Misionero y explorador nacido en Castillo de Javier el año 1506,
Francisco de Javier Jaso y Azpilicueta, también llamado Francisco de Javier y,
cuando fue canonizado, san Francisco Javier, expandió el catolicismo por Asia.
De origen noble, Francisco
Javier estudió en la Universidad de París, donde coincidió con Ignacio de
Loyola; y aunque respetuoso con él no tuvo reparo en manifestarle sus
divergencias. La crisis anímica que le sobrevino al fallecer una hermana
orientó su vida hacia el servicio religioso, convirtiéndose en un jesuita pionero
ordenado sacerdote en 1537.
Contrario a los quehaceres
burocráticos, salió de España en calidad de nuncio apostólico con destino a la
India el 7 de abril de 1541, con escala en Mozambique. Cuando transcurrido un
año llegó al puerto indio de Goa, base de todas las misiones en Asia, era a
efectos de edad un hombre excesivamente maduro, con treinta y cinco años a
cuestas, una carga poco llevadera para un misionero.
Entre 1542 y 1547, como
delegado del papa Pablo III, recorrió la costa de Comorín, en el mediodía indio,
la isla de Ceilán, la ciudad y el territorio costero de Malaca en el suroeste
de Malasia, las islas Ambón y Morocai del archipiélago de las Molucas,
regresando a la India por la costa de Pesquería, al suroeste de la India, hasta
Cochín y Goa.
Atraído por las noticias que le
informaban de Japón, un reino con una civilización tan antigua como elevada, en
1549 se aventuró a visitarlo embarcado en una nave pirata. Una vez en tierra
nipona visitó durante dos años las ciudades de Kagoshima Satsuma, en la isla de
Kyushu, la isla de Hirado y la ciudad de Yamaguchi en la isla de Honshu. A lo
largo de su recorrido fue instruyendo en el cristianismo a los señores feudales
y a los súbditos de estos.
En 1551 emprendió su última
aventura misionera, que deseó fuera a China, pero que sólo alcanzó a ver la
isla de Formosa porque falleció en el viaje.
Carismático, asequible y políglota, ansioso siempre de conocimiento, fue
un personaje estimado por los habitantes de los lugares visitados. En la India
formó catequistas laicos, casados, y redactó textos para niños y adultos que
instruían en la oración. Casi treinta mil personas recibieron de su mano el
bautismo.
Enterrado en Goa por orden de
Ignacio de Loyola, fue beatificado en 1619 y canonizado en 1622.
Artículos complementarios
Primer tratado diplómatico y comercial con
Japón
