Barcelonés nacido en 1768, el médico, geólogo, cartógrafo y viajero
Carlos de Gimbernat y Grassot desentrañó los misterios geológicos de la
cordillera de los Alpes.
Al acabar el cuarto curso de
Medicina en el Real Colegio de San Carlos de Madrid, con sobresaliente en todas
las asignaturas, recibió la orden de recorrer varias provincias de Gran Bretaña,
Escocia e Irlanda para efectuar observaciones de Historia Natural; con los
gastos a cargo del Estado. El pensionado Carlos Gimbernat debía ampliar su
formación médica mientras iba adquiriendo informaciones útiles para España. Fue
el comienzo del prolongado viaje, cuarenta y tres años, de uno de los más
prestigiosos científicos mundiales de su época.
En Gran Bretaña también se
dedicó al estudio de la botánica, la física, la química, la geología y la
mineralogía; esta última de su máximo interés.
Culminada la experiencia británica se
trasladó a París, ciudad a la que llegó en 1798 para seguir los estudios
geológicos y conocer los avances tecnológicos que allí se desarrollaban. Estando
en París fue nombrado subdirector del Gabinete de Historia Natural de Madrid,
aunque continuó en la capital francesa hasta 1801. En esta fecha se trasladó a
la Escuela de Minería de Freiberg, en Alemania, también destinado desde España
para su perfeccionamiento en Ciencias Naturales. Visitó Dresde, Griffinstein y
Meringen conociendo lo que en cada lugar se experimentaba.
La siguiente escala le llevó a
Suiza y a Baviera, donde sintió la atracción por las montañas. El rey Carlos IV
le encomendó para que iniciara estudios geológicos, corriendo España con los
gastos.
Carlos de Gimbernat y Grassot
La ambición más destacada de Carlos Gimbernat estuvo en los Alpes.
Durante cuatro veranos estudió la cadena montañosa desde Francia a Hungría,
comprobando que las teorías geognósticas sobre el origen de la Tierra se podían
aplicar a la cordillera alpina. Es original la exposición de sus observaciones de una
forma gráfica, utilizando lo que él llamaba planos geognósticos, es decir, los cortes
geológicos; dibujante de mérito, fue un pionero en la cartografía geológica
europea.
Al margen de las contiendas
bélicas en Europa, y recibiendo apoyo económico de Baviera, insuficiente no
obstante, estudió la naturaleza de los vapores de las erupciones volcánicas.
Luego pasó a Italia: de Nápoles, con el Vesubio, a Bérgamo, Lugano, Milán y
Roma.
Intentando aliviar su reúma
visitó los baños termales de Castellmare e Ischia, investigando sobre el
terreno los gases emitidos por las fuentes, bautizando como gas zoógeno termal
a una franja de las emisiones que se creían producto del ácido sulfhídrico.
Hasta que el Vesubio entró en erupción y lo atrajo de inmediato, permaneciendo
catorce meses realizando observaciones.
La enfermedad puso fin a su
extenso periplo científico, dejando escrito un diario y dibujados numerosos
planos gnósticos de los Alpes, Suiza y el Tirol.
Artículos complementarios
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