Segoviano nacido el año 1494, estudió en las Universidades de Alcalá, donde profesó, y París. Integrante de la Orden de los Predicadores, en 1532 obtuvo la cátedra de vísperas de Teología en la Universidad de Salamanca, donde en 1520 había impartido clases de Filosofía manifestándose como un extraordinario intérprete de Aristóteles. Desde 1545 hasta 1547 intervino en las deliberaciones del Concilio de Trento.
Humanista, jurista, filósofo, economista y científico pionero en el estudio de la física mecánica y la gravedad, fue confesor de Carlos I antes de regresar a Salamanca en 1550 para hacerse cargo de la cátedra de prima de Teología.
Domingo de Soto
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La obra de Domingo de Soto es numerosa y variada: de exégesis bíblica, de Teología, de Filosofía y de Derecho; toda ella inspirada en Santo Tomás de Aquino y alentada en las conferencias sobre Derecho de Francisco de Vitoria.
Entre las obras filosóficas, de orientación general tomista, destacan sus Comentarios a las Summulae de Pedro Hispano, de 1529, y a escritos lógicos y físicos del Estagirita (Aristóteles), In dialecticam Aristotelis commentaria, de 1548.
Entre sus trabajos teológicos destacan las doctrinas sobre la naturaleza y la gracia, atribuyendo a Dios el movimiento de las causas segundas, como lo es de las primeras, aunque Dios nunca es el autor del mal.
También es importante la aportación científica de Domingo de Soto, referida a cuestiones físicas. En sus comentarios a la Physica aristotélica, Quaestiones super octo libros physicorum Aristotelis, de 1555, demostró un conocimiento amplio de la cinemática de los mertonianos (miembros del Merton College de Oxford), que incidieron en el estudio del movimiento acelerado para enunciar la forma correcta de la relación entre la velocidad, el tiempo y el espacio recorrido en el movimiento uniformemente acelerado. En las Quaestiones de Domingo de Soto aparece el primer enunciado de la caída libre de los cuerpos, con aplicación explícita de las implicaciones infinitesimales de las discusiones de los mertonianos; siguiendo a éstos estableció que un movimiento uniformemente acelerado se mide con respecto al espacio atravesado en un tiempo dado por su velocidad media. Las Quaestiones continúa siendo la primera referencia para determinar la distancia en un movimiento uniformemente acelerado, anticipándose en ella más de un siglo del uso por Galileo, renacentista, de la fórmula medieval.
Otras obras de Domingo de Soto que merecen citarse son Ad Sanctum Concilium Tridentinum De natura et gratia libri tres, de 1549, y De iustitia et iure libri decem, de 1553.
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