El rótulo y el escaparate son los signos evidentes de la presencia y actividad de un negocio, una industria o un despacho profesional; indicadores fijos de brillo seductor ubicados en los límites arquitectónicos de la vía pública o en lugares de acceso a vehículos y peatones por camino señalado; aditamentos frecuentes y necesarios, como lo es cualquier información, del paisaje urbano con tránsitos; alarde ingenioso para la captación de usuarios de ese servicio y potenciales clientes de cuanta magia se ofrece en el interior de los establecimientos.
Las placas y cartelería de anuncio conciso en el nivel publicitario, mascarones destacados en las parcelas de fachada y solar, junto a los artículos de identidad resaltados por la cristalera o insinuados por textos e imágenes en función de reclamo —pasen y descubran la galería de prodigios—, compiten una vez traspasado el umbral con los mostradores y los expositores dispuestos para revelar el cofre del tesoro.
Por si acaso los intrépidos exploradores de mundos arrastrados a una sima ignota —muertos y enterrados— para las generaciones surgidas de la revolución tecnológica, cuya memoria del pasado apenas excede el vago recuerdo de un acontecimiento vivido directamente, en su deambular viajero no atinan con la dirección correcta, el método de ayuda ideado es una página web que incita al juego de buscar y saber, pero sin que nadie pueda dar por buscado y sabido lo que está buscando y quiere saber. Es obligatorio llegar al final para empezar por el principio.
Los acertijos de trastienda son una terapia adictiva que lejos de perjudicar a las neuronas del investigador las revitaliza. Esa es su gran virtud o su inmenso peligro, según los partidarios o los detractores de la vitalidad neuronal.
Cuántos elementos del paisaje desaparecen por falta de atención, distraídos por la costumbre de paso; la estadística es abrumadora. Sin embargo, estos elementos permanecen visibles a los ojos que ven porque siguen estando donde fueron colocados; cierto que han perdido el atractivo del hallazgo, que dura poco, pero mantienen otros atractivos nada prosaicos y la confianza, tejida con expectativas, de llover su mensaje en terreno abonado.
El rótulo y el escaparate, la placa y los carteles de aquel establecimiento discreto en su apariencia y en sus anuncios —una tienda de barrio veterana en su aposento— sugieren una alternativa. Claro que no a todas las percepciones llega esa misma buena nueva; únicamente desvela a las ansiosas de aprendizaje veraz.
En ocasiones es una ventaja pasar desapercibido, hablando de personas, y pasar inadvertido, hablando de objetos, aunque se consiga sin pretenderlo. El proceloso ambiente extendido por el Comité de Actividades Antiprogresistas (organismo represivo CAA), embarga los procesos sensoriales, constriñe las vías respiratorias y de circulación sanguínea y anega con bahorrina los depósitos de alimento y energía. De modo que el beneficio de la ignorancia ajena permite continuar la tarea emprendida tiempo ha en el peculiar comercio, cuya disposición interior es amable, en tanto que cómoda y accesible, y limpia, en tanto que higiénica, reparadora y nutritiva.
Mapas, guías y diccionarios para todos los públicos en compañía organizada de cátedras y disertaciones de sapientes duchos en la transmisión de conocimiento, y de talleres para recuperar la habilidad mecánica y manual atrofiada por la tecnología absorbente; acceso gratuito y libre hasta completar el aforo cotidiano.
Ciertos días cuya influencia en el ánimo general los escribe subrayados, a la puerta del establecimiento con solera y encanto se acumula un elenco de la voluntad de superación, una nueva hornada de interesados en prudente averiguación que, por citar su tendencia, acuden en grupo orientados por la aguja de bitácora, lee que te lee, escucha que te escucha, reclamados por las voces diáfanas de la fórmula magistral.
Todos ellos incluidos, con independencia de su edad, sexo, raza y creencias, en la lista negra que califica de conspirador contra el progreso el movimiento que se dirige al fomento del espíritu crítico y el afán de elegir.