La soberbia técnica interpretativa, entonación y estilo innovador de Pablo de Sarasate y Navascués le hizo mundialmente célebre. Nacido en Pamplona el año 1844, virtuoso del violín cultivó la composición inspirándose en la música popular española y también creando fantasías sobre óperas famosas.
Hijo de un músico militar, de
quien recibió las primeras nociones, empezó a estudiar violín en La Coruña;
ciudad donde dio su primer concierto público a los ocho años de edad. Prosiguió
su formación musical en Madrid, y a los doce años recibió una beca de la
Diputación de Navarra para estudiar en el Conservatorio de París. Entre 1857 y
1859, año de finalización de sus estudios, obtuvo el premio de violín, solfeo y
armonía de dicha institución.
Inició entonces una brillante
carrera de concertista de violín. Pronto alcanzó la fama en las principales
cortes europeas, por supuesto la española, recibiendo de manos de la reina
Isabel II el obsequio de un Stradivarius. Después de su consolidación
europea viajó a los Estados Unidos y Sudamérica, logrando el mismo favor
entusiasta en sus conciertos.
Las extraordinarias cualidades
de Sarasate concitaron la admiración y amistad de importantes compositores que
para él escribieron obras: Édouard Lalo, la Sinfonía española y el Concierto
en fa menor; Camille Saint-Saëns, el Concierto n.º 1, el Concierto
n.º 3 y la Introducción y Rondó caprichoso; Max Bruch, el Concierto
para violín n.º 2 y la Fantasía escocesa; Joseph Joachim, las Variaciones
para violín y orquesta; Antonín Dvorák, la Mazurca Op. 49.
El estilo interpretativo de
Sarasate rehuía los falsos efectismos y superaba con una brillantez sonora
cualquier dificultad.
Sus composiciones para violín suman cincuenta y cuatro números de Opus,
piezas entre las que citamos Fantasía sobre Carmen, Jota aragonesa,
Zapateado y Aires bohemios, presentes hoy en día en los
repertorios de los grandes violinistas.
