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Baile emotivo


Miras. Te acercas, pero todavía no te corresponde actuar; vestida para la ocasión esperas el compás de inicio. Sigues el baile. Suena la invitación a participar pronto, te ha de llegar y tú serás ella. Paciencia y ansia.
    El baile sigue. Es el término medio que tinta de arrebol el arrobamiento por lo que fue, por lo que es, por lo que será y por ninguno de los tres anteriores estados que ves, vives e intuyes. La vida en su expresión cenital.
    También miras pero tu gesto silencia lo que ve. Aguardas, suspiras. Sigue el baile. Tú miras, tú recuerdas y esperas desde otra paciencia con otra ansia. Ya no serás más ella; el matiz te ha alcanzado con su inexorable paso.
    Eres, mujer, el primer plano. Detrás, en segundo plano, los comparsas y su frenesí o la discreción o el susurro de boca a oído y de mano a talle. Bailando.

Edvard Munch: La danza de la vida (1899).

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