Con un diseño
equivalente al de las lavadoras automáticas de uso doméstico que desde la
segunda mitad del siglo XX son un electrodoméstico habitual en los hogares, la
valenciana Elia Garci-Lara Catalá diseñó en 1890 un lavadero mecánico.
El aparato resultaba útil para el lavado de
la ropa, extendiendo su funcionalidad al aclarado, secado, planchado y doblado
de las piezas. Con una organización eficiente, el lavadero mecánico clasificaba
la ropa según los criterios del ordenante, aplicaba un lavado preparatorio,
saponificaba para el lavado, aclaraba la colada, escurría con hidroextractor
centrífugo y secaba al aire libre o con aire caliente originado en una estufa, para
después planchar y por último proceder al plegado de la ropa ya seca y limpia.
El invento de Elia Garci-Lara no llegó a
comercializarse.
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