La navaja de hoja plegable aparece en las postrimerías del siglo XVI en España, tras la prohibición decretada por Carlos V de portar armas de hoja larga, las espadas, aquellas personas sin la debida autorización.
Puesto a funcionar el ingenio, la navaja suplió a la espada en cualquier mano. Su pequeño tamaño, facilitando su ocultación, manejabilidad, eficacia para los varios objetivos y precio, mucho más barata que la espada, convirtieron a la navaja en uno de los enseres doméstico y personal de mayor aceptación. Tal fue su popularidad que en breve conquistó el favor de los europeos.
Su creación y difusión entronca con la cultura de la esgrima arraigada en España, con escuela propia y obras originales de maestros en tal arte; teniendo en cuenta, además, que en España abundaban antes de la navaja las armas cortas como la daga y el cuchillo. La característica de plegado, exclusiva de la navaja, fue la gran innovación en las armas de hoja corta.
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