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Batalla de Calatañazor

 

El año 996 Almanzor se tituló Malik Karim (rey noble) y adoptó el calificativo Al-Mansur bil-Lah (el vencedor por la gracia de Allah), proclamándose califa en sustitución del califa Hisham II. Satisfecha su ambición política, Almanzor, de nombre original Abu Amir Muhammad ibn Abi Amir al-Mansur, conocido por el victorioso (al-Mansur), continuó valiéndose de una astucia cruel y de un excelente servicio de información para asentar su dominio e imponerse en las batallas.

    La finalidad de Almanzor con la guerra era, no sólo la defensiva ante ataques y la anticipación estratégica, sino la de aniquilar todo cuanto no estuviera sometido al Dar al-Islam (las enseñanzas del profeta Mahoma). Fue llevando a cabo sus ofensivas de acuerdo con un plan de terror previamente elaborado, y con la permisividad de unos reyes y condes cristianos tendentes al apaciguamiento del enemigo, caso del rey Sancho Garcés II de Navarra y Aragón, el rey Ramiro III de León y el conde de Barcelona Ramón Borrell, en vez de plantear una lucha que desterrara de la práctica política una amistad por cobardía. La excepción a esta deriva trágica para la civilización occidental la manifestó el conde de Castilla García Fernández, hijo de Fernán González.

 

La campaña que protagonizó Almanzor el año 981 y siguientes, supuso una victoria contra su suegro Galib en alianza con tropas castellanas y navarras, la expedición que arrasó la comarca de Zamora y la victoria en la demarcación de Rueda sobre un ejército de leoneses, castellanos y navarros. Cuatro años después, la campaña de 985 se dirigió contra el condado de Barcelona, dando respuesta a la actitud pacifista, en realidad de sumisión formal al califato de Córdoba que, de hecho, favorecía el comercio con Al-Andalus, de los condes durante cuatro décadas. Cuando el conde Borrell quiso reaccionar militarmente antes de que el ejército islámico llegara a las puertas de Barcelona sufrió una gran derrota; el 1 de julio de 985 Almanzor llegó a Barcelona y al cabo de seis días saqueó la ciudad, luego la arrasó y tomó un sinfín de esclavos entre los pobladores de la ciudad que no había matado.

    En vista del resultado de la política pacifista y negociadora con el enemigo musulmán, hubo una reacción en las tierras cristianas. El primero en cambiar de actitud, aunque enfermo, fue el rey leonés Bermudo II, expulsando por las armas a los destacamentos del Califato de Córdoba que se hallaban en su reino. Pero molesto con este contratiempo, la respuesta de Almanzor apareció enseguida y, por supuesto, fulminante: en 987 su ejército arrasó Coimbra, en 988 destruyó León y Zamora y a partir de 989 le tocó el turno a Castilla, arrasando el territorio desde Osma hasta Álava.

    Con esta demostración de fuerza Almanzor logró que el rey Sancho Garcés II, apodado Abarca, viajara a Córdoba para rendirle pleitesía. Planteamiento al que no se adhirieron los castellanos de García Fernández, alzándose en armas. Pero García Fernández murió tras dar la batalla a las tropas islámicas entre las localidades de Alcozar y Langa, próximas al río Duero. Aprovechando este suceso, Almanzor cargó sobre León.

    Parecía que con tanta victoria importante y tan poco enemigo de consideración, Almanzor frenaría sus ímpetus bélicos. Sin embargo, en el verano de 997 lanzó una campaña que, actualmente definida, era de propaganda y reivindicación de su poder: fijó su objetivo en Santiago de Compostela, el mayor centro de peregrinación de toda Europa. El 10 de agosto, habiendo derrotado a cuanta fuerza se interponía en su camino, Almanzor llegó a una desierta Santiago de Compostela; acto seguido la arrasó, basílica incluida, aunque respetó el sepulcro del apóstol, pero apropiándose de las campanas y las puertas que, llevadas a hombros de los esclavos cristianos, armarían éstas y lucirían aquéllas en la ampliación de la mezquita cordobesa. Luego, la hueste musulmana arrasó y saqueó La Coruña.

    Y después, en 999, corrió la misma suerte Pamplona en una expedición de castigo que extendió saqueos y destrucciones por las comarcas aragonesas del Sobrarbe y Ribagorza.

   

Fue a raíz de estos sucesos que mostraban a las claras el deseo del califato de Almanzor, cuando el conde de Castilla Sancho García, el de los Buenos Fueros, que había comprendido que sólo una victoria por las armas acabaría con la política del sanguinario y exterminador Almanzor, organizó una alianza militar con leoneses y navarros.

    El ejército de Almanzor iniciaba su marcha triunfal por tierras castellanas con afán de conquista en julio de 1002. El camino elegido era el que pasaba por Osma, donde una fortaleza arrebatada al conde García dominaba una amplia extensión y cursos de agua.

    El ejército cristiano se apostó a la espera en un lugar denominado en latín Voluce y en español Buitre, presidido por una fortaleza que recibía el nombre de Castillo del Buitre, a corta distancia de la actual localidad de Villaciervos, y que posteriormente se conoció por Calatañazor. Aquí se reunieron las tropas de Castilla, León, Navarra, del conde castellano Sancho García, del rey Alfonso V de León, el Noble, de Sancho Garcés III de Navarra, el Mayor o el Grande, y del conde Guillermo Sánchez de la Vasconia al otro lado de los Pirineos, feudatario del rey de Navarra.

    Ambos ejércitos, musulmán y cristiano, equiparaban su fuerza.

    La vanguardia montada de los musulmanes advirtió la presencia del campamento cristiano en lo alto de una empinada cuesta, procediendo raudos a volver con esta información al campamento de Almanzor. Algunos escarceos bélicos acompañaron el atardecer y la noche, hasta que a la mañana siguiente el ejército musulmán formó en líneas de ataque. Enfrente se desplegaba el ejército cristiano flanqueando el castillo.

    Los cristianos aguantaron las embestidas musulmanas, manteniendo firme la defensa, y después lanzaron su ofensiva colina abajo provocando un enorme desgaste en la caballería musulmana, la facción del ejército más granada y de merecida fama. Al caer la noche se rompió el contacto entre los ejércitos, retornando cada cual a su campamento, pero en peores condiciones la hueste de Almanzor que al amanecer partía en retirada con la caballería protegiéndola.

    Dos días después, en la villa de Medinaceli, Almanzor murió a causa de las heridas recibidas en combate y puede que también agravado por una enfermedad.

 

 

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