“¿Quién va a saber más de uno mismo que la conciencia?”, se dijo Juan Carlos Garcinuño Fadrique recogiendo su mesa de trabajo en el cierre de la jornada laboral. Su afirmación contestaba a la vieja pregunta de quién sabe más de esto y de aquello , hermana de otros interrogantes legendarios que al margen del tono en que se expresan pretenden averiguar de dónde venimos, adónde vamos, qué papel real desempeñamos en la historia y en el mundo, cómo ha sucedido, cuándo pudo darse el paso o cuándo fue posible evitarlo, qué será de…; y de los que habitualmente desprecian la conciencia, entre los que no falta quien alardea de tamaña ausencia al igual que se jacta de sus creencias, de sus engaños o de sus negaciones. Preguntas que ciertas personas se formulan y que una vez liberadas del redil, echando los candados al aire, suelen encadenarse por si alguna de ellas, tirando del hilo de Ariadna, resuelve una a una las peliagudas incógnitas alumbrando con luz de faro una trayectoria, concebida por ...
La comitiva fúnebre de la emperatriz Isabel, esposa de Carlos I, en 1539 estuvo encabezada por el príncipe Felipe —futuro rey Felipe II— y por el caballerizo de la emperatriz Francisco de Borja y Trastámara, duque de Gandía, marqués de Llombay, virrey de Cataluña y Grande de España, quien por obligación hubo de reconocer el cadáver antes de darle sepultura. De este momento legal surgió una frase que ha preservado la historia: “No quiero más servir a señor que se me pueda morir”. Francisco de Borja había nacido en la valenciana localidad de Gandía el año 1510, hijo del duque de Gandía y bisnieto de Fernando el Católico y del papa Alejandro VI, Rodrigo de Borja. Desde niño fue enviado a la corte imperial de Carlos I, y con él o en su representación, llevará a cabo misiones de enjundia en los ámbitos político y militar. Casado el emperador con la emperatriz Isabel de Portugal en 1526, Francisco de Borja, persona de confianza a sus jóvenes diecinuev...