En 1980 fue otorgado el premio Edward Warner, concedido por la
Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), calificado como el “Premio
Nobel del Aire”, a Indalecio Rego Fernández. La exposición de motivos impresa
en el diploma que acompaña la medalla es:
“Al Dr. Indalecio Rego Fernández, piloto, jurista y educador, por su
excepcional dedicación al desarrollo de la aviación internacional. Como piloto
al mando y navegante durante más de treinta años, ha contribuido a la operación
segura y regular de los servicios aéreos internacionales, ha contribuido a la
difusión y mejor comprensión de los objetivos de la Organización de la Aviación
Civil Internacional, así como a la formación de innumerables personas que hoy
contribuyen, a su vez, al desarrollo de la aviación civil internacional en todo
el mundo de habla hispana.”
Indalecio Rego Fernández nació el año 1919 en la localidad asturiana de
Gijón. Interrumpidos por la guerra los estudios de Derecho, en 1937 realizó el
curso de piloto aéreo incorporándose a la Aviación Nacional en el aeródromo
sevillano de Tablada. Un año después obtuvo el título de piloto militar y se
integró con el empleo de alférez provisional en la 1.ª Escuadra de Junkers
52 al mando del teniente coronel Eduardo González Gallarza.
Finalizada la guerra su destino
fue la Escuela Superior de Vuelo de Salamanca, ocasión que aprovechó para
culminar la carrera de Derecho.
También completó los cursos de
vuelo en la Academia de Aviación en León. Acto seguido participó en la
Escuadrilla Expedicionaria a Rusia para combatir contra el comunismo en la
Unión Soviética.
En 1946 pasó a la compañía
Iberia en calidad de piloto de aviación civil, volando sucesivamente los
aviones Junkers 52, Douglas DC-3, Douglas DC-4, Lockheed
L-1049 Super Constellation, Douglas DC-8 y Boeing 747 Jumbo.
Tras doctorarse en Derecho y
licenciarse en Ciencias Políticas, fue nombrado profesor de Organización
Internacional en la facultad de Ciencias Políticas.
Con el propósito de que se hablara español en los organismos de la Aviación Civil, creó el Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico, siendo nombrado director de honor.
Infatigable docente y piloto, además impartió numerosas conferencias en Hispanoamérica y Estados Unidos que acreditaron su premio Edward Warner en 1980 (reseñado en las primeras líneas del artículo), galardón instituido en 1958 y que hasta entonces había recaído en catorce personalidades de la aviación mundial.