A la estela del tercer viaje de Cristóbal Colón tuvieron lugar un
considerable número de expediciones de rescate, descubrimiento y también de
carácter comercial. Estos viajes fueron protagonizados por marinos expertos y
comerciantes en los que los Reyes Católicos depositaron su confianza tras
finalizar el monopolio colombino sobre las tierras del Nuevo Mundo. A las
navegaciones de Alonso de Ojeda y de Vicente Yáñez Pinzón, se sumaron las de
Cristóbal Guerra, Pero Alonso Niño y Diego de Lepe.
Cristóbal Guerra, sevillano del barrio de Triana, nacido en la segunda
mitad del siglo XV, formó sociedad náutica con el piloto Pero Alonso Niño,
onubense de Moguer, nacido en la segunda mitad del siglo XV, que manejó el
timón de la carabela Niña en el primer viaje de Cristóbal Colón. Ambos
marinos armaron una carabela con la que zarparon de la ría del Tinto en 1499,
embarcando treinta hombres.
Pero Alonso Niño tenía licencia
para descubrir en las Indias (el Nuevo Mundo), pero adolecía de falta de fondos
para fletar una expedición, asunto que resolvieron los hermanos Guerra, Luis y
Cristóbal, imponiendo como capitán de la carabela a este último.
Fue un viaje relámpago,
logrando alcanzar la costa de la actual Venezuela a una gran velocidad,
desconocida hasta la fecha. Una vez en esas aguas, procedieron a costear la
península de Paria llegando a la isla Margarita, donde se aprovisionaron de un
importante cargamento de perlas, y después hasta el lago de Maracaibo. De
regreso a la costa continental obraron de igual modo en Cumaná, prosiguiendo la
navegación en descubierta por la inexplorada costa de Curiana, donde
encontraron oro. Con las bodegas repletas pusieron la proa a España atravesando
el canal entre las islas Martinica y Santa Lucía, en las Antillas menores. La
noticia del viaje con no demasiado gasto y notable rendimiento fue rápidamente
conocida.
Cristóbal Guerra volvió a protagonizar otra expedición en julio del año
1500. La travesía repitió la visita a Margarita, Cumaná, por primera vez
Maracapaná, y de nuevo Curiana. A los tres meses retornaron a España con un
buen cargamento de perlas, oro y madera.
El onubense de Palos de la Frontera, Diego de Lepe, nacido en la segunda
mitad del siglo XV, al tener constancia del éxito del viaje transoceánico de
Guerra y Alonso Niño, procedió a organizar su aventura con dos carabelas a
principios de 1500.
Con escala en las islas de Cabo
Verde, la flotilla puso rumbo al cabo de Santa María de la Consolación (actual
territorio de Brasil). Desde allí, dirección sur, arribó a la bahía de San
Julián (actual territorio de Brasil). Costeando ese litoral (hoy brasileño) los
españoles se enfrentaron con los indígenas de la desembocadura del río Pará,
que Diego de Lepe bautizó Marañón (el río Marañón, posteriormente de las
Amazonas). Días después llegaron a la desembocadura del río Amazonas, por el
canal Pringoso, donde, sin ellos saberlo, se hallaba la flotilla de Vicente
Yáñez Pinzón, verdadero descubridor de Brasil. Juntas en el golfo de Paria las
dos flotillas, se dirigieron a La Española y la de Diego de Lepe continuó hacia
España.
El resultado de esta expedición
no destacó por lo económico ni comercial, sino por la decisiva aportación
geográfica al haber avistado un extenso tramo del litoral brasileño y la desembocadura
del río Amazonas, además de recabar importante información cartográfica y
cartas de navegación.
Artículos complementarios
Descubrimiento del Mar del Sur
Las capitulaciones de Santa Fe