jueves, 29 de octubre de 2015

A saber me doy


Un hombre veterano y además sabio me ha dicho que el conocimiento se ha de difundir, se ha de hacer público para que alcance los sentidos de los despiertos y de todos los intelectualmente inquietos.



Jan Vermeer de Delft: El astrónomo (1668).


 

Entre afición y descubrimientos, de constataciones anotadas y de hipótesis aventuradas, el observador se une al experimentador y suma respuestas a las preguntas y deducciones a las intuiciones.



Jan Vermeer de Delft: El geógrafo (1668-1669).


 

Un día, aún por registrar en el libro de la Historia, la noticia de un descubrimiento asombroso recorrerá el mundo de la ciencia, primero, el de la curiosidad, después; y por último, el vasto mundo de los mortales que atienden en segunda instancia los cambios que no afectan la cotidianidad.

lunes, 26 de octubre de 2015

Concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo


Fecundo e inspirado compositor, Joaquín Rodrigo Vidre, representa la continuidad sin ruptura del Nacionalismo hispano, que tan fuerte atracción despierta desde principios del siglo XX en todo el mundo. Su música se caracteriza por la combinación de un hondo lirismo, un gran ingenio instrumental y un uso refinado de lo popular.

Ciego desde los tres años de edad a consecuencia de la difteria, Joaquín Rodrigo oriento su vida al estudio de la música; primero en Valencia, luego en París y definitivamente en Madrid.

A los veinte años había ya compuesto varias piezas musicales que anunciaban su futuro estilo. Sus canciones y obras para piano recogían éxitos inmediatos y sus profundos trabajos de musicología, especialmente sobre los vihuelistas españoles, eran asimismo alabados y estudiados.

En la capital francesa contó con la amistad de célebres músicos como Maurice Ravel, Francis Poulenc y Arthur Honneger, entre los extranjeros, y Manuel de Falla y Ricardo Viñes entre los españoles. Y también conoció a la que sería su esposa y más eficaz colaboradora musical y literaria, la pianista turca Victoria Khami.

Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y de otras academias, y catedrático de Historia de la Música en la Universidad de Madrid, ha recibido multitud de homenajes en todo el mundo y nombrado Doctor Honoris Causa por diversas universidades nacionales e internacionales. Sus galardones son igualmente numerosos: la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio (1953), la Legión de Honor concedida por el Gobierno francés (1963), la Gran Cruz del Mérito Civil (1966) el Premio de la Fundación Guerrero (1990), y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (1996).

En 1991 el Rey de España, Juan Carlos I, le otorgó el título nobiliario de Marqués de los Jardines de Aranjuez por su extraordinaria contribución a la música española a la que ha aportado nuevos impulsos para una proyección universal.

* * *

Algunas de las obras del maestro a continuación.


El poema sinfónico, Per la flor del lliri blau (Por la flor del lirio azul).

Las canciones, Canción de la esposa, Canción del cucú, Cántico de San Francisco de Asís. Resultado las canciones de su encuentro con grandes poetas españoles como Gil Vicente, San Juan de la Cruz, Lope de Vega, Cervantes o Juan Ramón Jiménez; y su amor por la naturaleza.

Los conciertos, Concierto de Aranjuez, Concierto heroico, Concierto pastoral, Concierto como un divertimento, Conciertos para piano, violín, violonchelo, arpa y flauta.

La fantasía, Fantasía para un gentilhombre.

Diversas obras solistas y orquestales, Juglares, Preludio al gallo mañanero, Sonatas de Castilla, Sonada de adiós, Ausencias de Dulcinea.

 

Concierto de Aranjuez


En la primavera de 1938 Joaquín Rodrigo fue invitado a impartir clases durante el verano en la Universidad de Santander, que acababa de abrir sus puertas. El matrimonio Rodrigo pudo retomar así contacto con la vida cultural española, a pesar de las dificultades derivadas de la guerra civil. Entre los nuevos compañeros del compositor se encontraban los escritores Gerardo Diego y Dámaso Alonso y el crítico Eugenio d'Ors. Tuvo lugar un encuentro muy significativo durante el viaje de vuelta a París, cuando, en un almuerzo con el guitarrista Regino Sainz de la Maza y el marqués de Bolarque, Joaquín aceptó con entusiasmo la idea de escribir un concierto para guitarra: El celebérrimo Concierto de Aranjuez, para guitarra y orquesta.

Es su obra de mayor éxito y significación, auténtico reflejo de la música española en su aspecto intrínsecamente nacional. El estreno tuvo lugar en Barcelona, el 9 de noviembre de 1940.

 

Joaquín Rodrigo Vidre

 
 
 

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jueves, 22 de octubre de 2015

El pensamiento nómada

 

El movimiento, en todas sus acepciones, preside y dirige la acción del individuo.

 


Las sociedades nómadas más o menos numerosas que dispersas recorrían el mundo, no pocas veces al albur de la casualidad aunque también según la guía del instinto, aparecen comparables entre sí pese a su diversidad catalogada empíricamente.
    El concepto nómada o nomadismo abarca de hecho realidades varias. Los cazadores-recolectores y pastores nómadas se desplazan cerca o lejos con mayor o menor frecuencia; los primeros explotan los objetos salvajes y los segundos los objetos domésticos que mediatizan su relación con el medio natural. Las sociedades nómadas se distinguen entre ellas por el matiz de su economía, por la amplitud y frecuencia de sus desplazamientos en contraposición a las sociedades afincadas, las sociedades sedentarias.
    Además de este carácter itinerante, las sociedades nómadas presentan otras características comunes que reflejan su nivel de pensamiento, una actitud compartida en lo referente a la dimensión sobrenatural y la religión, y la peculiar visión del mundo cotidiano.
 
El estereotipo tradicional del pastor nómada lo describe como un ser libre, individualista, desasido de organización social e imperio de una jefatura; pero se trata de un análisis objetivo en la medida en que deriva de la percepción que el nómada tiene de sí mismo. En contacto estrecho con las sociedades sedentarias, esta "autodefinición" será aún más pronunciada, afirmando así, de un modo deliberado, la diferencia entre las ideologías nómadas y las sedentarias.
    Los pastores nómadas tienen una visión realista del mundo y una vida ceremonial bastante pobre; practican la adivinación sin que la magia está poco extendida entre ellos. La religión, el sentimiento trascendente, se centra más sobre el individuo que sobre el grupo y, de hecho, el panteón de mitologías albergando un gran número de figuras divinas es más frecuente entre los agricultores, la sociedad sedentaria. Aunque los nómadas prestan poco interés "ceremonial" a la religión y expresan las manifestaciones de lo sobrenatural en "términos estoicos", ello no quiere decir que las suyas sean sociedades "secularizadas".
    La mitología de las sociedades de cazadores-recolectores evidencia por su parte similitudes notables. Los mitos sobre el origen de la sociedad son en apariencia universales, surgidos del mismo molde. En estos mitos, el héroe cultural crea la raza humana y sus costumbres, domestica el fuego, enseña las artes y las técnicas, da forma al paisaje y a los animales. En la cosmología, los espíritus no son dioses; los héroes culturales o los espíritus creadores ya no intervienen en los asuntos de los hombres y por esa razón no se les rinde culto, porque tienen que ver con la ideología existencial y no con la ideología normativa.
    Del mismo modo que en la sociedad nómada el acento recae sobre la persona, el mundo de los espíritus también se ha individualizado; al igualitarismo del grupo se corresponde una ausencia de jerarquía entre los espíritus. El individuo trata directamente con la dimensión sobrenatural, a excepción del chamán-sanador, como representante designado para el trato con el más allá; aun no siendo segura ni decisiva su intermediación.
    El héroe cultural que ofrece el mundo conocido, hollado o probable, a los seres humanos después de haberlos creado no es completamente ajeno a las sociedades nómadas, pese a su característica por priorizar el aspecto existencial de la ideología, así como el igualitarismo: la ausencia de jefes autoritarios y la de un cierto tipo de poder que en consonancia excluye ciertos tipos de figuras divinas. Obviamente, los cazadores nómadas prestan poca atención a aquello que no les atañe directamente.
 
El conocimiento será una manera de vivir más que una regla. Y es precisamente en su comportamiento frente al mito o a lo sobrenatural, más que por el contenido de ambos, donde comienzan a manifestarse los indicadores de una mentalidad, un pensamiento propio de los nómadas. Así, en los cazadores-recolectores pueden observarse algunos rasgos que ya aparecían en los pastores, y que difieren profundamente de la actitud religiosa de las sociedades sedentarias. Conviene apuntar que el estudio del comportamiento ritual y simbólico, desde la concepción etnológica, se halla vinculado a las categorías establecidas por las sociedades sedentarias, impidiendo o condicionando la respuesta hacia una ausencia o casi del fenómeno religioso entre los nómadas: no sólo es discutible la sentencia sino erróneamente discriminadora.
    Algunos ritos centrales de las sociedades nómadas devienen, como es imaginable, de la migración en sí misma; no se expresan mediante actos simbólicos innecesarios técnicamente o accesorios exóticos; no responden tanto a los aspectos utilitarios de las actividades como al movimiento y a su forma dramática, al significado implícito en la secuencia de sus actividades. ¿Por qué una actividad importante desde el punto de vista económico no puede alcanzar también ese grado ritual y simbólicamente? Los desplazamientos de los nómadas son más que trayectos económicos: están motivados, determinados ritualmente.
    Las presiones medioambientales y el agotamiento de los recursos de la Naturaleza que soporta el grupo hacen que el nomadismo sea necesario, y sus exigencias provocan que tanto el pensamiento como la práctica religiosa se vean restringidas. La adaptación al entorno es un factor dirimente del comportamiento del grupo. Por ende, la movilidad que caracteriza las sociedades nómadas constituye el hecho central de su organización, pero a la vez es el principal obstáculo para comprender ecuánimemente su mentalidad.
    Hay que postergar la tendencia a creer normales los lazos fijos y permanentes que se establecen entre grupos de personas, mientras que los lazos débiles y temporales se consideran anormales y necesitados de una explicación particular.
    Las migraciones de los cazadores o de los pastores sobrepasan aquellas que los imperativos del mundo natural o el acceso a los recursos obligarían. La fluidez y el constante ir y venir, tanto de los grupos como de los individuos en el interior de los grupos, tienen una función social: permiten asegurar el orden, la resolución de los conflictos y, paradójicamente, la cohesión, puesto que las líneas de fusión y de fisión de los grupos y de los individuos no coinciden necesariamente con las del parentesco.
    Entre los nómadas, las relaciones sociales se activan a través del movimiento: la proximidad o la distancia no son pertinentes y el espacio es, en este sentido de acercamiento-alejamiento, negado. De ahí que el nómada no tenga la impresión de habitar en un mundo donde el hombre domina. Está controlado por los objetos y no por las personas; su cosmos no es antropomórfico y por lo tanto no hay necesidad de mantener relaciones con seres no humanos ni con conjuntos de símbolos a través de los que podría establecer una comunicación con estos últimos.
    El nómada no pretende mejorar el medio donde habita. En este sentido, está controlado por objetos y por un mundo "salvajes" y se halla en contacto directo con la Naturaleza. En caso de dedicarse al pastoreo, los animales domésticos por medio de los cuales explota los objetos salvajes mediatizan esta relación con la Naturaleza. Sea cazador-recolector o pastor, el nómada no impone su Cultura a la Naturaleza, como hace el sedentario. Movilidad y fluidez de los grupos y en los grupos, sociedades descentradas, o mejor con múltiples centros, igualitarismo, contacto directo con la Naturaleza: tales son los polos que podrían afectar a la ideología de los nómadas y que se reflejarían en las representaciones colectivas y en el ritual.
 
Sirvan estos modelos citados para intentar definir la conducta nómada, el nomadismo, y la ideología que lo perfila como un cierto tipo de comportamiento, probable, más que como un modo de producción económica o una variable prefigurada por el entorno. Esta actitud particular frente a lo sobrenatural y al mundo simbólico se rige por esa mentalidad o pensamiento nómada, que participa del pensamiento salvaje al tiempo que mantiene su personalidad; la especificidad de un pensamiento donde lo normal no es lo fijo, y donde lo fluido y lo móvil son el orden y no el caos.

lunes, 19 de octubre de 2015

Benito Jerónimo Feijoo y la Ilustración


Benito Jerónimo Feijoo es una de las primeras y más genuinas figuras de la Ilustración española. Sus escritos ejercieron una influencia muy beneficiosa para la cultura española de su tiempo.

La aparición de su obra señera, Teatro crítico universal, escrita a partir de los cincuenta años y publicada en ocho volúmenes entre 1726 y 1739, levantó una enconada polémica entre los lectores. Acusado de heterodoxo, en 1748 el rey Fernando VI publicó un decreto encomiando los escritos del fraile benedictino.

A la par, Feijoo empezaba a publicar otra obra de similares características, Cartas eruditas y curiosas, entre 1742 y 1760.

Ambas tienen una intención de crítica declarada, atacando las supersticiones, las falsas afirmaciones, los mitos y prejuicios científicos. La voluntad enciclopédica de Feijoo le lleva a abordar todas las materias: religión, historia, literatura, estética, geografía, filosofía, moral, ciencias físicas, ciencias químicas, matemáticas, etc. Conocedor de la obra de los grandes pensadores y científicos de su tiempo: Galileo, Descartes, Newton, Gassendi, Pascal, Bacon, Montesquieu, Voltaire, Feijoo se opuso a los abusos de la escolástica y preconizó el uso de la razón, apoyada por la experiencia, como único método válido para la ciencia.

Defendió y recomendó la lectura de los autores extranjeros para suprimir la impermeabilidad de la cultura española hacia las nuevas corrientes del pensamiento europeo; siendo él mismo un gran divulgador de los estudios de los principales científico de la época.

 

Teatro crítico universal


(Fragmento)

Para desconfiar del todo de la voz popular, no hay sino hacer reflexión sobre los extravagantísimos errores que en materia de religión, política y costumbres se vieron y se ven autorizados con el común sentimiento de varios pueblos. Cicerón decía que no hay disparate alguno tan absurdo, que no lo haya afirmado algún filósofo: "Nihil tam absurdum dici potest, quod non dicatur ab aliquo philosophorum", (Li. 2, de Divinitante). Con más razón diré yo que no hay desatino alguno tan monstruoso que no esté patrocinado del consentimiento uniforme de algún pueblo.

Cuanto la luz de la razón natural representa abominable, ya en esta ya en aquella región, pasó y aún pasa por lícito. La mentira, el perjurio, el adulterio, el homicidio, el robo; en fin, todos los vicios lograron o logran la general aprobación de algunas naciones. Entre los antiguos germanos, el robo hacía al usurpador legítimo dueño de lo que hurtaba. Los hérulos, pueblo antiguo poco distante del mar Báltico, aunque su situación nos e sabe a punto fijo, mataban todos los enfermos y viejos, ni permitían a las mujeres sobrevivir a sus maridos. Más bárbaros aún los caspianos, pueblos de la Scitia, encarcelaban y hacían morir de hambre a sus propios padres cuando llegaban a edad avanzada. ¿Qué de enormidades no ejecutarían unos pueblos de Etiopía, que según Eliano tenían por rey a un perro, siento este bruto, con sus gestos y movimientos, regla de todas sus acciones? Fuera de la Etiopía, señala Plinio los toembaros, que obedecían al mismo dueño.

Ni está mejorado en estos tiempos el corazón del mundo. Son muchas las naciones donde se alimentan de carne humana y andan a caza de hombres como de fieras. En el palacio del rey de Macoco, dueño de una grande porción de la África, junto a Congo, se matan diariamente, a lo que afirma Tomás Cornelio, doscientos hombres, entre delincuentes y esclavos de tributo, para plato del rey y de sus domésticos, que son muchísimos. Los yagos, pueblos del reino Ansico, en la misma África, no sólo se alimentan de los prisioneros que hacen en la guerra, mas también de los que entre los muertos no tienen otro sepulcro que el estómago de los vivos. Todo el mundo sabe que en muchas partes de Oriente hay la bárbara costumbre de quemarse vivas las mujeres cuando mueren los maridos; y aunque esto no es absoluta necesidad, rarísima o ninguna deja de ejecutarlo, porque queda después infame, despreciada y aborrecida de todos. Entre los cafres, todos los parientes del que muere tienen la obligación de cortarse el dedo pequeño de la mano izquierda y echarlo en el sepulcro del difunto.



Benito Jerónimo Feijoo

Imagen de http://lasantaalianza.blogspot.com




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jueves, 15 de octubre de 2015

Conmigo


Adivíname sin pronunciar palabra. Mi estricta confidencia es una incitación a la despedida.
    Adivinadme sin estorbar a la hora del recogimiento. Llueve, también la lluvia es viento; la danza del viento es llama que llama. Dentro estoy yo, estoy dentro. Estoy. Cuelgo de mis raíces. Soy un adorado peluche, sílfide protectora de la infancia, que ata la lengua a su experiencia.
    Solicito a la más alta instancia que la fantasía me invada.
    Haceros a un lado, dejad paso a esta confesión sincera y serena. Necesito espacio para buscarme y un lugar, donde sea, para envolverme con el manto de mi memoria.



Heinrich Füssli (o Fuseli): El silencio (1799).



Puedes creer que te ignoro o que soy víctima de la ignorancia que he cultivado un día y otro, y otro día que también cargo a mi espalda, cuyo peso, gran peso, empuja mi cabeza al regazo. Soy ignorante de mi ignorancia. Elijo el olvido. Hazme sitio fuera de la provocativa imaginación.
    Yo os nombro con la boca tapada. Atesoro una larga serie de reproches y halagos, intercambiados, mientras la conciencia ajena, tal vez la mía os imita, debate sobre qué oculta mi levedad.   
    ¿Sonríe, llora, medita? ¿Sonrío? ¿Lloro? ¿Medito?
    Siento el peso de la gravedad. ¿Me abruma?


martes, 13 de octubre de 2015

La excelencia de Lope de Vega

 
Novelista, poeta lírico y narrativo, tratadista literario y, sobre todo, dramaturgo, Lope de Vega es el escritor más prolífico de la literatura española y el creador del teatro nacional en España.
    Miguel de Cervantes le otorgó el título de ‘Monstruo de la naturaleza', y otros contemporáneos del Siglo de Oro le nombraron ‘Fénix de los ingenios'.
 
Nacido el año 1562 en Madrid, en el seno de una familia modesta pero hidalga, Lope dio pronto muestras de su talento; junto a una también precoz y no menos ardorosa inclinación al amor y a la aventura. Casó dos veces, mucha fue su prole y fue ordenado sacerdote.
    Pudieran ser 1.800 las comedias escritas por su fertilidad creativa, sin contar los entremeses, y 400 los autos. Lo que nos ha llegado son cifras que no por modestas al compararlas dejan de maravillar: 480 comedias y un gran número de novelas, narraciones cortas, poemas líricos, epístolas y demás. En frase a él atribuida, dice que de todas sus comedias más de ciento en horas veinticuatro pasaron de las musas al teatro.
 

Un apunte biográfico revela que Félix Lope de Vega y Carpio estudió gramática y retórica con los jesuitas y después, en el Estudio Real, frecuentó las matemáticas y la astronomía con afán de satisfacer su innata curiosidad por lo humano y lo divino.
    Hombre de acción, inquieto y de fuerte carácter, trasladó su residencia varias veces, de la vieja a la nueva Castilla, y embarcó rumbo a la conquista de la isla de Terceira (las islas Azores) con la expedición del marqués de Santa Cruz. Hombre de pasiones breves, intensas y discontinuas, sus amoríos y amores son célebres y no pocos de ellos tuvieron, en alguna medida, reflejo en sus obras y absoluta trascendencia en su vida.
    En 1613 se traslada definitivamente a Madrid, y en ese año comienzan las desgracias familiares que marcan el destino del genio. Una honda crisis espiritual lo conduce al sacerdocio en 1614, celebrando su primera misa en el convento de las carmelitas descalzas donde poco antes había enterrado a su mujer.
    Pero en el año 1616 otro vuelco sentimental, traído por la pasión, le guía de vuelta al matrimonio con una mujer, y también a la paternidad. Este amor perdura hasta 1633, cuando ella muere; y otras muertes y nuevos percances, de hijos ambos, vienen encadenadas y agotan la vitalidad de Lope de Vega en 1635.

 
Poseedor de una vasta cultura y equiparable ansia investigadora, Lope de Vega no dudó en abordar cualquier práctica literaria con acierto y sello personal, tal que la épica renacentista, el poema mitológico, la novela pastoril e, incluso, el relato autobiográfico.
    Pero su genio literario se condensa en la poesía lírica, especialmente en sus sonetos, en la poesía de corte popular y en sus comedias. Él fue quien dio forma escénica bien definida a la comedia española, estilo dramático que le debe su preceptiva y definición.
    En su breve Arte nuevo de hacer comedias pone de manifiesto su conciencia de haber concebido el teatro nacional español. En vez de los cinco actos de la tragedia clásica reduce a tres los de la comedia; respeta la unidad de acción pero quebranta las de lugar y tiempo; mezcla lo trágico con lo cómico, lo serio con lo ridículo; adopta la forma versificada, no obstante recomienda usar distintas formas métricas según las diferentes situaciones dramáticas; y servirse de un lenguaje adaptado al vulgo.



Arte nuevo de hacer comedias

(Fragmento)


No porque yo ignorase los preceptos,

gracias a Dios, que ya, tirón gramático,

pasé los libros que trataban de esto

antes que hubiese visto al Sol diez veces

discurrir desde Aries a los Peces;

mas porque en fin hallé que las comedias

estaban en España en aquel tiempo,

no como sus primeros inventores

pensaron que en el mundo se escribieran,

mas como las trataron muchos bárbaros

que enseñaron al vulgo a sus rudezas,

y así se introdujeron de tal modo

que quien con arte ahora las escribe

muere sin fama y galardón, que puede

entre los que carecen de su lumbre,

mas que razón y fuerza, la costumbre.

 

Verdad es que yo he escrito algunas veces

siguiendo el arte que conocen pocos;

mas, luego que salir por otra parte

veo los monstruos, de apariencias llenos,

adonde acude el vulgo y las mujeres

que este triste ejercicio canonizan;

a aquel hábito bárbaro me vuelvo,

y, cuando he de escribir una comedia,

encierro los preceptos con seis llaves,

saco a Terencio y Plauto de mi estudio,

para que no me den voces, que suele

dar gritos la verdad en libros mudos,

y escribo por el arte que inventaron

los que el vulgar aplauso pretendieron;

porque como las paga el vulgo, es justo

hablarle en necio para darle gusto.

 

Félix Lope de Vega y Carpio






La grandeza de Lope de Vega abruma y desborda cualquier comentario sucinto. Es el primer dramaturgo moderno en el sentido estricto del término, en continua dialéctica con su público, de cuya exigencia surge la estructura de un género y una praxis teatral orientada a cautivarlo mediante la creación de una tensión dramática que no perdonará ningún motivo para alcanzarla.
    Figura singular que concita admiración y desconcierto por su propia magnificencia: "Porque a veces lo que es contra lo justo / por la misma razón deleita el gusto".

 



Sinopsis de El caballero de Olmedo
Comedia en tres actos inspirada en una leyenda histórica y en unos versos populares en los que se hace referencia a la muerte del caballero de Olmedo.


Don Alonso, el caballero de Olmedo, ve en la feria de Medina del Campo a la bellísima doña Inés. Busca a la vieja Fabia para que interceda por él y le haga presente su amor a Inés. Ésta le corresponde; pero pide su mano otro caballero, don Rodrigo.
    Inés, por medio de Fabia, pide a don Alonso que vaya a hablar con ella por la noche, a través de la reja. Pero a la cita se presentan también don Rodrigo y su amigo don Fernando. Tiene lugar una breve reyerta que termina con la fuga de los contendientes.
    Se disponen los esponsales de don Rodrigo y de doña Inés, contra los deseos de la mujer.
    Don Alonso tiene un mal presagio: ve a un azor, un ave rapaz, dar muerte a un jilguero. Poco después salva la vida a su rival, que estaba a punto de ser corneado por un toro. Sin embargo, don Rodrigo no muestra la menor gratitud por ello, e incluso medita el asesinato del caballero de Olmedo.
    Don Alonso parte para su ciudad, Olmedo. Por el camino oye cantar los versos que aluden a su muerte: "Que de noche le mataron / al caballero, / la gala de medina, / la flor de Olmedo". Aunque sigue sin conceder fe al mal presagio.
    Don Rodrigo y don Fernando lo matan en una emboscada.
    Mientras tanto, Inés ha recibió de su padre y del rey el consentimiento para casarse con don Alonso. Durante una audiencia real se presenta Tello, sirviente del caballero de Olmedo, para anunciar su alevosa muerte. 
    El rey ordena que los asesinos, don Rodrigo y don Fernando, sean decapitados.


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jueves, 8 de octubre de 2015

El Camino Real de Tierra Adentro


El Camino Real de Tierra Adentro era la ruta que llevaba desde la ciudad de México hasta la de Santa Fe de Nuevo México, actualmente capital del Estado homónimo integrado en los Estados Unidos; y durante más de dos siglos fue el cordón umbilical que mantuvo ligada a esta remota provincia del septentrión de la Nueva España. Cada tres años partía la llamara ‘conducta', una caravana que trasladaba ganados, aperos y gentes, para mantener la colonización española en aquellas tierras. A través del Camino Real de Tierra Adentro penetró la cultura hispana en el Suroeste de Estados Unidos, ejerciendo aquí un papel semejante al del Camino de Santiago en España.

El Camino Real de Tierra Adentro


 

Cuando la corona española decide no abandonar la provincia de Nuevo México, ruinosa en todos los sentidos, sino mantenerla por razones de no desamparar a los indios ya cristianizados, el virreinato de Nueva España organiza un sistema para abastecer regularmente las misiones, presidios y ranchos del norte. Es la llamada conducta, caravana de carretas que parte cada tres años de la ciudad de México con destino a la tierra de frontera. Iniciaba el largo y dificultoso recorrido de seis meses tras la época de lluvias.

En el convoy viajaban frailes, colonos y soldados de escolta, así como múltiples artículos: plantones, semillas, muebles, instrumentos musicales, vestuario, papel, tinta, etc. A la retaguardia seguían ovejas, caballos, vacas, cerdos, cabras y el resto de muestrario de la ganadería española lista para ser transplantada en el septentrión hispano. A la vuelta, los carros cargaban vino, productos agrícolas, pieles de bisonte, mantas y otras mercancías de Nuevo México, que eran vendidas en la famosa feria anual de Chihuahua, y más adelante acopiaban plata procedente de las minas del Paral, Guanajuato y Zacatecas.

Todo este surtido humano y material viajaba a bordo de treinta y dos sólidos carretones de cuatro ruedas tirados por bueyes, con toldos arqueados y capaces de transportar dos toneladas de carga. Los bueyes, aunque menos espantadizos que las mulas, eran más lentos y se desenvolvían peor en terrenos lodosos y en fuertes pendientes, lo que hizo que paulatinamente los trenes de carros fueran reemplazados por recuas de mulas manejadas por arrieros que redujeron el tiempo de viaje a cuatro meses.

Muchas eran las incertidumbres que enfrentaban los viajeros. Las crecidas de los ríos, como las del Nazas, podían forzar semanas de espera en las orillas hasta poder vadearlos. En el otro extremo aparecían las sequías prolongadas, que hacían sufrir lo indecible a hombres y animales.

Lo más temido era la travesía de la llamada Jornada del Muerto, más allá de El Paso, cien kilómetros sin un solo ojo de agua donde aprovisionarse. También se sentían amedrentados ante las dunas de Samalayuca, arenas móviles que obligaban a dar un gran rodeo a la caravana. Eran tantos los inconvenientes como los temores, y tantas las presentes decepciones como las supuestas riquezas que esperaban allá lejos.

Con todo, confrontando los deseos con los recelos, el mayor de los peligros era el de los asaltos. Había bandas especializadas que desde México a Querétaro acechaban la caravana, repleta de valiosos artículos. Y, sobre todo, a partir de Zacatecas, la mayor amenaza fueron los ataques indios, más frecuentes a medida que se progresaba hacia el Norte. Su objetivo principal eran los caballos, pero no desdeñaban otras rapiñas e incluso mujeres y niños. Las tropas de los presidios hacían relevos para dotar al convoy de una protección adicional, y cuando la caravana se adentraba en las áreas más comprometidas, para pasar la noche los carros formaban un círculo con las personas y los animales dentro.

* * *
 

Siguiendo los estudios históricos de los investigadores Fernando Martínez Láinez, Carlos Canales Torres y Borja Cardelús, para completar en tiempo y circunstancias la historia del acontecimiento hay que remontarse al año 1550, cuando el rey emperador Carlos I dicta instrucciones para que no se realizase ninguna conquista o exploración hasta que un organismo especial instituido en cada Audiencia examinase si las conquistas se podían hacer "sin injusticias a los indígenas que viviesen en esas tierras". Ante tal imposición, el virrey de Nueva España, Álvaro de Zúñiga, marqués de Villamanrique, ordenó que se explorase y colonizase Nuevo México de acuerdo a estos principios, mantenidos también por el rey Felipe II.

El primer proyecto serio para colonizar las tierras al norte de Chihuahua fue el de Gaspar Castaño de Sousa (o Sosa), en 1580 y el segundo el de Cristóbal Martín, en 1583. Hubo otras propuestas de expedición como la de Hernán Gallegos, la de Francisco Díaz de Vargas, y solicitudes colonizadoras como la de Francisco de Urdiñola, conquistador de Nueva Vizcaya, y la de Juan Bautista de Lomas y Colmenares.

La Corona española, resuelta a la colonización de Nuevo México, en el septentrión del continente americano, apenas un siglo antes descubierto, y a que se hiciera conforme a las ordenanzas de 1573, abrió la oferta de candidatos con la condición de que el peso financiero habría de ser asumido por ellos; lo que limitaba la posibilidad a los hombres más ricos de Nueva España.

Hubo varios aspirantes, pero la elección recayó en Juan de Oñate, hijo de Cristóbal de Oñate, uno de los descubridores de las minas de Zacatecas, casado con Isabel Tolosa Cortés Moctezuma, nieta del conquistador de México y bisnieta del emperador azteca.

Juan de Oñate



Recibió el permiso real en septiembre de 1595, pero a partir de ahí comenzó un martirio burocrático causado por los envidiosos funcionarios del virreinato, celosos de que Oñate pudiera unir la gloria a su enorme fortuna. El contrato estipulaba que Oñate debía financiar una expedición colonizadora, para descubrir y poblar "con toda paz, amistad y cristiandad", compuesta de 200 hombres bien armados y equipados, con sus familias, cinco sacerdotes y un lego; 1.000 reses (cabezas de vacuno), 3.000 ovejas churras, 1.000 carneros, 150 potros y 150 yeguas, además de caballos para los expedicionarios; equipos, aperos, mobiliario, herramientas y material de repuesto para las carretas, los vehículos de ruedas y las cabalgaduras; a lo que se sumaba un transporte de harina de trigo, maíz, carne en salazón, galletas, aves de corral, frutos secos, útiles corrientes para la administración de la comitiva: papel, tinta; y un surtido de medicinas. A cambio de ello recibía el título de Gobernador, Adelantado y Capitán General de Nuevo México, por dos generaciones, con derecho a otorgar encomiendas y repartimientos de indios. Algo muy importante para convencer a los indecisos: los nuevos colonos tendrían la condición de hidalgos.

Correspondía al virrey el suministro de las municiones, tres mil libras de pólvora, y los cañones, más de diez mil proyectiles de arcabuz.

Cuando parecía que todo estaba listo, el virrey Luis de Velasco, mentor de Oñate, fue nombrado virrey del Perú, sustituyéndole Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey, que impuso un retraso considerable a la partida. El nuevo virrey tenía un candidato propio, y le contrariaban los lógicos deseos de Oñate de prescindir de la Administración del virreinato y entenderse directamente con el rey.

El propio Felipe II tuvo que despachar la orden de salida de la expedición, pero los funcionarios virreinales forzaron una nueva inspección, para desesperación de Oñate, varado en Santa Bárbara, en Chihuahua, con su gente, y que veía como mermaban sus fondos y desertaban los hombres. Esta última inspección fue hostil, y los mezquinos burócratas a punto estuvieron de conseguir su propósito de desbaratar la partida. Pero el corajudo Oñate al fin pudo dar la orden de marcha el 26 de enero de 1598, más de dos años después de obtener el permiso.

La larga caravana de hombres, animales y carretas (83 carros tirados por bueyes) ocupaba una legua, y en ella viajaban sus dos sobrinos, los Zaldívar y Gaspar de Villagrá, que cantaría la épica del viaje en un largo poema de pocas cualidades literarias pero de enorme interés histórico.

Con el fin de evitar errores, Vicente de Zaldívar, sobrino de Oñate, partió en vanguardia con 17 hombres para abrir camino y destruir obstáculos que pudieran perjudicar a la expedición.

En febrero, fray Diego Márquez, el franciscano que acompañaba a la expedición, había decidido regresar a México, y el capitán Farfán, que le acompañó en su retorno, se incorporó de nuevo a la expedición acompañado de dos padres y ocho hermanos franciscanos que se unieron al grupo principal el 3 de marzo y serían los responsables de la evangelización de Nuevo México.

Avanzando hacia el Norte, pararon junto a un río al que llamaron Jueves Santo y donde acamparon en Semana Santa.

Cuando Oñate salió de Santa Barbara (actual Chihuahua), esta localidad era hasta entonces la más septentrional de Nueva España, y final de uno de los cuatro caminos del virreinato. Todos los caminos nacían en México: el primero iba hasta Veracruz, al Sureste, el segundo llegaba a Acapulco, al Suroeste, el tercero a Guatemala, al Sur y el cuarto, el de Durango, era el citado que finalizaba en Santa Bárbara. Más allá se perfilaba el Río Grande y un territorio por descubrir.

 

La partida del Adelantado Oñate, con sus 83 carros y 7.000 cabezas de ganado, al fin tuvo efecto.

Oñate desechó el itinerario seguido por sus predecesores y eligió un atajo a través de las dunas de Samalayuca, arenas móviles que obligaba a dar un gran rodeo para evitar su peligro, que no obstante llevó a la caravana por una ruta más directa hasta El Paso, señalando el trazado de lo que sería el Camino Real de Tierra Adentro.

Antes de llegar al Río Grande hubo que atravesar el río de las Conchas, para lo que fue preciso construir un puente disponiendo 24 ruedas de las carretas atadas con amarras, remontando a continuación hasta el Río Grande, alcanzado el 20 de abril y cruzado el día de la Ascensión. En la orilla norte, actual ciudad de El Paso, levantaron una capilla que a las tres semanas ya estaba lista para la celebración de la primera misa. El 8 de septiembre de 1598 fue el día señalado para dar gracias por la suerte que hasta el momento acompañaba a los expedicionarios. El superior de los franciscanos, fray Alonso Martínez, ofició la misa y fray Cristóbal de Salazar dio el sermón. Al cabo, Juan de Oñate celebró una ceremonia con carácter oficial en la que tomó posesión de Nuevo México en nombre de España y de su rey Felipe II. Ese fue el primer Día de Acción de Gracias de la historia de los Estados Unidos, que antecede en 23 años al de los Padres Peregrinos de Plymouth. Hubo banquete, baile, juegos y se representó una obra de teatro compuesta por Marcos Farfán, con tema evangelizador; probablemente fue la primera representación teatral, propiamente dicha, de la historia de los Estados Unidos.

Acción de Gracias de Juan de Oñate y los expedicionarios a Nuevo México

Reemprendida la marcha hacia el Norte, siguiendo el curso del Río Grande, la caravana atravesó la Jornada del muerto, una extensión desértica sin un ojo de agua en más de cien kilómetros donde aprovisionarse los humanos y abrevar los animales. Superada la terrible prueba, la caravana arribó atravesó la terrible jornada del muerto y arribó a los valles de Nuevo México, como oasis anclados en el desierto, y llegó fatigosamente al poblado indio de Teipana, donde recibió ayuda en alimento y hospitalidad de los indígenas, por lo que Oñate bautizó el lugar con el nombre de Socorro; las millas recorridas desde El Paso eran ochenta, ciento veinte kilómetros. En las cercanías de esta población se localiza el Museo del Camino Real de Tierra Adentro.

Repuestos en parte de las penalidades pasadas, la ruta siguió camino septentrional hasta Santo Domingo Pueblo, desde donde Oñate decidió enviar mensajeros a las poblaciones vecinas anunciando su llegada, quiénes eran y la ocasión del encuentro. La toma de contacto con los indígenas fue amistosa y de común acuerdo exploradores y autóctonos quedó fundada, al norte de Santo Domingo, la población de San Juan de los Caballeros, tanto por la condición de hidalgos ganada por todos los colonos como por la hospitalidad indígena. Pronto el núcleo de la colonia se trasladaría a un valle próximo pero más amplio, en la confluencia de los ríos Chana y Grande, fundándose San Gabriel, el 18 de agosto de 1598 (la segunda ciudad fundada en los actuales Estados Unidos, tras San Agustín de la Florida), capital durante diez años hasta la fundación de Santa Fe en entre 1607 y 1610 (Villa Real de la Santa Fe de San Francisco de Asís); desde entonces capital de Nuevo México.

En las proximidades de San Gabriel estableció la caravana su campamento de invierno hasta decidir por dónde proseguir la ruta; el invierno de 1598-99.

Era obvio que la pobreza de San Gabriel no podía ser el destino de una expedición tan amplia y costosa. Hubo conatos de revuelta, sofocados enérgicamente por Oñate y sus fieles, así como una deserción de cuatro soldados. Oñate designó a Gaspar Pérez de Villagrá, soldado y poeta, héroe de la historia de Nuevo México al cabo, para dar con ellos y traerlos de vuelta para ser juzgados. Tras una persecución épica por kilómetros de territorio indómito y desconocido, detuvo a dos que fueron condenados a muerte y ejecutados en San Gabriel.

Pero el malestar persistía y también las dudas sobre la conveniencia del proyecto. Por lo que Oñate, a imitación de su predecesor Pedro Castañeda de Nájera, quien refería maravillas a descubrir en aquellos lugares nuevos, se animó a buscar el atractivo de nuevas y mejores tierras, metales preciosos y perlas, para el asentamiento y la colonización.

Asentados provisionalmente en el lugar los nuevos residentes, Oñate envió comisionados a México en busca de refuerzos colonizadores y, a la vez, despachaba a sus oficiales para reconocer los confines y las posibilidades de la provincia. Vicente Zaldívar exploraba hacia el Este, teniendo el encuentro con los indios de Acoma, y él, al igual que otros predecesores, se dejó seducir por los cantos de sirena de la Gran Quivira (asentamiento indígena mencionado por Francisco Vázquez de Coronado del que no se ha vuelto a tener noticia, desde el que inició travesía descubridora hacia el Gran Cañón del Colorado García López de Cárdenas, primer europeo en documentar el paraje). Atravesó las montañas Manzano y, bajo la guía de José, el indio superviviente de la desgraciada expedición de Leyva de Bonilla, se internó a través de Oklahoma en las llanuras de los cíbolos, los búfalos de las praderas, dirigiéndose hacia el Sur después para alcanzar la actual Texas sin hallar cosa que se pareciese a la deslumbrante ciudad de los sueños de tantos conquistadores, la que inútilmente persiguieran Coronado, Castaño o Chamuscado.

Era el turno aventurero de Oñate, dirección al Oeste, con la idea de llegar al océano Pacífico. Cruzó el territorio de Arizona, encontró el río Colorado y siguió su curso, llegando hasta su desembocadura en el extremo del Mar de Cortés, lo que consideró un hallazgo geográfico prometedor como posible puerto para el abastecimiento de Nuevo México. A la vuelta, en el lugar llamado El Morro, en el occidente de Nuevo México, dejó impresa en una piedra una famosa inscripción: "Por aquí pasó el Adelantado don Juan de Oñate, al descubrimiento del Mar del Sur, a 16 de abril de 1605". Cuando regresó a San Gabriel no traía plata ni perlas en las alforjas, pero sí un montón de narraciones fabulosas, contadas por los indios de aquellos páramos: gentes que caminaban sobre un solo pie; otros que se alimentaban con el solo olor del alimento, sin dejar excrementos; tribus cuyos miembros tenían una enorme oreja con la que se envolvían al dormir. Una buena colección de fantasías con las que esperaba ganar el apoyo de las autoridades virreinales. Pero después de seis años de asentamiento de la colonia, no eran precisamente leyendas fantásticas lo que el virrey deseaba oír.

Cinco meses duró la ausencia de Oñate de la base de San Gabriel, tiempo suficiente como para que los colonizadores, desalentados por no hallar las riquezas que esperaban, abandonaran en gran medida el poblado y regresaran a la seguridad de México. Oñate se había dado cuenta de la magnitud de las distancias, imposibles de afrontar con medios precarios y aún menos con urgencias. Desistió de llegar al océano de poniente en aquella ocasión, coincidiendo en el camino de regreso con su sobrino Juan Zaldívar, conviniendo ambos en intentarlo de nuevo en breve. Pero no sería posible a causa de un acontecimiento que la historia conoce como La Guerra de la Roca.

 

La vía que abrió Juan de Oñate, colonizador de gran valor y talento, constituye una de las principales vías culturales de los Estados Unidos, pues en la práctica las comunicaciones entre El Paso y Santa Fe trazan aquel primer Camino Real de tierra adentro. Durante siglos, este camino supuso la mayor vía de intercambio cultural y de mercancías, gracias a la cual las comunidades indígenas del Suroeste de los Estados Unidos de América mantuvieron sus tradiciones, consiguiendo una mejora sustancial en sus condiciones de vida que ha permitido su supervivencia hasta el presente.

Monumento a Juan de Oñate en Alcalde, condado de Río Arriba, Nuevo México.

 
 
 

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lunes, 5 de octubre de 2015

Conversaciones exquisitas (2)

 
Alejo pidió aceitunas rayadas y una manzanilla.
    Llegó con el humor altanero y el portapliegos al hombro como un colegiado en excursión facultativa. No traslucía su semblante mayor contento por el éxito alcanzado. Alejo lidiaba cotidianamente en arenas peinadas al bies con ciclanes, ogros, capones y medusas; Areópagos de acierto predicho en el editorial de la Plataforma Instructiva de Oligarcas y Barones Federados. Hay que echarle valor y maestría a la faena, esquivando cornadas, puyas y los abucheos de la claque bien pagada. Efectiva caterva de tarados para usar y tirar.
    Los cadáveres insepultos, corruptibles y afeados, se apilan en dependencias subterráneas de las sedes en el extrarradio, con una identificación en clave consignada en el estadillo de servicios hábiles y opacos elaborado por el Arúspice de guardia; aquél que examina clandestinamente las entrañas de las víctimas para hacer presagios.
    Los prebostes de la Plataforma Instructiva se reúnen en conciliábulo secreto con la reseña de un político de la competencia o de un topo capturado o de un traidor mordido o de un agente doble de apariencia beatífica y empleo diplomático. Y designan al víreo cabeza de lista: "Hemos decidido que seas tú. No eres gran cosa pero es lo que tenemos. Limítate a desempeñar el papel de comparsa que ya dominas, no en vano son varias legislaturas de banquillo y asentimiento, pero ahora con algún discurso que recibirás en sobre cerrado a la hora en punto. Embriágate de telegenia y no te excedas en el cometido, y engola la voz para que silbe en el oído de los sordos. Eres tú el elegido. Pon la cara y sonríe, ríe, sonríe y di amén a todo y a todos. Lo demás es cosa nuestra".
    Totalmente cosa de ellos, los manejadores y los invisibles, los aficionados que tomaron la alternativa en el ruedo desmontable entre charangas y barquillos; los profesionales de la ocasión al vuelo. Atrás quedan los tiempos en que la ciencia infusa era concepto de uso peyorativo, la improvisación y la magia cosa de haraganes con vil efugio en la tarjeta de visita y listillos con escaso acomodo; el carisma una palabra sacra, un término útil para espolear al sector indeciso y de inveteradas costumbres educativas: derecho, economía, ética, de la sociedad posindustrial. Palabrería lata. Pasto de curanderos con sello ultramarino importados a peso.
    La demagogia es instrumento globalizador de recurso y molicie, oral y escrito, transitoriamente perfeccionado sobre bases sólidas, pretendidamente inalterables; tiene su origen en calderas sulfúreas (tapémonos la nariz y cubramos la boca con una profiláctica mascarilla) gobernadas por agentes patógenos incombustibles, inmunizados. Alelados, perturbados, intoxicadores, pelmas, proselitistas de la incuria. Gente detestable que a su paso deja un reguero de calamidades. Es una historia antañona, como el mundo. La leyenda maya de las divinidades progenitoras esclarece el presupuesto: "Los Creadores dotaron de inteligencia a los primeros hombres. Así estos primeros hombres conocían todos los saberes, su vista sobrepasaba las montañas, sus oídos percibían los sonidos más imperceptibles, hablaban con su boca y corrían con sus piernas. Pero los Formadores observaron en la conducta de los hombres una desmedida ambición por alcanzar el grado de Creadores y Formadores. Hubo que recortar las cualidades graciosamente conferidas, mermando la razón, la inteligencia y la capacidad de discernimiento de los rebrotes sublevados".
    Con la inepcia acumulada desde la génesis, la irresponsabilidad de los herederos crece exuberante y su antagonista se diluye en disimulos y parches; en engaños arteramente oficializados por enciclopedistas del siglo de las luces.
    En la orilla opuesta, Séneca predicaba sin mayor fortuna la prudencia y la sensatez al gobernar; por aquello de taponar los fluyentes errores del político al uso; por aquello de sacar la cabeza del estercolero. Por derrocar las vocaciones mantenidas. No, por favor, diremos algún día, educadamente, déjenos de sermones y platos recalentados, admoniciones y prédicas de estrado; no me ponga las peras a cuarto ni me cobije a la sombra de sarmientos. La necia voz fustiga sin venir a cuento, es un castigo inmerecido. Hasta aquí lo que se daba. A las íes y a las eñes no ha de faltarles ni el punto ni la tilde si uno quiere y porfía contra viento y marea.
    Contaba Alejo.

(De la obra El Avefuego y enigma)

jueves, 1 de octubre de 2015

La decisión del coronel Moscardó


La conversación telefónica que tuvo lugar el día 23 de julio de 1936, aproximadamente a las diez de la mañana, entre el coronel José Moscardó Ituarte, jefe de los resistentes civiles y militares acogidos al Alcázar de Toledo, y su hijo Luis, de 24 años de edad, detenido por los milicianos frentepopulistas en dicha ciudad, supuso en confesión manuscrita del coronel Moscardó "el acontecimiento más grande de mi vida, el que causó un desgarro sangriento en mi existencia y un recuerdo inextinguible en mi espíritu."

    El breve intercambio de frases, del saludo a la despedida, entre padre e hijo, antecedido por la amenaza del jefe de las milicias del Frente Popular, fue como sigue (Alfonso Bullón de Mendoza y Luis Eugenio Togores, El Alcázar de Toledo. Final de una polémica, pp. 74 y 75):


Cándido Cabello (socialista y jefe de milicias de Toledo, hablando por teléfono al coronel Moscardó): Son Uds. responsables de los crímenes y de todo lo que está ocurriendo en Toledo, y le doy un plazo de diez minutos para que rinda el Alcázar, y de no hacerlo fusilaré a su hijo Luis que lo tengo aquí a mi lado.

Coronel Moscardó: ¡Lo creo!

Jefe de milicias: Y para que veas que es verdad, ahora se pone al aparato.

Luis Moscardó Guzmán: ¡Papá!

Coronel Moscardó: ¿Qué hay, hijo mío?

Luis Moscardó Guzmán: Nada, que dicen que me van a fusilar si el Alcázar no se rinde, pero no te preocupes por mí.

Coronel Moscardó: Si es cierto encomienda tu alma a Dios, da un viva a Cristo Rey y a España y serás un héroe que muere por ella. ¡Adiós, hijo mío, un beso muy fuerte!

Luis Moscardó Guzmán: ¡Adiós, papá, un beso muy fuerte!

Vuelve a coger el aparato Cándido Cabello.

Coronel Moscardó: Puede ahorrarse el plazo que me ha dado y fusilar a mi hijo, el Alcázar no se rendirá jamás.

 

La mañana del día 23 de julio de 1936, en el despacho del presidente de la Diputación estaban el gobernador civil del Frente Popular, José Vega López; el jefe de milicias, Cándido Cabello, tocado con el birrete del cardenal Goma; el vicepresidente de la Diputación, Eduardo Palomo, desplazado desde Santa Cruz de la Zarza; Florentino Gómez el Claudito; el capitán de milicias, Malaquías Martín Macho, apodado el Rino; y Luis Bernardino García, entre otros que recuerda el testigo Francisco Sánchez Moraleda.

    El 23 de agosto de 1936 murió fusilado Luis Moscardó Guzmán a las afueras de la ciudad, tras una saca de la cárcel de Toledo.

* * *

 

El Alcázar con sus supervivientes fue liberado el día 27 de septiembre de 1936, a las 21 horas. El contacto fue establecido por la 1.ª Compañía del I Tabor de Tetuán, al mando del teniente Luis Lahuerta Ciordia, al frente de su Sección de Regulares. Tras sesenta y nueve días de asedio demoledor (del 21 de julio al 27 de septiembre de 1936), el relato de los instantes previos a la liberación es descrito así por los diarios del I Tabor de Tetuán y de la V Bandera del Tercio; y por el historiador Benito Gómez Oliveros en su libro General Moscardó:

    Diario del I Tabor de Tetuán:


Continúa el avance de la Columna [día 27 de septiembre de 1936] y en cooperación con el resto de ella marcha el Tabor en vanguardia del ala izquierda de la misma, izquierda de la carretera Vargas-Toledo en dirección ésta. Venciendo la resistencia del enemigo y desalojándolo del atrincheramiento próximo al cruce de la carretera de Madrid con la de Mocejón, efectuando un avance rapidísimo por la orilla del Tajo una Compañía, mientras las otras continuaban limpiando de enemigo la Plaza de Toros y sus inmediaciones, así como el Hospital de Afuera y edificios próximos, consiguiéndose tras dura lucha tomar la puerta de Bisagra, Miradero y su subida, logrando después tomar los atrincheramientos y barricadas con alambradas de la Calle de Armas y Plaza de Zocodover, llegando al Alcázar ya entrada la noche, estableciendo contacto, por primera vez, con los defensores del mismo, el teniente de la Primera Compañía don Luis Lahuerta Giordia, al frente de su Sección.

    Servicio Histórico Militar, D.N. - A. 10 - L. 462 - C. 16.



 
Diario de la V Bandera del Tercio:

Se emprende el avance contra Toledo el día 27 [septiembre de 1936], empieza la resistencia enemiga, el enemigo es arrojado posición por posición, hasta llegar al cementerio de Toledo, el cual cae en nuestro poder. Por la carretera de Torrijos se divisa una Columna enemiga que se dirige hacia Toledo, se bate al enemigo con fuego de ametralladoras, haciéndole numerosas bajas. El enemigo huye a la desbandada. Se recibe orden de tomar la plaza de toros. Todos los intentos de penetrar en ella fracasan, se ocupan las casas de los alrededores. Se hace un boquete en ellas y se penetra, matando al enemigo dentro de las mismas. Se ocupa el Colegio de Huérfanos. Se toma el Hospital de Afuera. Se van tomando edificios poco a poco hasta llegar cerca del Alcázar. Para evitar que sus defensores nos hagan fuego se toca a cada momento la contraseña de La Legión. A las veintiuna horas aproximadamente la guarnición del Alcázar nos da el alto, la Bandera penetra en el Alcázar, donde es recibida con enorme entusiasmo.

    Servicio Histórico Militar, D.N. - A. 10 - L. 462 - C. 12.




Libro de Gómez Oliveros (página 213):

El teniente Lahuerta es el privilegiado mortal que con su Sección de Regulares acaba de romper la virgen integridad del asedio a toda costa. Entran en la Explanada Norte, saltando por los escombros, llevan empapadas en sudor y en polvo las camisas del color del desierto y laten ansiosos los pechos destapados. Por el silencio majestuoso de las ruinas el centinela de la fortaleza lanza un "¿Quién vive?" que es una tremenda y recelosa interrogación. La contestación es el prodigio de la vida que vuelve:

    ¡Fuerzas de España. Regulares de Tetuán!

    Nadie contesta. El coronel [Moscardó] y mil quinientas vidas suspenden los latidos del corazón entre la alegría y el temor de un engaño por parte del enemigo. En el Alcázar todavía no se siente el matiz de lo de fuera, sólo llega la estridencia.

    ¡Somos de Regulares. Toledo es de España!

    Aún dura el silencio y las precauciones. Al fin, por entre los escombros, fusil a la cara, comienzan a surgir los defensores. La Sección de Regulares y su teniente se ven por un momento encañonados. Son unos instantes más y al fin el oficial que manda el grupo de los sitiados cae casi desfallecido de tanta emoción en los brazos hermanos del teniente Lahuerta. Al mismo tiempo aparecen los legionarios de Tiede y juntos, en medio de la más grande emoción, saltando por las ruinas, llegan al Patio liberado hasta de sus límites, porque la destrucción y los escombros han dejado la fortaleza abierta de par en par al mundo.

* * *

 

La Unión de Intelectuales Franceses Independientes (en una lápida):


Los defensores del Alcázar pertenecen a la España inicial de la que son encarnación simbólica, tan admirable como la de los héroes de la Reconquista y del Caballero enterrado en Burgos, que con tan grandes virtudes pueden servir de ejemplo.

Daily Telegraph, editorial del 24 de septiembre de 1936:


La historia de España está llena de casos de defensa desesperada contra los asedios. Lo mismo los generales de Roma que los mariscales de Napoleón descubrieron que los españoles son sobrehumanos en la resistencia tras los muros de un fuerte. A la guarnición que defiende el Alcázar hay que concederle el honor de un heroísmo tan grande como el de los defensores de Numancia y de Zaragoza. Reducidos a un puñado de hombres, tienen con ellos muchas mujeres y niños; están mal provistas de municiones; los alimentos les faltan, y, sin embargo, desde hace más de nueve semanas han defendido la fortaleza medieval contra un ataque con armamento moderno: cualquiera que sea el resultado definitivo, han ganado una fama inmortal.
* * *
 

Testimonio de un veterano de El Tercio, el capitán Trujillo, que participó en la liberación del Alcázar como legionario:


No sé si el Generalísimo lo pensó. Seguro que echó sus cuentas antes de dar la orden a Yagüe de coger el camino de Toledo, pero entre su gente nunca hubo dudas: lo primero era salvar a los del Alcázar. Al lado del Caudillo he vivido muchos momentos de esos que sientes en el cuerpo el calambre de la historia. Bueno, pues lo más grande, lo más emocionante fue la toma de Toledo.

    Ya teníamos el puesto de mando en Cáceres y, cuando cayó Talavera, entre nosotros no se hablaba de la guerra, así en general, casi sólo se hablaba del Alcázar, y el Caudillo preguntaba todo el día por el Alcázar, y cuando llegaba alguna noticia inmediatamente se la pasaban. El día que Unión Radio de Madrid comunicó la voladura y dijeron que todo había terminado, ¿sabe usted cómo reaccionó?: que nadie hiciera caso, que no se lo creía, que mientras hubiera uno vivo entre las ruinas los rojos no serían capaces de tomar el Alcázar, y por la noche, cuando Unión Radio comentó que las fuerzas leales a la República estaban eliminando los últimos focos rebeldes refugiados a la desesperada entre los escombros, él dijo: ‘Lo sabía, lo sabía.'

    En Talavera tuvimos bastantes bajas y el Caudillo estuvo varias horas con Yagüe estudiando los planos. Al salir del Cuartel General dijo que íbamos a ver a Asensio y a Castejón que estaba ya más allá de Talavera, con las vanguardias. Cuando íbamos a volver para Cáceres, dije: "Mi general, yo no puedo perderme lo del Alcázar, déjeme aquí, quiero ser uno de los primeros que lleguen. Además, les hace falta gente." Y me contestó que bueno, pero sólo hasta que se tomase el Alcázar. Todavía tuvimos que pegar muchos tiros, pero lo conseguí: llegué el día 27 de septiembre entre los primeros. Los primeros de todos fueron moros, Regulares de Tetuán y, detrás, nosotros, la 5.ª Bandera, con el capitán Tiede, un alemán que había empezado de legionario cuando yo; creo que antes había sido capitán en la guerra europea y aquí empezó dando el callo de legionario.

    No le cuento a usted lo que fue aquello; estábamos abrazando a héroes como los que salen en los libros de historia, flacos, roncos, amarillos de humo de la trilita, llorando de emoción, y ¿sabe lo que nos decían?, sólo una cosa, ¡viva España, viva España!, y que éramos cojonudos, ya ve usted, ellos nos decían que los héroes éramos nosotros. Y ¿sabe lo que más nos agradecían?, no se lo va a creer, vaciábamos los macutos, chuscos, sardinas, chorizo, y lo que más celebraban era un pitillo, con qué ansia se lo fumaban; lo otro, la comida, salían corriendo a llevársela a las mujeres y a los niños y a las monjitas de la enfermería, que estaban a lo suyo, con sus tocas puestas y pensando solamente en los heridos, que había un montón, y de anestesia nada, ni aspirinas tenían; hubo a quien le amputaron un brazo o una pierna sin más anestesia que el aguantaformo. ¿Sabe usted lo que es eso?, ¿no?, pues figúreselo.

    Llegó Franco el día 29; todo el mundo lo abrazaba, le lloraban encima, y él les dijo: "¡Héroes gloriosos de España, lo que habéis hecho no lo olvidará la Patria!" Abrazaba, se dejaba abrazar, dijo a Moscardó que le daba la Cruz Laureada de San Fernando y repitió varias veces: ‘La liberación del Alcázar ha sido la mayor ambición de toda mi vida; ahora la guerra está ganada.'

    Además, lo del Alcázar fue una lección para todo el mundo. Ya no éramos unos rebeldes, éramos el Ejército Nacional, el de los héroes, el que luchaba por un ideal, el que merecía ganar la guerra. Y Franco, un caudillo.

    Ángel Palomino, Caudillo, Ed. Planeta.


 
El día 28 llega el general José Enrique Varela. Es el histórico instante del famoso gesto: Moscardó, enflaquecido, con la barba del asedio, se cuadra ante el general y pronuncia su lacónico: "Sin novedad en el Alcázar."

    El día siguiente, 29 de septiembre, recibe la misma novedad el general Francisco Franco, que cuarenta y ocho horas más tarde en medio del entusiasmo nacional e internacional por la liberación del Alcázar es nombrado Generalísimo.

    A los héroes del Alcázar, militares, civiles, hombres, mujeres y niños, les fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando Colectiva.

    Ángel Palomino, Defensa del Alcázar. Una epopeya de nuestro tiempo, p. 295.

 
La defensa del Alcázar brillaba con románticas luces propias y también heredadas. Aquí estaba no sólo la gesta de unos hombres concretos sino la defensa de un símbolo: la mismísima cuna de la Infantería española la de Breda y la de Rocroy, es decir, la que sabía ganar y la que sabía perder, y el mito del cadete defendiendo unas ruinas a pecho descubierto, frente a medios muy superiores, se izaba hermosa en un mundo harto materialista. Este cadete, en la leyenda del Alcázar, era el soldado novel, casi niño, espuma y promesa de un mañana.

    Pero la prosaica y bella realidad no era menos bella que la fantasía. Aquellos hombres encerrados en la fortaleza toledana apenas pasan de los 1.200. Su jefe, Moscardó, con paciencia, apunta en su Diario, un día tras otro, las novedades de vida y muerte. Caen 90 soldados, de todas las graduaciones, son heridos 555 y se cuentan 18 desertores, quedando, apenas, 537 hombres en estado de total agotamiento.

    Porque en el Alcázar se ha sufrido hambre, sed, miseria, infinitas privaciones y una presión psicológica creciente, cáustica, a ratos insoportable. Allí ha tenido lugar una destrucción sistemática por la acción de la artillería, de la aviación, del fuego incendiario, de toda clase de bombas y petardos y, sobre todo, de varias minas, ante las que parecía imposible resistir. La fortaleza ha quedado convertida en un auténtico infierno, pero los hombres, llevados de su afán hispano de no ceder, inspirados por una razón superior, han superado todo, sencillamente.

    No sin utilidad, pues el Alcázar ha absorbido del enemigo hombres y armas, que tan necesarias le son en aquellos primeros meses de la lucha civil. El Gobierno de Madrid y su Ministro de la Guerra han otorgado siempre al molesto enclave la debida importancia, y si en un primer momento han pensado que se hundiría por sí solo, luego, al ver que eso no ocurre, volcarán los necesarios medios, siempre con supremacía absoluta de los destructivos, acorde todo con la doctrina tradicional de la expugnación de una fortaleza, no dejando piedra sobre piedra.

    José Manuel Martínez Bande, Servicio Histórico Militar, Los asedios. Monografías de la Guerra de España n.º 16, pp. 102 y 103.

José Moscardó Ituarte



Imágenes del Servicio Histórico Militar. ICHM



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