Ir al contenido principal

Un diálogo breve al respecto de lo que vale la pena

Han llegado. Cada uno mira hacia donde se dirigen los ojos y ninguno ocupa el lugar del otro ni al moverse, poco y despacio, ni al distraer la vista alrededor.

    —No me apetecía venir.

    —¿Ahora lo dices? ¿Por qué lo dices ahora? ¿Por qué ahora y no hace un rato, anoche; una semana antes?

    —A mí sí me apetece estar aquí.

    —En una ocasión me quedé esperando tanto tiempo que no supe si iba o venía.

    —En una ocasión llegué a esperar tanto que acabé confundiendo la entrada y la salida.

    —En una ocasión, a lo mejor fueron dos las ocasiones, o más, pasé mucho tiempo aguardando el momento de decidirme.

    —Hay momentos eternos.

    —Hay momentos que se eternizan, es una verdad incuestionable.

    —Yo esperé demasiado, aunque no sé cuándo, y perdí la noción del tiempo y del espacio: no sabía dónde estaba; eso sí que lo supe.

    —Ni a lo que había venido; por lo menos con una respuesta cabal.

    —A esperar.

    Han llegado juntos, casi en fila. Cada uno tenía por lo menos un motivo para venir o para no venir.

    —Se me ocurre…

    —A mí también.

    —Tengo una pregunta.

    —Yo no podría cargar con una sola pregunta.

    —Tengo una respuesta a la pregunta que no se ha formulado.

    —Yo puedo vivir perfectamente con cien, mil respuestas.

    Una pregunta con cien o mil respuestas no merece la pena ser tenida en consideración.

    —No merece la pena perder un minuto en una pregunta capaz de adoptar cien o mil respuestas.

    —Un minuto pasa volando.

    —Como los trenes rápidos.

    —Es un suspiro. Visto y no visto.

    —Como los aviones que trazan surcos en el cielo despejado. Pasan y siguen.

    —Como la vida que se quiere vivir.

    —No hay que perder ni un instante del tiempo que resta de vida a una pregunta, formule quien la formule, que acepta diez, cien o mil respuestas.

    Hace un rato que han llegado. Cada uno de ellos, sin mirarse, piensa en una respuesta capaz de adaptarse a cien o mil preguntas complementarias. 

Entradas populares de este blog

Las tres vías místicas. San Juan de la Cruz

Siglo de Oro: La mística de san Juan de la Cruz Juan de Yepes y Álvarez, religioso y poeta español, nacido en Fontiveros, provincia de Ávila, el año 1542, estudió con los jesuitas, trabajó como camillero en el hospital de Medina del Campo, e ingresó a los diecinueve años como novicio en el colegio de los carmelitas con el nombre de fray Juan de Santo Matía. Prosiguió sus estudios en Salamanca y en 1567 fue ordenado sacerdote. Regresó entonces a Medina del Campo, donde conoció a santa Teresa de Jesús, quien acababa de fundar el primer convento reformado de la orden carmelita y que tanto le había de influir en el futuro. San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús Imagen de stj500.com Juan de la Cruz se hallaba animado de los mismos deseos reformadores de la santa, y había conseguido el permiso de sus superiores para mantenerse en la vieja y austera devoción de su orden.; desde ese momento tomó el nombre de fray Juan de la Cruz y comenzó la reforma del Carmelo masculin...

Memoria recobrada (1931-1939) XV

Memoria recobrada (1931-1939) XV Recordemos aquello que fue y por qué sucedió. Esta entrega recoge diversas opiniones sobre quien fuera Presidente del Gobierno del Frente Popular de la República entre mayo de 1937 y el final de la contienda civil, Juan Negrín López, que ciertamente son juicios críticos basados en el conocimiento directo del personaje por parte de aliados y correligionarios; y los motivos y avalistas que impulsaron el ascenso a la presidencia del Gobierno de Juan Negrín en mayo de 1937. Opiniones significativas sobre el Presidente del Gobierno Juan Negrín Luis Araquistáin: “El hombre de gobierno más funesto e irresponsable que haya tenido España desde siglos atrás”. Citado por Burnett Bolloten en  El extraño caso del doctor Negrín , en Historia 16, n.º 117, pág. 11. José García Pradas: “El Presidente vivía bien. Folgaba con cuatro o cinco queridas magníficamente instaladas en casas de placer; comía y bebía como Heliogábalo o Rasputín, y hasta se p...

La primera operación aeronaval para desembarco en zona hostil de la historia. El desembarco de Alhucemas

8 de septiembre de 1925 A mediados de 1925 alcanza la cumbre de su poder militar y político el cabecilla rifeño Abd-el-Krim. Desde principios de este año, el ejército rifeño intenta romper la línea española con renovados ataques sobre las posición estratégica de Tizzi Aza y otras menores, para establecer un dominio pleno sobre los territorios del Rif, la Yebala y Gomara, dentro del Protectorado español. A la vez, Abd-el-Krim ataca de abril a junio la zona francesa con peligrosas incursiones sobre las localidades de Tazza y Fez.     Las potencias afectadas por las acciones bélicas de Abd-el-Krim, España y Francia, se alían para contrarrestar la fuerza del enemigo común y emprender una campaña que devuelva el statu quo ante a la región con ambos protectorados.     El resultado del acuerdo entre España y Francia se firma en París el 11 de julio de 1925 y el definitivo en Algeciras el 21 de agosto, dando origen a la más ambiciosa operación aeronava...