José de Acosta, nacido en la vallisoletana localidad de Medina del Campo en 1540, sacerdote jesuita, destacó en la faceta teológica y humanista, y especialmente en su extraordinaria actividad como antropólogo y naturalista del Nuevo Mundo.
Pronto demostró sus varias capacidades, convirtiéndolo en un docente para sus compañeros de aula. Entre 1559 y 1567, se estableció en Alcalá de Henares, lugar de privilegio del humanismo español, para aprender Filosofía, Teología, Derecho Canónico y Sagradas Escrituras, Historia, Derecho Civil y Ciencias Naturales, manifestándose un agudo estudiante y un perspicaz observador.
Consagrado sacerdote en 1567, al cabo solicita a la Compañía de Jesús un destino en las misiones del Nuevo Mundo. En 1971 su aspiración se vio colmada al embarcar en una expedición a América mandada por Pedro Menéndez de Avilés. Desembarcó en la isla de La Española y meses después, ya en 1572, pasó al continente formando parte de la tercera misión jesuita a Perú, siendo virrey Francisco Álvarez de Toledo. A su llegada a Lima se le ordenó cruzar los Andes para unirse a las tareas del virrey en todo el territorio.
Mientras su labor misionera fundaba colegios distantes y de importancia tales como los de Panamá, Arequipa, Potosí, Chuquisaca y La Paz, sus deberes oficiales, que también registraron la fundación de centros educacionales, le motivaron a investigar el extenso territorio del virreinato, adquiriendo un conocimiento práctico de la geografía, naturaleza y población nativa.
La principal sede jesuita estaba en la localidad de Juli, a orillas del lago Titicaca. Aquí residió bastante tiempo el padre Acosta, impartió enseñanza en su colegio y aprendió las lenguas de sus alumnos. Fue en Juli donde observó el 8 de noviembre de 1577 el paso del Gran Cometa, que le llamó poderosamente la atención.
Posteriormente, en la Universidad de San Marcos de Lima, Acosta ocupó la cátedra de Teología.
En 1579, el corsario inglés Francis Drake amenazaba las aguas y la costa del Virreinato. Para impedir el daño que pensaba causar, el virrey Álvarez de Toledo envió una flota al mando de Pedro Sarmiento de Gamboa con dos objetivos: primero, la captura del pirata, y segundo, acto seguido, la exploración del estrecho de Magallanes para dar con un paso entre los océanos y el estudio de las posibilidades de colonizarlo. Acosta tuvo acceso a las cartas de navegación y a la experiencia de los pilotos sobre las mareas y la navegación por los astros.
En el trascendental III Concilio Provincial de Lima, cuyas disposiciones superaron los tres siglos de vigencia, celebrado entre el 15 de agosto de 1582 y el 18 de octubre de 1583, José de Acosta dirigió la elaboración del Catecismo en las lenguas nativas y el Breviario Trilingües y también desempeñó el papel de su historiador. La figura central del concilio fue Toribio Alfonso de Mogrovejo y Robledo, por aquel entonces segundo arzobispo de Lima y posteriormente elevado a los altares con el nombre de santo Toribio de Mogrovejo.
Finalizado este arduo periplo en el virreinato de Perú en 1586 se instaló en Nueva España casi un año, y de ahí regresó a España.
Es en España cuando publica su primera obra sobre América, De Natura Novi Orbis, en 1589, que avala el rey Felipe II, con quien mantuvo una estrecha relación. Después de este trabajo viajó a Roma donde publicó tratados de su competencia en latín.
Nombrado visitador de su orden en Andalucía y Aragón, volvió a Roma en 1592 a participar en la V Congregación General de la Compañía de Jesús. A continuación, de nuevo en España, predicando y enseñando en Valladolid y Segovia, fue elegido rector del Colegio de Salamanca; su última labor en vida.
Historia natural y moral de las Indias
José de Acosta escribió los años 1575 y 1576 la obra De procuranda indorum salute con el propósito de dar respuesta a graves cuestiones teológicas, jurídicas y misionales. Un verdadero manual para los misioneros.
Pero aun siendo importante la citada, su obra magna y en grado superlativo universal es Historia natural y moral de las Indias (publicada inicialmente en 1588 con el título De natura novi orbis), un estudio razonado de las costumbres, ritos y creencias de los indígenas de México y Perú, en comparación filosófica con los mismos aspectos en los pensamientos clásicos de Grecia y Roma, y asimismo de los seres naturales de América, en comparación con los de Europa, publicada en Sevilla en 1590, traducida al inglés en 1604 y luego a los idiomas italiano, francés, alemán, holandés y latín. En ella interpreta, revelando una hipótesis evolucionista de la realidad animal, vegetal y cultural, la interacción entre naturaleza y sociedad en la América del siglo XVI. El contenido de la obra se anticipa en dos siglos y medio a la teoría de la evolución de Charles Darwin.
Muchos capítulos de la Historia de Acosta se dedican a la descripción de los animales y plantas americanos. A la pregunta de cómo llegaron hasta allí José de Acosta expone su respuesta, citada frecuentemente en la actualidad por los ecólogos:
«Mayor dificultad hace averiguar qué principio tuvieron diversos animales que se hallan en las Indias y no se hallan en el mundo de acá. Porque si allá los produjo el Criador, no hay que recurrir al Arca de Noé, ni aún hubiera para qué salvar entonces todas las especies de aves y animales si habían de criarse de nuevo; ni tampoco parece que con la creación de los seis días dejara Dios el mundo acabado y perfecto, si restaban nuevas especies de animales por formar, mayormente animales perfectos, y de no menor excelencia que esotros conocidos.”
La flora y la fauna del Nuevo Mundo la refiere en síntesis:
“Jamás han sido conocidas, ni de nombre, ni de figura, ni de memoria de ellos en Latinos ni Griegos, ni en naciones ningunas de este mundo de acá».
Propone en su obra una explicación diversificada en tres posibilidades con argumentos naturalistas y filosóficos: la primera se resuelve en el campo de la Teología, la segunda combina el presupuesto teológico con factores biológicos, geográficos y religiosos, y la tercera entronca con la teoría evolucionista desarrollada siglos después.
Acosta se decanta por su segunda exposición al presentar, a su juicio satisfactoriamente, un carácter teológico y creacionista (biológico), “por instinto natural y Providencia del cielo”, inmerso en la primera formulación histórica de la teoría de la dispersión geográfica y la adaptación biológica de las especies a medios ambientes diversos. Tal supuesto, donde intuye la extensión del paradigma paleobiogeográfico a cualesquiera otra región con aspectos innovadores que se estudie, convirtiéndolo en una ley general biológica, atribuye a José de Acosta la creación de la Paleobiogeografía histórica.
No obstante, la exposición evolucionista que plantea, posteriormente teorizada por Charles Darwin, incide en que los animales y plantas de América son una modificación de los originales de Europa. El mérito de Acosta radica en la intuición del cambio morfológico prolongado en la descendencia biológica.
La Historia natural y moral de las Indias es una obra racionalista que abrió el camino a la ciencia moderna.
José de Acosta
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También pasados dos siglos, como en las averiguaciones de Charles Darwin, y con escasa memoria, el célebre naturalista Alexander von Humboldt, conocedor de la obra de José de Acosta y de su aportación a la cosmología, glosa la figura del español en su libro Cosmos, lo considera el fundador de la Física del Globo y aprovecha universalmente sus investigaciones.