Escribió en una hoja blanca y suelta: “Hoy, día del patrón de España y mi onomástica, doy cuenta de un propósito que habré de cumplir al menos en buena medida antes de que un óbito surgido de las circunstancias lo frustre”. Una proclama que Santiago Yáñez Viver, industrial jubilado, guardó con cierta solemnidad en la carpeta de los documentos imprescindibles, custodiada por sus dos testamentos. Tan legal, juicioso y categórico lo manifestado en la hoja como en su momento fueron las declaraciones de voluntades en la notaría. Su propósito, madurado en una estricta intimidad de ojos abiertos y cerrados, era recuperar para sí y el mundo la historia de España viviendo los diferentes paisajes y las distintas costumbres a solas con su coche. El hombre y la máquina servicial transitando un camino largo, apasionante por su lustrosa diversidad; una ruta entretenida con un marcado carácter didáctico y un legado que deja impronta; además de una reivindicación —el punto de apoyo...
Con la puesta en servicio de la primera central nuclear en julio de 1968, España buscaba alcanzar la independencia energética. Uno de los objetivos del Régimen fue minorar en lo posible la dependencia energética; de hecho, en pocos años, España consiguió un gran desarrollo en la energía nuclear para la generación de electricidad. En octubre de 1948 un selecto equipo de científicos y militares se agrupó en el Laboratorio y Taller de Investigación del Estado Mayor de la Armada con el propósito de constituir la denominada Junta de Investigaciones Atómicas, origen de la Junta de Energía Nuclear; destacan del mismo: José María Otero Navascués, ingeniero de Artillería de la Armada, director del LTIEMA y del Instituto de Óptica del CSIC; Manuel Lora Tamayo, catedrático de Química Orgánica; Armando Durán Miranda, catedrático de la Facultad de Ciencias y jefe de la Sección de Óptica Geométrica y Cálculo de Sistemas del Instituto de Óptica del CSIC; y José Sobredo ...