "Aligera el peso de sus carteras puesto que en un solo libro cabe todo el temario de la asignatura en cuestión, y los de las demás, hace más atractivo el aprendizaje y adapta la enseñanza al nivel de cada estudiante". La versatilidad del invento influye en la aplicación pedagógica: "Es portátil, pesa poco y se utiliza tanto en el colegio como en casa". Sobre el sistema tecnológico que se fundamenta la enciclopedia mecánica, con botones, luces, lentes, bobinas y sonidos, cita: "Se adapta a los alumnos de todos los niveles, también a los que padecen deficiencias visuales. Apoya el aprendizaje con sonidos. Enseña varios idiomas a un tiempo. Facilita el aprendizaje en condiciones de escasa o nula iluminación porque lleva incorporada la luz. Y, con relación al maestro, le da soporte para que añada sus propios materiales y aminorar costes". Añade, convencida de la utilidad de su invento: "Los libros mecánicos proporcionan muchísimas ventajas. El mío ha sido ideado para todos los idiomas y facilita grandemente el trabajo a profesores y alumnos". Define su libro como ideovisual, didáctico e interactivo, con textos que relacionan ideas: "Responde al progreso de la sociedad y cumple las leyes de enseñanza. Por su facilidad de manejo y su atractivo permite enseñar a los profesores y a los pedagogos tanto como a los alumnos. Se trata, en definitiva, de una pedagogía ultramoderna que actúa de acuerdo a la realidad pedagógica de la que es auxiliar".
    La relación de textos con ideas es lo que actualmente se denomina hipervínculo, de uso en Internet; prestación original de Ángela Ruiz Robles que la convierte en precursora del libro electrónico (e-book, iPad y tabletas digitales), hoy en día implantado en la sociedad, para su uso generalizado, y la escuela, para aplicaciones específicas.
 
Reiteramos, pues es de justicia y motivo de orgullo patrio, que Ángela Ruiz Robles rechazó siempre las proposiciones de explotación de sus patentes fuera de España, por ejemplo en los Estados Unidos de Norteamérica, cuyo gobierno se ofreció formalmente para llevarlas a cabo; ella quiso que el desarrollo de sus invenciones tuviera lugar en España.



Galardones y reconocimientos
 
Persona emprendedora abocada a la innovación en los ámbitos didácticos y pedagógicos, apasionada de la enseñanza y pendiente del bienestar en alumnos y profesores, la maestra Ángela Ruiz Robles sintió el afecto de su gremio y el de los estamentos de Educación, prolongados ambos con toda justicia más allá de su fallecimiento en 1975.
    En 1947 recibe la Cruz de Alfonso X el Sabio por su labor social y sus innovaciones pedagógicas y en merecido y pronto reconocimiento a su carrera profesional. En 1952 le fue otorgada la Medalla de Oro y el Diploma en la 1. ª Exposición Nacional de Inventores Españoles. En 1956, el Ministerio de Educación Nacional le concede el Lazo de la Orden de Alfonso X el Sabio. En 1957 se le premia con el Oscar a la invención en la Feria Oficial y Nacional de Zaragoza. En 1957 recibe Medalla de Bronce en la Exposición Internacional de Bruselas y en 1958 la Medalla de Bronce por las novedades pedagógicas en la misma ciudad. En 1959 es nombrada Gestora Delegada de los Inventores Españoles para la Región de Galicia. En 1963 se le otorga la Medalla de Plata en la Exposición Internacional de Invenciones de Bruselas. En 1964 recibe el Diploma y la Medalla en la Exposición de Sevilla. En 1968 se le premia con la Medalla de Ginebra a los inventores españoles. En 1970 participa en la Exposición en el Salón de la Inventiva en el Palacio de Cristal de Madrid. En 1973 es nombrada Jefa provincial de la Federación Politécnica Científica de la Inventiva Internacional. Y hasta su fallecimiento formó parte de la Federación Politécnica Científica de la Inventiva Internacional en calidad de Ingeniero en Inventiva e Investigación Científica.
    En 1970, el vicepresidente para España, delegado oficial para América Latina y director de la revista Técnica e Invención, declara en la presentación de la investigación realizada por un equipo de científicos durante siete años en busca de inventos españoles lo siguiente:
"En 20 siglos, tanto en España como en otras naciones, le aseguro que en ninguno de los numerosos centros de investigación que hemos consultado existía referencia alguna sobre ingenios de origen femenino. Creo que la situación no es solo española, porque tanto aquí como en el resto de los países la mujer significó bastante poco. La única inventora española es Doña Ángela Ruiz Robles, miembro de la Orden de Alfonso X el Sabio y poseedora de numerosos premios nacionales e internacionales a la invención. Doña Ángela se encuentra representada en esta Exposición por tres ingenios verdaderamente importantes en lo que a la enseñanza se refiere: la máquina taquimecanográfica, un atlas lingüístico gramatical y la enciclopedia mecánica que ha sido aprobada por el Ministerio Educación y Ciencia para texto de enseñanza."
    En octubre de 2011 la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Informática y de Telecomunicación de la Universidad de Granada le hace un homenaje como la precursora del libro electrónico (e-book).
    En 2013 ha sido editada por los ministerios de Economía y Competitividad y el de Educación, Cultura y Deporte la monografía: Ángela Ruiz Robles y la invención del libro mecánico, publicación consistente en una serie de artículos y estudios sobre la maestra inventora que además incluye las patentes de 1949 y 1962 -fechas donde se enmarca el proceso creativo que la condujo de la idea del libro mecánico al prototipo de la enciclopedia mecánica- que Ángela Ruíz Robles presentó de su Procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para la lectura de libros y de la Enciclopedia mecánica.
    También en el año 2013 la comunidad científica informática, agrupada en la Sociedad Científica Informática de España (SCIE) y en el Congreso Nacional de Informática (CEDI) en su convocatoria de una nueva edición de los Premios Nacionales de Informática en su octava edición ha creado entre otros, el Premio Ángela Ruiz Robles a las actividades institucionales, corporativas o individuales que potencien el emprendimiento en el área de las tecnologías de la información y que estimulen la innovación, la transferencia de conocimiento, la creación de empleo, la apertura de nuevos mercados, la relevancia e impacto internacional e iniciativas análogas.

Ángela Ruiz Robles y su libro mecánico.

Imagen de www.abc.es


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lunes, 31 de julio de 2017

Revelación

 
Os escribo desde la esfera de luz, asistido por la magna influencia del conocimiento, abstraído en mi simbólica tarea que he elegido de entre las varias en oferta, ubicado por el designio adjudicador en un lugar que es un punto equidistante a todas las certezas del universo.
    Con lo dicho hasta ahora en esta carta sin remite, que supera la catalogación de preámbulo, os informo, en especial a ti, ya sabes quien eres, también a ti y luego a ti, que sabéis quienes sois, valga el orden de mención, os he descrito suficientemente mi paradero.
    Encarezco a vuestra imaginación un dibujo atinado de la maravilla que os contempla a diario, unos días más que otros, eso sí, con la debida proporción y los colores en consonancia, para que de la idea surja el detalle y a partir de él un anhelo, una causa seguida de su efecto, una curiosidad al alcance del propósito; incluso, permitidme subrayar el término, una necesidad.
    Daros esa oportunidad, de vosotros depende cruzar la frontera, compañeros de ilusiones y fatigas; lo demás viene por añadidura. Yo he podido, yo he querido, porque no soy el doble de todo ni la mitad de nada y me gustan los mensajes crípticos.
    Alicientes busques y en sus alas viajes.
    Os recuerdo sin añoranza pues la lección ha prendido en mí, os llevo conmigo: soy yo.

Jacobello Alberegno: Políptico del Apocalipsis (1343). Gallerie dell'Accademia, Venecia.

viernes, 28 de julio de 2017

Lo inferior como superior, lo regresivo como “progreso”

 
Julián Marías Aguilera, vallisoletano nacido en 1914, ha presentado y desenvuelto en forma sistemática los temas capitales filosóficos a la luz de la filosofía de la razón vital. Escribe "La filosofía tiene la exigencia de justificarse a sí misma, de no apoyarse en ninguna otra certidumbre, sino, por el contrario, dar razón de la realidad misma, por debajo de sus interpretaciones y, por tanto, también de las presuntas certidumbres que encuentro".
    Afirma que la trascendencia es la condición misma de la vida; que la vida humana presenta una estructura empírica, campo intermedio entre la teoría analítica de la vida humana y la narración biográfica concreta de ella, compuesta por elementos a la vez variables y permanentes, forma precisa de nuestra circunstancialidad; y que en la vida, realidad radical, se constituyen las realidades como tales, de ahí que la teoría de la vida humana no sea una preparación para la metafísica sino la metafísica: toda realidad se da radicada y complicada en la teoría de la vida.
 
Doctor en Filosofía, catedrático de Filosofía española, fundador junto a José Ortega y Gasset del Instituto de Humanidades en 1948, académico de número de la Real Academia Española y de la de Bellas Artes de San Fernando, miembro del Colegio Libre de Emérito, del Instituto Internacional de Filosofía, de la Hispanic Society of America, de la Society for the History of Ideas de Nueva York y del Consejo Pontificio de Roma, entre otros títulos, sin mencionar distinciones, es una de las cumbres del pensamiento español del siglo XX. Falleció en 2005.
 
Algunas de sus obras:
Historia de la filosofía (1941), Introducción a la filosofía (1947), Ensayos (ed. 1954-55 y ed. 1967), La estructura social (ed. 1955 y ed. 1993), La Escuela de Madrid (1959), Los españoles (1962), El tiempo que ni vuelve ni tropieza (1964) El uso lingüístico (1967), Antropología metafísica (1970), Innovación y arcaísmo (1973), La justicia y las justicias (1975), España inteligible (1985) La mujer y su sombra (1986), La libertad en juego (1986), La felicidad humana (1987), Cervantes, clave española (1990), La Corona y la comunidad hispánica de las naciones (1992).
 

Julián Marías Aguilera

Imagen de www.colegiodeemeritos.es 
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 Prólogo de España inteligible. Razón histórica de las Españas
 
España se ha presentado reiteradamente como un misterio o enigma, como una realidad incomprensible, tal vez contradictoria, por lo menos incoherente, conflictiva, desgarrada por tensiones insuperables, frustrada. Así se ha mostrado a los ojos de los extranjeros, y más aún de los propios españoles. El tema de "la preocupación de España" cruza toda nuestra literatura -más allá de la obra de los historiadores o sociólogos- desde el siglo XVI hasta hoy, y no es difícil encontrar preludios en la Edad Media. Esta permanencia revela un carácter intrínseco: la preocupación por la condición española parece un ingrediente esencial de la realidad de España, a diferencia de lo que sucede con otros pueblos, que sólo ocasionalmente se vuelven con inquietud y zozobra a preguntarse por su propia realidad.
    ¿Es esto una "anormalidad", una dolencia nacional, a diferencia de los pueblos "sanos" de Europa y de otros continentes? Parece que sí, y confirmaría las interpretaciones habituales y que se admiten como cosa obvia. Pero se ocurre una reflexión que nos llevaría a mirar ese hecho de otra manera. El hombre es la única realidad que consiste en interpretación de sí misma. No es que pueda haber una teoría sobre la vida humana, sino que ésta no es posible más que cuando se interpreta y entiende como tal vida; esa teoría no se añade a la vida sino que es uno de sus ingredientes, de sus requisitos esenciales; por eso la llamo desde hace más de treinta años teoría intrínseca. Pues bien, si esto es propio de la vida humana individual, de la de cada uno de nosotros, ¿no lo será también de la vida colectiva, de la de cada sociedad? Esa pertinaz reflexión de los españoles sobre su propia realidad, ese afán por poner en claro qué es España, en qué consiste, cuál es su destino, esa actitud que parece una morbosa obsesión, obstáculo para una historia normal, ¿no podría resultar el carácter específicamente humano de esa sociedad que llamamos España? ¿No será que nuestra vida colectiva no ha perdido enteramente los atributos de la vida en sentido riguroso, la de cada cual? La sociedad -Ortega lo mostró- es el "mundo" social, lo humano deshumanizado. Podría pensarse que España sea una sociedad no enteramente deshumanizada que conserva algunos rasgos de la vida individual, propiamente personal.
    No es seguro que esto sea una ventaja; tal vez el funcionamiento de lo colectivo exige esa deshumanización o mineralización; esto explicaría ciertas deficiencias demasiado evidentes de España a lo largo de la mayor parte de su historia.  Pero tampoco está dicho que ese carácter sea sin más negativo; quizá esa personalización tenaz, mantenida en la vida colectiva, sea el secreto de ciertas posibilidades inesperadas de España, con las cuales sorprende de cuando en cuando el manantial de una vitalidad que rebrota una y otra vez, a pesar de todas las decadencias.
    Y, por supuesto, esas sucesivas interpretaciones de España, los resultados intelectuales de la preocupación nacional, no son de la misma perspicacia, del mismo valor. No es seguro que hayan servido siempre para aclarar las cosas, sino que tal vez las han confundido. En todo caso, forman parte de la realidad de España y hay que tenerlas en cuenta, no como doctrinas "sobre" ella sino como parte integrante de ella. Otra cosa sería como el intento de comprender a un hombre sin pensar en lo que él piensa de sí mismo, cómo se ve, quién pretende ser.
    Los historiadores suelen oscilar entre contentarse con eso -es decir, con lo que algunos hombres, políticos por lo general, a veces otros historiadores- han dicho, o bien atenerse a una especie de behaviorismo de los hechos, sin interpretación, con lo cual se quedan a la puerta de la historia, sin entrar en ella. En tiempos recientes esta tendencia se ha acentuado hasta el extremo de reducirse a datos  estadísticos, sin narración alguna, y hasta con eliminación de los nombres propios, sin darse cuenta de que ello es tan interpretación como otra cualquiera, con la diferencia de que no se intenta siquiera justificar.
    Una de las dificultades mayores es que la historia de España ha solido hacerse -y desde luego por los propios españoles- desde el punto de vista de otros países europeos, con una óptica que podría ser adecuada para entenderlos -y sobre esto mismo habría mucho que decir-, pero no para comprender la realidad española. Buena parte de la impresión de "extrañeza" que España ha provocado viene de ahí, como cuando se encuentra que un pez es extrañísimo hasta que se cae en la cuenta de que no es un pez sino un pájaro.
    Esta idea me ha asediado durante muchos años. Al leer la mayor parte de lo que se ha escrito sobre nuestro país casi siempre he sentido una sensación de inadecuación, de desajuste; si se quiere una imagen visual, de desenfoque; en cambio, alguna que otra vez me ha parecido ver una súbita iluminación, como un relámpago que permitía entrever la realidad de España.
    He pensado que se trata de mirar esa realidad desde dentro, sin ejercer violencia sobre ella; de abandonarse a sus líneas reales, a sus transformaciones. Se me impuso, sin buscarlo, un título: España inteligible; algo que parece un desafío, a contrapelo de lo que se suele pensar. Tenía la impresión de que basta con mirar fielmente la realidad española, sin dar por supuesto que es como al de Francia, Alemania o Inglaterra, sin declararla anormal e incomprensible si resulta no ser así para empezar a entender. Pero eso, mirar de esa manera, acaso es más difícil de lo que parece y requiere ensayar una óptica cuya teoría apenas está elaborada.
    Hace siete u ocho años empecé a escribir un libro con ese título. Pocas páginas había redactado cuando las vicisitudes de mi vida privada me hicieron imposible continuarlo. Precisamente por entonces se iniciaba una fase de nuestra historia que reclamaba con mayor urgencia tener en claro lo que hemos sido, lo que somos., lo que podemos ser, lo que tenemos que ser -si queremos ser nosotros mismos. Vale la pena intentar dar razón de España; y esa razón no puede ser más que razón histórica.
 
 
La persistencia del proyecto originario (último epígrafe de la obra)
 
Me parece una exigencia de rigor intelectual enfrentarse con los problemas sin disimulos ni aplazarlos indefinidamente. Hace ya años, quizá por sentir que la vida no es ilimitada y que las preguntas necesarias reclaman respuesta, si es posible, o la comprobación de que no la tienen -al menos al alcance de quien pregunta- que propendo a intentar llegar a últimas cuentas con la realidad, a no detenerme antes de ellas y por supuesto a no escamotear las dificultades o rodearlas.
    Este libro ha mostrado con insistencia como España se constituye animada por un proyecto histórico que es su identificación con el cristianismo, lo cual envolvía la afirmación de su condición europea y occidental. Ese ha sido el sentido de la sociedad española a lo largo de su historia, y sin él no se la puede entender. Hemos visto también que esto lleva a España a cometer un grave error: el de suponer, desde fines del siglo XV, que el que España sea cristiana permite suponer que todos los españoles deben ser cristianos, y que eso puede exigirse. Por causas que he estudiado en las páginas anteriores, ese proyecto se abandona progresivamente a lo largo del siglo XX, y los intentos de afirmarlo tienen un carácter polémico, negativo respecto del presente, y que recae, de una manera o de otra, en el viejo error. Se desliza en ellos la idea de que un español no cristiano no es verdaderamente español, o lo es menos. Esto parece inadmisible a los ojos de los hombres del siglo XX, para quienes es evidente que la fe religiosa no es exigible -los cristianos deberían tener siempre presente que es una gracia-, y que es un hecho que muchos españoles no son cristianos.
    ¿Quiere esto decir que lo que ha sido el proyecto histórico de España no tiene ya validez, que ha desaparecido? ¿No significaría esto una ruptura de la continuidad histórica, de manera que estaríamos no en una sociedad distinta sino en otra sociedad que la que fue España entre el siglo VI y el XVIII? Piénsese en la situación actual de los pueblos islámicos. Sea cualquiera la actitud religiosa personal de los individuos -y hay gran variedad entre ellos- se considera que están definidos por el Islam, que este es parte esencial de su realidad, que sin él no se los puede comprender. Algo análogo deberíamos pensar de los pueblos occidentales respecto a sus tres raíces capitales: la razón teórica de origen helénico, el sentido de la autoridad y el mando según derecho, acido de Roma, la visión judeocristiana de un Dios personal, padre de los hombres y con quien cabe una relación personal y filial. En todo caso, por mucho que pueda haber variado la actitud de los individuos, los pueblos de Occidente no se pueden comprender sin esos principios constitutivos; se puede discrepar de ellos, pero esa misma discrepancia se hace sobre el torso de la figura humana trazada por su conjunto. Aun en el caso hipotético de que ningún europeo, ningún occidental se adhiriese personalmente a ellas, Europa y el Occidente no serían inteligibles más que a su luz, y no podrían proyectar su futuro sin contar con lo que había sido su condición.
    En el caso de España, lo que se refiere a las raíces griega y romana es válido como para los demás países europeos; pero en lo que concierne al cristianismo la situación es mucho más aguda. Hemos visto cómo los demás países europeos eran cristianos pero no consistían en ello. -su actitud en los países descubiertos y colonizados muestra la diferencia-; España se había definido, a lo largo de la Reconquista, identificándose -en lo religioso y en lo temporal e histórico- con el cristianismo y la cristiandad a la vez, y ello se prolonga después de la unidad nacional durante los tres siglos siguientes.
    A la pregunta de si es inteligible España sin el cristianismo habría que responder que no; pero esto no quiere decir que los españoles sean forzosamente cristianos, ni siquiera que el proyecto histórico de España, en el presente que anticipa el futuro, se identifique con el cristianismo. Esta es la gran dificultad que no se puede soslayar; la ausencia de una respuesta satisfactoria ha perturbado la proyección histórica, ha introducido la ambigüedad en la manera de sentirse los españoles, ha paralizado o desvirtuado las trayectorias españolas durante casi doscientos años.
    Dejando de lado por el momento el cristianismo volvamos los ojos a as otras dimensiones de la herencia europea. La interpretación de lo real, y en particular del hombre, que la caracteriza se deriva de la razón, de origen griego, que ha hecho posibles la filosofía de la ciencia y también la técnica científica, hoy de vigencia universal. Añádase a esto la idea del derecho, de que el hombre es titular de ellos, ciudadanos, y que el poder es primariamente autoridad. Esto quiere decir una interpretación personal del hombre, capaz de entender la realidad, autor y responsable de sus actos, libre, obligado a elegir en cada momento porque su vida no le es dada hecha y tiene que hacerla con las cosas; que tiene que justificar su elección, por lo menos ante sí mismo, y para ello tiene que pensar o razonar; que, por consiguiente, es bueno o malo, no determinado por un sistema de instintos sino por una decisión suya y motivada; que puede ser feliz o infeliz, y pretende la felicidad aunque no sea accesible; que quiere seguir viviendo indefinidamente, sin renunciar a proyectar.
    Cuando digo que esta es la interpretación personal del hombre no es menester volcar en esta expresión las diversas teorías sobre la persona; se trata de algo mucho más elemental y por tanto más importante, que afecta a todos los hombres y no sólo a los intelectuales, a los dedicados al pensamiento teórico: la distinción inmediata, viva en el uso de la lengua, entre qué y quién (algo y alguien, nada y nadie). Nadie confunde estos términos, nadie pregunta ¿qué? cuando se trata de un hombre, que no es vivido como "algo" sino como alguien corporal. En esta visión consiste Europa, y por obra suya el conjunto de Occidente. Y es puramente intelectual, derivada del ejercicio de la razón.
    Ahora bien, la interpretación cristiana coincide literalmente, desde una perspectiva religiosa, con esa visión de la realidad a la cual añade otros rasgos derivados de la revelación: ese hombre ha sido creado por un acto de amor efusivo de Dios, a su imagen y semejanza, como imagen finita de la infinitud, siempre haciéndose y nunca concluso o perfecto. Y ese hombre llama Padre a Dios y por ello ve a los demás hombres como hermanos. Finalmente, al carácter irreal, más que natural, proyectivo, futurizo, que el pensamiento racional descubre, el cristianismo agrega la condición sobrenatural, la participación en la vida divina, la proyección de esta vida hacia la otra, perdurable. De hecho, ha sido la religión cristiana la que ha hecho participar a millones de hombres, durante dos milenios, de esa visión de lo real, y en particular de la humana, en que va inclusa la interpretación más honda del pensamiento creador de Occidente.
    Pues bien, hay un momento -dentro de un largo periodo, por etapas, según cuestiones y países- en que se inicia en Europa un movimiento de regresión, de simplificación y de primitivismo. Esto se hace en nombre de la ciencia, pero no por sus grandes creadores (Galileo, Kepler, Descartes, Leibniz, Newton) sino por los que la reciben y no suelen poseerla bien. Se vuelve a la prehistoria, se interpreta al hombre como "algo" (y no alguien), como cosa y no persona, como un organismo formado por azar y necesidad, sin libertad ni sentido. Una cosa, por supuesto, destinada a perecer, sin esperanza ni horizonte de perduración: no seguirán viviendo ni cada uno ni para cada uno los demás. 
    Esta manera de ver las cosas, que anula la inmensa creación del pensamiento occidental, se ha deslizado insidiosamente en la mente europea desde el siglo XVIII, y cada vez con mayores recursos y deliberación en los siguientes. Esta ha sido la gran desviación de Europa, admitida parcialmente por los europeos, hoy por muchos occidentales. Si consideramos las trayectorias seguidas históricamente por los diferentes países, ¿no sería legítimo considerar que una porción de Europa ha caído en una tentación de inautenticidad y empobrecimiento, de primitivismo y retroceso, de recaída en formas incomparablemente más toscas e injustificadas que las que había alcanzado hacía mucho tiempo? ¿No estaría justificada una actitud de repulsa de España, que por haberse identificado con el cristianismo se negaba a renunciar a la interpretación personal de la realidad que la fe religiosa llevaba dentro?
    Hay que advertir que cuando España se encuentra realmente en presencia del pensamiento europeo, a mediados del siglo XVIII, este es muy poco creador y ha sucumbido a esa degradación, trivialización y desvirtuación que acabo de señalar.  Parece justificado que, con todas sus deficiencias intelectuales, España se sintiera más cerca de la verdad -sobre todo de las verdades decisivas- que la superficie cultural de Europa.
    Lo grave es que, más tarde y más a destiempo, España acaba por incorporarse a esa "nueva" visión regresiva de la realidad. Nunca del todo, siempre con fuerte resistencia y sin la suficiente claridad. De ahí la desorientación, el desorden mental que caracteriza a España en el siglo XIX y que desembocará en el desorden práctico, en el de la convivencia. La tendencia a la imitación, cuando pierde la confianza en sí misma, cuando acepta la descalificación exterior y la hace suya, la lleva a tomar lo inferior como superior, lo regresivo como "progreso".
    Pero por una fortuna en que el azar no tiene demasiado que hacer, en la España del siglo XX se han dado los pasos más innovadores y fecundos para comprender, justificar, llevar adelante el núcleo interpretativo de la realidad que ha sido la gran creación de Occidente, la que ha asegurado su superioridad histórica durante tantos siglos. El pensamiento español no ha renunciado a las verdades laboriosamente descubiertas desde Grecia hasta la Edad Moderna; las ha puesto a prueba, depurado y justificado, considerado a una nueva luz, con métodos adecuados, y las ha hecho avanzar e intensificarse, marcando un punto de inflexión en la historia del pensamiento, es decir, el comienzo de una nueva época.
    España puede ser o no cristiana, por supuesto los españoles lo son o no; pero el núcleo históricamente fecundo de lo que ha sido desde los orígenes el proyecto generador de España, la identificación con el cristianismo, pervive aun independientemente de la religión. La originalidad española en la esfera del pensamiento es coherente con la manera como los españoles, desde que empezaron a serlo, se han entendido a sí mismos; en otros término, con la historia de España en su integridad, despojada de adherencias, tentaciones, desmayos y errores. La España que pudo ser, la que se hubiera mantenido a la altura de sus exigencias, sin degradaciones ni caídas, coincide con la España que podrá ser si no renuncia a lo más propio y creador, a lo que constituye lo más valioso y original que ha aportado al mundo.
    Para España, el hombre ha sido siempre persona; su relación con el Otro (moro o judío en la Edad Media, indio americano después) ha sido personal; ha entendido que la vida es misión y por eso la ha puesto al servicio de una empresa transpersonal; ha evitado, quizá hasta el exceso, el utilitarismo que suele llevar a una visión del hombre como cosa; ha tenido un sentido de la convivencia interpersonal y no gregaria, se ha resistido a subordinar el hombre a la maquinaria del Estado; ha sentido la vida como inseguridad, no ha creído que su justificación sea el éxito: por eso la ha vivido como aventura y ha sentido simpatía por los vencidos. La obra en que lo español se ha expresado con mayor intensidad y pureza, la de Cervantes, respira esta manera de ver las cosas.
    Si se prolongan esos proyectos, si se los pone a la altura del tiempo, liberados de la ganga que las impurezas de la historia han ido depositando en ellos, si se los interpreta y formula con rigor intelectual, se encuentra lo más fecundo del pensamiento español de nuestro tiempo. En él se puede ver la clave, más luminosa que nunca, de lo que podría ser la continuación innovadora del más que milenario proyecto histórico de España.
 
 

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