lunes, 28 de septiembre de 2015

El Autogiro de Juan de la Cierva


Las alas giratorias, precursoras del helicóptero, fueron una utopía hasta el 20 de junio de 1920. En esta fecha nació el Autogiro, registrada la patente y el nombre por su creador: Juan de la Cierva y Codorníu.

Juan de la Cierva y su Autogiro


 

El despegue y aterrizaje verticales de aparatos destinados al vuelo, habían sido estudiados desde el Renacimiento por mentes tan brillantes como la de Leonardo da Vinci. En épocas ya cercanas a la del Autogiro de Juan de la Cierva, intentos serios como los de Breguet-Richet, Paul Cornu, Ellenhammer, Oehminchen, Pescara, Petroczi o Von Karman, no superaron en el mejor de los casos más que tímidos acercamientos al helicóptero actual y también los aviones de despegue y aterrizaje verticales.

Juan de la Cierva y Codorníu nació el 21 de septiembre de 1895, en Murcia, nieto del ingeniero de Montes Ricardo Codorníu e hijo de Juan de la Cierva Peñafiel, abogado y político conservador que fue alcalde de Murcia, Gobernador de Madrid y ministro de Hacienda. Ingeniero de profesión, Juan de la Cierva había comenzado a construir aviones de ala fija a la temprana edad de 16 años.

Tras continuas pruebas y experiencias a lo largo de varios años, llegó a la conclusión de que conservándose el motor convencional de hélice tractora y añadiendo un rotor con palas dispuesto de forma angulada en tierra y relativamente paralela en vuelo al eje longitudinal de la aeronave, permitiría una sustentación basada en el accionamiento del rotor por la corriente de aire generada (rebufo) con el giro de la hélice tractora contra las palas del eje de rotación, con libertad total de giro. De la Cierva imaginaba que así se generaría una fuerza ascensional que, tras un rodaje muy corto, elevaría la aeronave, contando una vez en el aire con la sustentación del conjunto motor-aspas autorrotatorias como principal elemento para evitar la temible velocidad de pérdida. Ese es el origen del nombre: Autogiróptero, posteriormente abreviada la denominación a Autogiro.

 
 

Los accidentes de los prototipos C-1, C-2 y C-3, construidos entre 1920 y 1922, revelaron lo inadecuado del motor rígido para la finalidad pretendida, solventándose el problema con la implantación de un rotor basculante cuyas aspas traseras se flexionaban hacia abajo, equilibrándose de este modo la fuerza ascensional y neutralizando tanto el efecto giroscópico de la hélice tractora como la inestabilidad inducida que ello provoca.

Solucionados los problemas, el primer vuelo S.T.O.L. (acrónimo en idioma inglés de ‘despegue y aterrizaje cortos') tuvo lugar el 17 de enero de 1923, con el piloto militar español Alejandro Gómez Spencer a los mandos y con 70º de ángulo en las aspas del Autogiro C-4.

A finales de ese mismo mes el teniente Joaquín Lóriga cubría el trayecto entre los aeródromos de Cuatro Vientos y Getafe en 4 minutos a un promedio de 30 metros de altura, con una ascensión máxima de 200.

A este prototipo C-4 siguieron el C-5, en julio de 1923, con rotor tripala, y el C-6-A, con fuselaje de biplano Avro 504, en mayo de 1924.



Para comercializar su invento, Juan de la Cierva se trasladó a Inglaterra con el prototipo C-6_A, fabricándose los primeros pedidos en octubre de 1925, con lo que surgieron las versiones: C-6-C (J-8068) monoplaza, C-6-D (matrícula civil G-EBTW) biplaza, C-8-D derivada de la anterior pero con palas rotoras más largas y la C-8-V, desarrollada a partir de ambas; no tardaron en seguirlas las C-8-L, C-9, C-11, C-12, C-17, C-18, C-19, C-24, C-25, C-26, C-30 y C-30-A; todas fabricadas por la "Cierva Autogiro Company Ltd."

Más tarde fundaría en Estados Unidos "The Pitcarm-Cierva Autogiro Company of America", para el desarrollo del Autogiro allí. No obstante, Juan de la Cierva siempre inscribió sus patentes en España.

 

Juan de la Cierva realizó demostraciones con su Autogiro en Francia, Alemania e Italia. En 1929 protagonizó uno de los hitos en la historia de la aviación, volando el Canal de la Mancha con su aeronave de alas giratorias.

En España fue nombrado Ingeniero Aeronáutico Honoris Causa y recibió el Premio de la Fundación Duque de Alba de la Academia de Ciencias, entre muchos otros reconocimientos.

La lista de distinciones internacionales es larga, destacando el Trofeo Collier, otorgado por la National Association Aeronautic de Estados Unidos y la Medalla de Oro Guggenheim "por la mayor contribución de la época a la seguridad del vuelo en aeroplano", que recibió en la Exposición Internacional de Chicago de 1932.

En 1934 el autogiro de Juan de la Cierva acompañaba al vicealmirante Richard Evelyn Bird en su expedición al Polo Sur; y en 1935, el invento de Juan de la Cierva se convertía en el pionero del aterrizaje y despegue en edificios, y el adelantado en el transporte de correo, siendo la azotea elegida la del Post Office Building Filadelfia Administration.

Del Autogiro expresa elogiosamente el afamado inventor Thomas Alva Edison, en 1930: "El Autogiro constituye, después del primer vuelo de los hermanos Wright, el mayor progreso aeronáutico alcanzado por el hombre."

El Autogiro La Cierva C-19 Mark 4P conservado en el Museo del Aire.

 
El legado de Juan de la Cierva a la aviación es extraordinario. Sus patentes y avances aeronáuticos son reconocidos universalmente como la contribución fundamental para el desarrollo del helicóptero.


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domingo, 20 de septiembre de 2015

Testigo anónimo


Desde mi atalaya veo pasar casi todo lo que a ella se asoma.



María Luisa Villalba: Crisis.



Han sido miles los sonidos que han deambulado por el tramo de calle que atisbo a diario; miles los vehículos circulando en el sentido de la marcha permitido, alguno, al que no supongo intención, ha incumplido la norma y el civismo. Un civismo no pocas veces roto por acciones descorteses, deshonestas, obscenas e innecesarias.
    Muchos han sido los paisajes vistos, y vividos, desde mi limitado otero; tantos como las voces que los contaban cual ráfagas de un aire a veces viento a veces calma chicha.
    Desesperante uniformidad me han reportado las predecibles horas del pasado contempladas ahora, enjuiciadas sin justicia. Mis ojos, acostumbrados a ver la misma parcela de mundo, forman parte del estricto, mate, mobiliario; condenados a vagar en la estrechez de un pasillo de ida y vuelta metódica. Ellos registran para mí el andar cansino, avejentado, de un proceso irreversible. Llegará antes o después, con o sin compañía. ¿Apoyaré mi brazo en ese otro? Es una interrogación proscrita.
    Desde mi atalaya, a veces triste, a veces dichosa, observo casi todo lo que transita o permanece a distancia visual. Asuntos mundanos y escaparates renovados de tanto en tanto. Nunca fue todo visible, cierto, pues no recuerdo haberme visto mirando mientras me invadía la satisfacción, el pesar o la nostalgia y poder contarlo.

jueves, 17 de septiembre de 2015

La daga de Guzmán el Bueno


Con la irreversible decadencia de Alfonso X el Sabio se inicia en Castilla una larga época de conflictos civiles en la que la reina doña María de Molina salvará dos veces el trono para su hijo Fernando IV y su nieto Alfonso XI. Inició su reinado Sancho IV el Bravo en abril de 1284; poco antes el caballeroso rey Pedro III de Aragón salvó su honor al comparecer arriesgadamente en el palenque donde su rival Carlos de Anjou le había desafiado a singular combate con la intención de hacerle prisionero. La Corana de Aragón logrará un gran triunfo contra los francos que habían invadido el Principado en 1285.



Al año justo de la muerte de Alfonso X y la coronación de su sucesor, Sancho IV, Abu Yusuf y su hijo desembarcan en Tarifa y saquean las villas cercanas de Vejer y Medina Sidonia, sitiando Jerez. Sancho IV socorre exitosamente la zona por tierra y mar, por lo que al emir se ve obligado a firmar la paz en Peña Cerrada, Jerez, el 21 de octubre10 de 1285, pagando con dinero por las pérdidas causadas y devolviendo a los granadinos las posesiones ocupadas salvo las importantes localidades de Tarifa, Algeciras, Ronda y Estepona.

* * *

Alonso Pérez de Guzmán presentó en Sevilla sus servicios al monarca castellano; era el año 1291.

Sancho IV, con notable sentido estratégico, decidió asegurar el dominio de Castilla en el estrecho de Gibraltar después que el sultán de Marruecos hubiera amenazado de nuevo la ciudad de Sevilla y algunos puntos costeros.

Termina una tregua inconstante, Abu Yacub, sucesor de Abu Yusuf, desembarca en Algeciras saqueando la zona del Guadalete y se disponen a continuar la ocupación. Pero al hacer su aparición frente a Cádiz una escuadra castellana de cien velas, el sultán de los benimerines temió ver cortada la retirada y escapó como pudo a África, mientras los castellanos recuperaban la ciudad de Jerez. Casi simultáneamente el rey de Aragón eliminaba la amenaza francesa al destruir al ejército que pretendía la invasión de Cataluña. Dos años después, el nuevo rey de Aragón, Alfonso III, completaba el dominio de las Baleares, recuperadas con la toma de Menorca arrebatada al vasallo islámico Ibn Hazam.

No obstante y pese a las derrotas ante Sevilla y Jerez, los benimerines mantenían en torno a la plaza de Tarifa una importante cabeza de puente a este lado del Estrecho. Conforme a su estrategia, el rey Sancho IV el Bravo, que ya contaba con un heredero varón, Fernando, puso asedio a Tarifa con la colaboración de las naves de Castilla y las de Génova, a las órdenes de Benedetto Zaccaria, también genovés.

Dotada de las innovadoras galeras, el 6 de agosto de 1291 la escuadra de Castilla derrotó a la benimerín ante Gibraltar asegurando el dominio del mar para el resto de la campaña. La flota aliada, con su almirante genovés, persigue a las naves en fuga destruyéndolas en Tánger ante los ojos del emir. Aragón y Castilla se repartían ya como reserva el territorio africano que estaba enfrente de los dos Estados. El rey de Aragón envió una flota de diez galeras mientras el rey vasallo de Granada se encargaba de los aprovisionamientos.

* * *

Comienza a prepararse el ataque a una de las puertas del Estrecho. Inicialmente sería Algeciras la elegida, pero posteriormente la decisión se dirigió a la plaza de Tarifa.

Se decidió que la hueste castellana asediaría por tierra, la aragonesa por mar, junto a la escuadra genovesa, y la granadina atacara plazas partidarias del sultanato de Fez. El 21 de septiembre de 1292 los defensores de Tarifa, probablemente atemorizados por los estampidos y los pedruscos de la artillería de sitio, máquinas de batir en terminología de la época (que ya había utilizado Alfonso X el Sabio en el asalto a la ciudad de Niebla) capitularon, incorporándose la fortaleza del Estrecho a la Corona de Castilla.


"E mandó los engeños e combatirla muy fuerte por mar e por tierra, por muchas veces fasta que la ovo de entrar por fuerza, e tomola en el mes de septiembre, el día de San Mateo apóstol e evangelista"

Cuenta en su estudio sobre la vida y obra de Alonso Pérez de Guzmán el Bueno el historiador Andrés Andrades Gómez que como Sancho IV no cumplió la promesa de dar a Muhammad II de Granada dicha plaza si se conquistaba, en virtud de los acuerdos que sobre la marcha unos monarcas estipulaban con otros para mejor conseguir sus respectivos propósitos, dio lugar a que Muhammad II se aliara con el meriní derrotado en contra de Castilla. Siendo fortaleza fronteriza, muy codiciada y valorada, sería pues muy difícil defenderla. Por ello, el caballero Maestre de Calatrava, don Rodrigo, se comprometió a preservarla durante un año con la condición de que otro caballero le sustituyera terminado el plazo.

Llegado junio de 1293 y ante la ausencia de caballeros, don Alonso envió una misiva al rey con la propuesta de ser alcaide de Tarifa por menos salario.

En julio el monarca da su visto bueno, dirigiéndose el de Guzmán a la villa. En ésta refuerza las defensas y la abastece de Sevilla, en noviembre de 1293, llegó una gran recua cargada de trigo, encerrándose en ella con familia y huestes.

* * *

Siguiendo la relación de Andrades Gómez, a todo eso el infante don Juan fue expulsado de la corte castellana por rebelarse contra su hermano Sancho IV. Se dirigió a Portugal, donde también fue expulsado. Y de allí cruzó el Estrecho para recalar intencionadamente en el Magreb, llevándose a su paje que era el hijo mayor de Don Alonso Pérez de Guzmán, Pedro. En Fez se puso a las órdenes de Abu Yacub, prometiéndole Tarifa. El meriní aceptó adjudicándole al mando de 5.000 zenetes ceutíes y parte de la guarnición algecireña. Como tantas veces sucede en la historia, son las ambiciones, los agravios, las envidias y las traiciones, sus escribientes.

Alonso Pérez de Guzmán el Bueno

En la primavera de 1294 se inició el sitio. El rey castellano, mientras tanto, había mandado al emisario Fernán Pérez Maimón a contratar la escuadra aragonesa, había alertado y abastecido las poblaciones fronterizas cercanas y organizado una flota y tropas de socorro.

El despechado infante don Juan procuró tentar a don Alonso Pérez de Guzmán, llamado el Bueno, de variadas maneras. Ante la negativa y desprecio de éste, intentó tomar la plaza por la fuerza. Sin embargo, tanto las defensas como los defensores resistieron todos los embates. Encolerizado y apurado el infante Juan por no poder cumplir la palabra que había dado al rey, acordó de probar por otra vía lo que por la fuerza no era posible. Así que maniató a Pedro Alonso, el hijo de Alonso Pérez de Guzmán, y tras presentarlo a su padre de esta guisa estremecedora amenazó con degollarlo en el lugar.

Es célebre, y motivo de este apunte histórico, la negativa de Guzmán el Bueno y el gesto de arrojar su daga para con ella, si era preciso, acabar con la vida de su hijo.


"E don Alonso Pérez le dijo que la villa que gela non darie; que cuanto por la muerte de su fijo, que él le daria el cuchillo con que lo matase; é alazólez de encima del adarve un cuchillo, é dijo que ante quería que le matase aquel fijo é otros cinco si los toviese, que non darle la villa del Rey su señor, de que él ficiera omenaje."

No dudó el jefe de la plaza en sacrificar la vida de su hijo antes que rendir su estandarte. Irritado ante tan significada actitud, el infante Juan degolló a Pedro, mandó cortar su cabeza y la catapultó al castillo.

Viendo los invasores que era imposible conquistarla mientras estuviese Alonso Pérez de Guzmán el Bueno en ella y que llegaban las escuadras castellana y aragonesa además de tropas por tierra, abandonaron el asedio principiado septiembre de 1294.

* * *

Enterado el monarca castellano de la gesta, se apresuró a llamarlo a Alcalá de Henares, donde lo recibió con todo tipo de honores. De palabra le concedió títulos y posesiones: Sanlúcar, Rota Chipiona, Puerto de Santa María y toda la tierra desde la desembocadura del Guadalquivir a la del Guadalete. A la vez, le encargó defender Andalucía para su hijo.

Salvador Martínez Cubells: Guzmán el Bueno arrojando su daga en el cerco de Tarifa.

Museo de Arte Contemporáneo, Madrid.


* * *

Guzmán el Bueno


(Soneto compuesto por Lope de Vega)

 

Al tierno infante, al nuevo Isaac cristiano,

en el arena de Tarifa mira

el mejor padre con piadosa ira,

la lealtad y el amor luchando en vano.

 

Alta la daga en la tendida mano,

glorioso vence, intrépido la tira,

ciega el Sol, nace Roma, amor suspira,

triunfa España, enmudece el africano.

 

Bajo la frente Italia, y de la suya

quitó a Torcuato el lauro en oro y bronces,

porque ninguno ser Guzmán presuma:

 

Y la fama, principio de la tuya,

"Guzmán el Bueno" escribe, siendo entonces

la tinta sangre, y el cuchillo pluma.
 
 
 
 

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lunes, 14 de septiembre de 2015

La astronomía al servicio de la navegación


Alfonso X el Sabio, en el siglo XIII, auspició los estudios encaminados a validar la astronomía de posición. Son numerosos los testimonios de la época que informan del esfuerzo científico destinado a la observación del cielo para el necesario apoyo a la navegación.

Las Tablas Alfonsíes de este monarca sirvieron para calcular las efemérides planetarias; tomando como referencia las elaboradas en el siglo XII por el astrónomo cordobés Azarquiel, quien a su vez las había adaptado de las calculadas por el greco-egipcio Tolomeo (Ptolomeo o Claudio Tolomeo) en el siglo II.

 

España fue durante un largo periodo una de las primeras potencias mundiales en el arte de la navegación, contando muchos y muy buenos marinos, entre los cuales por destacar uno del siglo XVIII figura el alicantino Jorge Juan y Santacilia, nombrado capitán de la Compañía de Guardias Marinas en 1751.

Jorge Juan y Santacilia


 

Jorge Juan fue un experto marino y un prestigioso cosmógrafo y matemático que asesoraba al gobierno en lo concerniente a técnicas náuticas. Pronosticando las exigencias del futuro de la navegación y comprendiendo la necesidad de aumentar la exactitud de los instrumentos para la misma, propuso al Marqués de la Ensenada en 1754, a su regreso de la trascendental expedición a la América Hispana para la medida del Arco del Meridiano, la fundación en el Castillo de la Villa, en Cádiz, de un observatorio astronómico, anejo a la Compañía de Guardiamarinas que contara con medios suficientes para medir la posición de las estrellas y sus pasos por el meridiano; es decir, que los marinos aprendieran la ciencia de la astronomía.

Cenón de Somodevilla y Bengoechea, marqués de la Ensenada


 

La medición de la posición de las estrellas y sus pasos por el meridiano era el método empleado en la época, y hasta hace relativamente poco, para mantener un servicio horario de precisión.

La fecha exacta en que Jorge Juan propuso la fundación del Observatorio fue el 26 de diciembre de 1749, en carta remitida al ministerio en respuesta a la que recibió el día 10 encomendándole la adquisición de una lista de veinticuatro instrumentos y de sus instrucciones de manejo.

El Real Observatorio de Cádiz funcionó de una manera rudimentaria desde 1753 hasta que en 1798 fue trasladado a la cercana Isla de León (desde 1814 San Fernando), donde quedó definitivamente ubicado y donde sigue prestando excelentes servicios como Real Instituto y Observatorio de la Armada.

Observatorio astronómico de Cádiz


 

El mismo Jorge Juan, convertido años después en profesor de matemáticas y física, propuso construir otro observatorio en Madrid, a semejanza de los instalados en Greenwich y París; idea que se materializó en 1790.

 

El Observatorio de San Fernando ha tenido como especialidad el apoyo a la navegación. La difusión de las efemérides astronómicas se inició el año 1791 con la publicación del Almanaque Náutico y Efemérides Astronómicas para el año bisiesto de 1792; desde entonces el Almanaque náutico se viene publicando sin interrupción. En la actualidad cuenta el Almanaque con una edición paralela exclusivamente astronómica, titulada: Efemérides astronómicas.

Primer Almanaque náutico


 

Observatorio astronómico de San Fernando


 

Inicialmente los instrumentos adquiridos por el Observatorio se destinaron a trabajos de posición; pero después, al incorporar nuevas especialidades y medios, el Observatorio se convirtió en un centro polivalente adaptado en todo momento a las tecnologías de vanguardia. En 1879 se instaló una estación magnética, en 1897 una sísmica y, recientemente, una estación de seguimiento de satélites.

 

La fundación del Observatorio de Madrid se data en 1790, fecha en que comienza a construirse, y en aquella época sólo contaba con instrumentos de posición, que era lo habitual entonces. Pero ya en 1802 se dotó al Observatorio con un telescopio reflector de 76 cm, aunque entró en servicio dos años después.

Observatorio astronómico de Madrid


 

En 1808 las tropas napoleónicas destruyeron el Observatorio con todo su instrumental. Entre 1835 y 1837 se procedió a su reconstrucción y adaptación a las necesidades de los tiempos.

Para el Observatorio se eligió como sede los jardines contiguos al parque del retiro, en distintos y comunicados pabellones. Actualmente ha diversificado su emplazamiento, manteniendo el original sobre la colina al suroeste del parque del Retiro, ampliando instalaciones y equipos en el Centro Astronómico de Yebes, provincia de Guadalajara, en la Estación de Observación de Calar Alto, provincia de Almería y la sede de Alcalá de Henares, provincia de Madrid.


Artículo complementario

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viernes, 11 de septiembre de 2015

La capitulaciones de Santa Fe


En sus conversaciones con Juan Pérez en el convento franciscano de Santa María de La Rábida, Cristóbal Colón le confió secretos que ponían de manifiesto la seguridad que tenía de realizar con éxito la ruta hacia las Indias.

Fray Juan Pérez

 
 
Entonces Juan Pérez escribió una carta a la reina doña Isabel, quien al recibirla mandó llamar al franciscano al campamento de Santa Fe, residencia de los Reyes Católicos durante el asedio a la ciudad de Granada, mientras concluía la guerra de Granada, último bastión musulmán en España.

La intervención de Juan Pérez fue decisiva, pues la reina Isabel mandó traer a Colón a Santa Fe, en las postrimerías del año 1491. Para el viaje se le concedió una suma de dinero destinada al acicalamiento personal, tal era el deplorable estado de Colón.

 

Vencida la resistencia musulmana con la entrega de Granada el 2 de enero de 1492, acontecimiento que Colón presenció, se formó una Junta decisoria ante el reiterado proyecto del marino genovés, suplicante de atención y medios a la Corona española. En la Junta participaron el cardenal Pedro González de Mendoza, el arzobispo Hernando de Talavera confesor de la reina y que entonces sería nombrado primer arzobispo de Granada, el escribano de ración funcionario oficial del Reino Luis de Santángel, fray Juan Pérez, el legado pontificio Alejandro Geraldini y otras personas entendidas en la causa que a la postre aceptaron el plan colombino.

Aun así surgió otro inconveniente, un gran obstáculo que trataba de la fuerza con que el paupérrimo extranjero defendió las contraprestaciones a su ambicioso plan. Tal ímpetu de Colón, aparecido como indebido orgullo dada su situación y su extravagante proyecto, condujo a la ruptura de las negociaciones, al parecer por la exigencia del arzobispo de Talavera que no se prestaba a las desorbitadas peticiones del genovés. Corrían los días finales de enero de 1492.

 

Fue Isabel I de Castilla, la reina Católica, tomando la iniciativa, quien posibilitó la reanudación de las negociaciones con el osado marino y sus valedores. Manda que traigan de vuelta a Colón a Santa Fe, quizá camino de otra corte el errabundo marino, y establece los contactos entre las partes.

Alonso de Mena: Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando (siglo XVII).

Relive de madera policromada, Capilla Real de Granada


 

Inmediatamente, los favorables al plan de Colón, principalmente Luis de Santángel y Diego de Deza, unido a ellos el camarero del rey Fernando el Católico, Juan Cabrero, convencieron a Hernando de Talavera esgrimiendo como argumento de peso la grandeza y ganancias a tomar si la empresa alcanzaba el éxito, y su escaso coste si no lo tenía.

Santa María de la Rábida


Por parte de los Reyes Católicos los negociadores fueron encabezados por Juan de Coloma, Secretario de la Corte, y por parte de Cristóbal Colón el encargado era el franciscano Juan Pérez. Concluidas las sesiones y los convenios, el 17 de abril de 1492 se firman los acuerdos establecidos, que han pasado a la historia como las Capitulaciones de Santa Fe. Las firmas recogen los nombres de las personas que ostentaron las representaciones: Juan de Coloma, en nombre de los Reyes Católicos y fray Juan Pérez, en el de Cristóbal Colón.

La capitulaciones se asimilaban a cinco obligaciones interrelacionadas, todas a favor de ‘don' Cristóbal Colón (desaparecido el Colomo, Columbus o Colonus), que por este calificativo por concesión expresa del 30 de abril para el uso del ‘don' se integraba en la nobleza española.

 

Las concesiones principales estipuladas en el acuerdo eran:


Poseería Colón el título de almirante con las mismas prerrogativas reconocidas en Castilla, con carácter vitalicio y transmisión hereditaria perpetua.

Sería Colón virrey y gobernador de las islas y tierras que descubriera, pudiendo proponer a los Reyes ternas para las personas que hubiesen de gobernar, bajo su autoridad, las distintas provincias; los monarcas quedaban obligados a escoger uno de los tres nombres.

Gozaría del diezmo, no del quinto, de todas las riquezas o mercancías que allí se obtuvieran.

Ejercería jurisdicción en aquellas querellas originadas por la explotación comercial de las islas y tierras por él descubiertas.

Tenía Colón privilegio para participar con una octava parte en todas las empresas mercantiles que negociasen en las nuevas tierras.

Por supuesto, todas las concesiones quedaban supeditadas a la realización exitosa del proyecto descubridor.

* * *


Las cosas suplicadas y que Vuestras Altezas dan y otorgan a D. Cristóbal Colón en alguna satisfacción de lo que ha de descubrir en las mares Oceánicas, del viaje que ahora, con la ayuda de Dios, ha de hacer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que siguen:

Primeramente, que Vuestras Altezas, como señores que son de las dichas mares Océanas, hacen desde ahora al dicho D. Cristóbal Colón su Almirante en todas aquellas islas y tierras firmes que por su mano o industria se descubrieren o ganaren en las dichas mares Océanas, para durante su vida, y, después dél muerto, a sus herederos o sucesores, de uno en otro perpetuamente, con todas aquellas preeminencias y prerrogativas pertenecientes al tal oficio, según que D. Alonso Enríquez, vuestro Almirante mayor de Castilla, y los otros predecesores en el dicho oficio, lo tenían en sus distritos. Place a Sus Altezas. Juan de Coloma.


 Códice de los privilegios

 
Otrosí, que Vuestras Altezas hacen al dicho D. Cristobal Colón su visorrey y gobernador general en las dichas islas y tierras firmes, que, como es dicho, él descubriere o ganare en las dichas mares, y que para el regimiento de cada una y cualquiera de ellas haga elección de tres personas para cada oficio, y que Vuestras Altezas tomen y escojan uno, el que más fuere su servicio, y así serán mejor regidas las tierras que nuestro Señor le dejare hallar y ganar a servicio de Vuestras Altezas. Place a Sus Altezas. Juan de Coloma.

Item, que todas y cualesquiera mercaderías, siquier sean perlas preciosas, oro o plata, especiería y otras cualesquier cosas y mercaderías de cualquier especie, nombre y manera que sean que se compraren, trocaren, hallaren, ganaren y hubieren dentro de los límites del dicho almirantazgo, que desde ahora Vuestras Altezas hacen merced al dicho D. Cristóbal, y quieren que haya y lleve para sí la décima parte de todo ello, quitadas las costas que se hicieren en ello; por manera que de lo que quedare limpio y libre haya y tome la décima parte para sí mismo y haga de ello su voluntad, quedando las otras nueve partes para Vuestras Altezas. Place a Sus Altezas. Juan de Coloma.

Otrosí, que si a causa de las mercaderías que él traerá de las dichas islas y tierras, que así, como dicho es, se ganaren y descubrieren, o de las que en trueque de aquellas se tomaren acá de otros mercaderes, naciere pleito alguno en el lugar donde el dicho comercio y trato se tendrá y hará, que si por la preeminencia de su oficio de Almirante le pertenece conocer de tal pleito, plega a Vuestras Altezas que él o su teniente, y no otro juez, conozca del pleito y así lo provean desde ahora. Place a Sus Altezas si pertenece a dicho oficio de Almirante, según lo tenían el dicho Almirante D. Alonso Enríquez, y los otros sus antecesores en sus distritos y siendo justo. Juan de Coloma.

Item, que en todos los navíos que se armaren para el dicho trato y negociación, cada y cuando y cuantas veces se armaren, que pueda el dicho D. Cristobal, si quisiere, contribuir y gastar la ochava parte de todo lo que se gastare en el armazón, y que también haya y lleve provecho de la ochava parte de lo que resultare de la tal armada. Place a sus Altezas. Juan de Coloma.

Son otorgados y despachados, con las respuestas de Vuestras Altezas en fin de cada un capítulo, en la villa de Santa Fe de la Vega de Granada, a 17 de abril del año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de 1492 años. Yo el Rey. Yo la Reina. Por mandato del Rey y de la Reina, Juan de Coloma. Registrada, Calcena.

* * *

Se concedían escasas probabilidades de éxito a la empresa por parte de los otorgantes de los privilegios, ya que en sus mentes se ideaba más un viaje exploratorio que de descubrimiento, como al final resultó. De ahí que no se hiciera mención alguna a la conversión al Cristianismo de las autoridades de los nuevos lugares: las tres cartas en blanco, de acuerdo con su redacción, se supone destinadas al emperador de Catay, al Preste Juan y al sucesor de Tamerlán.

Evaristo Domínguez: Salida del Puerto de Palos

Ayuntamiento de Palos de la Frontera, Huelva


 

Para convertir el proyecto en realidad eran imprescindibles las naves y sus respectivas tripulaciones. Los Reyes Católicos dirigieron a Cristóbal Colón hacia Palos, porque allí Diego Rodríguez Prieto y otros compañeros suyos, por quebrantamiento de las disposiciones reales, habían sido condenados por el Consejo a poner a disposición de los Reyes dos carabelas (bautizadas Pinta y Niña) por un plazo de dos meses; de modo que basta un tercer barco más y las tripulaciones para los tres.

El tercer barco fue una nao (bautizada Santa María), perteneciente a Juan de la Cosa, natural de Santa María del Puerto (actual Santoña, en Cantabria).

Vázquez Díaz: Cristobal Colón.

Mural en el monasterio de Santa María de la Rábida

 
 
 

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lunes, 7 de septiembre de 2015

Demagogia

 

Recurso de los profesionales de la política, y de la conducción social, para ganar el favor, apoyo o ayuda del elector mediante halagos, verborrea sugestiva y promesas de carácter populista.

 

La demagogia es la pieza angular del discurso político, sino la cúspide de la relación entre el candidato al cargo público y el votante que lo ha de refrendar.
    En una democracia exenta de principios y valores, resumida en el conteo de papeletas introducidas en urnas de servicio temporal, la demagogia actúa como el puente de tránsito y encuentro de los mutuos intereses, unos satisfechos de inmediato, los otros postergados u olvidados hasta mejor ocasión: el momento de revalidar el puesto y las prebendas.
    Artificio de baja estofa, pero útil a los actores y perpetuado por la credulidad del espectador que no asume más compromiso que el de estar cuando se le requiere; instrumento propagandístico de eficacia probada que además de pervertir la democracia convertida en mero aspecto, la proyecta al totalitarismo con un encubrimiento ladino o edulcorado.
    El único interés que defiende el demagogo es el propio, pese al esfuerzo comunicador para transmitir que lo importante son los intereses de las clases medias o populares; y una vez conseguido se consuma la dominación que posibilita la falta de memoria o la desidia o una resignación voluntaria o el suministro de subsidios y subvenciones mientras las arcas lo permiten.
    El factor clave para convalidar la teoría en práctica, es decir, el engaño en negocio, es la aceptación expresa o tácita de quien puede y debe erradicar la demagogia del ejercicio político: el elector. Si él no la denuncia e ignora, como arma poderosa que es, la demagogia invade y crea escuela. Sic transit gloria mundi, por ejemplo.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Los villancicos del padre Soler


Compositor y organista, Antonio (o Antón) Soler Ramos es una de las figuras del panorama musical español y europeo de la segunda mitad del siglo XVIII. Fue un notabilísimo teórico musical y un fecundo creador al que se atribuyen más de 400 obras, destacando sus:


más de 200 sonatas para teclado,

6 quintetos para cuarteto de cuerdas y órgano,

6 conciertos para dos órganos,

6 Conciertos para dos violines, viola y clave,

9 misas,

25 himnos religiosos,

5 réquiem,

60 salmos,

13 Magnificat,

21 obras para los servicios fúnebres,

5 motetes,

12 Benedicamus y

132 villancicos.

 

Antonio Soler Ramos nació en Olot, provincia de Gerona, el 3 de diciembre de 1729. A los seis años ingresó en la escolanía del monasterio de Montserrat, contando entre sus maestros a los músicos Josep Elies, Benet Esteve y Benet Valls.

En 1750 se convirtió en el maestro de capilla de la catedral de Lérida y en 1752 fue ordenado subdiácono.

Ese mismo año de 1752 viajó a Castilla para unirse a la comunidad de monjes del monasterio de El Escorial, donde tomó el hábito, profesando doce meses después. En este monasterio desempeñó la tarea de organista y maestro de capilla, sustituyendo a Gabriel de Moratalla, hasta su fallecimiento acaecido el 20 de diciembre de 1783. En El Escorial se conserva el primer villancico que compuso, en 1753, a ocho voces.

 

En Madrid estudió con los maestros José de Nebra y Domenico Scarlatti. El propio Nebra junto a los maestros músicos Conforte y Casellas, escribieron las recomendaciones impresas en el principio de la obra maestra teórica de Antonio Soler titulada Llave de la modulación, de 272 páginas y fechada en 1762.

Las actas capitulares del El Escorial hablan de Antonio Soler como un hombre cultivado y activo, profundo conocedor del latín, hábil organista y esmerado compositor, de conducta intachable e infatigable en su dedicación a la música. Avales que influyeron para que la familia real de Fernando VI y Bárbara de Braganza, primero, le manifestara su predilección en las tardes musicales de estío en El Escorial, y posteriormente el sucesor de Fernando VI, su hermano Carlos III y su esposa María Amalia de Sajonia, designaran al monje músico como profesor de clave de su hijo, el infante Gabriel de Borbón, para quien compuso una buena muestra de música de cámara.

En 1765 eran ya cuatro los libros de sonatas para teclado que había compuesto, además de cuantiosos proyectos de obras eruditas.

 

Entusiasta de las matemáticas y maestro en la construcción de órganos, Antonio Soler creó un instrumento llamado afinador o templante, de tecla y cuerda, con el propósito de demostrar la división matemática del tono musical.

 

Antonio Soler distribuyó sus sonatas en tres cuatro movimientos y una fuga final, innovando las tradicionales sonatas compuestas de un solo movimiento. En las sonatas introdujo frecuentemente los ritmos de danzas españolas como la jota, el bolero y el polo.

Sus piezas litúrgicas para órgano, tituladas: Intento, Paso o Verso, ponen aún más de manifiesto la tradición española y son muy significativas en el conjunto de su producción instrumental.

Sus composiciones vocales son también notables y han trascendido al tiempo de su configuración. Estas piezas escritas en español y no en latín (misas, letanías, cantatas, himnos, salmos, etc.), han despertado el mayor interés en el público, destacando los villancicos acompañados con instrumentos tales como A Belén a ver (1753), Dos gitanas y un gitano (1765), Con garbo, muchachos (1772), los villancicos escritos a cinco, seis, siete u ocho partes con acompañamiento instrumental de violines con aditamento ocasional de flautas o de trompas o de gaita y salterio, entre ellos: Ciego y Lazarillo (1762), Ángel (1768), Dos maestros de capilla (1764), Ángel, San José y Nuestra Señora (1769), Antón y Gila (1769), Niños (1769) y Cazadores (1772); y las 21 piezas dramáticas catalogadas en autos sacramentales para Pedro Calderón de la Barca, entremeses, sainetes, tonadillas, etc.

Por su música y su didáctica, se considera a Antonio Soler Ramos el maestro por excelencia de la escuela de clave español.

Antonio Soler Ramos

 
 
 

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martes, 1 de septiembre de 2015

Llegar

 
Es una idea obsesiva; es la obsesión por llegar. Es la necesidad de llegar. Llegar en algún momento, pronto mejor que tarde, antes a ser posible que después. A trancos, a zancadas, a pasos agigantados.
    A la mirada humana se ofrece una figura, también humana, inmediatamente reconocible, desproporcionada en su cometido por alcanzar el sentido de su trayectoria. Es o puede ser cualquiera yendo de un lugar hacia otro mediando una distancia indefinida.
    La figura es antigua, cual la de un antepasado que continúa evolucionando a través de todos los caminos ¿siempre lineales? que se ofrecen a su mudable condición humana. Los rasgos son insuficientes para definir la edad, las características que lo igualan o lo diferencian al resto o el ánimo. Tampoco la emoción se trasluce a la interrogante curiosidad del espectador.
    No hay meta próxima que satisfaga completamente el ansia de movimiento. Es un vagar continuo donde pugnan con victorias alternativas la condena y el deseo.





Alberto Giacometti: Hombre andando (1949).