La misión evangelizadora de los españoles en
el Nuevo Mundo fue unida desde el principio a una ingente tarea humanitaria,
con expresión en los ámbitos de la enseñanza, la sanidad y la asistencia a los
necesitados, de manera gratuita e indiscriminada, desde una base legal dinámica.
En palabras del profesor y académico Marcelo Gullo Omodeo, la obra española en Hispanoamérica
también consistió en “sembrar de hospitales gratuitos para todas las razas —sin
distinción de origen o clase social— y desarrollar una política de protección
social que abarcara todas las razas y condiciones sociales”.
Una
política de Estado registrada en las Leyes de Indias, la primera de las cuales,
promulgada el 7 de octubre de 1541, en su Libro I, Título IV, declara: “Que se
funden hospitales en todos los pueblos de Españoles e Indios. Encargamos y
mandamos a nuestros virreyes, audiencias y gobernadores, que con especial
cuidado provean que en todos los pueblos de españoles e indios de provincias y
jurisdicciones se funden hospitales donde sean curados los pobres enfermos, y
se ejercite la caridad cristiana”. La Ley II, promulgada el 13 de julio de 1573,
refiere: “Cuando se fundare o poblare alguna ciudad, villa o lugar, se pongan
los hospitales para pobres enfermos con enfermedades que no sean contagiosas
junto a las iglesias, mientras que los enfermos con enfermedades contagiosas en
lugares levantados y para que ningún viento dañoso pasando por los hospitales
vaya a herir en las poblaciones”. Complementado lo anterior por la Ley III con el
siguiente precepto: “Mandamos a los virreyes del Perú y Nueva España que cuiden
de visitar algunas veces los hospitales”.
Como
destaca el profesor Gullo, “A finales del siglo XVI las ciencias médicas
españolas, herederas de las tradiciones judía y árabe, estaban a la cabeza en
Europa”.
Fecha bien relevante es la del 29 de noviembre
de 1503. Tal día, el gobernador de La Española, Nicolás de Ovando, fundó en
Santo Domingo de Guzmán, ciudad principal de la isla, el primer hospital en el
Nuevo Mundo, llamado de San Nicolás de Bari, en cumplimiento del capítulo 12 de
las instrucciones dadas por los Reyes Católicos: “Hacer en las poblaciones donde
se viere que fuera más necesario casa para hospitales en que se acojan y curen
los pobres, así de los cristianos como de los indios”. Este hospital de tres
naves dispuso dos de ellas para alojamiento de los enfermos y la central para
el auxilio espiritual en su capilla; regido por un patronato en calidad también
de administrador e independiente de la autoridad política y la religiosa.
Posteriormente Santo Domingo inauguró otros dos hospitales, el de Pobres de San
Andrés, en 1512, y la leprosería más o menos coetánea de San Lázaro.
Virreinato de Nueva España
El primer hospital del virreinato de la Nueva
España fue el de la Purísima Concepción y Jesús Nazareno, posteriormente
denominado Hospital de Jesús, fundado en la Ciudad de México en 1521 por Hernán
Cortés, recayendo su dirección en fray Bartolomé de Olmedo, que había bautizado
a doña Marina (Malinche) y celebrado la primera misa en Tenochtitlán. Componían
el personal un médico, un cirujano, un barbero, un enfermero mayor, una
enfermera, una cocinera, un administrador interno y tres capellanes. El diseño
del edificio correspondió a Hernán Cortés y al sevillano Pedro López, primer
médico que arribó al Nuevo Mundo. En este hospital surgió, en 1578, la Facultad
de Medicina de la Real y Pontificia Universidad de México, la actual
Universidad Nacional Autónoma de México. Hasta la muerte de Hernán Cortés,
acaecida en 1547, la institución hospitalaria se sostuvo con las limosnas y
donaciones de particulares; luego, y por disposición testamentaria del citado,
la renta de sus inmuebles en la Ciudad de México sirvió para cubrir los gastos;
en su disposición ordenaba que fuera una institución laica. Asimismo, dispuso
que debía ser una institución laica.
Entre 1521 y 1524, Pedro López, auspiciado por Hernán Cortés, fundó el Hospital
de San Lázaro, destinado a los leprosos sin distinción de raza o clase social;
su dieta alimenticia era ejemplar: carne de carnero y de gallinas de su propio
corral, manteca, garbanzos, frijoles, arroz para el puchero o para prepararlo
con leche, chiles, tomates, sal y especias, atole, pan, panochas, leche,
champurrado y chocolate; los
sábados, cada enfermo recibía real y cuartilla para azúcar y tabaco.
El Hospital
Real de Naturales fue concebido por Hernán Cortés para atender las necesidades
médicas específicas de los indígenas, con un personal asistente conocedor de tales
dolencias y de las lenguas nativas. Obtuvo el permiso de Carlos I y el 18 de
marzo de 1553, su hijo y heredero, el príncipe Felipe, sancionó con una cédula
real la edificación de un centro sanitario para indios administrado por civiles
y religiosos, bajo el patronato y la custodia del rey o de su representante en el
virreinato, el virrey. Para la asistencia y curación de los indios se contaba
con una botica, cuatro salas de atención divididas según el sexo de los
pacientes; dos de cirugía, una para hombres y otra para mujeres; de
especialidad, como la de enfermos contagiosos y otra para convalecientes; baño,
temascal, cocina, vestuario y lavandería; y viviendas para el portero, los
capellanes, dos médicos, dos cirujanos, varios practicantes y enfermeros,
habitaciones para cocineros, proveedor y demás sirvientes, y una oficina para
el administrador. Quienes acudían a curarse al hospital Real de Naturales “eran
en su mayoría nahuas y otomíes; los tarascos de Michoacán y Jalisco y los
habitantes de las regiones en la zona del océano Pacífico tenían hospitales en sus
propios territorios”. Expone el profesor Gullo que “El hospital Real de los
Naturales fue la primera institución mundial en los siguientes aspectos: atención
trilingüe; combinación de la medicina tradicional europea con la medicina prehispánica,
lo que posibilitó las curaciones de muchas enfermedades mediante hierbas
totalmente desconocidas en Europa; realización sistemática de autopsias, sobre
todo en tiempos de epidemias, en busca de respuestas para la cura de las
enfermedades, favoreciendo la creación de una escuela de cirujanos; elaboración
de estadísticas precisas y detalladas de los pacientes, de sus enfermedades y
de su evolución, así como de los medicamentos administrados; siendo una novedad
mundial estos registros.
El personal médico a cargo de la atención de
los pacientes estaba formado por tres capellanes, dos médicos, dos cirujanos,
tres practicantes mayores (médicos con grado de bachiller) y siete practicantes
menores (también médicos con grado de bachiller, pero de menor experiencia).
Cada uno de ellos de acuerdo a las reales ordenanzas tenían sus funciones bien
definidas. Hablaban generalmente español, náhuatl y otomí. La botica anexa al
hospital recibió un aporte gigantesco de plantas medicinales autóctonas como
provenientes de Europa, Asia y África, que la convirtió en la más completa del
mundo. Francisco Hernández, médico de Garlos I, lo visitó detenidamente para
observar su práctica. Posteriormente el hospital se convirtió en la sede de la
Real Escuela de Cirugía de México.
En
1539, el primer obispo de la Nueva España, fray Juan de Zumárraga, con la
anuencia de Carlos I de España, fundó el Hospital del Amor de Dios, conocido
también como el «hospital de las Bubas», dedicado a la atención de las
enfermedades venéreas; Zumárraga dispuso que la catedral metropolitana, aneja al
hospital, lo sostuviera y que se destinara una novena parte de los diezmos a su
manutención. Por su parte, Carlos I ordenó que las rentas del pueblo de
Ocuituco se dirigieran al sostenimiento del centro hospitalario. El segundo
capellán que dirigió el hospital del Amor de Dios fue el sacerdote e
historiador Carlos de Sigüenza y Góngora.
Alrededor
de 1527, el obispo Julián Garcés procedió a crear el Hospital Real de Nuestra
Señora de Belem, en el camino de Veracruz a México.
En
1527, el capitán Jorge de Alvarado, fundó en Guatemala el primer hospital de
Centroamérica, bautizado Hospital de la Misericordia, que en 1534 se convirtió
en hospicio, asilo de ancianos y hospital.
En
1535 surgió en Puebla un hospital destinado exclusivamente a mujeres.
En
1567, fray Bernardino Álvarez, en colaboración con la Orden de los Hermanos de
la Caridad, fundó el primer hospital destinado a alojar enfermos mentales, a
semejanza del fundado el año 1409 por fray Juan Gilabert Jofré, en Valencia, España.
En
1582 la Cofradía del Tránsito de Nuestra Señora creó el hospital de Nuestra
Señora de los Desamparados, destinado a atender a los pacientes negros, mulatos
y mestizos habitantes de la ciudad de México.
En
1584, el obispo fray Juan de Medina fundó en la ciudad de Valladolid, el primer
hospital dirigido y administrado por seglares.
En
1604, en la ciudad de México, se erigieron el Hospital de San Juan de Dios, en
la Ciudad de México, y en Veracruz el Hospital de Nuestra Señora de Loreto.
En
1612 se edificó en la Ciudad de México el Hospital Espíritu Santo; en 1625, en
Guanajuato, el hospital de Nuestra Señora de la Concepción; en 1626, en Puebla,
el hospital Real de San Bernardo, y en 1672, en Michichoacán, el hospital de
San Juan de Dios.
Virreinato del Perú
Cincuenta y nueve hospitales crearon los
españoles entre 1533 y 1792 en el Virreinato del Perú, veinte en su capital, al
hilo de un sistema de protección sanitaria eficaz y generalizada, incluso a
domicilio. La Real Cédula de 1541 ordenaba establecer hospitales en todas las ciudades
y pueblos del virreinato.
En
1538 se creó una casa de enfermería en Lima, donde se dio alojamiento, curación
material y espiritual, ropas y alimento a pobres y enfermos.
En
1548, por iniciativa del primer arzobispo de Lima, Gerónimo de Loayza y
González, se edificó el primer Hospital y Templo de Santa Ana, dedicado a la
atención gratuita de los nativos de ambos sexos; para velar por el buen
funcionamiento de la institución sanitaria y el adecuado trato a los pacientes,
el arzobispo trasladó allí su vivienda. Entre las normas dictadas citamos la de
no dar de alta precipitadamente al enfermo para evitar recaídas.
El Hospital
Real de San Andrés tiene su origen en 1552, cuando el fraile Francisco de
Molina atendía en su domicilio, sito en el callejón de Santo Domingo, a enfermos
carentes de recursos. El virrey Andrés Hurtado de Mendoza contribuyó a su
edificación con la cesión del terreno y la asignación de rentas. En 1556,
formadas las enfermerías, el hospital empezó a prestar servicio como tal; en
las proximidades y en 1811, el virrey Abascal inauguró el Colegio de Medicina y
Cirugía de San Fernando, inaugurado por el virrey Abascal en 1811.
En
1559 se fundó el hospital de Santa María de la Caridad o también llamado
Hospital de San Cosme y Damián, que introdujo en el continente la atención domiciliaria,
estuvo ideado para mujeres enfermas de toda raza y condición; además, en este
hospital se creó una escuela de enfermeras o asistentes y un colegio para muchachas
pobres y un refugio para las divorciadas y viudas que se deseaban retirar del
mundo; el propio rey de España fue patrono del hospital y de la hermandad que
contó con varios virreyes.
En
1563, Antón Sánchez mandó construir el Hospital-Leprosería de San Lázaro.
En
1575, por iniciativa de un grupo de navieros, se fundó el Hospital del
Espíritu Santo, también llamado Hospital de
Mareantes destinado a atender a las gentes de mar civiles y militares; aquí se
realizaron las primeras prácticas de cirugía formando a los primeros cirujanos
del Perú.
En
1592, María Esquivel mandó edificar, como anexo del Hospital de San Diego, la
Casa de Recogimiento de María Magdalena para atender a mujeres arrepentidas o perdidas
y a aquellas envueltas en juicios de divorcio o de nulidad matrimonial.
En
1593, por iniciativa del arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo y del portugués
Francisco de Saldaña, se erigió la Casa de Divorciadas con el propósito de
acoger a las mujeres abandonadas por sus maridos o en proceso de divorcio.
En
1594 se creó el Hospital de San Pedro; en 1598, la Casa de Huérfanos y
Expósitos; y hacia 1605, en Puerto del Callao, el hospital de San Juan de Dios.
En
1646 se erigió el Hospital de San Bartolomé para nativos.
En
1648 se construyó el Hospital de Convalecencia de Nuestra Señora del Carmen; en
1649, la Casa Hospital Escuela de Santa Cruz de Atocha; en 1669, el Hospital
Santo Refugio de los Incurables, que atendía de forma gratuita a enfermos de
tuberculosis y de cáncer en fase terminal; y en 1715 el Hospicio de Pobres.
El
sistema sanitario de la Ciudad de los Reyes de Lima atendió a quien lo
necesitaba de manera gratuita, de principio a fin, y sin distinciones; todos
los servicios de tratamiento, medicamentos, curas recetadas, alimentación,
ropas o higiene eran suministrados por el hospital sin coste para el paciente.
En 1556,
siendo corregidor del Cuzco el capitán Garcilaso de la Vega y por iniciativa de
los frailes franciscanos, se fundó el Real Hospital del Espíritu Santo, también
conocido como Hospital General de Naturales; con la participación del
ayuntamiento, el justicia, el regimiento de la ciudad de Cuzco y la ayuda del
rey Carlos I de España, con el patrocinio del cabildo y el vecindario en general,
en el establecimiento se atendía a los nativos indigentes y enfermos.
En
1534, el rey Felipe II mandó construir en la ciudad de Quito el Hospital de la
Santa Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo, inaugurado en 1565; en sus
dependencias se graduaron ciento sesenta y dos promociones de médicos. Por
disposición real, esta institución fue creada para atender y curar a los pacientes
naturales de las tierras conquistadas y a los nacidos en España, asimismo como hospital
pediátrico, maternidad y asilo de personas con enfermedades venéreas y
dermatológicas.
Poco después se fundó en Quito el Hospital de San Juan de Dios, donde de
manera pionera se estudiaron las bacterias y su incidencia patológica en la
salud humana.
En
las boticas de los hospitales del Virreinato del Perú abundaban las hierbas
medicinales.
Fundaciones en otros territorios de la América Hispana entre
1573 y 1792
El año 1504 en Buenaventura, en la isla de La
Española, se edificó el Hospital de la Caridad, al que Fernando el Católico
donó doscientos pesos en oro en 1509.
En
1538 surgió el primer centro asistencial en La Habana, isla de Cuba, bautizado Hospital
de San Francisco.
En
1593, Pedro de Herrero levantó en San Juan de Puerto Rico, isla homónima, el Hospital
de la Concepción.
En
1552, Pedro de Valdivia fundó en Santiago de Chile el Hospital de San Juan de
Dios; también en Santiago de Chile, en 1563 se creó el hospital de San Lázaro,
el primer centro de atención a pacientes con lepra.
En
1576, en Córdoba, Lorenzo de Juárez y Figueroa levantó el Hospital de Santa
Eulalia.
En
1590, el gobernador y capitán general Diego de Osorio mandó construir en
Santiago de León de Caracas el Hospital de San Pedro.
Entre
1583 y 1585 se edificó en Buenos Aires el Hospital San Martín y Nuestra Señora
de Copacabana.
En
1724 se creó en Texas el hospital del Álamo.
En 1769 surgió en San Diego de California el
Hospital de la Caridad.
Cabe destacar que en los hospitales de Ecuador, el médico Pedro Leiva
descubrió el remedio para la malaria en la corteza del árbol de la quina. Y
que, principalmente, los hospitales de las ciudades de México, Lima, Cuzco y
Quito, fueron dotados de una farmacia superior a las existentes en los mejores
centros asistenciales de Europa ya que, a los medicamentos y fórmulas
magistrales aportados por los españoles se incorporaron las plantas medicinales
originarias del Nuevo Mundo como la calaguala, la damiana, la copaiba, las
barbas del maíz, la sangre de drago, el huitlacoche, la coca, el ñame
silvestre, las hojas y cortezas del aguacate, las semillas de kasalaka, la
selaginela, la flor de mayo, las semillas del venenillo y la quina.
Artículos complementarios
Testamento
de Isabel la Católica
Declaración
de los Derechos Humanos en 1542
El primer
hospital del mundo para enfermos mentales
La
Agricultura en Hispanoamérica
La
Ganadería en Hispanoamérica
Colegios
y Universidades en Hispanoamérica
Urbanismo,
Arquitectura y Arte en Hispanoamérica
Apunte
sobre el descubrimiento y la conquista del Nuevo Mundo
Lo que el
mundo le debe a España